El concepto de "hembra gestante" trasciende la mera descripción biológica del embarazo. Implica un entramado de representaciones sociales, prácticas médicas y discursos que influyen en la percepción y el tratamiento de las mujeres durante este período. A través de las visitas prenatales, se refuerza la visión de un cuerpo carente y vulnerable en el que se justifica el control al que es sometido, a la vez que se recuerda la función maternal de las mujeres.
Este artículo tiene como objetivo analizar las representaciones que se desprenden de los cuerpos gestantes. Para ello, se ha empleado una metodología cualitativa con las técnicas de observación y entrevista en catorce mujeres en su primera gestación, tres comadronas y tres médicos obstetras.
El Cuerpo Gestante como Producto Social
El cuerpo es un producto social consecuencia de unas prácticas culturales e históricas determinadas (Turner, 1989), donde se han centrado prioritariamente las actividades de regulación, control y dominación para el mantenimiento del orden social. Las mujeres engendran la vida humana en sus cuerpos, situación que les pone en el punto de mira social ya que, a través de este proceso, garantizan la pervivencia del grupo.
Los cuerpos de las mujeres, por su capacidad biológica de reproducción, han sido tradicionalmente, uno de los principales focos de interés controlador para todas las instituciones, pero es sobre todo la medicina, quien se ha erigido protagonista en la elaboración de discursos que respaldan esta necesidad (Bodoque, Montes, 2003). Todos los procesos orgánicos femeninos se han constituido como una forma indirecta pero eficaz de controlar socialmente a las mujeres (Esteban, 1994:96). En este sentido, la gestación es un tiempo ideal para el ejercicio del control y adoctrinamiento -a través del cuerpo- en el orden en que socialmente se deben situar las mujeres y en el que se espera permanezcan.
Así, durante el embarazo se reproducen los valores de la mujer/madre en función de un bien social: el feto, contenido en un cuerpo que se interpreta con desconfianza e incapaz, ya que puede generar riesgos que amenacen su vida y la del feto. Las mujeres gestantes se convierten en el centro de una atención médica desde la que se promueve la inseguridad, el temor, la indefensión y la culpa, atributos entre otros que, a mi modo de ver, refuerzan el estereotipo tradicional por el que socialmente se ha considerado la inferioridad femenina.
Metodología de Investigación
Se trata de una investigación cualitativa del campo de la antropología del género. Se utilizaron las técnicas de la entrevista en profundidad y la observación participante. Las informantes han sido catorce mujeres gestantes de 25 a 35 años, con pareja estable y en su primer embarazo. También recogí información de tres comadronas y tres médicos obstetras, todos, mujeres y profesionales son del Estado español. Se llevó a cabo en Tarragona durante los años 2002-2004.
Resultados y Discusión: El Cuerpo Gestante Bajo Sospecha
En los países industrializados, la formación de un nuevo ser se supone que requiere de unos cuidados tanto por parte de las mujeres como de los expertos y expertas, y este cuidar pasa por poner bajo control el proceso de gestación, esto es, a las mujeres gestantes. Los expertos y expertas vigilan las funciones de los cuerpos en un intento de subsanar sus fallos, lo que les convierte en cuerpos sospechosos. También se induce a las mujeres a introducir cambios en sus prácticas sobre el cuerpo con el mismo fin; es ahora el cuerpo responsable puesto que las funciones maternales parece han dado comienzo y deben responder a ellas según dictan las normas sociales. Ambas tendencias estarán siempre definidas en función del bienestar fetal, al que deben someterse como consecuencia de la maternidad.
Por el control y vigilancia de que son objeto, parece que los cuerpos de las mujeres presentan para la obstetricia la duda de si saben o no realizar sus funciones. La desconfianza respecto a los cuerpos gestantes conforma la sospecha de un cuerpo-máquina productor que presenta habitualmente fallos en su funcionamiento o que, por diferentes circunstancias, no responde adecuadamente a sus funciones creativas. Bajo estos auspicios, se institucionaliza la necesidad del control del cuerpo como así lo asegura este médico: Nosotros estamos para detectar lo que está yendo mal (...) Confirmar las sospechas que nosotros tenemos (Dr.1). Y la mirada se dirige hacia un cuerpo pensado como (a) deficiente, (b) con poder para generar riesgos, o (c) imprevisible e inestable en sus funciones.
Cuerpo Deficiente
El cuerpo es sospechoso de presentar insuficiencias. En la actualidad, a todas las mujeres embarazadas se les prescribe la ingestión de suplementos porque se supone que el cuerpo no los produce en la medida que se figura requiere el feto. Por ejemplo, son habituales estas prácticas: Me dieron hierro y vitaminas. Ya hasta el final del embarazo (Cristina), y la matrona le informó de que las vitaminas no se pueden dejar de tomar en todo el embarazo.
A este respecto uno de los obstetras afirma: La mayoría de los casos sí que es verdad que el hierro lo damos de una manera profiláctica pues la anemia de las embarazadas es una anemia medio fisiológica, en todos los casos. Yo creo que en todos los casos no es necesario, pero bueno, llegan más altas al momento del parto que es lo que particularmente me interesa (Dr.1). Parece que las posibles deficiencias están más relacionadas con formas individuales de interpretación y la tendencia a la apropiación del embarazo como un asunto profesional.
Se capta que en muchas ocasiones estas supuestas carencias no son sentidas por las mujeres ni se reflejan en los resultados de los análisis, pero se prevé que pueden aparecer en algún momento (la práctica de recetar estos productos va más allá de si son o no necesarios, encontrándose variaciones en los diferentes centros). Así, otro de los médicos informa: No está en protocolo, pero en el segundo trimestre se lo damos a todas ¡a no ser que estén con un hematocrito de 40! (Dr.2). Estos puntos de vista traspasan el ámbito de la sospecha que ahora se convierte en realidad.
Las mujeres interiorizan estas creencias como necesidades auténticas y sistemáticas del cuerpo porque lo importante es que tomen algo (Dr.1). A todas se les indicó suplementos de uno o varios productos, en la idea de que todas deben presentar unos resultados similares en las analíticas y como reflejo de una ideología que sigue estandarizando el funcionamiento de los cuerpos de las mujeres, como si de máquinas uniformes se tratasen.
Cuerpo como Generador de Riesgos
La desconfianza de la institución médica en los cuerpos maternos parte de considerar que, aunque el embarazo es un proceso fisiológico, puede presentar riesgos. Así se afirma en esta opinión en la que no deja lugar a dudas: Hoy día, efectivamente, ¡nadie tiene conciencia de los que están embarazados que su mujer corre peligro! Todo el mundo sabe que puede tener un problema en el embarazo, y sin embargo, se siguen quedando embarazadas. Quién quiera quitar riesgos del embarazo ¡pues no se debiera quedar embarazada! (Dr.1).
Pero hay matices cuando este mismo médico clarifica que: Es potencialmente un riesgo. Obviamente, es una situación que te puede acarrear muchos problemas; en la mayoría de los casos no, pero es una situación potencial que abre posibles riesgos (Dr.1). Y las prácticas del control prenatal se convierten en una insistente comprobación sistemática en la búsqueda de riesgo: Se hacen muchas pruebas, de las cuales muy pocas dan positivo; es decir, estamos machacando a la embarazada para detectar un pequeño grupo de gente que tendrá más riesgo. Las tenemos mareadas para decirles al final: bajo riesgo. Para un 85% de señoras no es necesario, pero para un 15% sería conveniente (Dr.1).
Interpreto que la concepción del riesgo omnipresente responde a la inculturación de la formación médica. Todo supone un riesgo y es el médico el encargado de encontrarlo como así afirma:Nuestra parte, sobre todo la de los médicos, es intentar detectar con los medios que se disponen actualmente, cuando hay cosas que alertan! (Dr.1). La insistente búsqueda de las supuestas alteraciones hace aumentar en las mujeres el sentimiento de que su existencia es real (Bestard, 1996).
El cuerpo oculta según estas ideas un riesgo imprevisible e irreconocible por la propia mujer que sólo los técnicos y técnicas están capacitados para identificar. La desconfianza respecto al cuerpo aumenta, de forma que te llegas a creer que estás en peligro. Tantas pruebas... yo no creo que den seguridad, en vez de seguridad dan miedo, creo yo. Dan seguridad al médico, pero no a ti. Si no estás tan controlada lo vives con más naturalidad ¿no? Con más seguridad en ti misma (Marina).
Otro ejemplo lo trae la opinión de Mónica: Ahora es que tengo miedo porque como me salió eso de la amnio y tal, pues psicológicamente me ha afectado, entonces estoy un poco miedosa; y Cristina se pregunta: ¿Para qué tanta ecografía? Y si no crece ¿qué van a hacer?. La representación que el sistema médico hace del riesgo disminuye o anula la confianza de las mujeres, además de que les expropia de sus saberes o percepciones en relación a las prácticas y vivencias de sus cuerpos, ya que se entiende, ellas no están capacitadas para detectarlos y que, por otro lado, les supone una continua amenaza.
Este miedo de saberse siempre en peligro expresado o no por las mujeres, da poder a quien tiene los recursos para exorcizarlo e induce al acatamiento indudable de los dictados normativos de los expertos y expertas. El riesgo así interpretado forma parte de la cultura médica en la que se incluyen las matronas, aunque estas profesionales respondieron que el embarazo es un estado totalmente fisiológico de la mujer Mt.1, y la misma matrona lo presenta como una prolongación de las tendencias sociales: Yo creo que en esta sociedad se implanta como un proceso casi patológico, como una enfermedad diría ¡y no es una enfermedad! (...) Parece que vayamos a buscar todas las alteraciones en vez de promocionar (la salud) y que se viva de una manera lo más normal, lo más fisiológica posible (Mt.1).
Las representaciones de normalidad del embarazo por parte de las matronas no parece incidir en la población porque, aunque teóricamente algunas opinan que no hay riesgo, en la práctica lo utilizan en la misma dinámica que el modelo médico. Es interesante señalar que el análisis planteado no tiene como objetivo valorar porcentajes de presencia de riesgo sino el cómo se ha generalizado su presencia y es representado de forma estandarizada sin considerar aspectos individuales de cada mujer y con el sólo interlocutor de la medicina.
Cuerpo Imprevisible
Un último apartado que completa el ámbito de la sospecha es la concepción de un cuerpo imprevisible e inestable que puede presentar sin previo aviso o caprichosamente una situación desordenada, suponga o no riesgo para la mujer o para el producto de la gestación. Esta ideología responde a la tendencia tradicional del sistema médico de hacer una lectura negativa del cuerpo femenino y que, siendo interiorizada por las mujeres, promueve de nuevo su desconfianza, ya que no sabes nunca como puede reaccionar... tu cuerpo (Cristina).
Porque, como afirma el Dr.3: La obstetricia tiene complicaciones potencialmente muy graves y se pueden presentar de una manera inopinada. Las fronteras del riesgo se han ampliado para incluir en su definición como situaciones de riesgo a las anomalías físicas o neurológicas. Cristina, ante la recomendación de realizarse la amniocentesis busca en su cuerpo la respuesta al desorden por la alta presencia de proteínas que los resultados de las analíticas la aconsejan: Esta estaba normal, pero luego hay otra que me dicen que está muy alta y claro, ¿a qué se debe esta proteína? ¿Habrá otras causas? Por ejemplo, que yo produzca más de esta proteína... También la alimentación, o tu propia naturaleza (Cristina).
Anabel plantea la siguiente duda: Había llegado al punto de decir ¿a ver si la pobre criatura no está creciendo?. La interiorización de los discursos médicos de sospecha sobre las funciones de los cuerpos gestantes mantienen el recelo de muchas mujeres, aunque cuando más tomará forma esta idea será en las últimas etapas del embarazo.
Atención Integral y Respetuosa Durante el Embarazo
Durante el embarazo, la atención prestada a las mujeres gestantes debe ser coherente con la atención a un proceso fisiológico y natural, y por tanto, debería estar basada en los cuidados para su desarrollo normal, en el uso de la tecnología apropiada y en el reconocimiento del importante papel que tiene la propia mujer en la toma de las decisiones que le afectan. El respeto a la evolución natural del embarazo debe presidir toda la atención sanitaria y cualquier intervención debe ser valorada para ser aplicada sólo si ha demostrado beneficio y está de acuerdo con las necesidades y deseos de cada mujer.
La atención de calidad a las mujeres embarazadas debe conllevar el seguimiento eficiente del proceso, la realización de las visitas, pruebas y procedimientos basados en la evidencia científica, la implicación de las usuarias y la adecuada coordinación de la atención primaria y hospitalaria. La esencia de esta guía es destacar que el embarazo es un proceso fisiológico normal y como tal, cualquier intervención que se realice ha de tener beneficios reconocidos y ser aceptable por la gestante.
La guía ha sido desarrollada con el propósito de ofrecer tanto información sobre la mejor práctica clínica para la atención de referencia de todas las gestantes, como información exhaustiva sobre la atención durante el embarazo no complicado y de feto único en mujeres sanas. En esta guía se proporciona información basada en evidencia tanto para profesionales como para mujeres embarazadas con el objetivo de ayudar a la toma de decisiones sobre la atención adecuada en cada circunstancia específica.
El Debate en Torno al Lenguaje Inclusivo: "Persona Gestante" vs. "Mujer"
Las guerras políticas son primero guerras culturales y lingüísticas. Es complejo. Respecto a esta última acepción, recuerden el revuelo que se montó cuando la escritora J. K. Rowling utilizó el término "persona menstruante". Expresiones como "persona gestante" también son recogidas por las leyes de Igualdad LGTBI y, según dicen sus defensoras -como Antonelli y Cambrollé-, se limitan a "nombrar una realidad", la de los hombres trans que tienen útero y, por tanto, capacidad de parir. Negarles la denominación significa negar sus derechos -revisiones ginecológicas, seguimiento médico, incluso la decisión de abortar-.
Las feministas radicales, por su parte, señalan que esta nueva terminología, lejos de ser "lenguaje inclusivo", es más bien un "neolenguaje" que acaba borrando a la mujer, porque al no nombrarla se eliminan o se invisibilizan las violencias específicas que sufre por el hecho de haber nacido mujer. Como dice la gran Celia Amorós, "conceptualizar es politizar". Según las palabras que se usen, las consecuencias políticas son radicalmente distintas: no es lo mismo, por ejemplo, decir "sus labores" que "trabajo doméstico gratuito".
Dejar de hablar de "mujeres" para hablar de "identidades de género" tiene efectos políticos perversos. Un cartel de ONU Mujeres resume a la perfección el peligro de esta deriva. Es decir, se borra el objetivo de igualdad entre mujeres y hombres, se borra a las mujeres como grupo oprimido y sujeto de lucha política, y en su lugar se propone elegir individualmente entre "identidades de género".
El sexo biológico es relevante porque configura buena parte de nuestra vida, objetiva y subjetivamente. Por ejemplo, para las mujeres, la capacidad de ser madres hace que debamos decidir si lo somos o no, de qué manera, cuándo, con quién... y si lo somos, tiene consecuencias a todos los niveles. Pero además, en una sociedad patriarcal (y todas lo son, en distinto grado y modalidad), el sexo biológico nos coloca en una determinada posición social.
Borrar conceptualmente a hombres y mujeres no cambia esa situación, solo la invisibiliza. Separar las "identidades" de los cuerpos implica que por una parte, se elabora una "identidad" con un contenido político, afectivo, solidario, etc., para quien pueda permitírsela, y por otra, se reducen los cuerpos (sobre todo, los de las mujeres pobres) a objetos inertes.
Palabras como "mujer" o "madre" tienen un gran contenido, histórico, político, iconográfico, emocional... En cambio, "persona gestante", "persona menstruante", "persona lactante", son palabras puramente técnicas, que evocan objetos inertes, mecánicos, desmontables, y tanto más fácilmente mercantilizables. Usar esas palabras deshumaniza a las mujeres (es pues una nueva versión de algo que el patriarcado siempre ha hecho) y las desactiva políticamente.
Rosa María Rodríguez Magda, escritora, filósofa y especialista en feminismo, cree que estos nuevos términos responden a una perversión del lenguaje inclusivo. Esta es la idea que trató en su libro: por qué la mujer molesta y por qué empieza a molestar la misma noción de “mujer”. Se entiende como un ataque. Si renunciamos a la palabra “mujer”, renunciamos a la visibilidad, a la genealogía, a la reflexión de nuestro propio cuerpo. Nos ha costado muchísimo tener visibilidad a través de la palabra. El hecho de que se admita decir “mujeres cis” también es curioso, porque una de las cosas frente a las que ha luchado el feminismo es la heterodesignación, el que otros nos nombren y nos digan quiénes somos. ¿Ahora vamos a dejar que unos nuevos nos nombren?
Carla Antonelli, actriz, política y activista transexual, defiende el uso de términos como “cónyuge gestante” que ya aparecían en la ley de Igualdad LGTBI, de la legislatura pasada. Jamás dice “cuerpo gestante”, sino “progenitor gestante” o “cónyuge gestante”. Se ha metido mucha suciedad en este tema y se ha dicho que esas palabras contribuyen al borrado de las mujeres. A las mujeres no nos van a borrar, yo jamás defendería eso, porque además de ser mujer soy binaria, no soy neutra.
Mar Cambrollé argumenta que el lenguaje es un vehículo que vale para comunicarnos y además vale para crear las bases de una posible liberación o no, o para seguir perpetuando una opresión. En este sentido, las personas y los colectivos hemos luchado en esa dirección para librarnos de discriminaciones cuando hablamos de “cis” y de “trans”, que es lo mismo que hablar de “hombres” o “mujeres” o de “homosexuales” y “herosexuales”. Por ejemplo, cuando hablamos de “personas con capacidad gestante”. Bueno, yo más que de eso hablaría de “hombres con capacidad gestante”, porque son una realidad. Es verdad que hay hombres trans que pueden y quieren parir. Y además no sólo tienen derecho a parir, sino a abortar, y a ir al ginecólogo, y a hacerse revisiones. ¿Cómo vas a restarle más derechos a quien no los tiene? Eso no significa quitarle nada a las mujeres.
