La leche materna es el alimento ideal para el recién nacido, adaptándose a sus necesidades a lo largo del tiempo. La leche materna no tiene la misma composición o aspecto durante toda la lactancia materna. El organismo de una mamá es muy sabio. Tanto que ya está preparado para alimentar a los pequeños antes incluso de la subida de la leche.
A continuación, exploraremos en detalle las características y beneficios de este "oro líquido" y las razones por las que puede variar su apariencia.
Conservación y Manejo de la Leche Materna.
Tipos de leche materna y su composición
En general, se puede hablar de cuatro tipos de leche materna: precalostro, calostro, leche de transición y leche madura. Cada uno de estos tipos de leche materna son buenos, por lo que no hay una leche mejor que otra.
Precalostro y leche pretérmino
El precalostro es una secreción mamaria producida durante el tercer trimestre de gestación. Por tanto, se trata de la primera leche que secretan las glándulas mamarias. Uno de los beneficios del precalostro es que ofrece protección inmunológica al bebé, ya que suelen tener más riesgo de contraer una infección en los primeros días de vida.
Además, aquellas mujeres que sufren un parto prematuro, producirán leche pretérmino para alimentar al bebé prematuro durante un mes aproximadamente. Este tipo de leche materna contiene mayor cantidad de proteínas que la leche madura, ya que el bebé prematuro requiere un mayor aporte proteico. Pese a ello, si el bebé prematuro nace con menos de 1,5 kg, la leche pretérmino no cubrirá los requerimientos nutricionales. En estos casos, ser deberían suministrar suplementos de leche artificial.
Calostro: El oro líquido
El calostro es la primera leche (a no ser que haya sido un parto prematuro en cuyo caso se produce la leche pretérmino). Se trata de un líquido denso, cremoso y de color amarillento, que el pecho materno produce antes de la subida de la leche. Esta, generalmente, tiene efecto pasados unos tres días después del parto. Este oro líquido de la maternidad es fundamental para los pequeños ya que contiene todos los nutrientes necesarios para sus primeros días de vida y contribuye a aumentar las defensas inmunitarias del neonato.
El calostro, conocido popularmente como "oro líquido" por sus magníficas propiedades, es un fluido denso y de color amarillento que la madre produce en los primeros tres o cuatro días tras el parto, antes de la llamada "subida de la leche". A pesar de que su composición es diferente a la leche materna madura, la evidencia científica destaca sus incuestionables beneficios tanto para la salud del recién nacido como de la madre.
Características del calostro
Las más evidentes apreciables a simple vista son el color y la consistencia. El calostro es visiblemente diferente a la leche madura. Pero el rasgo más distintivo del calostro es su composición única, que le hace parecerse mucho a la sangre.
- El color del calostro: Al principio, el calostro tiene un color muy pálido pero, después, va adquiriendo un tono amarillento, cada vez más intenso. Sin embargo, con el paso de los días, la leche se aclara, hasta llegar al color blanco, aunque no llega a ser del mismo color que la leche de vaca.
- El aspecto: El calostro es más denso que la leche materna ya que es rico en proteínas, y más transparente, porque es más aceitoso y rico en grasas. Esto es debido a que está adaptado a las necesidades de alimentación inmediatas del pequeño y cuenta con todos los nutrientes adecuados para el desarrollo físico y mental del bebé.
- Su sabor: El calostro tiene el mismo sabor que el líquido amniótico por lo que aporta una sensación de tranquilidad y seguridad muy importante para facilitar la transición del recién nacido durante esos primero días de vida. Como está acostumbrado a probarlo en el período fetal, percibe que existe una continuidad entre lo que probaba en la barriga y la nueva vida que le aguarda.
Dado que el calostro está muy concentrado, es espeso y pegajoso. Puede tener un tono naranja, amarillo, transparente o blanco. Lo más común es que sea amarillo porque contiene betacaroteno (es decir, el pigmento que da color a alimentos como las zanahorias). Si tu calostro es algo acuoso, no te preocupes, ya que es diferente en cada mujer.
¿Por qué el calostro es tan importante?
La principal misión del calostro es aportar una gran cantidad de energía y defensas al bebé, ya que es su primer alimento. El calostro está compuesto por:
- Inmunoglobulinas.
- Grasa.
- Proteínas como la lactoferrina.
- Hidratos de carbono.
- Vitaminas.
- Agua.
El calostro se puede denominar como la primera leche, pero existen algunas diferencias entre esta sustancia amarillenta y la leche materna. La leche materna es líquida; mientras que el calostro es denso y tiene una consistencia pegajosa. El calostro es, por tanto, un líquido mucho más concentrado.
El calostro también tiene muchas más proteínas que la leche madura, que tienen una importante tarea de protección, nutrición y, además, controlan los niveles de azúcar en sangre del bebé. La lactoferrina es una proteína presente en el calostro, con actividad antibacteriana y antifúngica. Entre la composición del calostro se encuentran inmunoglobulinas (Ig), por lo que ayuda a formar el sistema inmune del bebé. El tipo más abundante de Ig en el calostro y la leche materna es la IgA. Además, el calostro tiene un alto contenido en lactoferrina. En ambos casos, estas sustancias ayudan a luchar contra infecciones.
El calostro proporciona un consistente aporte de inmunoglobulinas A, importantes factores protectores que el organismo no es capaz de producir hasta el tercer mes de vida. Por un lado, combate las infecciones, ya que está compuesto hasta en dos terceras partes de glóbulos blancos. También tiene una importante función a la hora de fortalecer el intestino y sus paredes, puesto que cuenta con un anticuerpo crucial que se denomina sIgA. Otros componentes del calostro y que tiene una función imprescindible para la primera alimentación de tu pequeño, son los minerales y vitaminas.
Beneficios del calostro materno
El calostro contiene un alto contenido en proteínas y nutrientes, por lo que es fundamental para el bebé. Además, su contenido es fácil de digerir y ayuda a crear el sistema inmunitario.
La primera función del calostro para el bebé es la de protección y, la segunda, la alimentación. Las cantidades siempre son mínimas y perfectamente adaptadas a la capacidad estomacal del bebé. A medida que el bebé ingiere el calostro, este va tapizando su mucosa intestinal y le protege de infecciones. El calostro, además, evita la adherencia de patógenos y reviste la mucosa gástrica de una capa protectora que evita que las bacterias puedan penetrar en ella.
El calostro está lleno de células vivas que trabajan para proteger al recién nacido. Estas células transmiten información inmunológica de madre a hijo por lo que ofrecen una protección tanto a corto plazo como en la edad adulta.
Una gran parte de la composición del calostro son glóbulos blancos, por lo que esta sustancia ofrece protección frente a las infecciones. Además, el calostro es rico en anticuerpos del tipo IgA. Se trata del tipo de anticuerpos más abundante en la leche materna, siendo el 90% de los anticuerpos que hay tanto en el calostro como en la leche. Las IgA del calostro son las encargadas de proteger los epitelios y las mucosas frente a infecciones.
Otro de los motivos por lo que el calostro es importante para el bebé es que recubre sus paredes intestinales, sellando el interior del tracto gastrointestinal. El calostro también es un laxante, lo que será de gran ayuda para la evacuación del meconio. Como consecuencia de esto, se reduce la ictericia, es decir, la coloración amarillenta de la piel del bebé.
En las mujeres que dan el pecho, el calostro es la primera comida que ingiere el bebé. Tiene muchos beneficios para la salud, entre otros:
- Recubre el intestino del bebé y protege su sistema inmunológico contra los gérmenes.
- Ofrece protección contra la inflamación y los microorganismos potencialmente dañinos.
- Tiene propiedades laxantes que fomentan la expulsión del meconio (las primeras deposiciones de tu peque), lo que puede reducir la posibilidad de padecer ictericia.
- Evita los niveles bajos de azúcar en sangre en caso de que el embarazo haya llegado a término.
- Da un impulso nutricional a los bebés prematuros.
Leche de transición
En torno al cuarto o quinto día del parto tiene lugar la famosa subida de leche. Esto significa que la mujer notará sus pechos inflamados y comenzará a secretar lo que se conoce como leche de transición. Se trata de una leche más líquida que el calostro, pero no tanto como la leche madura.
La duración habitual de la leche de transición es de unos 15 días aproximadamente. Durante este tiempo, se secretan unos 600-700 ml/día.
En relación a su composición, la leche de transición tiene un mayor contenido de grasa, lactosa y vitaminas hidrosolubles que el calostro. El contenido en proteínas hidrosoluble en la leche de transición también es elevado. Por lo tanto, este tipo de leche aporta más calorías al recién nacido.
Leche madura
Cuando han transcurrido alrededor de dos semanas desde el momento del parto, la leche materna comienza a madurar. Sin embargo, no se considerará leche madura hasta las 4 semanas de vida del bebé.
La leche madura tiene pH neutro, es de color blanco y mucho más líquida que el resto de tipos de leches maternas. En este caso, la leche madura está compuesta por un 88% de agua, pero el contenido en proteínas es menor que en el caso del calostro o de la leche de transición. No obstante, la cantidad de carbohidratos y grasas que tienen la leche madura es mayor para así aportar más calorías al recién nacido.
La leche madura es ligera al principio de la toma del bebé; mientras que al final se vuelve cremosa por la grasa. Gracias a este cambio de textura se permite que el recién nacido sacie primero su sed y luego el apetito. La administración de leche madura se recomienda hasta los dos años de edad o más, junto con alimentación complementaria.
Variaciones en el color de la leche materna
Seguro que si te preguntan de qué color es la leche materna, tu primera respuesta sea que es blanca. A lo mejor te lanzas y dices que puede ser amarillenta. Pero… ¿azul?, ¿marrón?, ¿verde? La leche materna es un líquido vivo que va cambiando su composición según las necesidades del bebé. No siempre es del mismo color, este puede cambiar debido principalmente a tres motivos: causas fisiológicas, dietéticas y patológicas. Y si, puede tomar tonalidades tan variadas como marrón, rosácea, azulada e incluso verdosa.
La leche materna puede tener varios colores y tonalidades, ya que como hemos explicado en otras ocasiones, es un fluido vivo y cambiante:
- Blanco: Este es el color de la leche madura, fundamentalmente durante la primera mitad de la toma, ya que la leche tiene más contenido en agua y sustancias hidrosolubles.
- Amarillo: Es el color del calostro, que es la leche de los primeros días de lactancia. Es una leche más espesa, más escasa, pero muy nutritiva y con componentes de altísimo valor biológico.
- Rojo: A veces, y sobre todo durante los primeros días de lactancia, pueden aparecer grietas en los pezones (por un agarre incorrecto del bebé al pecho), que ocasionen leves sangrados, lo que puede ocasionar que la leche tome un color rojizo.
- Marrón: De ahí que puedan producirse pequeñas hemorragias, que una vez mezcladas con la leche o el calostro, dan como resultado leche de un color oscuro. Normalmente es una situación limitada, solo dura unos días y luego desaparece totalmente. No, no es peligroso ni para la madre ni el bebé. De hecho, no es necesario hacer nada especial, ni desechar la leche ni dejar la lactancia están indicados. Solo hay que tener en cuenta que el bebé puede tener deposiciones más oscuras o con hilos o mini puntos negros que no son más que los restos de sangre digeridos. Al bebé no le pasa nada por tomar esta leche con un poco de sangre, es un suplemento de hierro extra. El síndrome de las tuberías oxidadas suele presentarse más en las primeras lactancias. No, no puedes hacer nada para evitarlo, es una situación fisiológica y aparece y desaparece a las pocas horas de haber empezado.
- Verde: Si la madre consume mucha verdura de hoja verde, la leche puede adoptar esta tonalidad.
De todas formas, ante cualquier cambio no esperado o que se mantenga en el tiempo, consulta con tu médico o matrona.
Factores que influyen en el sabor de la leche materna
La leche materna contiene un gran volumen del azúcar lactosa que le otorga un sorprendente sabor dulzón inconfundible, aunque puede ser con muchos matices.
Principalmente podemos hablar del inicio de la lactancia, cuando aún se produce calostro y aún no ha subido la leche. También ocurre y es muy evidente durante una mastitis y, finalmente, en el destete. Otra posibilidad es que estés embarazada.
En muchas ocasiones son los bebés los que primero detectan que su madre está embarazada, antes de que ella lo sepa. El sabor más salado de la leche les hace rechazar el pecho o, si son más mayores, son capaces de decir que la leche está mala o salada.
- No, no es culpa de la dieta materna. La dieta materna influye poquisimo en la composición de la leche.
- No, no le va a dañar. A pesar de que hay bebés que pueden rechazar mamar, la leche no les va a hacer ningún mal y no es necesario desechar la leche.
En el caso de que el sabor salado esté causado por una mastitis en la medida que se resuelva, la leche volverá a tener el sabor habitual.
¿Qué es la leche del principio y del final?
Una pesadilla que han tenido muchas madres es poder saber cuándo su bebé está tomando la llamada “leche del principio” o cuándo está tomando la “leche del final”. Nos hemos empeñado en repetir que era importante que los bebés llegaran a la leche del final y quizá habría sido más simple hablar de la importancia de la lactancia a demanda y sin restricciones durante la toma.
La leche materna es el único alimento que experimenta variaciones en su composición. Y uno de los componentes que más varía es la grasa. Para entendernos, podemos imaginar que las moléculas de grasa de la leche son muy pesadas, y avanzan lentamente pegadas a la conductos para llegar al pezón. Esto hace que se necesite un rato para que por fin lleguen al bebé.
No podemos saber qué está tomando en cada momento. El pecho es mágico y si se permite que el bebé mame a libre demanda, conseguirá adaptarlo perfectamente a sus necesidades en cada momento. El pecho es opaco, no nos permite ver su contenido. El único que sabe qué está tomando en cada momento es el bebé.
Tienes dos pechos y sólo debes saber que con un pecho por toma, durante los primeros meses, los bebés tienen de sobras para alimentarse. Así pues, deja que elija el menú, deja que decida cuándo y cuánto quiere mamar. Deja que sea él el que se suelte y diga basta. Confía en tu cuerpo. Tu cuerpo y tu bebé estáis intensamente conectados y a partir de la demanda de tu bebé, tu cuerpo reaccionará fabricando una leche óptima en cada momento.
En resumen, lo de la leche del principio y la leche del final ha sido una complicación más añadida para las madres lactantes, un tema que ha preocupado a muchas madres de manera innecesaria.
Hacemos aquí un inciso especial dirigido a bebés prematuros, de bajo peso o que todavía no han recuperado el peso del nacimiento. Hasta que el bebé no pueda establecer “su demanda” será necesario que lo ayudemos a mantenerla y ofrecerle el pecho un mínimo de cada 2 horas durante el día y cada 3 por la noche.
Adaptación de la leche materna a las necesidades del bebé
Cuando le das el pecho al bebé, le ofreces la fórmula "entrante/plato principal/postre" correspondiente exactamente al intenso desarrollo de las primeras semanas. De hecho, la producción de leche materna se adapta en tiempo real a la evolución del bebé desde su nacimiento.
Una prueba de ello es que la leche de las mujeres que paren prematuramente es rica en ácidos grasos esenciales para responder así a las importantes necesidades de maduración cerebral de sus hijos prematuros.
Las tres etapas de la leche
Con el paso de los días y las semanas, la leche varía su composición.
- Primeros días: tras su nacimiento, el bebé tomará una leche amarillenta y espesa de fácil digestión. Se trata del calostro, una leche que la madre produce desde el 2.º trimestre de embarazo. Rico en proteínas y anticuerpos, el calostro es el alimento ideal para el recién nacido. Además, le ayuda a evacuar las primeras heces (o meconio). Debe darse sin limitación, lo antes posible. No te preocupes por la poca cantidad de calostro producida (entre 20 y 40 ml por toma): corresponde con las necesidades del bebé tras el nacimiento.
- 3.º / 14.º día: el calostro deja paso a la "leche de transición". Fluida y anaranjada, tiene menos proteínas, pero gana en lactosa (azúcar), grasas y calcio. Corresponde a lo que comúnmente se conoce como "la subida de la leche", que implica una producción más abundante. ¿Cómo se la reconoce? Notarás una sensación de calor y congestión en el pecho, incluso como un crujido. Importante: cuanto más des el pecho, más leche producirás.
- Al cabo de dos semanas: la leche se hace "madura". De color blanquiazul y ligeramente translúcida, contiene lo indispensable para el crecimiento del bebé: agua, proteínas, hidratos de carbono (un 90% de los cuales lactosa para el desarrollo del cerebro), grasas (ácidos grasos esenciales), sales minerales (calcio, hierro, fósforo...) y todo tipo de vitaminas. Se recomienda un suplemento de vitamina D (durante el embarazo) y de vitamina K (tras el parto). Consúltalo con el médico de cabecera o el ginecólogo.
Una comida completa "todo en uno"
Increíble pero cierto: la leche materna no sólo cambia de color y consistencia con el paso de las semanas, sino que también lo hace a diario según el momento del día. ¡Cambia incluso en el transcurso de una misma toma!
- De esta manera, por la mañana la leche posee más cantidad de lactosa.
- A mediodía, sube el nivel de grasas, y por la noche prevalecen las proteínas.
Estas modificaciones abogan por una lactancia a demanda en términos de frecuencia y duración, de modo que tu hijo reciba toda la variedad nutricional necesaria para su crecimiento.
Durante la toma, la leche se adapta también a las exigencias del bebé. Al principio, el líquido es prácticamente transparente. Particularmente rico en agua y azúcar, calma el hambre y la sed. A medida que avanza la succión, la leche se hace más densa e incluye más grasas y proteínas para aportarle la energía que le ayuda a crecer bien. Hacia el final de la toma, el nivel de grasas se multiplica por cuatro para saciar al pequeño glotón. Gracias a esta sensación de saciedad, el niño aprenderá a regular su apetito.
De ahí la importancia de dejarle tomar el pecho hasta que lo suelte, señal de que es hora de pasar al otro o simplemente de dar por finalizada la toma.
La leche se adapta también a la madre
¿Esperas gemelos? Si es así, no te preocupes por la capacidad de tu cuerpo para dar el pecho a dos niños a la vez. Producirás prácticamente el doble de leche. ¿Una malformación te impide utilizar uno de los pechos en la lactancia? No pasa nada, el pecho sano doblará su capacidad. En el marco de una alimentación equilibrada, tu leche se adaptará perfectamente a las necesidades del bebé. ¡Beber leche de vaca no aumenta la producción de leche materna!
Una única regla: deja que el bebé dirija la toma. Confía en él y confía en ti.
¿Hasta qué edad responde la leche materna a todas las necesidades nutricionales del bebé?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda alimentar a los recién nacidos exclusivamente con leche materna, es decir, sin darle otros líquidos o alimentos, durante los primeros seis meses de vida. Es lo que se conoce como lactancia exclusiva.
Beneficios inmunológicos de la leche materna
La leche es un fluido complejo; está formado por lípidos, proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y factores inmunológicos (1). Es producida por la glándula mamaria, que, a diferencia de otros órganos, se desarrolla de forma más compleja tras el nacimiento, especialmente durante la pubertad.
El contenido celular de la leche depende de varios factores, como la plenitud de la glándula mamaria, la etapa de la lactancia, el estado de salud de la díada madre/bebé, la permeabilidad de la membrana basal y el desarrollo del epitelio mamario (4). Esto quiere decir que existe una gran heterogeneidad en la composición de la leche de una mujer a otra, y que se modifica al adaptarse a las necesidades de su bebé.
El hidrato de carbono más importante de la leche humana es la lactosa, disacárido compuesto por glucosa y galactosa, que representa el 90% del total de hidratos de carbono de la LM. Los oligosacáridos, por su parte, abundan más en la leche humana que en la de vaca y tienen un importante efecto bacteriostático, al inhibir la adhesión bacteriana y vírica a la superficie epitelial. La lactasa está localizada en las vellosidades intestinales y su función es hidrolizar la lactosa para facilitar la absorción del calcio.
La leche humana madura tiene un componente proteico pequeño en comparación con la leche de otros animales. Las proteínas de la leche de la mujer son homólogas, por lo que disminuye el riesgo de reacciones alérgicas, a diferencia de lo que ocurre con la leche de vaca.
Dentro de los componentes de la leche se puede afirmar que los lípidos y los factores inmunológicos son variables y sensibles al cambio, ya sea por factores internos o por factores externos. La grasa constituye uno de los componentes más importantes y variables de la leche humana, ya que proporciona el 45-55% de la energía total que recibe el lactante (5,6).
Por otro lado, existen diferencias en la concentración de anticuerpos de la LM, entre los que se encuentran IgM e IgG, con valores más bajos, en los que la Inmunoglobulina A secretora (IgAs) es el anticuerpo principal que proporciona inmunidad al lactante (13,14), lo que indica la existencia de un vínculo inmunológico entre madre e hijo. En este sentido, otro de los compuestos objeto de la investigación actual se centra en la lactoferrina, secretada a través de la leche y cuya función consiste en conferir inmunidad en la vida temprana, mientras el propio sistema inmune del bebé se hace competente (15).
El recién nacido tiene un sistema inmune inmaduro y está expuesto a gran cantidad de microorganismos extraños desde el mismo momento de su nacimiento (16). El 90% de las infecciones que afectan a los seres humanos utiliza las mucosas como puerta de entrada, por lo que la capacidad inmunomoduladora que confiere la leche materna es de vital importancia desde el periodo neonatal (17).
En la reunión de expertos celebrada en Ginebra en el año 2001 se constata que "la lactancia natural es la mejor forma de proporcionar un alimento ideal para el crecimiento y el desarrollo sano del lactante; también es parte integrante del proceso reproductivo, con repercusiones importantes en la salud de las madres". De esta forma, se establece que durante los 6 primeros meses de vida los lactantes deben ser exclusivamente alimentados con lactancia materna, como recomendación de salud pública mundial (18).
