La historia de Jonás es una de las más conocidas y queridas por niños y adultos. Detrás de este famoso relato, se esconden importantes lecciones y principios espirituales.
Jonás y la ballena, ilustración de Gustave Doré
Jonás fue un profeta del Antiguo Testamento. Yahweh describió a Nínive como una gran ciudad. Un día, Dios le pidió a Jonás que fuera a Nínive a predicar la buena palabra del Señor y a advertir a los habitantes que un oscuro futuro les esperaba si no cambiaban su mal comportamiento.
Pero Jonás sabía que Nínive era una ciudad pecaminosa y no quería ayudar a sus habitantes. En vez de obedecer a Dios, Jonás huyó en un barco que zarpaba hacia otro lugar. Las repeticiones en el v. 3 subrayan la desobediencia de Jonás. Jonás vivía en Gat-hefer (cp. 2 R. Galilea, en el territorio de Zabulón.
Sin embargo, al poco tiempo, Dios envió una gran tormenta que sacudió el barco violentamente. Los pasajeros, asustados, comenzaron a tirar su equipaje por la borda para intentar salvarse. Jonás confesó que la tormenta era su culpa, pues Dios lo castigaba por no haber seguido su palabra. Admitió que si lo tiraban por la borda, todo volvería a la normalidad.
Jonás y la tormenta
Así sucedió, pero Jonás comenzó a ahogarse. Entonces, un gran pez llegó y se lo tragó, evitando que se hundiera. Ingreso de Jonás en el pez (1:17) y su salida (2:10). Durante el tiempo que pasó en la barriga de la ballena, Jonás oró y le agradeció a Dios por su gesto. Después de tres días, Dios lo dejó salir. Luego en el v. Le pidió entonces de nuevo que fuera a Nínive, y esta vez Jonás obedeció.
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Jonás fue a la ciudad pecaminosa y les dio lecciones sobre la importancia de no desviarse del camino correcto de Dios. Pronto, los habitantes de Nínive se dieron cuenta del mal que estaban causando a los demás, a Dios y a ellos mismos con su comportamiento. Arrepentidos y avergonzados, pidieron perdón por sus acciones, y Dios los perdonó.
Sin embargo, Jonás, que sentía rabia hacia ese pueblo, no quería que se salieran con la suya y siguieran como si nada, sin ser castigados por el Señor. Enojado, se fue a lo alto de una montaña.
Jonás predica en Nínive
Fue entonces cuando Dios se acercó a él y le contó que Él era un Dios de amor, y que todo el mundo merecía su misericordia y su cariño. Las historias de la Biblia para reflexionar como esta nos recuerdan que Dios es sabio y comprensivo, y que no quiere destruir a los que hacen el mal, sino darles una nueva oportunidad para que sean mejores personas.
