Las Apariciones de Garabandal: Un Fenómeno Religioso en España

San Sebastián de Garabandal es una pequeña y humilde aldea cántabra, en la diócesis de Santander, que en tiempos de las Apariciones (entre los años 1961 y 1965, casi en paralelo al Concilio Vaticano II) tiene unos 300 habitantes. Estas Mariofanías se sitúan temporalmente entre las de Ámsterdam (1945-1959) y Akita (1973), siendo, las tres, continuación de las de Fátima (1917). El pueblecito montañés de San Sebastián de Garabandal se encuentra situado en el noroeste de España, en la Comunidad Autónoma de Cantabria, a 90 km. de Santander.

Entre esta humilde población, viven las cuatro niñas elegidas por Dios: Conchita González González; María Dolores Mazón González (Mari Loli); Jacinta González González (las tres de doce años); y María Cruz González Barrido (Mari Cruz, de once años). Las tres niñas que llevan el mismo apellido no son familiares entre sí. Son niñas de familias del pueblo a las que el párroco de entonces, D. Valentín Marichalar Torres bautizó, las enseñaba catequesis dos días por semana junto a otros niños del pueblo, las preparó para su primera comunión y asistió a muchos de sus éxtasis.

Las apariciones de Garabandal siguen en la actualidad sometidas a investigación diocesana, aunque han sido apoyadas desde su inicio por el párroco de entonces y testigo de los éxtasis de las niñas, el párroco de Cosio y San Sebastián de Garabandal, D. Es el mas informado de todo lo que sucedió en San Sebastián de Garabandal. Él bautizó a las niñas videntes, les enseñó el catecismo, las preparó para su primera comunión, asistió a muchos éxtasis.

Cuatro niñas: Conchita González González, Mari Cruz González Madrazo , Loli Mazón González y Jacinta González González. El 18 de junio de 1961, cuatro niñas disfrutaban de una cálida tarde de domingo en la pequeña aldea cántabra de San Sebastián de Garabandal, España. Era una tarde de domingo, el 18 de junio de 1961, y cuatro niñas -Conchita, Mari Loli, Mari Cruz y Jacinta- de la pequeña aldea de San Sebastián de Garabandal (Cantabria, España), habían buscado una «pequeña aventura» robando algunas manzanas en el árbol del señor maestro.

El árbol estaba a la salida del pueblo, al comienzo de un empinado y pedregoso camino que todos conocen como La Calleja. La Calleja sube hacia el monte, hacia las tierras donde sus padres y ellas mismas trabajan bien duro para ganarse el pan en los quehaceres ganaderos. Poco después, con las manzanas aún en las manos, suena un trueno que las hace estremecer. De pronto, ocurre lo inesperado. Conchita cae de rodillas, inmóvil. Las compañeras se asustan pensando que algo malo le está pasando. Quieren correr a pedir ayuda, pero caen también junto a Conchita. Ante ellas se ha aparecido un Ángel. Más tarde descubrirán que es el Arcángel San Miguel. Él no les dice nada, y ellas nada se atreven a decir ni a preguntar. Cuando vuelven en sí, se ven solas de nuevo en La Calleja solitaria. La experiencia ha sido tan extraordinaria que se sienten desbordadas por una mezcla de confusión, emoción y temor. Corren a refugiarse detrás de la Iglesia parroquial para desahogarse en lágrimas.

De nuevo el miércoles 21 de junio se les apareció el ángel mientras estaban arrodilladas rezando en el mismo lugar; hubo más testigos presenciales y la noticia corrió por los pueblos vecinos. Durante los días siguientes se repitieron las visitas del Ángel. De día en día se iban multiplicando los visitantes, provenientes cada vez de más lejos. Por fin, el 2 de julio, fiesta de la Visitación en aquel entonces, vieron por primera vez a la Virgen, que se apareció con el Niño Jesús y dos ángeles. A uno de los ángeles le reconocieron como el que se les había estado apareciendo, S. Miguel Arcángel, y el otro parecía idéntico.

El domingo 2 de julio, fiesta de la Visitación en aquel entonces, hacia las seis de la tarde, las niñas están en “la Calleja” (camino difícil, de piedras y empinado, que une el pueblo con el pinar de los nueve pinos) cuando, de repente, la Virgen se les aparece con el Niño Jesús y con un ángel a cada lado. Uno era San Miguel y el otro no saben quién es, pero va vestido igual y parecen gemelos. Encima de todos, con mucha luz, ven un ojo de un tamaño muy grande. Sin miedo alguno, las niñas comienzan a hablar con la Virgen. Las niñas comenzaron a hablar con la Virgen con toda confianza, sin temor alguno. Esa será una de las grandes características de Garabandal: el trato cercano -de verdadera Madre- de la Virgen con las niñas.

La descripción de las niñas sobre la Virgen María era exacta: una mujer joven, mayor que ellas, vestida de blanco, con un manto azul, llevaba una corona de doce estrellas y tenía el pelo castaño, peinada con raya en el centro. Tenía un escapulario marrón en la mano extendida. A veces llegaba ante ellas con el Niño Jesús en brazos y en alguna ocasión les entregaba el Niño para que lo tuvieran en sus brazos y le acunaran. Jugaban también con la corona de estrellas de la Virgen María pasándosela de unas a otras. Sus pies no eran visibles, las manos las tenía muy abiertas, la cara ovalada y la nariz larga y delicada.

Cuando la Señora dijo que se tenía que marchar, las pequeñas le insistían para que no se fuera. Ella, para consolarlas, les prometió volver al día siguiente. La Santísima Virgen se les vuelve a aparecer los dos días siguientes. A partir de aquellos momentos la vida cambiará para las niñas y para todo el pueblo drásticamente. En el período comprendido entre el 18 de junio y el 18 de octubre de 1961, cuatro niñas del pueblo afirman haber presenciado Apariciones del Arcángel San Miguel, de la Virgen María (algunas veces con el Niño Divino) y del mismo Jesús en la advocación del Sagrado Corazón.

A lo largo de los cuatro años que duraron los hechos de Garabandal, la Virgen dio a las niñas dos mensajes para que los hicieran públicos: el primero, el 18 de octubre de 1961; y el segundo, el 18 de junio de 1965. Este día, la Virgen se definió a sí misma como: «Yo, vuestra Madre». Ese es su «título» en Garabandal: Nuestra Madre.

Anunció también la Virgen, a través de las niñas, la realización de una serie de acontecimientos -Aviso, Milagro y Castigo- que, procedentes del amor de Dios para con nosotros, tienen como objetivo movernos a una profunda conversión del corazón. Las apariciones terminaron el 13 de noviembre de 1965. Solo fue citada Conchita, que subió a los Pinos bajo la lluvia, sin testigos. La Virgen habló a Conchita con expresiones llenas de afecto maternal: «¡Háblame, Conchita, háblame de mis hijos! A todos los llevo debajo de mi manto… Os quiero mucho, y deseo vuestra salvación». Conchita se sentía tan feliz que quería que la Virgen la llevara con Ella. Pero la Señora le explicó: «Cuando te presentes delante de Dios, tienes que mostrarle tus manos llenas de obras hechas por ti a favor de tus hermanos y para gloria de Dios. Así terminaron las manifestaciones visibles de Nuestra Madre en Garabandal.

Conchita explicó más tarde: «Me dejaron el alma llena de paz y alegría, y de un gran deseo de vencer mis defectos y de amar al Señor y a su Madre Santísima con todas mis fuerzas». Son los mismos efectos que Nuestra Madre del Cielo quiere dejar en las almas de todos sus hijos: la certeza de tener una Madre muy cercana que vela por nosotros; el deseo de conversión que nace en el alma que medita la Pasión; el amor y la veneración por el tesoro más precioso que posee la Iglesia: la Eucaristía.

Como no se ha cumplido ,y no se ha dado mucho a conocer mi mensaje del 18 de octubre, os diré que este es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Los Sacerdotes, Obispos y Cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas mas almas. La Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debemos evitar la ira de Dios sobre nosotros con nuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con alma sincera, Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente y nosotros os lo daremos.

Pinos de Garabandal, lugar de las apariciones

Los Mensajes de la Virgen María

La Virgen María en sus mensajes transmitidos a través de las cuatro videntes hace hincapié en el valor de la oración y de la penitencia como medios para la unión mística. Pide mucha oración ante el Santísimo Sacramento como medio para desarrollarse en la intimidad con lo divino. Se señala la importancia de la devoción a los ángeles y que se rece constantemente el rosario como manifestación de amor a Dios.

La Santa Madre habló en Garabandal en calidad de Reina de los Profetas, cuando prometió que San Miguel Arcángel llevaría a las niñas su último mensaje seis meses más tarde. “Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia. Pero antes tenemos que ser muy buenos. Si no lo hacemos nos vendrá un castigo.

El 18 de julio de 1962, numerosos testigos contemplaron atónitos cómo, la hostia que Conchita estaba comulgando de manos del Ángel, se hacía visible sobre la lengua de la niña. Es lo que después se ha llamado el «Milagro de la Comunión visible».

Fenómenos Extraordinarios Durante los Éxtasis

Las videntes protagonizarán durante los éxtasis distintos fenómenos físicos totalmente extraordinarios, contrarios a las leyes de la física. Los médicos, por su parte, los comprobaban asombrados. Durante estos éxtasis, la insensibilidad a los estímulos (al dolor) era total, aun cuando se las pinchase con agujas o incluso se las quemase con cigarrillos. Sus cuerpos adquirían siempre un peso extraordinario que hacía imposible moverlas, levantarlas u obligarlas a hacer el más mínimo movimiento de sus miembros. Algunas veces levitaban. Sus ojos abiertos contemplando la aparición eran bombardeados con destellos de luz sin que la expresión de sus rostros fuera perturbada.

Corrían hacia el lugar de la Aparición llegando antes que nadie, sin que se les acelere el pulso ni señales de esfuerzo alguno, mientras que los demás lo hacían ahogados y sudorosos. Caían de rodillas estrepitosamente sobre las rocas sin hacerse ningún daño. Otras veces caían al suelo manteniéndose en posiciones insostenibles. Caminaban o corrían en éxtasis hacia delante y hacia atrás por las callejuelas mal empedradas de la aldea o incluso campo a través, con la cabeza totalmente alzada, sus ojos fijos en lo alto todo el tiempo, sin ver por dónde iban y sin caerse ni tropezarse nunca.

Al comienzo de las Apariciones, para hacer reír al Niño Jesús que Nuestra Madre del Cielo traía alguna vez en brazos, las niñas le ofrecían pequeñas piedras como para jugar con él. El Niño no las tomaba, pero Nuestra Madre sí. Las besaba y encargaba a las niñas que las dieran a determinadas personas después del éxtasis. Hasta que les dijo que prefería besar objetos religiosos. En éxtasis, la cabeza siempre alzada con los ojos fijos en el cielo, guiadas sólo por su visión, nunca se equivocaban al devolver rosarios, medallas, anillos de boda u otros artículos a sus legítimos dueños.

Volviendo a la tierra y al lugar donde Ella eligió aparecerse, llama siempre la atención ese trato sencillo y confiado que las niñas tenían con su Madre del Cielo, que hasta jugaba con ellas en ocasiones y que con frecuencia las despedía con un beso. La misma Virgen les repetía a menudo que fueran obedientes a sus padres. También las animaba a hacer sacrificios, en concreto por los sacerdotes, para que fueran santos, y por los que dudaban, para que siguieran siendo sacerdotes.

En sus éxtasis, las niñas entran en las casas del pueblo. Podemos imaginar el alivio y la alegría que estas visitas producían en las familias de aquellas casas donde la Virgen quería entrar. Las marchas extáticas de las niñas eran para bendecir, consolar y acompañar, especialmente en las de los enfermos y difuntos. Cuando moría alguien, rezaban una estación allí, al lado del cadáver. Durante los éxtasis, las niñas llevaban siempre un crucifijo que ofrecían a las personas presentes para que lo veneraran. Por orden de la Virgen solían extender el crucifijo a quien Ella les indicaba.

Las niñas sabían perfectamente cuándo iban a tener Aparición, gracias a lo que ellas mismas denominaban “las llamadas”. Recibían tres “llamadas”, que consistían en una alegría creciente que las precedía y anunciaba. A la tercera “llamada”, la alegría era tan grande que salían corriendo desde donde estuvieran hacia el lugar de la Aparición, llegando simultáneamente y donde caían repentinamente de rodillas y en trance extático. Las niñas viven con la Santísima Virgen María una vida familiar y cariñosa, entrañable.

Controversias y Negaciones

Conchita escribe en su Diario: “A nosotras cuatro: Loli, Jacinta, Mari Cruz y yo, desde el principio nos había dicho la Santísima Virgen que nos íbamos a contradecir unas con otras. Que nuestros padres no andarían bien y hasta llegaríamos a negar el haber visto a la Virgen y al Ángel”. Ya en el mes de enero de 1963, todo lo que la Santísima Virgen les había dicho, se cumplió. Primero se contradijeron unas y otras, y hasta llegaron a negar (por miedo ante las amenazas) haber visto a la Virgen.

Como era lógico, las negaciones “forzadas” de las videntes fortalecieron las de las autoridades eclesiásticas, ya predispuestas a ello por obra de la informal, subjetiva y manipuladora primera Comisión de investigación del Obispado. Finalmente, las cuatro videntes (como los seis de Medjugorje) contrajeron matrimonio fundando una familia: Conchita (con cuatro hijos), Jacinta (una hija) y Mari Loli (tres hijos) se casaron con norteamericanos y viven en Estados Unidos; Mari Cruz (cuatro hijos) se casó con Ignacio Caballero y reside en Avilés.

El P. Félix Ochayta explica como los fenómenos de duda y negaciones son comunes en este tipo de experiencias místicas.

Mari Cruz González en la actualidad

En palabras de Conchita a la Madre Nieves: “Reacciones negativas e insultantes de algunos extranjeros. Palabras corroboradas por el testimonio de muchos testigos donde se reafirman en lo dicho por Conchita: “Como unos las defendían, otras las atacaban incluso intentaron exorcizarlas”.

Dos comisiones de investigaciónHasta el momento se han promovido dos comisiones de investigación, y se han publicado cinco notas del obispado de Santander sobre estos hechos que arrancan desde hace mas de sesenta años.[Ya se encuentra disponible el libro El tiempo de María: Apariciones marianas en Francia, España y Portugal].Y en todos los comunicados, la posición de la jerarquía apenas ha variado.

La Postura de la Iglesia

En agosto de 1961, monseñor Fernández, administrador apostólico de la diócesis de Santander, publicó la primera nota oficial referente a este asunto, y su conclusión de la primera comisión de investigación era la siguiente: “Creemos prematuro cualquier juicio definitivo que quiera pronunciarse acerca d ella naturaleza de los fenómenos en cuestión.

Y la quinta nota con fecha de marzo de 1967 llevará la firma del prelado de la diócesis, monseñor Puchol, que dice lo siguiente: “Que no ha existido ninguna aparición, ni de la Santísima Virgen, ni del Arcángel San Miguel, ni de ningún otro personaje celestial. Que no ha habido ningún mensaje y que todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen explicación natural”.

En 1987 monseñor del Val creó una nueva comisión de investigación cuyos resultados indicaban que “no consta la sobrenaturalidad de las referidas apariciones”. Y el sucesor de monseñor del Val, el valenciano Vilaplana Blasco enviaba la documentación a Roma, a la Congregación para la Doctrina de la Fe que entonces presidía el cardenal Ratzinger, recibiendo por respuesta desde el Vaticano que “no (se) considera oportuno intervenir directamente” y, por lo tanto, dejaba obispo del lugar “un asunto que le compete por derecho”.

Situación Actual y Peregrinaciones

Jacinta hace el amago de cortar la conversación cuando se da cuenta de que está delante de dos periodistas de El Diario Montañés. Después se relaja, agradece «la sinceridad»y, al lado de su hija, que le acompaña en este retiro veraniego, esboza algún recuerdo sin profundizar en detalles. «Tengo la sensación de que no me pasó a mí, sino a otra persona. «Es que tengo la sensación de que aquello no me pasó a mí, sino a otra persona. Que no fui yo la que vio a la Virgen. Quizás porque supone mucha responsabilidad. Cuando pasó todo aquello yo era una niña y no era consciente de la relevancia», señala.

La costumbre que tenía entonces la ha mantenido. Cuando vuelve a Garabandal -ahora el alcalde pedáneo es su hermano Miguel Ángel-, sube a los pinos a rezar sola. Prefiere hacerlo sin bullicios ni nadie alrededor. «Yo lo que quiero es que quien venga a Garabandal lo haga por la Virgen, no por mí». Lamenta no poder hacerlo más a menudo, pero a la vez reconoce que en California pasa más desapercibida.

Si hay tres países en los que sigue viva la llama garabandalista son Filipinas, México y Estados Unidos». De hecho, a este último se trasladaron tres de las cuatro niñas. Además de Jacinta, vivió allí Loli, ya fallecida, y Conchita, que sigue en Nueva York. La última, Mari Cruz, está en Avilés.

Las apariciones de Garabandal siguen atrayendo a numerosos peregrinos cada año, convirtiendo el pueblo en un lugar de encuentro y oración. A pesar de las controversias y las diferentes posturas de la Iglesia, la fe y devoción persisten entre aquellos que creen en los mensajes transmitidos por las niñas.

¡Conchita Rompe el Silencio! ¡El Vaticano Sabe la Fecha del Gran Milagro profetizado en Garabandal

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