Impacto del Aborto en la Sociedad: Estadísticas y Consecuencias

El aborto es un procedimiento médico que pone fin al embarazo, representando una necesidad básica de atención de la salud para millones de mujeres, niñas y otras personas que pueden quedarse embarazadas. Se estima que cada año se producen 73 millones de abortos en todo el mundo, con seis de cada diez embarazos no deseados que terminan en aborto.

Sin embargo, el acceso a servicios legales y seguros de aborto dista de estar garantizado para quienes los necesitan. El debate sobre el aborto es uno de los más controvertidos a nivel mundial, a menudo empañado por la desinformación sobre las repercusiones de restringir el acceso a este servicio de salud esencial.

Independientemente de la legalidad del aborto, las personas siguen necesitando y accediendo a estos servicios. Según el Instituto Guttmacher, la tasa de abortos es de 39 por 1.000 personas en los países que prohíben el aborto totalmente, y de 36 por 1.000 en los países que lo permiten solo en caso de riesgo para la vida de la mujer.

Cuando es realizado por un proveedor de servicios de salud capacitado y en condiciones de salubridad adecuadas, el aborto es uno de los procedimientos médicos que menos riesgos entraña, incluso menos que el parto. No obstante, las restricciones gubernamentales obligan a las personas a recurrir a abortos clandestinos y peligrosos, especialmente si carecen de recursos para viajar a otro país o acceder a atención privada.

Manifestación por el aborto legal en Argentina.

Aborto Inseguro: Una Crisis Médica Prevenible

El aborto no seguro es una de las principales causas de mortalidad materna, responsable de al menos 1 de cada 12 muertes. Cada año, millones de mujeres enfrentan complicaciones graves, como infecciones y hemorragias, debido a la falta de acceso a servicios médicos seguros.

Sin acceso a un aborto seguro, muchas mujeres recurren a métodos inseguros, lo que aumenta el riesgo de complicaciones como infecciones, lesiones internas y fertilidad reducida. Las mujeres en África, Latinoamérica y Asia son las más afectadas por este problema de salud.

Las principales complicaciones de un aborto no seguro son:

  • Hemorragia grave
  • Infección
  • Peritonitis
  • Lesiones en vagina y útero
  • Infertilidad (consecuencia a largo plazo que afecta a embarazos futuros)

Cómo Prevenir las Muertes por Aborto No Seguro

Para prevenir la mortalidad y el sufrimiento causados por un aborto no seguro se requieren tres acciones principales: proporcionar anticonceptivos para evitar embarazos no deseados, ofrecer servicios de interrupción sin riesgos (incluyendo proporcionar asesoramiento a la mujer) y tratar las complicaciones resultantes del aborto.

Médicos Sin Fronteras (MSF) incluye los servicios de atención para la interrupción voluntaria del embarazo dentro de sus programas de atención materna, después de estudiar las disposiciones legales y la percepción de la comunidad y del personal sanitario. MSF no tiene una posición política ni ética sobre el aborto; como organización médico-humanitaria, considera las consecuencias de los abortos no seguros como una cuestión médica a la que hay que responder. Los riesgos de un aborto no seguro son bien conocidos y pueden prevenirse prestando una atención adecuada a estas mujeres.

Las muertes a causa de abortos no seguros se reducen enormemente cuando la mujer puede acceder a servicios médicos. Por ejemplo, tras la legalización del aborto en Sudáfrica en 1996, diversos estudios confirmaron que, para el año 2000, la mortalidad materna por abortos no seguros se había reducido en un 91%; además, el número de mujeres con infecciones causadas por estos procedimientos se había reducido a la mitad.

El Aborto en España: Estadísticas Recientes

El Ministerio de Sanidad ha informado de que el año pasado se realizaron 106.172 interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) en España, lo que supone un aumento cercano al 3% con respecto a la cifra de 2023. Los datos indican que los centros privados siguen siendo los que absorben la gran mayoría de la demanda (82%, 83.609 casos) de este procedimiento, frente a solo un 18% (30.900) que se realizaron en hospitales públicos. Aún así, según indicó Sanidad, el 73% de las mujeres que abortaron en la privada «fueron informadas en centros públicos».

Destaca el aumento en el número de interrupciones entre mujeres menores de 20 años, un grupo en el que hubo 11.699 abortos en 2024, en comparación a las 10.934 de 2023, lo que representa un incremento del 7%. En total, por grupos de edad, el 11% de los abortos voluntarios correspondieron al grupo de 15 a 19 años, el 23% al de 20 a 24 años, el 22% al de 25 a 29, el 20% al de 30 a 34, el 16% al de 35 a 39, y el 7% al grupo de 40 a 44 años.

La mayoría de los abortos fueron por decisión voluntaria de la mujer (95%), mientras que el 3% se realizaron por grave riesgo para la vida o salud de la gestante, el 2% por riesgo de graves anomalías fetales y el 0,28% por anomalías incompatibles con la vida. En cuanto al momento de la gestación, el 76% de los abortos se realizaron antes de las 8 semanas.

Dos de cada tres mujeres que interrumpieron su embarazo (68%) lo hicieron por primera vez. En cuanto al método empleado, el farmacológico (que consiste en la administración de fármacos autorizados) tuvo un mayor peso en la red pública, donde se realizaron 21.320 actuaciones, frente a las 12.772 en los centros privados. En total, el 31% de las mujeres que decidieron interrumpir su embarazo eligieron este método. Aún así, el quirúrgico sigue siendo el más utilizado, sobre todo en los centros privados y especialmente en los centros extrahospitalarios, que concentraron más de 63.000 actuaciones en 2024.

El dato más preocupante del informe es que una de cada dos interrupciones voluntarias del embarazo (49%) se produjo tras una relación sexual sin anticonceptivos.

Impacto Psicológico y Físico del Aborto

Numerosos trabajos han estudiado las posibles secuelas que la práctica del aborto provocado puede ocasionar en las mujeres que lo sufren. Estas secuelas no deben considerarse como un síndrome, dado que el término “síndrome”, se utiliza para describir un conjunto de signos y síntomas que cuando ocurren juntos indican la existencia de una enfermedad o trastorno específico.

Aunque algunos estudios afirman no encontrar correlación clara, entre incremento de trastornos psiquiátricos o conductas adictivas en las mujeres que han abortado voluntariamente respecto de las que han dado a luz, si encuentran evidencias de un incremento en las secuelas relacionadas en mujeres que han abortado dos o mas veces.

Sin embargo, otros estudios muestran que las tasas de hospitalización relacionada con la salud mental fueron más altas después de abortos inducidos que otros embarazos (104.0 frente a 42.0 por 10,000 personas-año). El aborto se asoció con la hospitalización por trastornos psiquiátricos (HR 1.81, IC 95% 1.72-1.90), trastornos por uso de sustancias (HR 2.57, IC 95% 2.41-2.75) e intentos de suicidio (HR 2.16, IC 95% 1.91-2.43) en comparación con otros embarazos.

Una revisión sistemática ha tratado de aglutinar estos estudios con el fin de extraer conclusiones representativas sobre la incidencia de los abortos, tanto espontáneos (“miscarriage”) como provocados (“terminations of pregnancy” (TOP))- en la frecuencia de aparición de determinados problemas de salud y tasas de mortalidad subsiguiente en las mujeres que han experimentado un embarazo, así como la posible relación entre el número de embarazos no finalizados y el incremento de estos riesgos en una misma mujer.

Del análisis de los datos ofrecidos en los diferentes trabajos seleccionados, los autores extraen la conclusión de que puede establecerse una correlación entre abortos, tanto espontáneos como provocados, e incremento en el riesgo de muerte o la aparición de determinados trastornos en las mujeres analizadas. El riesgo de muerte durante el embarazo y en el año posterior al aborto se compara con el de aquellas mujeres que han dado a luz a un hijo vivo. En las mujeres que han sufrido un aborto provocado (TOP) este riesgo es un 170 % mayor respecto de las que han dado a luz a un hijo vivo. El riesgo es un 84 % mayor respecto de los partos a término en el caso de abortos espontáneos.

Este metaanálisis muestra que la mortalidad de las mujeres que han sufrido un aborto, espontáneo o provocado, es más del doble de la de aquellas que han tenido un hijo vivo. Algunas de las causas de muerte en estas mujeres son suicidio, accidentes u homicidio. Existe una correlación entre aborto e incremento en la aparición de conductas autodestructivas, que pueden estar detrás de las causas de muerte mencionadas.

La ratio de tasa de mortalidad en mujeres que han tenido 3 o más abortos provocados es de 2.92 respecto del grupo de referencia correspondiente a mujeres que no han sufrido ninguno. Para dos abortos es de 2.14, siendo de 1.45 en el caso de un solo aborto. En el caso de las mujeres que han dado a luz a hijos vivos, el riesgo es menor con respecto a las que no han quedado embarazadas, con ratios de 0.69 para las madres de 3 o más hijos, y 0.54 para las de dos.

Por último, las mujeres que son coaccionadas para practicarse un aborto tienen un mayor riesgo de padecer serias complicaciones, incluidas las tendencias autodestructivas.

Es importante considerar que:

  • El aborto es un problema de salud que puede tener graves consecuencias físicas y psicológicas para la mujer, desde problemas físicos derivados de legrados y del tratamiento del mismo, hasta depresión, ansiedad o incluso suicidio.
  • El aborto es mucho más frecuente de lo que se piensa, con un 10% de las mujeres que tendrán abortos a lo largo de su vida.

Avances Recientes y Obstáculos Persistentes

En años recientes se han visto importantes avances hacia este derecho. Destaca el importante logro de las mujeres en México, pero también en Argentina, Colombia o Ecuador han legislado recientemente hacia un mayor acceso al aborto. En 2024, Francia se convirtió en el primer país del mundo en incluir explícitamente el aborto como libertad garantizada en su Constitución; otros países apoyaron medidas de protección para pacientes y profesionales de la salud a la entrada de las clínicas con servicios de aborto, sometidos frecuentemente a criminalización y hostigamiento.

Sin embargo, todavía existen países como Nicaragua, El Salvador, República Dominicana, Malta, Andorra, Polonia o Marruecos en los que el aborto continúa estando penado o limitado a circunstancias muy específicas. Esto supone que 700 millones de mujeres en edad reproductiva no tienen acceso a servicios de aborto legales y seguros. Pero, no son las únicas que tienen que enfrentarse a restricciones legales en el aborto, ya que el 41% de las mujeres en edad de procrear viven en países con leyes muy estrictas sobre el aborto o en los que a pesar de que el aborto sea legal, no tienen medios para ofrecer un aborto seguro y accesible.

Algunos de los obstáculos con los que las mujeres pueden encontrarse además de una legislación restrictiva, son la poca disponibilidad de servicios, los costes elevados, la estigmatización, la objeción de conciencia del personal sanitario -recientemente se han hecho públicos varios casos en España o Chile-, o la exigencia de requisitos innecesarios como el suministro de información engañosa. Muchas mujeres que quieren ejercer su derecho a decidir sobre su embarazo y maternidad se ven obligadas a desplazarse a otros países (o a otros estados en el caso de Estados Unidos o México). Una posibilidad a la que no todas pueden acceder porque la desigualdad socioeconómica también cuenta negativamente en el acceso a un derecho al aborto seguro.

En 2024, Afganistán, Argentina, Chile, Puerto Rico y Rusia pusieron en marcha leyes o políticas que reducen el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. Esto ha permitido que algunos estados impongan penas de cárcel a las mujeres acusadas de abortar, así como a quienes las asisten, o establezcan restricciones tan severas que, en la práctica, imposibilitan el acceso al aborto.

Además, existen numerosas barreras que afectan de forma desproporcionada a ciertos grupos, como personas negras y de otras comunidades racializadas, pueblos indígenas, migrantes en situación irregular, personas transgénero, residentes de zonas rurales y quienes viven en situación de pobreza. La creciente salida de profesionales de la salud de los estados con prohibiciones estrictas está agravando la falta de servicios de salud reproductiva, especialmente en áreas rurales y de bajos ingresos. A ello se suman las barreras socioeconómicas, que impiden a muchas personas desplazarse a otros estados para acceder a servicios de aborto.

Protesta por derecho al aborto.

El Aborto como una Cuestión de Derechos Humanos

Según el derecho internacional de los derechos humanos, toda persona tiene derecho a la vida, a la salud y a no sufrir violencia, discriminación ni tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes. El derecho de los derechos humanos especifica claramente que las decisiones sobre nuestro cuerpo son sólo nuestras, principio que se conoce como “autonomía física”.

Obligar a alguien a mantener un embarazo no deseado o a buscar un aborto inseguro es una violación de sus derechos humanos, incluidos los derechos a la intimidad y a la autonomía física.

En muchas circunstancias, quienes no tienen más opción que recurrir a un aborto inseguro corren además riesgo de procesamiento y sanción, incluida prisión, y pueden también exponerse a sufrir trato cruel, inhumano y degradante, discriminación y exclusión en el acceso a servicios esenciales de atención a la salud después del aborto.

El acceso al aborto está, por tanto, esencialmente ligado a la protección y el respeto de los derechos humanos de las mujeres, las niñas y las demás personas que pueden quedarse embarazadas.

Opinión Pública y el Derecho al Aborto

A nivel nacional, un 70% de la población española respalda que este derecho sea legal en todos los casos o en una mayoría de situaciones, y solo un 16% se decanta por la ilegalización. Por países, aunque Europa es la parte del mundo que más a favor está respecto a la legalización del aborto, encontramos importantes diferencias. En un estudio analizando 11 países europeos, Suecia (86%) y Francia (83%) muestran el mayor apoyo, mientras que Rumanía (64%) y Polonia (60%) muestran el menor.

Las leyes de algunos países que permiten el aborto lo hacen solo en ciertos supuestos concretos y situaciones definidas. En el caso de la premisa de que un embarazo pusiese en riesgo la vida o salud de la mujer, obtiene un apoyo entre la población mundial de un 80%. En cuanto a la premisa de si el embarazo es resultado de una violación, un 76% de la ciudadanía mundial sería favorable a permitir realizar un aborto.

En cuanto al plazo en el que se permite la terminación voluntaria del embarazo de manera legal, el que más consenso mundial aglutina es el de hasta las 6 primeras semanas desde el comienzo de la gestación. Sin embargo, en los países del entorno europeo consigue un respaldo mayor, aunque es cierto que pocos países consiguen que más de la mitad de su población lo apruebe, entre ellos Suecia (70%), Gran Bretaña (65%) y Holanda y Francia (63%). Por su parte, el plazo de las 20 semanas es el que menos apoyo recaba entre la ciudadanía mundial. Únicamente el 27% de la población cree que debería ser legal terminar con un embarazo en este periodo de tiempo.

El crimen del aborto es un derecho

El Aborto como un Bien Social

Se analiza al aborto como un bien social examinando las distintas miradas que tiene la sociedad con respecto al aborto y sus leyes. Se critica la posición de los distintos actores sociales con respecto a la posición de la Iglesia o la posición de aquellos que están a favor de la vida. Estos no deberían estar influenciados por sus creencias personales sino por la necesidad de la población y la de políticas públicas.

Es preciso resaltar las consecuencias de su propia posición, y responsabilizarlos de las consecuencias que implica la penalización del aborto: si el objetivo de someter al aborto a la ilegalidad es defender la vida de los embriones, la penalización del aborto no cumple su objetivo. Argentina, como ejemplo de un país latinoamericano, muestra que la cantidad de abortos estimados supera de 3 a 5 veces la incidencia de los países en los que la interrupción es legal.

Así, lejos de contribuir a proteger la vida embrionaria disminuyendo la cantidad de abortos, contribuyen a su alta incidencia. El grupo favorable a la despenalización no muestra muchas fisuras desde el punto de vista teórico ni el práctico. Existen distintas posiciones sobre los plazos en los que se pueden realizar las interrupciones habida cuenta de que el estatuto del embrión requiere de una protección gradual e incremental.

Una mujer debe tener el derecho de no tener un hijo o puede rehusarse a continuar un embarazo. Como dice la filósofa del MIT Judith Jarvis Thompson un feto no tiene el derecho de apoderarse del cuerpo de una mujer. ¿Cómo es posible que tengamos que obligar a una mujer que no quiere tener un hijo en ese momento de su vida a que sea rehén de un embarazo?

Por ello el aborto debe ser considerado como una parte importante del cuidado de la salud en general y reproductiva en particular. Cada año, 44 millones de mujeres deciden terminar de forma voluntaria su embarazo (la mayor parte en países en vías de desarrollo) y de ellas 47.000 mueren debido a abortos inseguros y otros cinco millones sufren lesiones graves. En el Día Mundial por la Despenalización del Aborto, que se celebra cada 28 de septiembre en todo el mundo, Alianza por la Solidaridad defiende que el poder de las mujeres para decidir, de forma libre, sobre sus cuerpos, la sexualidad y la reproducción constituye uno de los derechos humanos fundamentales.

Hoy, 22 millones de abortos se realizan cada año en condiciones de riesgo y en su mayoría son mujeres pobres y jóvenes que optan por interrumpir un embarazo no deseado sin garantías. Hay que tener en cuenta que el 25% de la población mundial vive en regímenes jurídicos que prohíben el aborto en todos los supuestos o sólo lo permiten para salvar la vida de la mujer, frente al 39% que vive en países donde el aborto es libre. En total, seis de cada 10 mujeres no pueden decidir en libertad.

Sin embargo, se ha comprobado que las leyes restrictivas influyen poco o nada en el número de abortos que se realizan. En América Latina y África (donde es ilegal en la mayoría de los países), la proporción de mujeres que abortan es más alta que en Europa Occidental, donde está permitido: de cada mil mujeres en edad reproductiva, 32 abortan en América Latina, 29 en África y 12 en Europa Occidental.

Alianza por la Solidaridad considera un paso importante que este año en Chile se haya aprobado una despenalización del aborto en tres supuestos (violación, riesgo de vida de la mujer, e inviabilidad fetal de carácter letal), si bien recuerda que aún hay limitaciones al derecho a decidir, pues no hay despenalización total. Lo mismo ocurre en Bolivia, donde el Código Penal se está reformando para que puedan acceder al aborto mujeres con pocos recursos económicos o estudiantes, pero donde sigue habiendo detenciones de mujeres por abortos, en muchos casos acusadas por el propio personal médico que debería ante todo proteger su salud. Y en Perú, está penalizado salvo en caso de riesgo para la salud o la vida de la madre y se calcula que cada día mueren dos mujeres en abortos clandestinos.

En estos dos últimos países, la ONG apoya la formación dirigida a las mujeres sobre sus derechos, así como campañas de sensibilización social, como la campaña #SinRiesgo, para demandar la despenalización social del aborto en Bolivia.

Marcha por el derecho al aborto en Chile.

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