El caso de Yéremi Vargas se convirtió hace años en una de las grandes incógnitas para la Policía.
La desaparición de Yeremi puso el foco en una madre desconsolada y un padre que apenas decía palabra. Ella, Ithaisa, representaba el dolor de una situación inexplicable.
Jeremi José Vargas Suárez, conocido entre los suyos como Yéremi, un pequeño de siete años, se había esfumado cuando jugaba con sus primos en un solar junto a la casa de su abuela en Gran Canaria.
Desde un infausto sábado, 10 de marzo de 2007, lleva años desaparecido.
Aquel 10 de marzo de 2007, cuando Yéremi tenía tan solo siete años, jugaba con sus primos en un solar junto a su casa. Su madre, Ithaisa Suárez, tiene grabado en la memoria ese día en el que al llegar aparcó el coche después de haber ido a comprar pollos para comer y vio a su pequeño jugando.
Aquellas últimas palabras de “sube a comer Yeri”, y la respuesta de su hijo “vale mami” no dejan de repetirse en su cabeza. Desde entonces ha tenido que aprender a soportar el dolor “porque nos morimos por dentro”, nos dice.
“Estamos enfermos por este vacío”, sigue contando Ithaisa, quien vive en una continua depresión y está en tratamiento desde entonces. Es tal el desgaste físico y emocional que durante la entrevista son sus padres y su hermana los que tienen que continuar con el relato del caso y la investigación, porque ella simplemente, no puede.
Ithaisa Suárez ya tenía otro hijo que contaba con 13 meses cuando su hermano Yéremi desapareció. Ithaisa Suárez confía en que la Justicia consiga hacerle revelar "dónde está" su hijo, porque la familia Vargas-Suárez está convencida de su culpabilidad, por todos los indicios que apuntan a ello.
La familia ha recurrido esta decisión del juez, según relata Ithaisa Suárez, quien afirma que están "desesperados", especialmente su padre, que ha salido a buscar a su nieto por el barranco donde creen que "El Rubio" pudo haber arrojado al niño.
Cuando recibe noticias relacionadas con su hijo, ya no le salen lágrimas. En su caso, señala que su familia mantiene la esperanza y por eso no se cansa de recibir a los medios de comunicación para que su hijo no caiga en el olvido, ni tampoco de recordar la última vez lo vio. "Eso fue horrible, una pesadilla, parecía que se iba a hundir el mundo.
Ella afirma que lo vio al entrar en casa y que lo último que recuerda que le dijo fue "sube a comer Yeri" y él le contestó "vale mami".
Imagen compartida por Ithaisa Suárez en su perfil de Instagram, en la que Yéremi sostiene a su hermano Aidan en brazos.
«Yéremi, ya son muchas Navidades sin ti, pero siempre sentimos que faltas aquí». De esta manera, Ithaisa Suárez quiso recordar a su hijo Yéremi Vargas, desaparecido en Vecindario en marzo de 2007, en estas fechas tan señaladas.
«Nos sentimos impotentes ante la situación de ver cómo el presunto culpable de que no estés aquí pueda andar tranquilo cuando te ha arrebatado de nuestras vidas para siempre.
«Tu habitación, intacta como nuestra esperanza de hacer justicia. «Para ti, mi pequeño Aidan, aunque ya no seas tan pequeño. Qué decirte, que estamos tan cerca y a la vez tan lejos.
«No pararemos de rezar para que esta agonía acabe cuanto antes, te queremos bb. Me encantaría que te llegara este mensaje en una fecha como mañana, que sé que es muy duro tanto para ti como para nosotros. Sería inexplicable nuestros dolores tanto tú como yo y tu hermano en nuestro último encuentro solté tu mano la besé y me fuí aguantando las ganas de llorar.
"El único sospechoso, que está mi abogado trabajando, es Antonio Ojeda, alias 'El rubio'", recordaba Ithaisa Suárez
Ithaisa Suárez protagonizó un encuentro con el único sospechoso de la desaparición de su hijo: La madre de Yéremi Vargas, tras enfrentarse al sospechoso de la desaparición del niño: "No lo quería hacer público, pero me grabaron" El juzgado que lleva el caso de la desaparición de Yéremi Vargas, el pequeño al que se le perdió la pista en Gran Canaria en el año 2007, ha tomado una decisión: prorrogar seis meses más la instrucción con el objetivo de que se practiquen nuevas diligencias que se han solicitado por parte de la acusación particular.
Ithaisa Suárez, madre del pequeño, aborda la situación y nos cuenta, en directo en 'El programa de Ana Rosa', cómo fue su encuentro con 'El rubio', presunto asesino de su hijo.
En primer lugar, quería dejar claro que su abogado es Marcos García Montes y añadía: "El único sospechoso, que está mi abogado trabajando, es Antonio Ojeda, alias 'El rubio', y todo lo que está haciendo nuestro abogado que tenemos bastante está ahí pendiente y de momento todo va muy bien, vamos a tardar un poco".
Por eso, hacía un llamamiento para que la atención no vaya a otros lugares: "Quiero que, por favor, la gente se centre en lo que dice mi abogado, la guardia civil y los investigadores que en lo que se oye por ahí. Hemos pasado una semana de lo más horrible".
Pero además, Ithaisa ha protagonizado un encuentro con el sospechoso del que nos habla. Fue en Navidad, cuando ya sabía que la investigación se iba a retrasar y su familia estaba "mal": "De hecho, una persona, un odiador por así decir, un hater, me metió un poco de fuego y digo, pues tienes razón y me presenté ahí y fui y realmente nada más verle la cara, me evitaba la mirada e intentaba huir".
"No es capaz ni siquiera de decirme el nombre de mi hijo", aseguraba Ithaisa, que añadía que está "segura al 100% de que es él" y entraba en detalles: "Cuando le dije lo de la cianosis le temblaba la boca, tiene una muleta pero él corría. Terminó diciéndome que fue mi cuñada intentado como siempre echarle la culpa a otras personas".
"Yo no hice nada porque tengo tres hijos más, confesaba Ithaisa, que concluía: "Cualquiera lo hubiera hecho". Desapariciones“Estamos enfermos por este vacío”, dice su familia, quienes piden que no se archive el caso contra el principal sospechoso
Yéremi Vargas tenía 7 años y jugaba en la calle cuando su madre le llamó a comer. Nunca lo hizo. Han pasado más de 4.000 días desde su desaparición y la familia no pierde la esperanza de que el principal sospechoso, Antonio Ojeda, confiese y les conduzca hasta él.
Este sábado se cumplen 11 años de la desaparición del pequeño Yéremi Vargas. Once años de desvelos, angustias y desesperanzas. Porque ésa, la esperanza de encontrarlo con vida, con el paso del tiempo y a pesar de los indicios contra del principal sospechoso, se ha desvanecido.
Hoy que el foco mediático está pendiente de una nueva y lamentable desaparición como la de Gabriel, la familia de Yéremi siente como suya éste nuevo drama. Como sintieron suyo el hallazgo del cuerpo de Diana Quer o la ausencia de Marta del Castillo. Una solidaridad entre familias que atraviesan el mismo dolor.
La familia del pequeño, como le decían cariñosamente Yeri, se queja de que la justicia no haya iniciado, si quiera, un juicio contra Antonio Ojeda, El Rubio, detenido y sentenciado por el abuso sexual a otro menor de la misma zona y con similares características físicas y de edad. Más aún se quejan de que el juez archivara el caso el pasado mes de octubre alegando que los indicios recopilados hasta el momento no permitían mantener un proceso penal en su contra.
Incluso, el magistrado Manuel Hermo Costosa llegó a decir de la investigación de la Guardia Civil que “los motivos que inicialmente llevaron a su imputación no dejaban de ser meras afirmaciones y valoraciones subjetivas de los miembros del equipo de investigación”, según consta en el auto. Por esas palabras fue multado por el Consejo General del Poder Judicial con 500 euros y un apercibimiento por escrito al considerar que incurrió en una falta leve de desconsideración con los miembros de la Benemérita que investigan el caso.
Por todo ello, pero principalmente para que el proceso no quede archivado, la familia del menor ha presentado un recurso ante la Audiencia de Las Palmas para que se mantenga la línea sobre El Rubio como principal sospechoso. “Cuando estaba la investigación en marcha todos los días era un día de esperanza. Decíamos, a lo mejor es hoy, a lo mejor es hoy, pero una vez se presentó todo por lo judicial esa esperanza se nos acabó porque no vemos ninguna salida”, dice Milagros Suárez, tía de Yéremi.
No le ha ido mal como cocinero. Pero su salario no alcanzaba para su vida disoluta. Tras Ithaisa cambió de pareja constantemente. Y siguió sumando hijos. A sus 36 años, Juan Francisco ha tenido siete hijos, pues a los dos que tuvo con la madre de Yéremi se añadieron cinco más con otras cinco muchachas distintas. En total, dos chicas y cinco chicos.
Una de sus hijas, de 13, la que tuvo un año después de perder a Yéremi, ha sido la primera que estos días le ha denunciado por abusos sexuales. Tras ser detenido y liberado con cargos el martes, optó por defenderse en televisión, como si el caso fuera un reality show.
El papá, Juan Francisco, decidió mantener cauto silencio. Optó por dejarle la primera voz a la mamá. Ya no eran pareja y asumió el matriarcado. Él, que era más bien de alzar la voz, le cedió el protagonismo.
Juan Francisco Vargas Sánchez lloraba durante la búsqueda de su hijo, que llegó a implicar a 300 personas, entre agentes de la Guardia Civil, policía local, protección civil y voluntarios. No se le encontró. Entonces investigaron a Juan en profundidad. Aumentaban las sospechas porque justo 48 horas antes había roto con Ithaisa. Había distintas líneas de trabajo entre los agentes involucrados. Una discurría en el ámbito familiar. Otra, con el niño como posible víctima de un pederasta. Descartaron entonces a Juan Francisco, que pasó de principal sospechoso a padre sufridor. Los focos siguieron sobre la madre durante más de una década. Pero ahora le apuntan a él debido a dos acusaciones, con pocos días de diferencia, de dos menores de 13 años por abusos sexuales.
Poco se sabía del padre de Yéremi. Mucho se ha desvelado de repente. Juan Francisco nació el 22 de septiembre de 1984. Fue padre precoz. Yéremi vino al mundo el 18 de julio de 1999 cuando él tenía 14 años. Los que le conocen dicen que nunca salió de esa adolescencia irresponsable y sin control. Su pareja de entonces, Ithaisa Suárez Santana, tenía 16 años. El embarazo se produjo a los pocos meses de conocerse. Aún eran chiquillos jugando a adultos. Tuvo un hijo más con ella. Una relación sin futuro. Los rumores de infidelidad y las discusiones fueron constantes. Cuando desapareció su primogénito, el joven padre tenía solo 22 años. La tragedia le debió obligar a madurar -eso esperaba su familia- pero no fue así. No fue así.
El 'caso Yéremi' se convirtió hace 14 años en una de las grandes incógnitas para la Policía. El niño desapareció mientras jugaba y no se supo más de él. El gran sospechoso es un pederasta condenado apodado 'el Rubio'. Al principio, se investigó al padre, pero se descartó su participación.
Juan Francisco Vargas no maduró tras la tragedia, como esperaba su familia. Al contrario, tuvo hijos que no podía mantener con su trabajo
En estos años ha sido un errante. Ha estado en Fuerteventura y en distintos puntos de Las Palmas de Gran Canaria. Ha tratado hasta hace poco de estar lejos de donde vieron por última vez a Yéremi. La razón de su primera huida: «Porque en Vecindario tengo muchos recuerdos y muchas cosas negativas para mí». Lo contó en su primera gran entrevista, la que hizo para La Provincia, diario de Las Palmas. Rompió su silencio después de nueve años. ¿La razón? Era el año 2016 y se sentía por fin liberado. Confesó todo lo que sentía porque acababan de detener a Antonio Ojeda, apodado el Rubio, como responsable de la desaparición. Contó, al fin, sus sentimientos por haber estado hasta ese momento en el punto de mira.
Juan Francisco consciente de que muchos desconfiaban de él. «Sí. Me he visto señalado. Una vez dije que para mí si la gente se siente bien con el hecho de criticarme y señalarme con el dedo, si esa gente se fortalece y ayuda a mi hijo, pues no me preocupa. Para mí la crítica es indiferente».
Aprovechó para negar su culpa...«Me duele que me señalen sin serlo. Pero más me duele que mi hijo no esté conmigo. Sé y entendí, después de un tiempo, que estas situaciones son lógicas, que la Guardia Civil empieza por los padres y luego se expande a familiares, amigos para así poder llegar a resolver este tipo de problemas».
Y se quejó abiertamente de los valiosos esfuerzos desperdiciados en investigarle...Hay testigos que aseguran que la primera menor denunciante gritó de forma repetida: "¡No, papá! ¡No, papá!"
«Lo que me indignaba era que yo pensaba que estaban perdiendo el tiempo en vez de estar buscando. Pero comprendí que tenían que hacerlo así. Lo que pensara la sociedad me daba igual, lo que dijeran los medios, también. Solo me preocupaba que la Guardia Civil perdiera el tiempo con declaraciones de ocho horas cuando yo sabía que no me había llevado a mi hijo».
Como nunca, repasó las circunstancias de la separación de Ithaisa, lo que creó un abismo entre las dos ramas de la familia de Yéremi, los Vargas y los Suárez. «Al principio había mucha polémica por parte materna y por parte paterna. Quiero dejar claro que fue un momento clave, ya que se produjo la separación dos días antes. Siempre en una separación suele haber conflictos, aunque uno no quiera. Después a los dos días pasa la desaparición de Yéremi, te vuelves loco de la cabeza. La familia pierde el sentido común. Se forma más psicosis en la vida y más tensión. Había una pequeña hoguera y con esto fue un barril de gasolina que se echó encima de una pequeña llama, que a lo mejor en poco tiempo hubiese desaparecido».
SU CARTA EXCULPATORIA«Vino a casa de mi novia y se metió en nuestra cama para ver una película... En la cama estábamos mi pareja, su hijo, mi hija y yo... Me quedé dormido y me despertó mi hija diciendo que había intentado violarla. Me desmayé de la impresión, me quedé dando convulsiones en el suelo... No pasó nada... Me hicieron un complot, hacía un mes y medio que mi hija no me hablaba».
Su defensa surtió relativo efecto. Ithaisa salió rápidamente a decir que esto no tenía nada que ver con la desaparición de Yéremi [oficialmente no hay una línea de investigación que vincule estas denuncias con la desaparición del niño]. En redes sociales se generó un debate por su caso, con buena parte de los tuiteros defendiéndole. Y eso que, a pesar de no haber sido enviado a prisión, la juez sí decretó orden de alejamiento. Y que hay testigos que señalan que la menor gritó repetidamente: «¡No, papá! ¡No, papá!».
No contaba quizás con que, tras hacerse pública la primera denuncia, la hija de una de sus tantas ex novias, también de 13 años, con apoyo de su madre, se atrevería a denunciarle también. Acusándole del mismo crimen. Dos escenarios diferentes, islas distintas, testimonios similares, edades idénticas. Y una gran duda.
El viernes, tras pasar una noche más encerrado, Juan Francisco Vargas fue liberado con cargos por la juez Yanira del Carmen González, del juzgado de San Bartolomé de Tirajana. Ante ella, él optó por el silencio. Su defensa pide respeto a la presunción de inocencia. Tiene una nueva orden de alejamiento, retirada del pasaporte y la imposibilidad de abandonar Gran Canaria.
Como nunca, repasó las circunstancias de la separación de Ithaisa, lo que creó un abismo entre las dos ramas de la familia de Yéremi, los Vargas y los Suárez.
«Al principio había mucha polémica por parte materna y por parte paterna. Quiero dejar claro que fue un momento clave, ya que se produjo la separación dos días antes. Siempre en una separación suele haber conflictos, aunque uno no quiera. Después a los dos días pasa la desaparición de Yéremi, te vuelves loco de la cabeza. La familia pierde el sentido común. Se forma más psicosis en la vida y más tensión. Había una pequeña hoguera y con esto fue un barril de gasolina que se echó encima de una pequeña llama, que a lo mejor en poco tiempo hubiese desaparecido».
EN EL BOLETÍN OFICIAL: CONSUMO DE DROGAS
No cita, por cierto, que su nombre y DNI aparecieron en el Boletín Oficial de la Provincia de Las Palmas el viernes 25 de octubre de 2013. Le pusieron una sanción de 301 euros por infringir el artículo 25 de la Ley sobre Protección de la Seguridad Ciudadana. Específicamente el apartado 1, que señala: «Constituyen infracciones graves a la seguridad ciudadana el consumo en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos, así como la tenencia ilícita, aunque no estuviera destinada al tráfico, de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas». Todo sucedió en Ingenio (Las Palmas).
Herminia Santana estaba limpiando la habitación de su nieto Yeremi Vargas cuando, de repente, reparó en 'El misterio de la piedra mágica', un cuento que su hija Ithaisa había encargado al poco de dar a luz. Era de una promoción de una empresa de pañales en la que, con cuatro datos (el nombre del bebé, el de algunos familiares y la ciudad en la que residían), una editorial confeccionaba un libro personalizado. Lo abrió y no dio crédito a lo que leía.
"Una mañana, Jeremy José, de 8 meses, de Vecindario [Gran Canaria], estaba jugando en el parque. Con su cubo y su palita, estaba excavando la arena para construir un castillo [...]. Por un extraño encantamiento el parque en el que estaba jugando desapareció [...] y se encontró en un bosque encantado".
Después de leerlo, a la abuela Herminia se le erizó la piel y se le humedecieron unos ojos que rebosaban incredulidad. "Parece que estuviera escrito lo que iba a pasar", aventuraba mientras reseguía el tacto de la portada del cuento como si, a través de él, intentara transmitir sus caricias a su nieto.
Un año antes, el sábado 10 de marzo de 2007, Yeremi Vargas jugaba con sus primos en el solar de al lado de su casa, en la calle Honduras de Vecindario. Herminia los llamó a las 13:30 para comer. Iban a celebrar el cumpleaños del abuelo José. Como siempre, los pequeños se hicieron los remolones, pero al quinto reclamo Aarón, de 9 años, y José Alexis, de 5, subieron; Yeremi, de 7, no.
Se asomaron al solar para apremiarle, pero solo vieron arena. Ni rastro de su pelo rubio ni de los enormes ojos castaños que escondía tras sus gafas de montura verde. Solo encontraron, a varios metros del solar, el solitario cubo amarillo con el que había estado construyendo castillos de arena. "En cuatro minutos. En solo cuatro minutos se lo llevaron", musitaba el abuelo José.
En verdad se llamaba Jeremy, pero el día en que desapareció su tío Gilberto, azotado por los nervios, puso Yeremi en los carteles que repartió en los hospitales con la esperanza de dar con su sobrino. Para que no hubiera confusiones, especialmente en las búsquedas por internet, prefirieron no cambiarlo. Desde entonces Yeremi es un nombre recurrente en los foros de la red.
José volvía cada día a casa con los zapatos embarrados de buscarlo por pozos, barrancos y por todos los sitios que se le ocurría, hasta que la quimioterapia le obligó a bajar el ritmo. Pese a ello, seguía recorriendo a lomos de un quad los caminos perdidos de Vecindario en busca de alguna pista. Durante mucho tiempo los primos le gritaban "Yeri, Yeri" en sus juegos. Decían que era su primo invisible. Y su hermano Aidan, que cuando todo ocurrió tenía 2 años, saludaba a su "manito" siempre que le veía en uno de los pósteres que aparecían en cada esquina de su ciudad, empezando por el inmenso cartel que corona el muro de su casa, el que da justo al solar en el que Yeremi se evaporó.
Pese a que ya han pasado nueve años de su desaparición, nadie quería perder la esperanza de que esta inquietante historia tuviera el mismo final que el cuento.
¿Dónde está Yéremi Vargas? 🚨 El caso que sigue helando la sangre 🚨
La madre de Yéremi Vargas, Ithaisa Suárez, asegura que en los diez años "terribles" que han transcurrido desde que su hijo desapareció mientras jugaba cerca ... de su casa de Vecindario ha intentado que su familia recupere su vida, aunque sigan con una desgracia que cuesta un mundo llevar. La madre del pequeño afirma que el 10 de marzo, el día de su desaparición, "es uno más sin Yeremi", aunque reconoce que toda la familia se "viene abajo" porque se cumple otro año sin el niño. "Vivimos con la desgracia, pero vivimos.
Juan Francisco Vargas tenía solo 15 años cuando empezó a salir con Ithaisa Suárez, su primera novia. La pareja tiene un segundo hijo seis años después, A., que hoy tiene 14. Poco antes de que Yeremi desapareciera Ithaisa decidió separarse de él.
Quienes le conocen aseguran que por aquel entonces, con 22 años, era un «chiquillaje» y que «le gustaba mucho la fiesta, el gimnasio y las mujeres». Además, había empezado a trabajar muy joven y manejaba dinero. «Cometió alguna tontería de juventud y tonteó con las drogas pero es buen niño», comentaba ayer una persona próxima a él. En estos años ha tratado de enderezar su vida y hoy, con 37 años, trabaja de cocinero en un establecimiento de Playa del Inglés.
Pese a su juventud tiene siete hijos -2 chicas y 5 chicos- con seis mujeres diferentes. Solo con Ithaisa tuvo dos, con el resto uno con cada una. «Siempre fue un ligón», indican estas fuentes, que destacan que «pese a adorar a sus hijos» con todos ellos ha incumplido con el pago de la manutención. «Cada vez que estaba con una tenía un hijo pero la responsabilidad se la dejaba a ella porque no las ha pasado nada o muy poco», indican estas fuentes.
