El escudo, como ‘arma defensiva’ y ‘seguridad, protección, defensa’, tiene una larga historia que se remonta a tiempos antiguos. En el occidente europeo, los primeros símbolos heráldicos nacieron a partir del siglo X, como un claro deseo de marcar la identidad para darse a conocer a los demás, y como consecuencia de un incremento de la comunicación.
La palabra heráldica procede del vocablo heraldo, es decir, aquella persona que en los torneos o en las justas medievales anunciaba a un caballero, evidentemente ensalzando sus virtudes, mediante un discurso más o menos afortunado. Los orígenes de la heráldica tal y como la conocemos hoy, deberíamos buscarlos en la Edad Media y más concretamente en el siglo XII, ante la necesidad de los caballeros, que bien entraban en combate o bien participaban en torneos, para ser reconocidos.
Esto no quiere decir que la utilización de estos símbolos naciera en la Edad Media, ya que desde antiguo se venían utilizando determinados distintivos, pero la diferencia radicaba en que éstos no identificaban a una persona concreta, sino que lo hacían a localidades o unidades militares. Podemos citar los casos de las tribus de Israel o el caso más conocido de las legiones romanas con su águila imperial.
Las Cruzadas van a suponer un punto de inflexión en el empleo de los escudos de armas, por una razón fundamental; la necesidad de crear un símbolo que distinguiera a los caballeros en el campo de batalla, dada la gran cantidad de combatientes de diferentes países que se dieron cita en este evento.
Aunque los primeros emblemas, de naturaleza heráldica, a que haremos referencia no son propiamente símbolos territoriales sino alusivos a las dinastías gobernantes en el occidente y oriente de nuestro territorio. Hasta los Reyes Católicos, como príncipes ilustrados destacados del humanismo renacentista, no se consolida la diferencia sustancial de los símbolos oficiales del territorio respecto a los emblemas personales de sus gobernantes -escudo del reino de España/Yugo personal de Fernando de Aragón-Haz de flechas de Isabel de Castilla-.
Evolución del Escudo en España
Estos antecedentes y otros posteriores, hicieron que diversos Reyes de España, empezaran a poner sus ojos en Cartagena, a la que empezaban a considerar una ciudad estratégicamente muy importante, como Carlos I, que pudo corroborarlo en persona ya que estuvo aquí en diciembre de 1541, o Felipe II, que ya intentó hacer de Cartagena una ciudad inexpugnable fortificando el puerto y creando una fábrica de pólvora.
Pero es a partir de 1713, cuando Felipe V inicia una política de reformas que se habría de generalizar a lo largo de todo el siglo XVIII, en los reinados de sus hijos Fernando VI y Carlos III. Dentro de esas reformas, incluyó la de la Armada real, para lo que contó fundamentalmente con el apoyo de su ministro José Patiño, verdadero impulsor de la creación de los Departamentos Marítimos, cuya finalidad principal era unificar las distintas flotas que hasta ese momento deambulaban dispersas por los diferentes puertos.
En consecuencia, iban a establecerse en España los Departamentos Marítimos, siendo la fecha de nacimiento del de Cartagena (llamado originalmente Departamento Marítimo de Levante), una Real Orden de fecha 5 de julio de 1728. A partir de ahí, el Arsenal de Cartagena va a tener un importante peso específico dentro de la Armada, hasta que a comienzos del XIX, a resultas de la batalla de Trafalgar, la Armada queda prácticamente sin barcos, no repuntando hasta mediados de ese mismo siglo, con el llamado “periodo isabelino” al dársele de nuevo prioridad al poder naval y potenciándose en consecuencia todos los Arsenales.
No pretendemos aquí hacer una descripción del Arsenal (harían falta muchas páginas), pero sí diremos que es en este último periodo citado cuando se le añade a la puerta principal la torre del reloj, que lo fue en el año 1865, obras que se dan por concluidas en febrero de 1866. Es entonces cuando se coloca a media altura de la torre, bajo el reloj, un soberbio escudo de armas, que desde entonces preside el devenir diario de su actividad y es el motivo de este escrito.
Este escudo, no es otro que el de la Armada española desde el reinado de la Casa de Borbón, el cual fue concedido por S.M. el Rey Carlos III, mediante Real Decreto de fecha 10 de junio de 1760, y que sin duda es muy familiar entre todos los cartageneros que lo ven a diario en la torre de la puerta de entrada, pero,… ¿cual es el significado de sus diferentes partes…?. Todo el conjunto está rodeado por el Toisón de Oro, insignia de la Orden de Caballería, instituida por Felipe el Bueno (Duque de Borgoña), cuyo Gran Maestre ha sido y es, desde su creación, el Rey de España. En su parte inferior, dos “B” (de Borbón), forman un lazo y colgando el Vellocino de Oro, que lo es en recuerdo de los Cruzados.
Elementos y Simbología del Escudo
Lo primero que nos llama la atención es en el propio escudo, que evidentemente es la parte principal y donde se van a representar las piezas o las figuras que van a componer las armas del linaje o linajes que se quieren representar. Cada una de las partes en las que está dividida la boca recibe el nombre de cuarteles, numerándose de izquierda a derecha y de arriba abajo.
Un ejemplo lo podemos contemplar en Almagro en el escudo del Comendador Mayor de la Orden de Calatrava, y fundador del Convento de la Asunción, D. Gutierre de Padilla en la fachada de una casa situada en la calle Elvira. Como podemos observar, es un escudo cuartelado en cruz y en los cuarteles 1 y 3 encontraríamos las armas paternas correspondientes a D. Sancho de Padilla y Sarmiento, señor de Mejorada (cuartel nº 1 armas de padilla; cuartel nº 3 armas de Sarmiento). Mientras que en los cuarteles 2 y 4, encontraríamos las armas maternas correspondientes a Dª María de Sandoval y Coello (cuartel nº 2, armas de Sandoval; cuartel nº 4 armas de Coello).
Lo siguiente que nos llama la atención es la parte superior del escudo, a la que se denomina Timbre, y es la que nos va a indicar si el propietario del escudo pertenece o no a la nobleza. En este punto nos gustaría hacer constar el error, que comúnmente se viene cometiendo con la interpretación de la bastardía en un escudo de armas. A diferencia de la creencia popular que piensa que esta se representa por la inclinación del escudo de armas, debemos indicar que donde está representada es en la posición a la que mira el yelmo o casco.
En algunas ocasiones, en la parte superior del yelmo que corona ese escudo de armas, se colocan una serie de piezas tanto naturales como artificiales, que siempre miraran al frente, y que no representan ningún matiz hereditario, sino que tan solo son simples adornos, que en heráldica se conocen con el nombre de cimeras. Otro tipo de adorno que aparece con más frecuencia es el formado por hojas de acanto o plumajes, que partiendo del casco rodean al escudo y que en heráldica reciben el nombre de Lambrequines.
En el caso de los eclesiásticos, el timbre será distinto al utilizado por la jerarquía nobiliaria, aunque algunos de ellos si procedan de familias nobles. En el timbre de los escudos pertenecientes a los eclesiásticos se situará un capelo o sombrero del cual prenderán unos cordones que llevarán adosadas una serie de borlas. Almagro ha tenido un desarrollo a lo largo de su historia, completamente distinto a los demás pueblos de su comarca.
Otro de los elementos que nos pueden llamar la atención, son esas figuras que aparecen junto a algunos escudos abrazándolos o bien en posición de querer sujetarlos. Estas figuras van a recibir en heráldica un nombre distinto en función del tipo de figura de la que se trate. Si las figuras que sujetan el escudo son figuras humanas van a recibir el nombre de tenantes.
El Escudo de Andalucía: Un Caso Particular
En Andalucía existieron dos emblemas hispano-árabes de las dos dinastías que gobernaron la mayor parte de su territorio. En el siglo X se representa ya un águila con presa abatida como emblema del Califa de Córdoba, que recoge la cultura iconográfica del milenario oriente, a través de la propia enseña del águila romana. De inicios del siglo XIV, en el antiguo reino de Granada, tenemos un emblema compuesto de una inscripción, propia de la iconografía árabe, sobre una base alusiva a la heráldica occidental, con la expresión de la gāliba o lema oficial del sultanato3, escrito en la caligrafía árabe, sobre la banda de un soporte en forma de escudo.
El origen de este emblema mixto hispano-musulmán, viene -según diferentes autores manejados por Santa-Cruz, en obra citada- de la concesión de caballero de la referida Orden de la Banda al monarca árabe4, en sintonía con las estrechas relaciones diplomáticas que existieron entre ambos reyes5. Sus esmaltes se repiten en la solución de campo de oro, banda de plata con bordura de azur, y el lema wa-lā gālib illà Allāh: «Soberano solo es Dios».
Data del siglo XIII, su concesión por Alfonso X el Sabio6, la representación heráldica del escudo de la ciudad de Cádiz (fundada hacia el 1104 a.C.). Aunque en cuanto a su referente e iconografía, se remontan a su fundación por Hércules, cuando vino a matar a los Geriones a este extremo del mundo clásico. Una filiación greco-fenicia que comparte con las principales ciudades costeras de Andalucía. Pero su referente mítico trasciende el territorio andaluz en cuanto origen de la creación del estrecho de Gibraltar, como confín geográfico del extremo oriental del Mediterráneo clásico, entre dos continentes.
Blas Infante ya escribía en su El Ideal Andaluz (1915), la afinidad por este concepto originario que ha quedado representado en el escudo de esta más que bimilenaria ciudad: «hay que volver a levantar un templo al Hércules Heleno, al divino héroe creador de la leyenda hesiódica, hijo de la fortaleza, de lo infatigable y de la conciencia del poder. Por esto, si yo pudiese elegir un escudo para Andalucía, señalaría sin vacilar el de la gloriosa Cádiz con su divisa elocuente: «Dominator Hercules Fundator»»7.
Efectivamente existió ya un templo griego dedicado a Hércules en la isla de Sancti Petri, construido hacia el siglo XII a.C. Poco después, la redacción del texto original aprobado, conjuntamente con la descripción de la bandera de Andalucía, en la Asamblea Regionalista celebrada los días 13 y 14 de enero de 1918 en Ronda, a las que Infante denomina entonces «las insignias de Andalucía»8, decía así: «El escudo de nuestra nacionalidad es el de la gloriosa Cádiz, con el Hércules ante las columnas sujetando los dos leones; sobre las figuras la inscripción en orla: ‘Dominator, Hércules, Fundator’ (…). Este escudo deberá ser orlado con el lema del Centro Andaluz: Andalucía para sí, para España y la Humanidad»9.
Sin embargo, la dificultad de interpretar una solución gráfica satisfactoria, del texto publicado en el primer Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, de 4 de enero de 1983, provoca como resultado la pretensión de reproducir literalmente todos los detalles del símbolo fijado en Ronda14. Cuando la definición o texto, que describe oficialmente un escudo y se denomina expresamente como blasón, no debe limitarse con ningún referente gráfico, porque en el uso heráldico la interpretación visual depende únicamente de las necesidades del modelo y capacidad creadora de su autor.
Por ello existen formas del escudo, características propias de un estilo, de una época, de mayor o menor detalle, según su tamaño, destino y material de reproducción. Basta como ejemplo las versiones del escudo de la ciudad de Cádiz, todos correctos y de acuerdo a su época y estética requerida para su diseño. En definitiva, cualquier escudo tiene como referente obligado atender únicamente al texto o blasón y, a partir del mismo, artista o diseñador pueden interpretarlo como mejor sean capaces de resolver, según las funciones que desempeñará.
El modelo gráfico que se incluye, con el texto de la resolución oficial de la Junta de Andalucía, pretende reproducir el ejemplar de cerámica citado, cuando una solución gráfica no formaría parte de una ley o boletín oficial sino de un mero manual interno, de identidad visual corporativa. Sin embargo, con esta referencia, se pone en marcha la difusión de la identidad visual corporativa en las necesidades del gobierno de la comunidad autónoma de Andalucía, y se define oficialmente de este modo: «Hércules prominente entre dos columnas, expresión de la fuerza eternamente joven del espíritu sujetando y dominando a dos leones que representan la fuerza de los espíritus animales, con una inscripción a los pies de una leyenda que dice: Andalucía por sí para España y la Humanidad.
Cien años después de aquel acto en Ronda, en que se definieron los símbolos elegidos como emblemas de Andalucía, a los que el propio Blas Infante denomina «las insignias de Andalucía»17, y que en definitiva comprende desde lo que sería un escudo, emblema, bandera o símbolo. En conclusión, ese símbolo sería el concepto que inspira un ideal iconográfico, basado en los orígenes de nuestra civilización como parte del mundo clásico, y fundación de las primeras ciudades por fenicios y griegos.
Las razones que se argumentan van, desde la incoherencia de llamar escudo a un emblema que no se ajusta a la forma ni requisitos heráldicos del mismo; a la incongruencia de las soluciones gráficas que se han realizado del blasón, que como hemos detallado es un mero texto del concepto de referencia a seguir. Esa reproducción en cerámica, que en su día se adoptó como arquetipo, es sólo un resultado correcto, aunque propio de los condicionantes y la estética de las artes decorativas de principios del siglo pasado.
En una interpretación del escudo de Andalucía, Hércules no es lógico que se represente contrariamente a lo que ha sido su trayectoria iconográfica a lo largo de la historia, ni aparece en actitud de separar forzadamente a los dos leones, como se pretende representar en el emblema de Cádiz. Pues sabemos que el papel de los leones, a uno y otro lado de Hércules, representa a las fuerzas que éste debió vencer para separar África y Europa, dando lugar al estrecho de Gibraltar.
Igual que el escudo de Cádiz, o de cualquier otra ciudad, ha venido interpretándose, visualmente, de acuerdo a diferentes condicionantes y necesidades. Este referente, definido mediante su descripción en la Asamblea Regionalista de Ronda, ha dado lugar incluso a la solución abstracta que actualmente se emplea como marca genérica de la Junta de Andalucía.
Pero uno de los argumentos más sólidos está en contra de un referente directo al escudo de Cádiz como usurpación del escudo oficial de esta ciudad, que por otra parte es privilegio de su concesión privativa a la misma por Alfonso X. Nadie, y mucho menos otra institución pública, puede apropiarse del emblema oficial o identidad de titularidad ajena, y es evidente que el ámbito local de esta ciudad no se corresponde con la extensión del territorio de Andalucía.
