La Navidad celebra el nacimiento de Jesús, un niño perdido en un establo de Belén, en el último rincón del imperio romano. Sus padres, provenientes de Nazaret, se refugiaron en un corral para que María, una jovencita recién casada, pudiera dar a luz. Pero el cielo está de fiesta: ¡Dios nace como niño!
Los ángeles cantan y las estrellas resplandecen como nunca, comunicando esta alegría a un puñado de pastores andrajosos, las gentes más pobres y peor consideradas. Dios nace pobre, en un lugar mísero y en el seno de una modesta familia, y solo se enteran unos pocos, gente que no es “importante”, ni sabia, ni especialmente espiritual, sino que quizás tiene a Dios muy lejos de sus preocupaciones diarias, ocupados en sobrevivir en el día a día.
¿Cómo se enteran? Por un mensajero del cielo. Esta es la señal de Dios: un bebé recién nacido, envuelto en pañales. Ver un bebé recién nacido es maravilloso, pero sucede miles de veces cada día, en el mundo. Lo bueno es que los pastores buscan al niño, lo encuentran, ven y creen, captando el sentido de la señal. Ese niño es más que un niño: es Dios-con-nosotros, un Dios que, de pronto, ya no es una idea lejana, sino una realidad íntima y presente en sus vidas, tan tierno y hambriento de amor como un bebé de pecho.
Los pastores han sabido ver el misterio tras el tapiz de lo cotidiano, lo milagroso tras lo natural, lo divino escondido en lo humano. Son los pastores, gente rústica, iletrada, sin aspiraciones intelectuales ni místicas, los que reciben y comprenden el mensaje de Dios. Por eso se alegran, cantan y comunican lo que han visto, como los ángeles mensajeros. Los pastores se han convertido en sabios, profetas y místicos, sin saberlo.
El Anuncio a los Pastores
El Evangelio de Lucas cuenta que había pastores en aquella región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y un ángel del Señor se presentó ante ellos, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y temieron con gran temor. Pero el ángel les dijo: “No temáis, porque he aquí os doy buenas nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
Llenos de alegría, los pastores van a Belén para ver el acontecimiento que el Señor les ha dado a conocer, buscan y encuentran al niño, acostado en un pesebre, con su madre María y José. Una vez que lo han visto, cuentan lo que el ángel les ha dicho del niño, asombrando a todos los que les oyen. Y mientras ellos regresan a su rebaño glorificando y alabando a Dios por lo que han visto y oído, María, por su parte «conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19).
Así, a la alegría de los pastores se contrapone la «meditación» de María sobre el «misterio», desconcertante para ella: un «misterio» sobre el que no terminará de meditar hasta el momento de la Resurrección. Sólo entonces, de hecho, se revelará el «misterio» de una vida que comienza en un pesebre y termina en una cruz.
El Significado del Pesebre y los Pañales
María puso a su niño recién nacido en un pesebre (Lc 2,7). De aquí se ha deducido con razón que Jesús nació en un establo, en un ambiente poco acogedor, pero que ofrecía en todo caso la discreción necesaria para el santo evento. La tradición de los iconos, basándose en la teoría de los Padres, ha interpretado también teológicamente el pesebre y los pañales. El niño envuelto y bien ceñido en pañales aparece como una referencia anticipada a la hora de su muerte: es desde el principio el Inmolado.
San Agustín ha interpretado el significado del pesebre con un razonamiento que en un primer momento parece casi impertinente, pero que, examinado con más atención, contiene en cambio una profunda verdad. El pesebre es donde los animales encuentran su alimento. Sin embargo, ahora yace en el pesebre quien se ha indicado a sí mismo como el verdadero pan bajado del cielo, como el verdadero alimento que el hombre necesita para ser persona humana. Es el alimento que da al hombre la vida verdadera, la vida eterna.
El pesebre se convierte de este modo en una referencia a la mesa de Dios, a la que el hombre está invitado para recibir el pan de Dios. Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. Con los dos seres vivientes se da a entender claramente a los dos querubines sobre la cubierta del Arca de la Alianza que, según el Éxodo (25,18-20), indican y esconden a la vez la misteriosa presencia de Dios. En la singular conexión entre Isaías 1,3, Habacuc 3,2, Ex 25,18-20 y el pesebre, aparecen por tanto los dos animales como una representación de la humanidad, de por sí desprovista de entendimiento, pero que ante el Niño, ante la humilde apariencia de Dios en el establo, llega al conocimiento y, en la pobreza de ese nacimiento, recibe la epifanía, que ahora enseña a todos a ver.
El Contexto Histórico del Nacimiento
Lucas introduce su relato sobre el nacimiento de Jesús explicando por qué ha tenido lugar en Belén. Un censo cuyo objeto era determinar y recaudar los impuestos es la razón por la cual José, con María, su esposa encinta, van de Nazaret a Belén. Para Lucas es importante el contexto histórico universal.
El decreto de Augusto para registrar fiscalmente a todos los ciudadanos de la ecúmene lleva a José, junto con su esposa María, a Belén, a la ciudad de David, y así sirve para que se cumpliera la promesa del profeta Miqueas, según la cual el Pastor de Israel habría de nacer en aquella ciudad (5,1-3). Sin saberlo, el emperador contribuye al cumplimiento de la promesa: la historia del Imperio romano y la historia de la salvación, iniciadas por Dios con Israel, se compenetran recíprocamente.
La historia de la elección de Dios, limitada hasta entonces a Israel, entra en toda la amplitud del mundo, de la historia universal. Jesús ha nacido en una época que se puede determinar con precisión, en el decimoquinto año del imperio de Tiberio. Él pertenece a un tiempo que se puede determinar con precisión y a un entorno geográfico indicado con exactitud: lo universal y lo concreto se tocan recíprocamente. En él, el Logos, la Razón creadora de todas las cosas, ha entrado en el mundo. El Logos eterno se ha hecho hombre, y esto requiere el contexto del lugar y del tiempo.
| Evento | Descripción | Significado |
|---|---|---|
| Anuncio del Ángel | Un ángel anuncia a los pastores el nacimiento del Salvador. | Revelación divina a los humildes y marginados. |
| Nacimiento en Belén | Jesús nace en un pesebre en Belén debido al censo romano. | Cumplimiento de la profecía mesiánica. |
| Visita de los Pastores | Los pastores visitan al niño Jesús y difunden la noticia. | Reconocimiento de Jesús como el Salvador por los sencillos. |
| Circuncisión y Presentación | Jesús es circuncidado y presentado en el Templo. | Cumplimiento de la Ley judía y consagración a Dios. |
¿Por qué Jesús No Siempre Se Representa Como un Bebé "Adorable"?
Si estás familiarizado con la iconografía cristiana de los siglos XIII, XIV y XV, es probable que te hayas hecho una pregunta: ¿Por qué muestran al niño Jesús así, feo, envejecido, adusto? Allí donde debería haber un niño en su más tierna infancia encontramos una criatura con arrugas, calvicie incipiente y la expresión de un filósofo sumergido en sesudas reflexiones. Lo más curioso es que son así no por falta de pericia de los artistas. Se suponía que debían representar a una mujer joven con su hijo recién nacido o de solo unos años, pero lo que salía de sus pinceles era bien distinto: "niños viejos", criaturas de aspecto no muy saludable que parecen sexagenarios a punto de firmar la jubilación.
Fuesen más o menos habilidosos, al trazar el rostro de Jesús los pintores se guiaban por convenciones, un código asimilado y compartido y un bagaje cultural que en este caso afectaba tanto a la idea de la infancia como muy especialmente la del propio niño Jesús. De hecho una de las claves que nos ayudan a entender estas piezas es que los artistas medievales no buscaban captar fielmente la realidad. Importa el mensaje, no la fidelidad.
En el arte occidental la teología influyó también en las composiciones: Jesús suele aparecer sentado con una postura madura o envuelto en pañales. No digas niño, di mejor "homúnculo". Si hay una palabra que ayude a entender esos inquietantes "niños-hombre" que descansan en el regazo de María y nos miran desde las tablas medievales es esa: homúnculo, que significa "hombre pequeño".
Lo que observamos en los retablos de la Edad Media no es por lo tanto una simple representación (más o menos realista) de un pequeño con su madre. No. El mensaje es más complejo... y rico. Nos muestra una idea del Jesús niño influida por la teología cristiana y ciertas convenciones. Y en la que sobrevuela ese concepto, el "homúnculo". La idea detrás de esta representación es eliminar la respuesta emocional que uno tiene hacia el bebé y, en cambio, atraer al espectador hacia una comprensión más importante de la acción de Dios al hacerse humano. Dicho de otra forma, por más que se representase en su más tierna infancia, un niño Jesús no debía ser adorable. Sabiduría mejor que ternura.
OB1 Los pañales de Jesús. Jesus en el pesebre. Orientalismos de la Biblia
El Belén y su Significado
Durante estas fechas muchos tienen montado el belén en sus casas. Algo que se ha convertido en una tradición esencial en todos los hogares católicos, pues representa el misterio del nacimiento de Cristo, y es uno de los símbolos de la Navidad. En el caso de España, el belén llegó en el siglo XV gracias a San Francisco de Asís. Los personajes más populares del portal de belén son María, San José y el Niño Jesús, pero para recrear el Nacimiento contamos con muchas más figuras.
El Ángel
El Ángel es una de las figuras tradicionales en el Belén. Nos recuerda que fue él quien anunció a los pastores de las cercanías de Belén la buena noticia del Nacimiento de Cristo. En los días anteriores a Navidad, el Ángel se quedó para cuidar y guiar a los pastores hasta el pesebre donde se encontraba el Mesías. Además, también llevó la buena nueva a los Reyes de Oriente y con su luz los guió hasta el lugar.
Una de las escenas más típicas es representar la Anunciación en los belenes, aunque también suele colocarse dentro o encima del pesebre. A menudo aparece portando una cinta con la palabra ‘gloria’, ya que después de dar la noticia a los pastores, se unió a un coro celestial diciendo: “Gloria a Dios en las alturas".
La Estrella
La estrella, que se coloca cerca del Ángel, también está asociada con el espíritu de celebración y con las grandes ilusiones. Simboliza la fe, la luz que nos guía en nuestro camino hacia Dios.
El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre.
El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41).
San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe. ¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida.
