La expresión "he llorado como un niño" evoca una imagen de vulnerabilidad, de emociones desbordadas y de una conexión profunda con nuestros sentimientos más primarios. A menudo, esta frase se utiliza para describir momentos de intensa tristeza, frustración o incluso alegría, donde la respuesta emocional es tan fuerte que nos sentimos como si volviéramos a ser niños.
Para muchas personas, la incapacidad de llorar o la dificultad para expresar emociones puede ser una fuente de preocupación. Como escribió el bioquímico William H. Frey en su libro "Crying: The Mystery of Tears", muchos hombres de entre veinte y cuarenta y tantos años desean recuperar su capacidad perdida de llorar.
El Significado Emocional del Llanto
El llanto es una respuesta emocional compleja que puede estar influenciada por una variedad de factores, incluyendo experiencias personales, normas culturales y predisposiciones individuales. Llorar puede ser una súplica de ayuda codificada propia de la evolución. Ver lágrimas tiene un "gran impacto en el cerebro" del observador.
Como dijo el poeta romano Ovidio: “Es un alivio llorar; las penas se desahogan y son arrastradas por las lágrimas”.
Estudios Científicos sobre el Llanto
Ad Vingerhoets, profesor de psicología de la Universidad de Tilburg, es una de las autoridades mundiales en este tema. En una charla TED de 2015 dijo a la audiencia que “el estudio de las lágrimas está aún en pañales y aún es un tema muy poco ahondado”.
Sabemos que las mujeres lloran más que los hombres. La frecuencia con la que llora un ser humano suele disminuir en la adolescencia y en los primeros años de la edad adulta.
En 2017, Vingerhoets publicó junto a otros autores un artículo pionero, en el que estudiaron a casi 500 personas que decían haber perdido la capacidad de llorar y a 179 que lloraban “con normalidad”. Descubrieron que, aunque los que no lloraban no mostraban una sensación de bienestar inferior, su situación era… algo triste. “En el total de la muestra, el grupo sin lágrimas se sentía menos conectado con los demás, menos empáticos y mostraban respuestas menos emocionales a casi todas las formas de arte y a la naturaleza”, se explica en el artículo.
Además, las lágrimas contienen una enzima que se cree que estimula nuestro sistema inmunitario.
El Llanto en la Maternidad y Paternidad
La experiencia de ser padre o madre a menudo conlleva momentos de gran intensidad emocional, donde las lágrimas pueden ser una respuesta natural. Que te arranquen a tu hijo de los brazos no es fácil y cuando una madre me lo cuenta con un nudo en la garganta, sólo le puedo decir que lo entiendo y que pasará. Que es bueno que el hijo exprese (con gritos y llantos, si hace falta) lo que está viviendo.
Es normal que cuando son más pequeños casi ni se inmuten si nos vamos. Es normal que a medida que van creciendo y que van separándose un poco más de la madre, ya entiendan perfectamente que cuando se pone la chaqueta significa que mamá está a punto de salir. Si por nuestros hijos fuera, ninguno de los dos trabajaría; estoy convencida de que este es un punto en el que la mayoría de niños y niñas estarían de acuerdo.
Le explico en el momento que encuentro conveniente que me tengo que ir. No hay que decirlo 40 veces. Los niños son más inteligentes de lo que pensamos y no es necesario que les repitamos las cosas hasta la saciedad. Decirle adiós, darle un beso y marcharme. A veces no es fácil porque intentan alargar el momento tanto como pueden, pero es mejor no dejarlo agonizar.
Ni todos los niños hacen lo mismo ni lo expresan de la misma manera. Pero sí es muy común que en alguna etapa de su vida protesten cuando los padres se van y es de eso de lo que estoy hablando hoy… de esta etapa.
A veces durante un tiempo el niño se queja para después, llevarlo muy bien y más adelante, al cabo de un año o un año y medio, volver a protestar porque los padres se van. Intentad entenderlos sin enfadaros porque hacen algo que os hace sufrir o que desearíais que no hiciera. Ellos también preferirían que no fuéramos a trabajar y bien que se aguantan… Pues eso.
Es algo que te abruma, que te deja intranquila y que te sientes culpable por ello. Justo como lo describes es como me siento yo muchas veces si me voy y ella llora o me expresa sin llantos y con palabras eso de «no quiero que te vayas, quiero que te quedes aquí…». Intranquilidad y sí, también culpa. A pesar de saber que la van a cuidar bien, a pesar de saber que al cabo de nada se lo pasará bien… a pesar de todo, queda ese rastro de culpa.
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El Llanto como Proceso de Sanación
Llorar puede ser un proceso de sanación, una forma de liberar emociones reprimidas y de conectar con nuestras propias necesidades y valores. Llorar puede tener el valioso propósito de “recordar a la persona que la situación o el suceso por que el que está pasando es algo que importa de verdad”. Dicho de otra forma, llorar puede ser un mensaje de nuestro subconsciente sobre heridas y valores, y si lo ignoras o lo rechazas, pierdes esa conexión contigo mismo.
Consulté con una experta, Amy Blume-Marcovivi, editora del libro When Therapists Cry: Reflections on Therapists’ Tears in Therapy (Cuando los terapeutas lloran: reflexiones acerca de las lágrimas de los terapeutas en terapia) si llorar es saludable y ella me respondió que depende de la situación. “Si alguien, mediante la introspección, se da cuenta de que siente un rechazo por llorar como forma de evitar las emociones o de reprimirse, aprender a llorar y dejar que las lágrimas salgan como forma de tener un contacto más directo con su verdadera experiencia emocional sin importar lo que duela puede ser saludable para ellos”, apunta.
El Llanto y la Sociedad
La sociedad a menudo impone restricciones sobre cuándo y cómo es apropiado llorar, especialmente para los hombres. A pequeña escala, vengo de una familia hiperintelectual que apenas llora. Así que, aunque mis padres nunca me recriminaron explícitamente expresar mis emociones, no tuve ningún modelo de adultos que lloran. A esto hay que añadirle el hecho de que soy un hombre en Estados Unidos, y aunque las costumbres sobre llorar están cambiando -véanse los artículos de opinión del New York Times y del Washington Post-, aún queda mucho camino por recorrer para que el hombre puede liberarse emocionalmente.
Cuando alguien dice las palabras (que a partir de ahora quedan prohibidas) No llores, está lanzando el mensaje de que llorar es malo o que es inapropiado o, como poco, que no es necesario. Esa equivocación de que llorar nos hace débiles es uno de los mayores errores que podemos encontrarnos alrededor de las emociones y su manejo.
Cuando expresamos emociones uno de los miedos más comunes es el de ser rechazados por ello. Si somos los acompañantes es posible que se nos muevan emociones nuestras al ver a alguien llorar y que, como reacción a ellas, tengamos ganas de irnos.
El Llanto en el Arte y la Cultura
El llanto ha sido un tema recurrente en el arte y la cultura a lo largo de la historia, desde la literatura y la música hasta el cine y el teatro. Si llorar delante de alguien que me importa conlleva conectar a un nivel más profundo con ellos, entonces claro que quiero llorar. Si llorar implica rechazar las estúpidas ideas sobre la masculinidad, entonces me apunto.
En uno de sus artículos, Vingerhoets y su equipo escriben que llorar puede tener el valioso propósito de “recordar a la persona que la situación o el suceso por que el que está pasando es algo que importa de verdad”.
Sigo la trayectoria de Lola Arias desde hace años. He llorado, vibrado, reído, caminado y cantado en sus obras. He hablado sobre ellas en talleres y conferencias, y me han inspirado para las mías. Unas de las cosas que más admiro de Lola es su convicción profunda en el poder del teatro documental para cambiar la vida de las personas.
Hay tortas para hacer ese formato y demasiados aspirantes a chef para tan medida cocina. Siempre habrá, espero que me las sigan encargando, nuevas novelas. Nunca voy a dejar de escribir porque es el oficio que más me gusta del mundo. Y me encanta que lo descubran porque así soy. Y lo acomoda en el lugar que debe estar. Porque la nieve ha regido, desde niño, como dice el arranque de mi novela, los tiempos de mi vida. Sí, mi novela habla de la muerte, como parte de la vida, y del amor como todo lo que la mueve.
Esas maravillosas y diminutas flores de la nieve que resisten a todas las tempestades, demostrando su poderosa resiliencia, forman parte de mi vida y de mi memoria. Y así me siento.
Llorar en la vida cotidiana
Recuerdo llorar cuando era un niño, claro, por razones tanto físicas (como picaduras de abeja o juegos un tanto violentos con mis hermanos mayores) como emocionales (como caerme de la bici cuando estaba aprendiendo a montar). He escrito en otras ocasiones sobre la ansiedad que sentí en secundaria días antes de mi bar mitzvá, que me hizo romper a llorar al menos en dos ocasiones. (Podéis reíros de esto, yo lo hago).
Entonces, hace más o menos un año tuve un episodio depresivo que dio un vuelco a mi vida. Aunque durante años fui un adicto al trabajo centrado de forma obsesiva en escribir sobre temas que no tuvieran que ver conmigo, de repente, me interesé por mí y por descubrir qué me había llevado a ser tan insensible. Empecé a analizar mi pasado para encontrar pistas que me pudieran haber convertido en la persona que soy ahora y a examinar mi presente para encontrar formas de mejorar mi bienestar. ¿Y si me compro un colchón nuevo? ¿Me cojo unos días libres? ¿Dejo de beber?
Una mañana, hace poco, me desperté, miré el móvil y, unos segundos más tarde, me eché a llorar. Quiero guardarme algunos de los detalles de este momento, pero puedo decir que la noche anterior, un amigo mío más joven que yo había pasado por un problema profesional bastante intenso y público. La combinación de compasión por mi amigo y la conexión personal con lo que acababa de pasar (mis veinte fueron una época de turbulencias personales y profesionales que aún estoy procesando) por lo visto desbloquearon algo muy profundo dentro de mí. A diferencia de otras ocasiones, en vez de pisar el freno, me dejé llevar.
A pequeña escala, vengo de una familia hiperintelectual que apenas llora. Así que, aunque mis padres nunca me recriminaron explícitamente expresar mis emociones, no tuve ningún modelo de adultos que lloran. A esto hay que añadirle el hecho de que soy un hombre en Estados Unidos, y aunque las costumbres sobre llorar están cambiando -véanse los artículos de opinión del New York Times y del Washington Post-, aún queda mucho camino por recorrer para que el hombre puede liberarse emocionalmente.
Además de todo eso, cuanto más tiempo pasaba sin llorar, más miedo me daba esa extraña situación que, entre otras cosas, representaba la falta de control.
Mi objetivo cuando escribo esto no es presentarme como una especie de evangelista del llanto. Puede que algunos de los que estéis leyendo esto tengáis una relación sana con las lágrimas, mientras que otros tengáis problemas por llorar “demasiado”. (Como apunta Provine en Curious Behavior, llorar de una forma extraña es un poco mejor que reír de una forma extraña, que puede “dar miedo, parecer raro o diabólico”, lo que tiene peores consecuencias sociales). Esto es más que nada sobre el significado y el simbolismo de llorar.
Tipos de lágrimas
| Tipo de Lágrima | Función |
|---|---|
| Basales | Mantienen la película lagrimal alrededor de la córnea, necesaria para razones ópticas, metabólicas y de lubricación. |
| Reflejas | Respuesta a irritantes o estímulos externos. |
| Psicoemocionales | Asociadas con un grupo particular de emociones. |
Reflexiones Finales
En última instancia, llorar es una experiencia humana universal que puede tener múltiples significados y funciones. Al permitirnos sentir y expresar nuestras emociones, el llanto puede ser una herramienta poderosa para la sanación, la conexión y el crecimiento personal.
