Juan Pedro e Hijos: Una Historia de Comercio, Ganadería y Legado Familiar

Para iniciar estas breves notas biográficas sobre el comerciante Juan Pedro Lacomme Domecq, nos situaremos a fines del siglo XVIII, concretamente en 1797, en el frente de calle Larga comprendido en la manzana que forma dicha calle con las de Luna, Ricardo Alcón actual y Misericordia, esta última su paralela.

En aquella fecha existían 8 fincas, siendo la casa objeto de nuestro estudio la sexta, si comenzamos a contar desde la calle Ricardo Alcón o la tercera, si lo hacemos por el lado contrario, partiendo desde la esquina con Luna.

En la primera de estas casas, comenzando por la izquierda, vivía Juan Manuel Soldevilla, Maestro de Sastre y miembro del Cabildo de la ciudad. En la accesoria de esta casa estaba instalada una zapatería.

La siguiente era propiedad de la Casa de Niños Expósitos y estaba arrendadas a varios vecinos. Seguía la de los Herederos de Mateo Ahumada y otra que no hemos podido identificar a su propietario, que se encontraba deshabitada en esa fecha, ocupando la accesoria una librería regentada por Francisco Poli.

Juan Pedro Lacomme: Comerciante y Familia

Casa de Don Juan Pedro Lacomme, mercader. La vive él mismo, de edad de 40 años, casado con Doña María Moscoso, de 44 años. Tienen por sus hijos a doña María Dolores, de 12 años, doña Josefa, de 11 años, doña Celestina, de 8 años, don Manuel, de7 años, don Antonio, de 4 años y doña Victoria, de 2 años; Juan Bautista Labarrera, de 54 años, viudo, que tiene un hijo, Francis, de 25 años, soltero; tiene por sus dependientes a don José Palu de 22 años, soltero, Juan Bautista Lacomme,de 14 años, soltero, Ángel Antonio del Villar, de 17 años, soltero y Luis Papiot, de 44 años, soltero.

Juan Pedro Lacomme Domecq, cuyos tíos y primos por parte de madre, los Domecq, estaban establecidos en la zona de la bahía gaditana desde algunos años antes, cumplidos los doce años y acabada su etapa infantil en la que había adquirido una buena formación, enfocada especialmente para trabajar en el mundillo mercantil de la época, emigró a España, entrando como aprendiz de dependiente en la Casa comercial que en esta ciudad tenía el mercader jerezano Juan José Menchaca, alojándose en unas casas de la parte alta de la calle Larga, en esta fecha, el inicio de la calle, lugar de residencia de montañeses y extranjeros solteros, debido a la proliferación de posadas, mesones y tabernas en dicha zona.

Su progresión profesional y social fue notoria, adaptándose perfectamente al estilo de vida y la idiosincrasia de su nuevo hábitat. Después de un corto aprendizaje en su adolescencia pasó a ser el principal dependiente de la Casa comercial de Menchaca en plena juventud y, seguidamente, a compartir la sociedad con el primitivo dueño, estableciéndose definitivamente de forma independiente al efectuar su antiguo patrón el traspaso de sus dependencias, efectos y negocios, estableciendo Casa (empresa) propia, sucesora de la anterior.

Suponemos que el Sr. Menchaca, de avanzada edad, traspasó gustosamente el negocio al que durante una docena de años había sido el autentico impulsor del mismo.

Un buen comerciante, despierto, sagaz e inteligente como era Juan Pedro Lacomme sabía que la mejor garantía para el riesgo existente en cualquier negocio consistía en la buena solvencia personal o familiar que pudiera proteger los giros desfavorables, las malas rachas de la que ninguna actividad comercial estaba libre.

Su falta de patrimonio y su condición de extranjero le hacían vulnerable en este aspecto, especialmente a la hora de gestionar créditos y préstamos. Quizás por esta circunstancia no le importó ni la edad ni el estado de la que persona con la que contrajo matrimonio en 1783, la hija del Síndico Personero, persona encuadrada dentro de la clase media o de la baja burguesía mercantil gaditana, según queramos definirlo que se encontraba residiendo en El Puerto con su familia en estos años.

Tras su enlace, a pesar de que continuó viviendo en la modesta casa que habitó de soltero, la situación social de Juan Pedro mejoró sensiblemente como evidencian, por ejemplo, los ministros eclesiásticos que derramaron las aguas regeneradoras del bautismo a los hijos que siguieron a la primogénita, María de los Dolores, nacida en 1784.

El 14 de diciembre de 1785 se bautizó en el mismo templo otra niña, a la que impusieron el nombre de Josefa María, actuando de oficiante con permiso del cura semanero, Fray Manuel de Menchaca, Presbítero de la Orden de San Juan de Dios, Comisario y revisor de los libros del Santo Oficio de la Inquisición, siendo su padrino Diego Lacomme Domecq y el 24 de enero de 1787, sería el agustino Joseph de Santo Tomás, lector de Sagrada Teología el que bautizaría al tercero de los hijos y primer varón de los Lacomme Moscoso, necesitando para poder administrar el sacramento triple licencia: del arzobispo, del cura de la parroquia y de su Provincial.

Se le impusieron los nombres de José Manuel, Rafael Vicente siendo su padrino el señero personaje Pedro Domecq Lambeye uno de los fundadores de las bodegas de su nombre.

El pariente más afecto a la familia Lacomme Moscoso de apellido Domecq no sería este citado, sino Diego Domecq Lacomme, el cual estaba residiendo en El Puerto, dedicado al comercio, como administrador de don Pablo Dagué.

Después de varios años al frente de su propio negocio llegó la hora de recoger los beneficios y de invertirlos con provecho, adquiriendo casa propia en donde alojar a su familia y, como era la costumbre, a los empleados de confianza, a los que se compensaba del corto salario que disfrutaban con manutención y alojamiento, generalmente.

Tras realizar algunas mejoras y reformas en la que sería su “casa principal”, dado que había estado un tiempo deshabitada y que podemos identificar como la número 97 actual de calle Larga, recientemente rehabilitada, se trasladó a ella ese mismo año con su familia, la cual había aumentado en este lapso de tres años transcurridos desde que dejaron de vivir en la casa de Larga cercana a la tienda de mercadería y la adquisición de esta, naciéndole dos hijos más, alguno de los cuales continuaran la trayectoria familiar , cerrando en este punto la semblanza y el recuerdo de uno de los numerosos extranjeros dedicados al comercio siglos atrás que hicieron de nuestra ciudad objeto de su vida, ganándose con ello el derecho a ser considerados ”Gente de El Puerto”.

/Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguia.

D. Juan Pedro Domecq MorenésAvda. Don Gregorio Vázquez lidia en la Real Maestranza de Sevilla los días 21 y 23 de abril de 1763 según consta en los anales de dicha Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

La Ganadería Juan Pedro Domecq

En 1780, tras su muerte, se hace cargo de la ganadería su hijo don Vicente José Vázquez que, eliminando todo lo anterior la forma con reses del Marqués de Casa Ulloa, Bécquer, Cabrera y Vistahermosa.

A la muerte de D. Vicente fue adquirida en 1830 por el Rey D. Fernando VII. A su muerte, la Reina Gobernadora la vendió en 1835 a los Duques de Osuna y Veragua, quedando en 1849 como único propietario el Duque de Veragua, D. Pedro Alcántara Colón, y a la muerte de éste en 1866 su hijo D. Cristóbal Colón de la Cerda.

En 1910 pasó a su hijo D. Cristóbal Colón y Aguilera, de igual título, y éste la vende en 1927 a D. En 1930 la adquiere D. Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio que la incrementa con dos lotes de eralas y cuatro sementales del Conde de la Corte.

Desde 1937 se anuncia `Hijos de don Juan Pedro Domecq´, estando bajo la dirección de don Juan Pedro Domecq y Díez, aumentándola con reses de la ganadería de don Ramón Mora Figueroa procedente de D. Francisco Correa y García Pedrajas, a las que había añadido sementales del Conde de la Corte y Gamero Cívico.

A su vez, don Juan Pedro vende todo lo puro de Veragua y la mayor parte del cruce Veragua-Conde de la Corte, de la que sólo quedan algunas vacas excepcionales. En 1939 se adquieren más hembras del Conde de la Corte.

En 1975, a la muerte de D. Juan Pedro Domecq y Díez, heredan su esposa e hijos, pasando en 1978 el hierro original y una parte de las reses a su hijo D. Juan Pedro Domecq Solís agregándole 0 vacas de D. Salvador Domecq y Díez.

En 2011 tras la muerte de D. Juan Pedro Domecq Solís la ganadería pasa a su hijo D. Juan Pedro Domecq Morenés que fusionará la ganadería de Parladé con la de su padre D.

D. Juan Pedro Domecq (Por las Rutas del Toro)

D.

Tabla Resumen de la Ganadería Juan Pedro Domecq

Año Evento
1780 Vicente José Vázquez se hace cargo de la ganadería.
1830 Adquirida por el Rey D. Fernando VII.
1835 Vendida a los Duques de Osuna y Veragua.
1930 Adquirida por D. Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio.
1937 Se anuncia `Hijos de don Juan Pedro Domecq´.
1975 Herencia a la esposa e hijos de D. Juan Pedro Domecq y Díez.
2011 La ganadería pasa a D. Juan Pedro Domecq Morenés.

Juan Pedro Aladro Kastriota: Diplomático y Amante de las Artes

Juan Pedro Aladro Kastriota, nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) el 8 de mayo de 1845, ciudad en la que también cursó sus primeros estudios. El "Diccionario Biográfico español" indica Puerto Real (Cádiz) como lugar de nacimiento.

Fue diplomático, amante de las bellas artes y hombre de gran cultura, cualidades que los cronistas de la época destacaban de Aladro. Agregado en la embajada de España en Viena en 1867 y secretario en las embajadas de París en 1869 y La Haya en 1872, entre otros relevantes cargos.

Así, Aladro desplegó una intensa actividad diplomática fruto de su enorme prestigio, que dio por finalizada con la muerte de Alfonso XII (1885). Por otra parte, conviene recordar que la princesa Kastriota era su bisabuela materna, descendiente por línea directa del héroe nacional albanés Scanderberg. Por esta razón, al abandonar la diplomacia, intentó convertirse en rey de todos los albaneses.

Tal y como destacaba la prensa histórica, en el diario La Unión. Periódico independiente y de intereses morales y materiales, el 17 de junio de 1911, la prensa extranjera y las agencias telegráficas dieron esos días una noticia que despertó gran curiosidad en los círculos aristocráticos de España.

Menos conocida, aunque no menos importante es su faceta como diputado. No en vano, se trata de una fecha de capital importancia en la historia nacional de Albania, que marca la fundación de la Liga de Lezhë en 1444. Esta liga es reconocida como el primer país albanés independiente unificado en la época medieval liderado por Skanderbeg, que reúne a los jefes y nobles regionales albaneses contra el Imperio Otomano.

Por ello, a petición del D. Xherardo Nikjari, curador y por tanto responsable de desarrollar el proyecto de toda la exposición, el Archivo del Congreso ha colaborado facilitando credenciales, documentos y materiales históricos sobre la faceta como diputado de D. Juan Aladro Kastrioti.

Tal y como ha señalado Nikjari, merece la pena ofrecer una breve explicación del título de la exposición, Një mëmëdhetar nga Spanja, traducido en inglés como "Un leal a la patria de España". Al decir de Nikjari, la palabra mëmëdheta en albanés significa patriota, con variaciones específicas de género atdheta" (atë - padre y dhe - tierra) y mëmëdhetar (mëmë - madre).

Como no existe un equivalente directo en inglés o español, señala el responsable de la exposición, "elegí Un leal a la patria para transmitir la esencia sin perder la traducción literal del albanés.

Como curiosidad, Juan Pedro Aladro, escribió la novela Sotir y Mitka, traducida del francés por D. Jacinto Ribeyro y publicada por entregas en 1912.

El Legado de Pedro Domecq y Juan Pedro Aladro en las Bodegas

Hace mucho mucho tiempo hablamos de los comienzos de una de nuestras bodegas más universales, la de Pedro Domecq. Conocimos a su fundador Patrick Murphy, el negocio que continuaron los Haurie y que sacó de la ruina el primer Domecq que pisó Jerez, Pedro Domecq Lembeye.

Un día de 1839 y de la forma más absurda, falleció a los 52 años el gran Pedro Domecq al caer en un caldero de agua hirviendo suspendido por cuerdas que usaba para curar su reuma. Así se marchó una leyenda en Jerez, un héroe para García Lorca y poco menos que un dios ante los ojos de los gitanos.

Legó una enorme fortuna de un millón de libras y a falta de un varón, dejó el negocio en manos de su hermano Juan Pedro. Diana de Lancaster había dado a Pedro cinco bellísimas hijas que se introdujeron en la corte de Luis Felipe de Francia y que, como en un cuento de hadas, casaron a su vez con notables títulos nobiliarios del país vecino.

Esto hizo que se desentendieran del negocio vinatero y que su tío Juan Pedro se hiciera con todas sus participaciones. Juan Pedro, astuto y solterón, consiguió mantener el éxito de su hermano al frente de la compañía y, durante su mandato, realizó algunas gestiones que otorgaron prestigio a la empresa.

Por entonces, ya se encontraba en Jerez venido de Bearn otro Domecq, Pedro Domecq Loustau, hijo de Pedro Pascual -hermano de Pedro y Juan Pedro- y de María de Loustau. Domecq Loustau colaboró con su tío en el negocio. Y destacó sobremanera tras descubrir 'accidentalmente' el brandy -hecho que de sobra conoceréis- y lanzarlo al mercado mundial en 1847 con la marca de 'Fundador'.

Dos años antes de la muerte de su tío, en 1867, ambos constituyeron una sociedad regular colectiva. El 15 de agosto de 1869 fue un día desgraciado para Jerez. Juan Pedro Domecq fallecía, dejando toda su inmensa fortuna en manos de Juan Pedro Aladro, fruto ilegítimo de las relaciones que mantuvo con la gaditana Isabel Aladro Pérez.

Juan Pedro lo reconoce y lo hace heredero universal tres años antes de su muerte. Merced a una real gracia de Isabel II de mayo de 1866, Domecq puede prohijarlo por arrogación y le da su apellido para utilizarlo a continuación del de Aladro. Desde su nacimiento, el niño había adoptado los dos apellidos de la madre, de la que fue considerado hermano y no hijo.

La verdad es que la figura de Juan Pedro Aladro es importantísima en la genealogía de la familia Domecq: Podríamos llamarle el eslabón perdido que hace de 'puente' entre la primera y la tercera generación familiar. Al contrario que sus parientes, no dedicará su tiempo al negocio de la Casa sino que fijará sus objetivos más lejos, en la diplomacia.

Juan Pedro Aladro nació en Jerez el 8 de mayo de 1845. Estudió en el Instituto Provincial (hoy Padre Luis Coloma), más tarde en el colegio privado San Felipe Neri de Cádiz, donde destacó en las disciplinas de Humanidades. Luego se traslada a Sevilla para seguir la carrera de Derecho hasta que en enero de 1867 entra a ocupar un destino en el Ministerio de Estado.

A partir de entonces, Aladro comenzará su intensa carrera diplomática. Juan Pedro resultó ser persona cultivadísima, generosa hasta la médula y consumado políglota: Hablaba el francés, alemán, inglés, italiano, español, ruso, albanés y el legendario euskera, al que tenía especial afecto y veneración.

Gran viajero y amante de las letras y de las artes, poseía una rica biblioteca con más de trece mil volúmenes y en su casa-palacio de Jerez (hoy palacio Domecq) -que heredó de su padre tras comprarla en subasta pública después de la desamortización de Mendizábal-, puso un rico museo de las más variadas obras de arte. El antiguo palacio había sido mandado construir por el primer marqués de Montana, Antonio Cabeza de Aranda y Guzmán, pero tras su fallecimiento en 1785, su esposa lo cedió en propiedad al Cabildo Colegial.

En Jerez, Aladro era considerado un "perfecto caballero, un fiel cristiano, un excelente hijo y un gran amateur a las bellas artes", como recoge José López Romero -uno de los que más han investigado el personaje- de boca de J. León Díaz en un trabajo sobre el 'príncipe abnegado'.

Juan Pedro Aladro casó en 1912 en La Teste, región francesa de Aquitania, con Juana Renesse y Maelcamp, una condesa belga casada en primeras nupcias con un noble holandés, Willem Jan Verbrugge. Cuando falleció Juan Pedro Aladro en París en 1914, sin sucesión alguna, la viuda viajó desde San Sebastián a Jerez para cerrar la herencia.

Se convino que cediera a la Casa el 50 por ciento que su marido había heredado de su padre, a cambio de una renta vitalicia que no pudo disfrutar durante mucho tiempo al cruzarse la muerte en su camino. Aladro había dejado la friolera de 2.066.420,889 escudos y poseía grandes fincas y casas.

También poseía una cuadra con valiosos caballos a espaldas del palacio. Pero la clave era un negocio que, por entonces, daba dinero hasta aburrir: Los hijos de Pedro Domecq Loustau quedaron como únicos propietarios de las bodegas. Domecq volvía a los Domecq.

A partir de los herederos, nacieron entonces las cinco ramas que conocemos: Los Domecq Rivero (los más franceses); los Domecq de la Riva (los sibaritas); los Soto Domecq, a los que llamaban los 'santos' y, por fin, los Domecq Díez, que fueron los 'listos', muy inteligentes y más bien bajitos, como Juan Pedro, el ganadero, al que llamaban 'padre Coloma' por su obra Pequeñeces.

El legado de Domecq Lembeye no empañó en modo alguno las relaciones, aprecio y confianza entre Aladro y sus familiares Loustau, copropietarios de la bodega: Cuenta López Romero que no había visita a Jerez de Aladro que éste no fuera recibido por sus primos en la estación o despedido por ellos al término de aquélla.

Como diplomático, Aladro gozó de gran prestigio, especialmente durante el reinado de Alfonso XII, al que le unió una grandísima amistad. Juan Pedro fue agregado a la embajada española en Viena; secretario de las embajadas de París, Bruselas y La Haya, donde fue Ministro Plenipotenciario y, tres años más tarde, en Bucarest.

A la muerte de Alfonso XII en 1885, Aladro dio por finalizada su labor diplomática y emprendió su otra gran tarea, que se convirtió casi en una obsesión: alcanzar el trono de Albania.

Juan Pedro conocía que la princesa Kastriota, heredera en línea directa de la casa y nombre del gran héroe albanés Jorge Kastriota Scanderberg (que desafió sin éxito en 1478 el poder turco para proclamar la independencia albanesa), estuvo afincada en Cádiz desde el siglo XVIII y casó con el bisabuelo materno de Aladro.

Como curiosidad sobre esta ascendencia, contaba El Guadalete la marca que Juan Pedro tenía en el hombro derecho en forma de hoja de puñal, heredada del gran Scanderberg, y que nuestro personaje se veía en la obligación de enseñar a los muchos albaneses que, con frecuencia, acudían a su casa de París.

Juan Pedro se jactaba de ello: «Mi abuelo era el que nació en Vidania; yo nací en Jerez de la Frontera. Mi bisabuelo, estando en Nápoles con el Rey Carlos (que después lo fue de España bajo el nombre de Carlos III), casó con la heredera del trono de Albania, y vea usted ahora, cómo un vascongado-albanés va a reinar (si Dios quiere) en la península balcánica".

Cuando Aladro traslada su residencia a París en 1886, comienza los preparativos para convertirse en rey de los albaneses, "a cuya causa puso hasta el último céntimo de su inmensa fortuna y hasta la última gota de su sangre". "En Jerez -escribía Pedro Luis Gálvez- era un noble de Francia, y en París vivía como un señorito andaluz. Siempre llevaba en el bolsillo un puñado de luises que repartía o tiraba como un gran señor de leyenda".

Como quiera que su estancia en París le restaba tiempo para estar en Jerez, nombró administrador de sus bienes a Jacinto Ribeyro y Soulés, un escritor palentino, hombre de confianza del príncipe -al que tradujo al castellano su novela 'Sotir y Mitka'-, fundador de la Asociación Pericial y Mercantil de Jerez y director de El Guadalete.

Juan Pedro imprimió diarios y folletos en Bruselas, Bucarest, Sofía, Nápoles, Atenas y otras ciudades, logrando que en 1899 fuera proclamado rey por el partido nacional albanés, a la espera de la independencia de ese país.

Se entrevistó con la diplomacia alemana, austríaca e italiana y soberanos de Europa, que le prometieron su ayuda para que los albaneses se rebelaran contra la tiranía turca. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, Aladro terminó por convertirse en personaje molesto no sólo para los turcos sino también para otras naciones.

Cuando la guerra de los países balcánicos de 1912 trajo la anhelada independencia de Albania, era ya demasiado tarde para que Aladro reivindicase su legítima aspiración al trono. Su nombre ya no aparecía entre los pretendientes y los intereses internacionales eran otros.

Finalmente, las grandes potencias nombraron al príncipe alemán Wied rey de Albania cuando Aladro ya había caído en el más absoluto de los olvidos.

Juan Pedro Aladro Domecq, o Kastriota, Caballero de la Gran Cruz de Isabel La Católica, de la Estrella de Rumanía, de San Alejandro de Bulgaria, Comendador de la Real Orden de Carlos III y Caballero de la Orden del Santo Sepulcro, entre otros cargos, se encontró con la muerte el 15 de febrero de 1914 en el hotel Square Lamartine de París sin que su influencia, dinero y esfuerzo le hubiera permitido ver cumplido su obsesivo sueño.

Y, desde entonces, de Aladro jamás volvió a saberse.

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