La Navidad, sinónimo de reuniones familiares y reencuentros con amigos, es una época del año esperada con ilusión tanto por adultos como por niños. Es un momento perfecto para recordar vivencias, disfrutar de la compañía de seres queridos y crear recuerdos navideños duraderos para los más pequeños.
Aunque hoy asociamos la Navidad con fiestas y celebraciones, esta fecha tiene un origen bíblico. La Biblia cuenta que el 25 de diciembre nació el niño Jesús, el hijo de Dios, lo que le da a esta celebración un matiz religioso importante.
La Natividad de Cristo por Rogier van der Weyden
El Relato Bíblico del Nacimiento
La Natividad de Jesús o el Nacimiento de Jesús, se describen en los Evangelios Bíblicos de Lucas y Mateo y cuentan estos relatos, que Jesús nació en un establo, en Belén de Judea. Su madre, María estaba a punto de contraer matrimonio con un hombre llamado José, pero éste no era el padre biológico de Jesús, pues ella ya estaba embarazada cuando lo conoció.
El nacimiento de Jesús fue causado por la intervención divina, como bien aparece escrito en la Santa Biblia:
“Y entrando, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (…). No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz a un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo.María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo, y será llamado Hijo de Dios.Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. (…)”. (Lucas 1, 26-38)
“(…) Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo (…)”. (Mateo 1, 18-25).
Así pues, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el Santo custodio de la Sagrada Familia, es el Santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.
La Virgen María y San José contemplan al recién nacido Niño Jesús, según las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich.
Aquella noche, en la que María, madre de Dios, estaba a punto de dar a luz, se encontraban Ella y José, viajando para llegar a Belén. Al caer la noche, no encontraban donde alojarse y viendo que María estaba por dar a luz en cualquier momento, el dueño de una posada les ofreció quedarse en el establo.
El Evangelio de Lucas nos cuenta que María y José entraron en aquel establo donde había animales y juntando paja hicieron un pesebre para descansar al recién nacido niño Jesús.
“Y dio a luz a su hijo primogénito; le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. (Lucas 02:7)
Así pues, debido al maravilloso acontecimiento, la Nochebuena se convirtió en una época del año muy especial y es el momento perfecto para disfrutar con la familia y para esas cenas que, a pesar de repetirlas cada año, son inolvidables.
Las Visiones de Ana Catalina Emmerich
Este fue el momento justamente previo a que la Virgen María diera a luz a Cristo, el Salvador, tal y como lo relató la beata Ana Catalina Emmerich, que recibió el don especial para revelar cómo fue la vida de Jesús y la propia María a través de lo que ella llamaba “cuadros”, una especie de fotogramas que veía al mismo tiempo que se producían estos acontecimientos históricos.
Según explicaba la beata, “en esta vía de luz apareció un maravilloso movimiento de glorias que se interpretaban y se acercaban perceptiblemente en forma de coros de espíritus celestiales”.
Y entonces se produjo el Nacimiento del Mesías, el Señor, pues “la Santísima Virgen, que levitaba en éxtasis, rezaba ahora mirando hacia abajo, al suelo, a su Dios en cuya madre se había convertido, que yacía ante ella en el suelo como un recién nacido desvalido”.
Así vio Ana Catalina Emmerich a Jesús recién nacido: “Vi a Nuestro Salvador como un niño muy pequeño y refulgente cuya luz sobrepasaba la del esplendor circundante, acostado en la manta delante de las rodillas de la Santísima Virgen. Para mí era como si fuera muy pequeñito y se fuera haciendo más grande ante mis ojos. Pero todo esto solo era un movimiento del otro resplandor tan grande, que no puedo decir con seguridad cómo lo he visto”.
Siguiendo con esta visión en la gruta de Belén, cuenta que la Virgen “estuvo así arrobada todavía un rato y vi que le puso al niño un paño, pero no lo tomó en brazos ni lo levantó. Al cabo de un largo rato vi que el niño rebullía y lo oí llorar, y entonces fue como si María volviera en sí: levantó al niñito de la alfombra y lo envolvió en el pañal que le había puesto encima y lo sostuvo en brazos junto a su pecho. Luego se sentó y envolvió completamente al niño en su velo: creo que María daba de mamar al Salvador. Entonces vi en torno a ella ángeles de figura totalmente humana adorando con el rostro en el suelo”.
Un poco después recuerda la humilde monja, a la que gracias a sus indicaciones se hallaron los restos de la casa de la Virgen en Éfeso, que “ya habría pasado más de una hora desde el nacimiento cuando María llamó a José, que todavía estaba en oración. Cuando se acercó, se postró sobre su rostro con fervor, alegría y humildad, y sólo se levantó cuando María le pidió varias veces que lo apretara contra su corazón y diera gracias alegremente por el sagrado regalo del Altísimo. Entonces José se incorporó, recibió en sus brazos al niño Jesús y alabó a Dios con lágrimas de gozo”.
A continuación, prosigue la beata con su visión, “la Santísima Virgen envolvió al niño en pañales. En este momento no recuerdo la forma de envolverlo en pañales, sólo sé que uno era rojo, y sobre él una envoltura blanca hasta debajo de los bracitos y otro pañalito más por arriba hasta la cabecita. María solamente tenía cuatro pañales”.
Después de esto colocaron al Niño en el pesebre, que según Emmerich, “estaba lleno de juncos y hierbas finas y revestido con un cobertor que colgaba por los costados. El pesebre estaba encima del abrevadero de piedra que había a la derecha de la entrada de la cueva”.
Una vez que María y José dejaron ahí al niño, “los dos se quedaron de pie a su lado cantando himnos entre lágrimas de alegría”.
El Nacimiento de Cristo recorrió el mundo y cuenta que “Vi que los corazones de muchas buenas gentes se llenaron de jubiloso anhelo, y los corazones de los malos de gran temor. Muchos animales se movían alegremente, y en muchos lugares vi que las flores se enderezaban y que las hierbas, árboles y arbustos expandían aromas y destilaban bálsamos. Muchas fuentes se hinchieron y brotaron, y en la cueva de la loma al sur de la Cueva del Pesebre brotó una caudalosa fuente a la hora que nació Jesús, que a la mañana siguiente San José enmarcó y la preparó un cauce”.
A la mañana siguiente llegaron tres mayorales de los pastores a los que el Ángel se les había aparecido aquella noche. “Cuando llamaron tímidamente a la Cueva del Pesebre, San José salió a recibirlos cordialmente. Ellos le dijeron lo que les había anunciado esa noche el ángel, y que venían a adorar al Niño de la Promesa y a regalarle sus pobres dones. José aceptó sus regalos con humilde gratitud e hizo que llevaran los animales a la cueva cuya entrada estaba junto a la puerta Sur de la Cueva del Pesebre, adonde los acompañó”.
Ana Catalina Emmerich prosigue asegurando que José “luego llevó a los tres mayorales a ver a la Santísima Virgen, que estaba junto al pesebre sentada en el suelo encima de una manta con el Niño Jesús en el regazo. Los pastores, con sus cayados en la mano, se hincaron de rodillas humildemente delante de Jesús. Lloraban de alegría y permanecieron mucho rato con gran dulzura y sin palabras. Luego cantaron el himno de alabanza que los ángeles habían cantado esa noche y un salmo que he olvidado. Cuando quisieron despedirse, la Santísima Virgen les puso a uno tras otro el Niño Jesús en brazos. Se lo devolvieron con lágrimas y abandonaron la cueva”.
Los pastores acudieron al establo y se postraron ante el niño Jesús. En Oriente, tres sabios astrólogos llamados Melchor, Gaspar y Baltasar vieron la estrella y supieron que un nuevo rey iba a nacer. Decidieron seguir la estrella para adorar al nuevo rey.
Al llegar a Belén, los Reyes Magos preguntaron por el niño al rey Herodes, quien, temiendo ser destronado, les pidió que le informaran sobre el paradero del niño para adorarle también. Sin embargo, los Reyes Magos no se fiaron de Herodes y decidieron no volver a su palacio.
Melchor, Gaspar y Baltasar encontraron el pesebre y rindieron honores al niño Jesús, ofreciéndole oro, incienso y mirra.
- Oro: Regalo para un rey.
- Incienso: Ofrenda para Dios.
- Mirra: Símbolo de lo humano.
La Historia de la Primera Navidad (¡El Nacimiento de Jesús!) | Historias bíblicas para niños
¿Cuándo y Dónde Nació Jesús?
La pregunta sobre cuándo y dónde nació Jesús de Nazaret tiene respuestas complejas. Las informaciones provienen de los evangelios de Mateo y Lucas, escritos aproximadamente entre el año 80 y 90 del siglo I d. C.
Estos textos ofrecen dos anclajes cronológicos: que Jesús nació en tiempos del rey Herodes el Grande (40-4 a. C.) y que coincidió con el censo que Quirino llevó a cabo en la provincia romana de Siria. Sin embargo, Quirino solo fue gobernador de Siria en el año 6 d. C., lo que hace que las dos noticias sean incompatibles.
Se puede explicar la mención del censo como un recurso para justificar la presencia de José y María lejos de Galilea y su viaje a Belén, cumpliendo la profecía de Miqueas.
Más allá de estos versículos, Belén había sido la cuna del rey David y, por lo tanto, resultaría lógico que también naciese en esa ciudad el Mesías, descendiente de aquél y en el que se encarnaba la promesa hecha a este rey por Dios.
En cuanto al día 25 de diciembre, se cree que la elección fue más bien simbólica o intencionada que real, ya que ni siquiera las fuentes religiosas mencionan tal día.
La primera referencia data de la época del emperador Constantino, que permitió la práctica del cristianismo. De hecho, se piensa que esta tradición se debe a una forma de hacer que la evangelización de la población pagana fuera interpretada y aceptada de forma más sencilla cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial en época de Teodosio.
Así, los gobernantes debían mantenerla, pero decidieron cambiar su significado pagano, el del nacimiento del sol, por el del nacimiento del profeta que viene a iluminar al mundo.
Pero volviendo a la fecha concreta, es del todo imposible que los pastores llevaran sus rebaños hasta Belén en pleno invierno, ya que estos no salían hasta finales de marzo y regresaran a las majadas hasta mediados de noviembre, por lo que la teoría de que el nacimiento se produjo a finales de otoño podría resultar verosímil.
Lo cierto es que, a día de hoy, se desconoce con exactitud en qué día y año nació Jesucristo.
El Calendario Festivo
En la Roma imperial, existían dos celebraciones que coincidían con las últimas semanas del año. La primera, entre el 17 y el 23 de diciembre, eran las Saturnales (Saturnalia en latín), que se celebraban en honor a Saturno, dios protector de los sembrados, y festejaban el final de los trabajos en el campo hasta la siguiente primavera.
La festividad coincidía con el solsticio de invierno, momento a partir del cual los días comenzaban a ser otra vez más largos, dando por terminado el período de “oscuridad” y abriendo el camino a un disfrute cada vez mayor del sol. No debe extrañar, por lo tanto, que se reservara un día al final de las Saturnales, en concreto el 25 de diciembre, para celebrar el nacimiento del Sol Invicto (Natalis Solis Invictis).
En 350 d. C. el papa Julio I ya sugirió que se celebrase el nacimiento de Jesús el día 25 de diciembre, y cuatro años más tarde, su sucesor Liberio decretó oficialmente aquel día para la celebración. Al fin y al cabo, ¿qué mejor fecha para conmemorar el nacimiento del “verdadero sol” que era Jesús que la ya existente del Sol Invicto?
Error de Cálculo Papal
La fecha incorrectamente considerada como año 1 fue establecida -ya fuera por accidente o intencionadamente- en el siglo VI por un monje bizantino llamado Dionisio el Exiguo, quien diseñó un nuevo sistema de datación de los años para separar la era pagana de la cristiana: el Anno Domini -“año del Señor”, es decir, del nacimiento de Jesús-, en sustitución de la datación romana ad Urbe condita -“desde la fundación de la ciudad”, es decir, de Roma.
Tradiciones Navideñas
Por estas fechas tan especiales, la mayoría de las personas, decoran sus casas con el árbol de Navidad y el Belén, que suelen empezar a prepararse el día 8 de diciembre.
Árbol de Navidad
El árbol de Navidad es probablemente el elemento más significativo de esta época a nivel internacional, sirve para recordarnos que Jesús vino a la Tierra para conseguir la reconciliación.
Antiguamente los germanos creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos pendiendo de las ramas de un árbol gigantesco llamado “Dios Odín” al que, en cada solsticio de invierno, cuando suponían que se renovaba la vida, le rendían un culto especial. La celebración de ese día consistía en adornar un árbol de encino en torno al cual bailaban y celebraban.
San Bonifacio, evangelizador de Alemania e Inglaterra, derribó ese árbol que representaba al Dios Odín, y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor inmenso de Dios y lo adornó con manzanas y velas.
Así pues, los primeros árboles navideños se les ponía manzanas y velas, las cuales representaban el pecado original y la luz de Cristo, respectivamente.
El significado del árbol es que representa al Paraíso, el lugar donde Adán y Eva comieron los frutos.
Con el paso del tiempo, las manzanas y las velas fueron reemplazadas por esferas y luces, y ahora los árboles han cambiado bastante, se ponen adornos en función de las preferencias de cada familia.
Su forma triangular es una representación de la Santísima Trinidad y sus colores simbolizan las diferentes oraciones del Adviento; el azul la reconciliación, el color plata el agradecimiento, el oro la alabanza y el verde la abundancia y la naturaleza.
Belén
Otro de los símbolos característicos de las fiestas decembrinas es la representación del Nacimiento de Cristo, a través de un Belén, hecho con figuras en miniatura, que los católicos ponen en sus casas.
El origen de dicha representación, tal y como la conocemos en la actualidad, se la debemos a San Francisco de Asís. La inspiración para reproducir el primer Belén le llegó tras un viaje a Tierra Santa del que regresó profundamente emocionado.
Representación del Belén
La costumbre de poner Belenes en todas las casas se extendió por Italia. A Italia le siguió España y la tradición se trasladó posteriormente al resto de Europa y América Latina.
El Nacimiento del Niño Jesús se prepara el 8 de diciembre y las figuras centrales son María, José y los pastores. Debe estar presente la estrella de Belén, ovejas, una mula y un buey. El día 24 de diciembre se debe agregar la figura del niño Jesús y el día 6 de enero, la de los Reyes Magos
Independientemente de cómo se decora la casa o cómo se celebra, la Navidad es una fecha muy especial para todos los cristianos.
