Irantzu Gallastegi es una figura tristemente célebre dentro de la historia de la banda terrorista ETA. Proveniente de una familia con profundas raíces en el nacionalismo radical vasco, Gallastegi se involucró activamente en la organización, alcanzando notoriedad tanto por sus propios actos como por su relación con Javier García Gaztelu, alias 'Txapote'.
Hace cosa de 20 años, Jon Juaristi escribió en una columna la biografía de una saga criminal, los Gallastegi, una colección de los más acabados hijos de perra que ha dado a Euskadi y al mundo la banda terrorista ETA. Cuando la estupidez precede al crimen, tituló, invirtiendo el orden que había dispuesto Luis Cernuda. Había mucha estupidez y, en justa correspondencia, hubo mucho crimen.
Orígenes Familiares
Eli Gallastegi Uriarte (Gudari), el patriarca de la familia, fue un nacionalista de primera hora, protagonista de la escisión aberriana, frente a la rama comunión, más posibilista. Sus dos hijos, Iker y Lander Gallastegi Miñaur, siguieron la tradición paterna y este último tuvo tres hijos que continuaron en ETA la lucha de su padre, su tío y su abuelo. Eran un varón, Orkatz Gallastegi Sodupe, y dos hembras: Irantzu y Lexuri, que alcanzaron justa fama como terroristas.
Irantzu fue la que alcanzó mayor reputación, tanto por méritos propios como por los de su consorte: Javier García Gaztelu (Txapote). En la terminología pervertida de esta gentuza tal vez sueñe con ser la miembro de la familia Gallastegi que puede ostentar con más propiedad el apodo de su abuelo, Gudari.
Participación en Actos Terroristas
Ella secuestró el 10 de julio de 1997 a Miguel Ángel Blanco cuando el joven concejal de Ermua se dirigía a la empresa en la que trabajaba, dos días antes de que su pareja le disparase dos tiros en la cabeza y dejaran su cuerpo exangüe en los alrededores de Lasarte. También participó en el asesinato de Fernando Múgica Herzog y en el de Manuel Zamarreño.
En el asesinato el 25 de junio de 1998 del concejal del PP en Errenteria (Gipuzkoa) Manuel Zamarreño, uno de los más de 200 crímenes de ETA que estaban impunes cuando la organización terrorista anunció su disolución en 2018, ya tiene culpables. La Audiencia Nacional ha hecho pública este viernes la sentencia por la que condena a los etarras Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote, y su pareja sentimental, Irantzu Gallastegui Sodupe, Amaia, a 110 años de prisión a cada uno de ellos como autores materiales del asesinato del edil mediante una moto-bomba.
La sentencia considera probado que Txapote y Amaia formaban, al final de la década de los noventa, parte del comando Donosti, el único que en aquellos momentos estaba activo y con capacidad de atentar. Ambos y un tercer miembro del grupo, José Luis Geresta ―fallecido en 1999―, recibieron entonces la “instrucción” de la dirección de ETA de asesinar a cargos públicos del PP. Dentro de esa campaña, añade el fallo, los miembros del comando “fijaron como objetivo” matar a Zamarreño, quien había asumido el acta de concejal de Errenteria apenas un mes antes de su muerte, en sustitución de su compañero de partido José Luis Caso, asesinado también por la banda el 11 de diciembre del año anterior.
El crimen se perpetró a las 11.10 del 25 de junio de 1998. Los tres miembros del comando colocaron un artefacto compuesto por entre uno y dos kilos de amonal en una bolsa de tela sobre una motocicleta que Amaia había adquirido unos días antes con documentación falsa y que habían aparcado en una acera próxima al domicilio del concejal popular. Cuando la víctima pasó junto a ella tras comprar el pan en una tienda cercana y “se encontraba desprevenida y sin facultad alguna de reacción defensiva”, los terroristas detonaron la bomba y le causaron la muerte, recalca el fallo.
Los magistrados detallan los numerosos indicios que los lleva al convencimiento de que los autores del atentado fueron Txapote ―quien posteriormente accedería a un puesto relevante en la dirección de ETA― y Amaia. En este sentido, destacan que el dueño de la tienda donde se adquirió la motocicleta utilizada cinco días antes del atentado reconoció a la etarra como la persona que la compró utilizando documentación de una tercera persona. También destaca que ella facilitó al dependiente un número de teléfono que las pesquisas policiales revelaron posteriormente que había sido utilizado para recabar un año antes información para cometer un atentado contra otro político del PP en Gipuzkoa por el que ella ya ha sido condenada.
La sentencia también da especial valor al material que se intervino, en 1999, en un piso franco en la localidad de Andoain (Gipuzkoa) que había sido utilizado por el comando, y en el que se encontraron huellas de los ahora condenados junto a las armas utilizadas en los atentados contra otros cargos públicos, varios kilos de material explosivo, radiomandos para activar bombas a distancia y documentos manuscritos que los informes policiales adjudican a Amaia.
Por todo ello, el tribunal muestra su “convicción fundada” de que “solo ellos pudieron ser los coautores de la fabricación y colocación de la bomba explosiva en la motocicleta” que costó la vida a Zamarreño. Por ello, condena a ambos por un delito de asesinato consumado terrorista, dos en grado de tentativa, lesiones terroristas, estragos y tenencia, fabricación, transporte y colocación de artefacto explosivo con finalidad terrorista.
Los nombres que mataron a Miguel Ángel Blanco: dónde están, su condena y el único que murió
Condena y Situación Actual
Gallastegui, por su parte, está condenada igualmente a una pena acumulada de 30 años. En su caso, ingresó en prisión el 14 de junio de 2005 por los delitos de atentado y asesinatos, tenencia de explosivos, estragos e incendios terroristas.
Ella fue detenida en 1999 y cumple su 20º año en la cárcel. Él fue detenido dos años después, en 2001 en Anglet (Francia), y suma ya 18 años en prisión. Para ambos el futuro seguirá siendo la cárcel en primer grado, el grado más severo. ‘Amaia’ podría no abandonar la prisión hasta el año 2040. Para entonces quizá también lo habrá hecho su hermana, Lexuri Gallastegi Sodupe, detenida en 2002 en Francia y que tras ser juzgada en España fue condenada a 1.476 años -con un máximo de cumplimiento efectivo de 30 años-.
En una conversación que ambos mantienen en prisión, se lamentan del fin de ETA y esperan que «con el tiempo» surja un movimiento parecido para ocupar «el vacío» dejado por la banda. Su rencor aumentó en 2016, cuando la dirección de Sortu anunció que dejaba de reclamar la amnistía y proponía a los internos que buscasen salidas individuales.
Otros Implicados en el Asesinato de Miguel Ángel Blanco
Miguel Ángel Blanco fue asesinado por tres personas: Javier García Gaztelu, 'Txapote', Irantzu Gallastegi, 'Amaya' y José Luis Geresta Mujika, 'Ttotto'. 'Txapote' disparó al joven mientras 'Ttotto' le sujetaba y 'Amaya' esperaba en un coche.
El tercer terrorista que intervino en el asesinato de Blanco es José Luis Geresta Mujika, 'Ttotto'. Su historial terrorista es muy breve. En 1996 se incorporó al 'comando Donosti' y tres años más tarde se suicidó de un disparo en la sien en Rentería.
El secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco fue posible gracias a que Ibon Muñoa, un edil de HB de Eibar, ayudó al 'comando Donosti' a cometer el crimen. En 1995, Muñoa comenzó a colaborar con ETA cuando se lo pidió el exparlamentario de su mismo partido Mikel Zubimendi y en poco tiempo se convirtió en una pieza clave del 'comando Donosti' que formaban Francisco Javier García Gaztelu 'Txapote' e Irantzu Gallastegi Varela, 'Amaya'.
El 10 de julio Miguel Ángel Blanco viajó en tren desde Ermua a Eibar y los etarras que se ocultaban en casa de Muñoa le secuestraron junto al apeadero. Ibon Muñoa fue detenido en octubre de 2000 después de una larga investigación que se había centrado en los rastros que las matrículas que fabricó para el 'comando Donosti' habían dejado en distintos atentados.
Legado y Reflexiones Finales
Un cuarto de siglo después, la historia de estos terroristas es el reflejo de la derrota del terrorismo y de quienes lo practicaron. La carrera terrorista de ambos presos es un paradigma de unos miembros de ETA que consiguieron ascender en la organización gracias a que estaban dispuestos a aplicar la máxima violencia sin ningún tipo de escrúpulo.
Es mentira, corrupción del lenguaje, ya les digo, la mentira de los padres como explicación de las mentiras y los disparates del presente, que tan bien explicaron Rudyard Kipling en uno de sus Epitaphs of war y Juaristi en su Spoon River, Euskadi. Hace ya muchos años que una Caja de Ahorros Vasca proponía su figura en una publicación para escolares explicando la complejidad de todo esto con las mismas mentiras que emplearía el abuelo Eli: «Nuestra Irantzu tiene que ser dura porque los políticos son blandos».
