Enrique Tudor, quien más tarde sería conocido como Enrique VIII, nació en Greenwich el 28 de junio de 1491. Fue el segundo hijo de Enrique VII e Isabel de York.
Enrique VIII, el hombre de las siete esposas, era en su juventud atlético y muy culto. Se dice que era un gran cazador, avezado jugador de tenis y un mecenas pródigo de las artes. Sabía tocar diferentes instrumentos, incluso componía. También ganó notoriedad por su ruptura con la Iglesia católica-romana y la creación de la Iglesia de Inglaterra (Iglesia anglicana) como Iglesia independiente de la de Roma, donde el monarca era el jefe supremo, quizás fue el hecho más destacable de su reinado junto a la disolución de los monasterios y la adhesión de Gales con las Union Acts de 1535 y 1542.
Retrato de Enrique VIII por Hans Holbein el Joven
Las Seis Esposas de Enrique VIII
Aquí hay una lista de las seis esposas de Enrique VIII:
- Catalina de Aragón
- Ana Bolena
- Jane Seymour
- Ana de Cléveris
- Catalina Howard
- Catalina Parr
Catalina de Aragón: El Primer Matrimonio
La primera de las seis esposas de Enrique VIII, Catalina de Aragón (1485-1536), hija de los Reyes Católicos de España, se casó con el hermano de Enrique, Arturo, convirtiéndose en princesa de Gales. Catalina se quedó embarazada seis veces, pero solamente sobrevivió una hija: la princesa María. El matrimonio duró 18 años, hasta que Enrique VIII comenzó a preocuparse seriamente ante la necesidad de un heredero varón.
El nacimiento de un varón se hacía esencial para el soberano porque la dinastía Tudor era nueva y su legitimidad estaba aún en entredicho. El arzobispo de Canterbury, anuló el matrimonio del rey con Catalina (23 de mayo de 1533). Enrique se casaría el 25 de enero de 1533 con Ana Bolena, ya embarazada de la futura reina Isabel I.
Ana Bolena: El Ascenso y Caída
La segunda de las esposas de Enrique VIII, Ana Bolena (ca.1501-1536), estuvo casada con el rey tres años, de 1533 hasta 1536. La teoría más popular es que Ana fue eliminada por un complot en palacio orquestado por sus enemigos, quienes la acusaron de mantener relaciones con varios cortesanos, de los que solamente uno confesó bajo torturas.
Según se cuenta, fueron los partidarios de la familia real española los que consiguieron hacerla caer en desgracia; de todas formas, el rey ya mantenía por aquel entonces relaciones con Jane Seymour, por lo que no le importó mucho esta pérdida. Ana fue arrestada y ejecutada, junto a otros cinco hombres, en la Torre de Londres acusada de traición, adulterio e incesto.
En sus últimas palabras, Ana declaró:
Buena gente cristiana, he venido aquí para morir, de acuerdo a la ley, y según la ley se juzga que yo muera, y por lo tanto no diré nada contra ello. He venido aquí no para acusar a ningún hombre, ni a decir nada de eso, de que yo soy acusada y condenada a morir, sino que rezo a Dios para que salve al rey y le de mucho tiempo para reinar sobre ustedes, para el más generoso príncipe misericordioso que no hubo nunca: y para mí él fue siempre bueno, un señor gentil y soberano. Y así tomo mi partida del mundo y de todos ustedes, y cordialmente les pido que recen por mí.
ANA BOLENA: El Escándalo que Cambió la Historia de Inglaterra
Ejecución de Ana Bolena en la Torre de Londres
Jane Seymour y las Siguientes Esposas
Jane Seymour se casó con Enrique VIII en mayo de 1536, 11 días después de la ejecución de Ana Bolena. Enrique VIII vio por vez primera a Ana de Cléveris en una pintura de Hans Holbein e insistió en traerla a Inglaterra para casarse con ella. La seductora Catherine (Catalina) Howard (c1522-1542) se convirtió, en julio de 1540, en la quinta de las esposas de Enrique VIII. Era prima de Ana Bolena y llevaba una larga carrera de amoríos desde los 12 años.
Enrique, viejo y obeso, desconocedor del pasado de la joven, dedicaba sus días a encargar vestidos y joyas de elevado valor para regalar a la joven reina. El 10 de diciembre de 1541 ejecutaron a Culpeper y a un amante anterior al matrimonio con Enrique de Catalina, Francis Dereham. Catalina Parr se casó en julio de 1543 durando su matrimonio 4 años, hasta el fallecimiento de Enrique en 1547.
María Bolena: Una Vida a la Sombra de Ana
Gracias a la ficción, la vida de María Bolena ha recibido atención y mucho romanticismo. ¿Cuál es la historia de una mujer que fue amante de dos reyes pero que siempre vivió a la sombra de su hermana Ana? María y Ana eran hijas de Thomas Bolena, un caballero ambicioso que envió a sus hijas a servir a la reina de Francia para que recibieran una educación.
En la corte, las dos hermanas se dedicaron a tener romances y aprender a seducir a los hombres. La diferencia era que Ana era mucho más discreta que su hermana: sus aventuras francesas salieron a la luz muchos años después. María, en cambio, era más descuidada. Cuando se metió en la cama del mismísimo rey Francisco I, la historia no tardó en llegar a oídos de su padre.
Furioso al ver que su hija se había rebajado, o más bien que se había rebajado a cambio de nada, ordenó que regresara a Inglaterra de inmediato. La familia Bolena había concertado su boda con William Carey, un joven de buena posición. De paso, María entraría a servir a la reina Catalina de Aragón, la esposa de Enrique VIII.
Posible retrato de María Bolena
Aunque se da por hecho que María Bolena era rubia, en realidad no hay un solo retrato que lo demuestre. Lo que está confirmado es que era de una belleza deslumbrante. Así lo cuentan los archivos de la época. Enrique VIII no tardó en fijarse en ella y, animada por su propio padre y su tío, Thomas Howard, María se convirtió en su concubina.
Ser amante del rey de Inglaterra era un pasatiempo ventajoso que podía traer beneficios como tierras, feudos, joyas o una asignación. En 1521, cuando empezó la aventura, el rey era atlético y apuesto, no el hombre gordo y grotesco en el que se convertiría años después. El romance fue fructífero para todos los Bolena menos para María. Hay constancia de una gran concesión de puestos de importancia para su padre. Incluso su marido fue recompensado generosamente por mirar hacia otro lado y dar su apellido a los dos hijos que su mujer engendró durante su aventura con el rey.
Enrique no había conseguido tener un heredero con su esposa, pero no tenía sentido reconocer al hijo de una amante, así que no lo hizo. Los niños, Catalina y Enrique, nacieron como Carey. Aunque no se conocen muchos detalles, se da por hecho que Enrique VIII se cansó de María en 1526. Su nuevo capricho era la otra Bolena, Ana. Una jovencita no tan hermosa como María, pero mucho más avispada e inteligente.
Viendo cómo su hermana no había conseguido gran cosa como amante real, Ana se negó a acostarse con Enrique. Eso aumentó el deseo del rey hasta cotas insospechadas. En 1527, Ana Bolena se convirtió en una especie de amante oficial, pero sin sexo. Enrique pidió la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón e instaló a Ana en los mejores aposentos de la corte, asignándole sus propias damas de compañía, como si fuera una reina. María Bolena fue una de ellas.
Eso quiere decir que María, después de haber sido la favorita de la corte durante cinco años, ahora tenía que cepillarle el cabello a Ana, ayudarla a vestirse y tenerla entretenida para que no se aburriera. Enrique era un amante generoso… con Ana. No hay constancia de que hiciera grandes regalos a sus anteriores queridas, pero con Ana, el derroche estuvo a la orden del día durante los años que duró su cortejo.
Además de una casa en Londres y cientos de vestidos y tocados lujosos, el rey obsequió a Ana Bolena con anillos, collares de perlas, colgantes y broches. El coste de algunas de esas joyas fue lo que alarmó a los hombres de confianza del rey, que se dieron cuenta entonces de que sus intenciones con la joven eran muy, muy serias.
Es imposible que María no sintiera celos y resentimiento al ver los regalos que recibía su hermana. En 1528, William Carey murió de una fiebre, dejando una gran cantidad de deudas detrás. Lo único que María consiguió fue que su asignación de cien libras anuales le fuera transferida. Los Bolena no podían buscar un nuevo partido para ella porque los asuntos de la familia estaban pendientes de resolución. Como hermana de la futura reina de Inglaterra, podían conseguir un gran partido para María.
Había que esperar a que Enrique anulara su matrimonio y se casara con Ana. Mientras tanto, el rey obligó a Thomas Bolena a que se ocupara de los gastos de su hija. Algo que parece que el cortesano no estaba por la labor de hacer. Ana Bolena se casó con Enrique VIII en 1533 y fue coronada reina de Inglaterra cinco meses después. María fue una de las mujeres que tuvo el honor de caminar tras ella durante la procesión, vestida de terciopelo color escarlata.
Lo siguiente que se sabe de María Bolena es que en 1534 se presentó en palacio embarazada de cuatro meses. Sin permiso de su familia, se había casado en secreto con uno de los gentileshombres del rey, William Stafford. Ana Bolena se quedó horrorizada al saber que su hermana se había casado con un hombre de tan baja condición y la expulsó de la corte. Sin el apoyo financiero de su familia, María Bolena quedó en una situación monetaria muy precaria.
Escribió cartas desesperadas solicitando ayuda económica, pero nunca pidió perdón por haberse casado por amor. Hay constancia del contenido de una de esas cartas, que dice lo siguiente sobre su marido: “Podría haber tenido a un hombre de mayor fortuna, pero no sería tan honesto ni me querría tanto como él. Prefiero mendigar pan con él que ser la reina más importante de la Cristiandad”.
En algún momento, las hermanas se reconciliaron. Ana envió a María una copa de oro como regalo de Navidad y en enero de 1536, cuando la reina sufrió un aborto, su hermana estaba con ella. A esas alturas, Enrique VIII ya estaba harto de su segunda esposa y planeando la mejor manera de anular el matrimonio.
María no estuvo presente durante el arresto, juicio y ejecución de Ana Bolena por traición en mayo de 1536. Cinco cortesanos, entre ellos el propio hermano de Ana y María, Jorge, también fueron decapitados. Algunas versiones dicen que María abandonó apresuradamente la corte unas semanas antes, viendo lo oscuras que se estaban poniendo las cosas. Pero aunque en las películas muestren que presenció cómo le cortaban la cabeza a su hermana, por suerte para ella, no fue así.
En 1539, Thomas Bolena murió y María, como la única Bolena superviviente, heredó todas sus propiedades. Su nombre y el de su marido aparecen en algunos documentos posteriores, demostrando que no vivían en absoluto en la pobreza, como muchos libros afirman. Los dos hijos de María, Catalina y Enrique, empezaron su trayectoria como cortesanos en 1540 y ascendieron hasta convertirse en favoritos de su prima Isabel I, la hija de Ana, que contra todo pronóstico heredó el trono en 1558.
Por desgracia, María Bolena no vivió para ver el éxito de su sobrina. Murió en 1543. Enrique y Catalina Carey tuvieron dieciséis y quince hijos cada uno, lo que ha dado como resultado una inmensa lista de descendientes de María. Algunos de ellos son, nada más y nada menos, Winston Churchill y la Princesa Diana.
Alegoría de la sucesión Tudor: La familia de Enrique VIII
El Breve Reinado de Ana Bolena
Ana Bolena se arrodilló ante el rey, y este le puso un manto de terciopelo carmesí y una corona de oro; además, le otorgó 1.000 libras al año «para el mantenimiento de su dignidad». Ese 1 de septiembre de 1532, con ese gesto, Enrique VIII había dado un paso insólito: había encumbrado a una mujer a par del reino.
Era una dádiva de amor ofrecida como recompensa a la entrega de una dama que, después de años de entereza y previendo su pronto matrimonio, había accedido, por fin, a ser la amante del soberano, que por entonces estaba casado con Catalina de Aragón, tía del emperador Carlos V. La pareja pasó la Navidad en su casa de campo de Greenwich. En la noche de Reyes se sirvió un banquete tan espléndido que fue necesario habilitar cocinas provisionales en los jardines. Poco después, Ana sintió un intenso deseo de comer manzanas y se dio cuenta de que estaba embarazada.
Como no querían que su hijo naciese fuera del matrimonio, y aunque el rey seguía casado con Catalina de Aragón, un capellán los desposó en secreto a finales de enero de 1533. Nacida en el año 1501, Ana Bolena adquirió una excelente formación: en un principio en la corte de Margarita de Austria y posteriormente en Francia, donde fue dama de honor de María Tudor -hermana de Enrique VIII y esposa del rey galo Luis XII- y después también de la reina Claudia, la esposa de Francisco I.
Además de modales cortesanos y cultura, tal vez aprendió otras habilidades más dudosas en la promiscua corte de Francisco I. En 1533, éste dijo en confianza al duque de Norfolk «cuán poco virtuosamente había vivido siempre Ana». El propio Enrique VIII confesó al embajador español, en 1536, que su mujer había sido «corrompida» en Francia y que él no lo descubrió hasta que empezó a tener relaciones sexuales con ella.
Un Rey a sus Pies
Comoquiera que fuese, tras su regreso a Inglaterra en 1525, Ana no tardó en atraer la atención de Enrique. Mujer bella e inteligente, hablaba francés con soltura y poseía conocimientos de latín; destacaba en la danza, la música y la poesía, y vestía siempre a la última moda. Aunque Enrique le declaró su amor en 1526, ella se negó a ser su concubina porque sabía «lo pronto que se hartaba el rey de las que le habían servido como queridas».
Ana aspiraba a ocupar el trono de Inglaterra y, en consecuencia, coqueteaba con el monarca, se hacía de rogar o se dejaba querer, sin embargo rehuía la consumación carnal. De la pasión que despertaba en el rey son testimonio las cartas que él le escribió entre 1527 y 1529, en una de las cuales confesaba: «Deseo estar en los brazos de mi amada, cuyos bonitos pechos espero besar dentro de poco... Confío gozar de aquello que tanto he anhelado, con satisfacción de ambos».
En 1528, Ana actuaba ya como si fuera la reina. Se sentaba en el asiento de ésta en los banquetes, y lucía espléndidas joyas y suntuosos vestidos púrpura, el color reservado para la realeza. Se le rendía mayor homenaje que a Catalina de Aragón, cada vez más arrinconada; pero esto no le bastaba. En una ocasión en que Enrique cenó con la reina, Ana armó un escándalo y le expresó airada sus quejas por las demoras en la anulación del vínculo marital que le unía a Catalina. Incluso insinuó que le dejaría y declaró que estaba malgastando su juventud «inútilmente».
El problema de la nulidad matrimonial polarizó la opinión entre la nobleza y provocó una porfiada lucha por el poder. En aquel momento existían tres facciones en la corte: quienes seguían al cardenal Wolsey, aún ministro principal, y apoyaban al rey; los conservadores, que secundaban discretamente a la reina Catalina, y la facción de los Bolena, que pronto sería la más poderosa y estaba liderada por la propia Ana, Thomas y George Bolena, y sir Francis Bryan.
Una Coronación Fastuosa
Absolutamente comprometida con la causa de la Reforma protestante (Chapuys, embajador de Carlos V, la describió como «más luterana que el propio Lutero»), Ana logró derrocar a su enemigo, el cardenal Wolsey, cuya caída, en octubre de 1529, propició el ascenso de Thomas Cranmer. Éste desencallaría la espinosa cuestión del «divorcio» de Enrique y sería recompensado por ello con el arzobispado de Canterbury.
El 1 de septiembre de 1532, Enrique y Ana visitaron al rey de Francia, Francisco I. Su intención era recabar el apoyo de éste para celebrar un matrimonio al que se oponían Carlos V y el papa Clemente VII. Ana triunfó totalmente: lució un fastuoso vestuario y llevó las joyas de las reinas de Inglaterra, arrancadas por la fuerza a Catalina.
A principios de 1533, y tras su boda secreta con Enrique, Ana se había convertido en reina a todos los efectos menos de nombre. Cranmer acudió en su ayuda y propuso medidas radicales para legalizar la situación. Así, en abril el Parlamento aprobó el Acta de Restricción de Apelaciones, la primera de las leyes que acabarían provocando el cisma inglés y la creación de la Iglesia anglicana. El papa quedaba de ese modo desautorizado para juzgar el litigio matrimonial de Enrique, y Catalina de Aragón ya no podría apelar al Vaticano contra las decisiones tomadas por las autoridades religiosas inglesas.
El 23 de mayo, el arzobispo Cranmer convocó un tribunal eclesiástico que declaró nula la unión del rey con Catalina, y sólo cinco días después sentenció que la boda entre Enrique y Ana era válida y legítima. La apoteósica coronación de Ana Bolena superó en esplendor a la de todas sus predecesoras. El 31 de mayo, vestida de paño de oro y armiño blanco, hizo su entrada en Londres y recorrió la ciudad en una procesión que se extendía a lo largo de más de medio kilómetro.
Los arcos triunfales y los espectáculos organizados en su honor loaban la castidad de la nueva soberana y expresaban la esperanza de que diera a luz hijos varones que continuasen la dinastía Tudor. La facción de los Bolena se encontraba en el cénit de su poder. La religión, el arte y todos los aspectos de la cultura cortesana en general se utilizaron para exaltar la imagen de la nueva reina. Ana utilizó su influencia para promover la Reforma y marcó la pauta intelectual de la corte favoreciendo a los eruditos comprometidos con el anglicanismo.
Rara vez se la veía en público sin llevar un devocionario en las manos y además entregó a sus damas un librito de rezos que podía llevarse colgado del cinturón.
La Caída en Desgracia de Ana Bolena
En el verano de 1533, Ana se enteró de que Enrique tenía un escarceo con una bella dama, hecho habitual cuando sus esposas estaban embarazadas. A diferencia de Catalina, le afeó su conducta y usó palabras que no gustaron nada al rey. Éste, furioso, le dijo que debía «aguantarse como habían hecho otras mejores que ella», advirtiéndole que podía hundirla tan rápidamente como la había encumbrado.
El nacimiento el 7 de septiembre, no del esperado varón, sino de una hija (la futura Isabel I), no contribuyó en nada a mejorar la relación entre los esposos. Tal como se encargó de informar el embajador veneciano, «el rey está ya fatigado hasta la saciedad de su nueva reina». Sin embargo, había que acabar con la oposición al matrimonio real. En 1534, el Parlamento dictó un Acta de Supremacía que consagraba al rey como Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra, cortando definitivamente el vínculo entre Enrique y Roma, y luego otorgó la sucesión a la princesa Isabel en detrimento de María, hija de Catalina.
Todo el que no jurara estas disposiciones podía ser condenado a muerte por alta traición. Así, cayeron las cabezas de quienes, como Tomás Moro, se opusieron a ello. Pero después de sufrir un aborto, Ana se vio sometida a una gran presión. Enrique, frustrado porque no le daba el ansiado hijo varón, se entregó a «bailes y mujeres más que nunca», se mostraba cada vez más irritado ante las quejas de la reina y, a fines de 1535, inició un romance con Jane Seymour.
El fuego amoroso del rey por su esposa ya se había extinguido, pero ésta se convirtió en un problema político tanto en el interior, por su impopularidad, como en el exterior, ya que tras la muerte de Catalina representaba un obstáculo para el acercamiento entre Enrique y el emperador Carlos V que defendía el primer ministro Thomas Cromwell.
El 30 de abril de 1536, mientras Ana, embarazada de nuevo, estaba en Greenwich Park, Cromwell le tendió una trampa y presentó ante el rey pruebas al parecer incontestables de que la reina había seducido a Smeaton y a otros miembros de su Consejo Privado, incluido su propio hermano. Aún más, había tramado un regicidio para casarse con uno de sus amantes y gobernar como regente del hijo que llevaba en su seno.
La mayoría de los historiadores considera infundadas las 22 acusaciones de adulterio que se presentaron en contra de Ana Bolena y es improbable que ésta conspirara para asesinar al rey, puesto que era su principal valedor y fuente de poder. Sin embargo, su reputación de mujer frívola, su gusto por la compañía masculina y su indulgencia con el galanteo y los juegos del amor cortés llevaron a que el monarca y muchos otros la creyeran culpable.
Un tribunal presidido por su tío, el duque de Norfolk, y en el que figuraba su propio padre, la condenó a muerte. Ana rondaba la treintena cuando fue decapitada, con un golpe de espada, el 19 de mayo de 1536; Enrique VIII solamente esperaría diez días para volver a casarse. En esa ocasión con Jane Seymour.
Ana Bolena no tuvo el funeral solemne que de hecho merecía tanto por su rango como por sus orígenes aristocráticos.
El Antígeno Sanguíneo Kell Positivo de Enrique VIII
En 2011 se descubrió que Enrique tenía el antígeno sanguíneo Kell positivo, que ocasionaba abortos en mujeres con antígeno Kell negativo.
