Intolerancia a la Lactosa en Bebés: Síntomas, Lactancia Materna y Tratamiento

Las intolerancias alimentarias son afecciones diferentes a las alergias, aunque a menudo se confunden ambos términos. En el caso de las alergias a los alimentos, se desarrolla una reacción por parte del sistema inmune tras ingerir el alimento en cuestión. Sin embargo, esta reacción inmunológica no sucede cuando existe una intolerancia alimentaria.

Unas de las intolerancias alimentarias más conocidas son la intolerancia a la lactosa y al gluten.

¿Qué son las alergias o intolerancias alimentarias?

Las alergias alimentarias consisten en una reacción inmunológica frente a un determinado alimento tras ser ingerido. Sin embargo, las alergias alimentarias no son lo mismo que las intolerancias.

En el caso de las intolerancias alimentarias no se produce una reacción por parte del sistema inmune, sino que lo que sucede es que el organismo no es capaz de asimilar adecuadamente el alimento ingerido o sus componentes. Por ello, hay personas con intolerancias alimentarias que pueden tomar pequeñas cantidades de un alimento en particular sin que manifieste ningún síntoma, algo que no sería posible en caso de alergia.

Normalmente, las intolerancias alimentarias son causadas por una deficiencia en el metabolismo. Esto significa que las personas con intolerancias alimentarias presentan una insuficiencia o ausencia de las enzimas encargadas de digerir aquellos alimentos que producen la intolerancia.

Se estima que el 10% de los niños desarrollan intolerancia en su infancia a muchos de los alimentos cotidianos de consumo diario como la leche o alimentos que contienen gluten o fructosa.

La intolerancia a la lactosa en bebés es uno de los temas que cada vez preocupa más a las mamás, ya que cada vez se dan más casos.

Ahora bien, no es lo mismo la intolerancia a la lactosa que la alergia a la leche de vaca. La alergia a la proteína de la leche no es lo mismo que la intolerancia a la lactosa.

La respuesta es no, la alergia a la proteína de la leche y la intolerancia a la lactosa no son los mismo, sino que se tratan de afecciones distintas. La alergia a la proteína de la leche es una respuesta poco frecuente del sistema inmunitario a la leche o a otros productos que la contenga. En cambio, la intolerancia a la lactosa es la imposibilidad de digerir el azúcar (lactosa) que contiene la leche. La principal diferencia entre una y otra es que en la intolerancia a la lactosa no interviene el sistema inmunológico.

La leche materna contiene lactosa ya que es el hidrato de carbono más importante en esta leche y el más abundante aportando al bebé un 40% de las calorías que debe tomar.

No es frecuente que un bebé presente intolerancia a la leche materna a su nacimiento, a no ser que muestre una deficiencia de lactasa congénita o se trate de un bebé prematuro con deficiencia de lactasa del desarrollo.

En el resto de los casos la intolerancia a la lactosa suele aparecer a partir de los primeros años de vida.

La intolerancia a la lactosa primaria es la más común entre la población y tiene origen genético.

La intolerancia a la lactosa secundaria se origina después de haber sufrido una enfermedad, lesión o cirugía en el intestino, esto produce una disminución de la producción de lactasa y por lo tanto la intolerancia a la lactosa. Hay algunas enfermedades que están relacionadas con la intolerancia a la lactosa secundaria como las infecciones intestinales, la celiaquía y la enfermedad de Crohn.

Es un trastorno poco frecuente donde los bebes nacen con una intolerancia a la lactosa congénita causada por la falta de lactasa. Los recién nacidos no son capaces de digerir la leche materna ni la leche de formula convencional debido a que presentan una alteración en el gen encargado de producir la lactasa. Esta intolerancia se detecta cuando el bebé ingiere leche los primeros días de vida ya que este presentará una reacción adversa.

Este tipo de intolerancia a la lactosa aparece en bebés prematuros debido a niveles insuficientes de lactasa. Los bebés que han nacido de forma prematura pueden presentar intolerancia a la lactosa con mayor facilidad. Esto ocurre porque estos bebés, por norma general, suelen tener un sistema digestivo inmaduro, lo que no les permite digerir correctamente la lactosa.

Los niños que han nacido a término, es decir, en fecha, no suelen mostrar signos de intolerancia a la lactosa hasta que no tienen, al menos, 3 años de edad. Aun así, tu bebé puede mostrar algunos síntomas que señalen una intolerancia a la lactosa.

A pesar de que la lactosa no llega a ser tan peligrosa como las alergias, es importante detectar lo antes posible si tu bebé tiene problemas para tolerar la lactosa.

Principalmente la lactosa se encuentra en leches y productos lácteos, pero hay mucho otros alimentos que contienen lactosa. Te recomendamos que antes de consumir algún alimento revises los ingredientes de la etiqueta para averiguar posibles fuentes de lactosa.

Conocer los síntomas de la intolerancia a la lactosa y cómo varían según la edad puede ayudarte a identificar si tú o alguien cercano podría padecerla. La lactosa es un tipo de azúcar presente en la leche y otros productos lácteos. Las personas con intolerancia a la lactosa no producen suficiente lactasa, por lo que la lactosa no digerida llega al intestino grueso, donde es fermentada por las bacterias intestinales.

Los síntomas de la intolerancia a la lactosa suelen aparecer entre 30 minutos y 2 horas después de consumir alimentos que contienen lactosa. La gravedad de los síntomas varía de una persona a otra y depende de la cantidad de lactosa ingerida y de la capacidad individual para digerirla.

Algunas personas pueden consumir pequeñas cantidades de productos lácteos sin experimentar molestias, y solo presentan síntomas cuando ingieren grandes cantidades. En cambio, otras personas pueden experimentar síntomas incluso con pequeñas dosis.

Es importante destacar que estos síntomas no son exclusivos de la intolerancia a la lactosa y pueden ser causados por otras afecciones digestivas.

La intolerancia a la lactosa puede manifestarse a cualquier edad, y los síntomas pueden variar según la etapa de la vida. La intolerancia a la lactosa en bebés es poco frecuente, pero puede ocurrir. En niños y adultos, la intolerancia a la lactosa suele desarrollarse de manera gradual a medida que disminuye la producción de lactasa, la enzima necesaria para digerir la lactosa. A medida que los niños reemplazan la leche por otros alimentos, la producción de lactasa suele disminuir.

Es importante destacar que la intolerancia a la lactosa no debe confundirse con alergia a la leche o derivados lácteos. La alergia es una reacción inmunitaria que se produce cuando el cuerpo percibe las proteínas de la leche de vaca (caseína y proteínas del suero) como una amenaza, provocando síntomas como urticaria, vómitos, sibilancias y dificultad para respirar.

La lactosa es la principal fuente de hidratos de carbono de la leche de los mamíferos (vaca, cabra, oveja, leche humana). Está formado por dos moléculas más sencillas que son la glucosa y la galactosa. Cuando falta la lactasa (de forma total o parcial), la lactosa no se absorbe y se acumula en el intes­tino, lo que genera deposiciones más blandas. Además la lactosa no absorbida llega al colon donde es fermentada por las bacterias que habitualmente se encuentran en él, generándose gran cantidad de gases (hidrógeno, metano, etc.) durante dicha degradación.

La intolerancia a la lactosa no es lo mismo que la alergia a leche de vaca, aunque a veces puedan tener síntomas parecidos. La intolerancia a lactosa en muchos casos suele ser secundaria a una patología digestiva que produce un daño en los enterocitos, con lo que se pierde la sustancia que digiere la lactosa. Cuando se recuperan los enterocitos la intolerancia desaparece, siendo, por tanto, un cuadro transitorio. En otros casos es una intolerancia primaria, siendo lo más frecuente el déficit racial (también llama­do hipolactasia del adulto). Este proceso hace referencia a una pérdida de la actividad de la enzima de forma natural a partir de los 2 o 3 años.

Síntomas de las intolerancias alimentarias en bebés

Las intolerancias alimentarias se pueden manifestar al poco tiempo del nacimiento. Entre los principales signos y síntomas de una posible intolerancia alimentaria en bebés o niños de temprana edad se encuentran los siguientes:

  • Diarrea.
  • Gases.
  • Molestias intestinales.
  • Hinchazón de estómago.
  • Vómitos.
  • Dolor de barriga.
  • Pérdida de peso.
  • Retraso en el crecimiento.
  • Eccemas y picores.

Estas manifestaciones clínicas pueden aparecer hasta una vez pasados 3 días desde que se ingirió el alimento. Además, es bastante habitual que en edad infantil, haya más casos de intolerancias alimentarias debido a la inmadurez de su sistema digestivo.

Los síntomas más típicos son: dolor y distensión abdominal, flatulencia, náuseas y vómitos, diarrea (deposiciones blandas, ácidas y explosivas que irritan la zona del ano presentando enrojecimiento y escozor).

Aun así, tu bebé puede mostrar algunos síntomas que señalen una intolerancia a la lactosa. Si detectas alguna anomalía en tu bebé relacionada con la intolerancia a la lactosa, lo primero que debes hacer es acudir al pediatra. El especialista será quien te dé las mejores indicaciones acerca de la intolerancia a la lactosa y de cómo tratar al bebé intolerante a la lactosa.

Normalmente habrá también otros problemas más importantes, como escaso aumento de peso y dolor en los pezones.

Cómo detectar si tu bebé es INTOLERANTE A LA LACTOSA.

Intolerancias alimenticias más frecuentes en bebés

Hay ciertos alimentos que son más propensos a ser intolerantes para los bebés y los niños en edad infantil como, por ejemplo, el trigo, la leche, los huevos, los frutos secos, etc.

A continuación, se detallan las principales intolerancias alimentarias.

Intolerancia a la lactosa

Este tipo de intolerancia se debe a la dificultad del organismo para digerir la lactosa, el azúcar de la leche y otros productos lácteos. La causa de la intolerancia a la lactosa es la producción insuficiente de la enzima lactasa.

Si no se produce suficiente cantidad de lactasa, no será posible de digerir de manera completa la lactosa y, por tanto, pasará al colón donde será fermentada por la fibra intestinal. Como consecuencia de este proceso, es habitual presentar heces más líquidas y molestias intestinales.

Sin embargo, es poco común que los bebés lactantes presenten intolerancia a la leche materna salvo que hayan nacido con una deficiencia de lactasa. Lo más habitual es que la intolerancia a la lactosa aparezca cuando el pequeño tiene alrededor de 2-3 años. Si se trata de bebés prematuros, entonces existe un mayor riesgo de sufrir intolerancia a la lactosa tras el nacimiento, pero dura poco tiempo.

Intolerancia al gluten

El gluten es una proteína presente en los cereales de secano como, por ejemplo, el trigo, la cebada o el centeno. Existen varios tipos de afecciones que se pueden desarrollar frente al gluten, como la celiaquía, la sensibilidad al gluten no celíaca y la alergia al gluten.

Generalmente, los bebés y los niños suelen desarrollar la sensibilidad al gluten o la celiaquía tras la transición de la leche materna a la incorporación de alimentos. Al igual que sucedía con la intolerancia a la lactosa, si el bebé presenta intolerancia al gluten, manifestará síntomas como vómitos, distensión abdominal, diarrea crónica o incluso retraso del crecimiento. En estos casos, es importante conocer el historial familiar por si hubiera antecedentes de intolerancia al gluten y realizar las pruebas diagnósticas correspondientes.

Intolerancia a la fructosa

La fructosa es un tipo de azúcar que se encuentra en alimentos como cereales, frutas y zumos. La causa de este tipo de intolerancia es falta de enzima sacarasa. Esta enzima se encarga de hidrolizar tanto la fructosa como la sacarosa. Por tanto, si no hay producción de sacarasa se llevará a cabo una mala absorción de la fructosa.

Algunos alimentos que no están permitidos en caso de intolerancia a la fructosa serían carnes y pescados procesados que contengan azúcares, yogures de frutas, salsas comerciales, bebidas azucaradas, algunas verduras y hortalizas, etc. En ciertos casos, la intolerancia a la fructosa es reversible; mientras que en otros casos no es así. Por ello, siempre hay que consultar con el especialista.

Alergia al huevo

Cuando se comienza a introducir el huevo en la alimentación del bebé alrededor de los 8-9 meses es posible que aparezca la alergia. Lo más común es que el niño tenga alergia a la clara del huevo, pero no a la yema. Esto se debe a que la clara del huevo posee una mayor cantidad de proteínas.

Las manifestaciones clínicas de una posible alergia al huevo son similares a las que surgen tras otro tipo de alergias: vómitos, diarreas, dolores abdominales, picores, etc. En ocasiones, la alergia al huevo se relaciona también con la alergia a la proteína de la leche. Sin embargo, alrededor de la mitad de los niños con alergia al huevo, dejan de tenerla a partir de los 5 años.

Diagnóstico de las intolerancias alimentaria

Ante la sospecha de alguna intolerancia o alergia alimentaria, el primer paso es acudir a un especialista. Allí se elaborará la historia clínica y se conocerá los antecedentes.

Las pruebas de alergia se pueden realizar mediante pinchazos en la piel, un análisis de sangre donde se mide la cantidad de anticuerpos IgE o incluso seguir una dieta de eliminación de alimentos.

Además, existen test genéticos que permiten conocer la predisposición a desarrollar ciertas intolerancias alimentarias.

El diagnóstico de la intolerancia a la lactosa se basa en la historia clínica del paciente, un examen físico y pruebas específicas que ayudan a confirmar si existe dificultad para digerir la lactosa.

  • Prueba de tolerancia a la lactosa: se administra una dosis de lactosa al paciente y se miden los niveles de glucosa en sangre a intervalos regulares.
  • Prueba de hidrógeno en el aliento: se mide la cantidad de hidrógeno en el aliento del paciente después de consumir lactosa.
  • Biopsia del intestino delgado: en casos muy concretos, puede ser necesario realizar una biopsia para medir la actividad de la lactasa en el intestino delgado.
Prueba Descripción
Prueba de tolerancia a la lactosa Se administra lactosa y se miden los niveles de glucosa en sangre.
Prueba de hidrógeno en el aliento Se mide el hidrógeno en el aliento después de consumir lactosa.
Biopsia del intestino delgado Se mide la actividad de la lactasa en el intestino delgado.

Tratamiento

El tratamiento principal para la intolerancia a la lactosa consiste en reducir o eliminar el consumo de alimentos que contienen lactosa. Elegir productos lácteos sin lactosa: existen en el mercado leches, yogures y quesos sin lactosa que pueden ser consumidos sin causar síntomas.

Vivir con intolerancia a la lactosa puede requerir algunos ajustes en la dieta y estilo de vida, pero con la información y conocimientos adecuados, es posible llevar una vida plena sin complicaciones.

Tras estas dos semanas sin productos lácteos, te dirá que vuelvas a introducir algunos de ellos, pero poco a poco, de forma gradual. Si los síntomas vuelven a aparecer, es muy probable que el pequeño no tolere la lactosa. Y si quieres asegurarte antes, puedes preguntar al pediatra sobre la prueba de hidrógeno en el aliento.

El médico realizará los exámenes adecuados para comprobar si realmente es intolerancia a la lactosa. A pesar de tener intolerancia a la lactosa, el bebé puede y debe seguir consumiendo calcio, ya que hoy en día existen productos lácteos a los que se les ha eliminado la lactosa. Además, el calcio no solo se obtiene de los lácteos. Existen muchos alimentos ricos en calcio que tu bebé podrá tomar, siempre y cuando ya haya comenzado a ingerir alimentos sólidos. Claro está que antes de comenzar una nueva dieta para el bebé, tendrás que hablar con el pediatra para que te dé las indicaciones acerca de la alimentación del bebé.

Como hemos visto según el tipo de intolerancia a la lactosa que presente tu bebé podrá ser temporal o duradera. Por ejemplo, si es una intolerancia producida después de una enfermedad o infección probablemente con el tiempo remitirá.

Estos lácteos pueden ser sustituidos por productos lácteos sin lactosa: fórmulas sin lactosa o de soja en bebés y leche sin lactosa en niños mayores. En niños no se recomiendan las bebidas vegetales (bebidas de soja, de arroz, de almendras…) ya que no son adecuadas desde el punto de vista nutricional.

Existen pastillas de lactasa que en algunos adultos se utilizan de forma esporádica, sobre todo en circunstancias en las que no se puede asegurar la exclusión de la lactosa de la dieta (co­mida en restaurantes, cafeterías, celebraciones...).

Para asegurar que la ingesta de calcio sea la adecuada es necesario tomar 2-3 raciones de lácteos al día (de aquellos productos denominados “sin lactosa”) o de productos que se encuentren enri­quecidos en calcio.

Lee las etiquetas de los alimentos: la lactosa se encuentra en muchos alimentos procesados, por lo que es importante leer las etiquetas con atención. Busca alternativas a los productos lácteos: existen muchas opciones vegetales que pueden sustituir a la leche y otros productos lácteos, como la leche de almendras, soja o avena. Informa a tu familia y amigos: es relevante que las personas de tu entorno conozcan tu situación. No tengas miedo de experimentar: cada persona es diferente, por lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra. Experimenta con diferentes alimentos y estrategias para encontrar lo que mejor se adapte a ti.

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