Gracias por Nacer: Un Significado Profundo

La frase "gracias por nacer" encierra un profundo agradecimiento y reconocimiento a la vida que se abre camino. Este artículo explora el significado de esta expresión a través de una historia personal conmovedora y reflexiones sobre el nacimiento, el parto y el legado que dejamos en el mundo.

El Comienzo de una Historia: Martina y el Parto en Casa

La historia que vamos a contar comienza con el nacimiento de Emma, la hermana de Martina. Emma nació por cesárea, una experiencia que marcó profundamente a su madre. Cuando Noelia se enteró de que Martina estaba en camino, sintió la necesidad de que su nacimiento fuera diferente. Así, empezó a investigar sobre el parto en casa.

A medida que se informaba, leía libros, relatos y veía videos, Noelia se transformaba en una mujer más poderosa y con más confianza. A pesar de ser insegura en muchos aspectos de su vida, algo se apoderó de ella: una fuerza mayor que le decía y sentía que Martina iba a nacer en casa. Lloraba al ver vídeos de otros partos y se veía a sí misma haciendo lo mismo, cogiendo a su hija entre sus brazos. Aún entonces era un sueño, pero los sueños, si los vives y crees que “SÓN” acaban siendo una realidad.

La Llegada del Miedo y la Desesperación

Pasaron los meses y llegaron las últimas semanas de embarazo, feliz de sentirte cada vez más cerca y ansiosa por vivir nuestro momento, nuestro tan deseado momento. Llegaron las 38 semanas, las 39, las 40,… y el miedo empezó a apoderarse de mí. Aquella mujer segura tenía miedo!? Pues sí, miedo a no ponerme de parto.

Ahora, desde la distancia, me parece ridículo… ¿cómo no me iba a poner de parto?! Yo estaba de 40 semanas y 4 días, y desesperada quizá por no saber si mi cuerpo funcionaria, desesperada por no saber si mi cuerpo sabría parir (miedo causado por mi innecesaria) estallé en un sinfín de lágrimas. Tanto lloré que creo que liberé toda aquella energía que tenía prisionera, prisionera de mis miedos.

Hacía semanas que lo tenía todo listo y preparado. Limpiaba sobre limpio, ordenaba y volvía a reordenar, revisaba las cosas de la lista que tenía que tener en casa… en fin que, como no había más que hacer si no acabar de disfrutar los días que me quedaban contigo dentro, fuimos en familia a pasear. Recuerdo que me comí un gofre con nutella que me supo a gloria (son aquellos pequeños detalles sin importancia que te quedan grabados para siempre y pasan a ser entrañables).

El Inicio del Parto: Un Cuerpo que Escucha

Me desperté antes de las 3:00h para hacer un pipi y justo cuando me volvía a meter en la cama me dio mi primera contracción, de esas de verdad. Pensé,… ¿esto ha sido una contracción? Si? No? SI, SÍ lo ha sido! Aquella contracción me sorprendió, no me la esperaba y me encantó.

Cuando creí estar de nuevo dormida, otra contracción! Me pregunté, ¿qué hora es? Miré el reloj, eran las 3:10h!!! Sólo habían pasado diez minutos! Sería casualidad,… Intenté dormir. Diez minutos después, otra contracción. Y otra, y otra,… así se iban sucediendo más o menos cada 10-15 minutos, algunas cada 8 u 9 incluso. Aquellas contracciones me hicieron llorar de alegría!!! Síiiii me estaba poniendo de parto!

Sabía que era pronto para decirlo porque todavía era pronto, pero no podía evitar emocionarme. Mi cuerpo me había escuchado, sí estaba funcionando! Entonces recordé lo que tantas veces había leído, duerme entre contracciones y descansa.

Tu papi dormía tranquilamente y no quise decirle nada. Pero a las 6:00h ya no pude aguantar más de la emoción y le medio desperté contándole que tenía contracciones cada diez minutos. Todavía dormido me dijo “vale” y siguió en su letargo. A las 8:00h sonaba el despertador. Por fiiiiiin!!!! Estaba deseando que se enterase tu padre y contárselo a Laia y a Roser.

El Proceso del Parto: Disfrutando Cada Contracción

Había ido contando las contracciones con una aplicación del móvil, eran bastante regulares, más o menos cada diez minutos y duraban unos 30 o 40 segundos. Estaba taaaan feliz! La cosa iba muuuy bien!

Seguimos la rutina de cada día, desayunamos, arreglé a Emma y papi la llevó al cole. Iba controlando si las contracciones seguían siendo regulares o bien se distanciaban o se paraban, cosa que durante el día podía pasar. Pero no fue así, una vez estuvo Emma en el cole las contracciones aumentaron de intensidad y de frecuencia, empezaron a ser cada 7, 8 minutos. Bieeeen! No se paraban! Y aunque pueda parecer increíble, disfrutaba de cada una de ellas.

Me sentía enérgica, pletórica, siempre me había sentido preparada para esto. A las 12’15h. llegaba Emma a casa. Recuerdo que cuando llegó yo estaba tumbada en la cama intentando descansar y dormir un rato, cosa que no conseguí, pues el dolor cada vez era más intenso.

Llegó la hora de irse. La miré a los ojos y me despedí de ella dándole muchos besitos y abrazos. Serían las 13’30 o 14h, comíamos tranquilamente. Hablábamos ilusionados del día tan esperado, ése día que ya había llegado. A mi ya me costaba estar pendiente de contar las contracciones, así que fue Alex quien se encargó a partir de entonces.

Me miraba y casi no hacía falta que le avisara de cuándo venían y cuándo se iban. No recuerdo que comimos, pero sí que ya no me apeteció el postre. Sentía el dolor en la parte baja de mi barriga. Mientras yo iba y venía por casa, Alex comentaba a Roser y a Laia que las contracciones cada vez me molestaban más.

El Refugio en el Agua: Conexión y Silencio

Y ahí empecé a vivir uno de los momentos más bonitos y dulces de ese día. Llenamos la bañera. Encendí tu velita, la que nos acompañó a las dos toda la noche. Me sumergí, el agua caliente relajaba todo mi cuerpo. Y estando allí en silencio, me contemplé. Estaba viviendo lo que tantas veces había imaginado!

Y empecé a creérmelo. Nos quedamos solas, tranquilas, conectándonos. De pronto me sorprendió una música y sentí emoción. Y a partir de aquí empecé a perder la noción del tiempo. Debieron pasar unas dos horas cuando decidí salir de la bañera. Quería cambiar de posición. Eran las 17h.

No sabíamos si ya había llegado el momento de avisar para que vinieran a casa y, justo antes de meterme en la bañera, Roser llamó a Alex para ver que tal estábamos. Me pasó el teléfono pero apenas pude hablar, las contracciones eran muy seguidas y dolían, vaya si dolían!

Llegaron a las 18h., yo seguía en la bañera, se había convertido en mi refugio. Ellas, siempre tranquilas y felices, me animaban diciéndome que lo estaba haciendo muy bien. Íbamos escuchando tu corazoncito. Cerraba los ojos y me dejaba llevar. Me dolía mucho.

Decía en voz alta que no podía y dudaba de si lo estaba haciendo bien. Quería descansar entre contracciones, dormir un rato, sólo eso, pero eran tan seguidas que no me dejaban. Alex me cuidaba, con palabras de ánimo, dándome de beber zumo de manzana, cubriéndome con agua calentita y dándome fuerza cogiéndome de la mano.

De fondo las escuchaba preparar cosas. Otras veces no escuchaba nada, sólo a mí. Estuvimos en la bañera hasta casi las 21 h. Después fuimos a la habitación, me tumbé un rato intentando descansar. Tenía muchas ganas de vomitar, y segundos después lo hice.

Estaba cansada y hacia las 22h decidimos probar la silla de partos. A veces me venían pensamientos como, ¿me quedará mucho? ¿Estaré dilatada? (nunca me hicieron un tacto)… Allí sentada me acompañaba Roser dándome un masaje, yo me apoyaba en ella, después en la cama, agarrando fuerte la mano de Alex.

La Leona Interior: Fuerza y Silencio

Una fuerza dentro de mí apretaba y me hacía rugir como si de una leona se tratase. De mi interior fluían líquidos que me hacían estar más cerca de ti. Eran las 23’15h. cuando me propusieron volver a la cama y me pareció genial.

Me subí a cuatro patas y de nuevo volvió la leona. Aquella que antes rugía ahora se mostraba silenciosa, apenas un leve gruñido, pero con más fuerza que nunca. No sé ni como ni porqué pero me encontré con la cabeza hundida entre cojines y mi cuerpo iba y venía solo.

No hacía falta pensar, ya sabía que hacer, estaba pujando. A cada contracción mi cuerpo se mueve pujando suavemente. Estoy concentrada en mí, en nosotras. Ya no necesito coger la mano de Alex. Me dicen que se le ve el pelito y pienso que ya estoy muy cerca de verte.

Siento el calor húmedo de una gasa en mi periné, me calma. Empiezo a sentir que tu cabecita quiere salir, muy lentamente, muy despacito, muy suave. Siento una fuerza que nunca antes he tenido y aprieto desde lo más hondo de mi ser. Noto como a cada pujo sale un poquito más de tu cabeza.

Me sorprendo de mi misma, me doy cuenta que ya no siento dolor, aunque sí muchas ganas de apretar y dejarte salir. No dejan de repetirme lo bien que lo estoy haciendo y lo poquito que nos queda. Cojo aliento entre contracciones y ahora tu cabecita ya no vuelve a entrar.

Estás casi fuera, me quema, me escuece y parece que me vaya a partir, pero no me duele. Me dicen que sale la cabecita hasta los ojos. Te siento casi fuera y me lleno de poder. Descanso. Y en la siguiente contracción vuelvo a sacar el animal que hay en mí y aprieto como nunca y por fin sale toda tu cabecita.

El Nacimiento: Un Sueño Hecho Realidad

Ya estabas aquí, y con la ayuda de Laia acabaste de salir. Inmediatamente desperté, volví en mí y salí de mi guarida, buscándote, llamándote “ay mi niña”. Te pasaron entre mis piernas y desapareció todo a nuestro alrededor, se paró el mundo y sólo estábamos tú y yo.

Mis manos te sujetaban, desprendías calor, un olor dulce, llorabas y yo te besaba, te hablaba, diciéndote “hola mi cosita linda, ay mi vida y mi corazón… pero qué grande y gordita estás”, “¿pero como eres tan bonita tú?”, “ay que lo ha hecho la mama”, “mi sueño, mi sueño hecho realidad”.

Me sentía grande, ya no estaba cansada, ya no me dolía nada, estaba pletórica, eufórica! Había magia en aquella habitación, nos besamos y abrazamos todos los que estábamos allí. Se escuchaban llantos y risas, se sentía el amor.

Pasado un rato tu papi cortó el cordón, cuando dejó de latir. Poco después de la 1h alumbré la placenta y Laia y Roser me miraron por si tenía algún desgarro, nada de nada! Otro subidón más! Olé yo!

No me lo creo, a la 1’30h., acabada de parir, me estoy duchando. Tengo hambre y me dan un caldito y batido de placenta. Esa noche no pude dormir, estaba demasiado emocionada y alucinada con lo que había hecho.

Ahora, nuestra casa, nuestra habitación, nuestra cama, nuestras sabanas, ya no son las mismas. A mi marido, el que tanto confió en mí, el que tanto me apoyó. Él, sólo él sabe lo que esto ha significado para mí, un sueño que empezó siendo mío y acabó siendo de los dos.

Y… ¿cómo dos personas sin apenas conocerlas acaban teniendo un lugar tan importante en mi vida?!

El Legado de Cristina Aznar: Un Nacimiento sin Violencia

La historia de Martina nos recuerda la importancia de un nacimiento respetado y amoroso. En este contexto, es imposible no mencionar el legado de Cristina Aznar, una ginecóloga que dedicó su vida a promover un "nacimiento sin violencia".

Cristina, tu recuerdo y legado siempre permanecerán en nosotros. En cada uno de nuestros hijos hay algo de ti. Gracias, Cristina. Siempre con la VIDA.

Con 25 años decido ser ginecóloga. Yo tenía 25 años cuando pasé por los partos y vi nacer a los bebés. Me quedé extasiada, me dije: «Esto es un milagro», y me iba a todos los partos que podía a acompañar a las matronas porqué me parecía mágico que de un vientre, de una relación naciera un bebé de esa manera.

Los partos espontáneos eran una maravilla. Y allí yo me involucré muchísimo en el nacimiento, y al terminar mi primer año de especialidad dije: «Nada, yo quiero ser ginecóloga…»

Me llegó el libro de Leboyer El nacimiento sin violencia cuando estaba en el último curso de mi formación universitaria y me quedé alucinando.

Empecé a hablar con matronas que hacían un poquito de preparación al parto porque, claro, ni los papás entraban a los paritorios ni nada, y las madres estaban solas, igual estaban allí con los goteros puestos, las contracciones y las pobres mujeres allí respirando solas. Yo muchas veces me quedaba con ellas, me decía: «¿y esto? Esto es un horror». A mi todo eso me hizo reflexionar mucho, de cómo poder ayudar a que el parto fuera de otra manera.

Cuando estuve en África tuve la suerte de tener toda la mente abierta y de observar la parte instintiva de las mujeres, ver que somos mamíferas realmente.

A partir de allí yo hice toda mi búsqueda… Yo estaba en un puente entre mi aprendizaje hospitalario y mi responsabilidad en un parto en casa como partera yo sola.

En el hospital estábamos acostumbrados a que los expulsivos durarán poquísimo, sin posibilidad de conexión entre la madre y el bebé, sin una respiración consciente ni un acompañar consciente; todo era a mata-caballo, entonces claro, el bebé podía sufrir en ese momento.

Sin embargo, desde mi experiencia, en una apertura final cuando la madre está consciente, cuando acompaña, cuando el bebé es masajeado por toda la musculatura pélvica de la mujer, por toda la respiración, los bebés no sufren cuando nacen; los partos son espontáneos y saludables.

Cristina, eskerrik asko en nombre de todas las criaturas que gracias a ti han llegado a la vida en condiciones más humanas. Te queremos.

El Trauma y la Prevención: La Importancia de la Presencia

En la sanidad pública, en la consulta, yo hacia mucho trabajo de prevención. Por ejemplo, recuerdo a una mujer de Honduras. Le tenía que hacer un tacto por algún motivo y, cuando le iba a hacer el tacto vaginal…una cara de terror… Esta mujer qué habrá vivido, me pregunté.

Me paré, la recogí, le pregunté, “¿qué te ha pasado?” Y me dice: “doctora, me violaron terriblemente”, y digo “pues esto lo tenemos que hablar porque esta imagen va a venir cuando vaya a venir tu bebé. Esto ya forma parte de tu pasado, yo ahora te voy a hacer un tacto y vas a estar conmigo, vas a sentir que no sientes ese dolor que llevas tan profundo…”.

Esta mujer tuvo una epidural, pues en ella era necesaria, era importante que no estuviera tan disociada en el momento del parto con su bebé y que no lo viviera como un proceso tan terrible…

Lo que me da más pena es no estar ahora fuerte para poder transmitir mi conocimiento. Era mi ilusión ahora dedicarme a los cursos, pero… ¿Qué es la prevención?, te preguntan. Prevenir es dar herramientas para que las niñas se sepan defender, estar, compartir, convivir, amar. Es Relación. Es Presencia. Es Contacto.

Ahora me cuesta más hablar de eso por lo que yo tengo… Prevención es la posibilidad de dar un espacio lo más firme posible para que ante la dificultad uno pueda defenderse. Es mi caso, porque ante la dificultad que estoy teniendo, intento estar presente. La muerte me llegará, pero morir con presencia o morir sin presencia, no es lo mismo.

Crecer Juntos: Una Nueva Vida en Familia

Tras el parto la convivencia con el bebé pone patas arriba el plan de vida anterior. Nuevo ritmo vital, nuevas tareas y roles. Conocerse de nuevo como padres y como pareja.

Precisamente cuando se trata del primer hijo el cambio que trae su nacimiento es inmenso. Aunque os hayáis preparado inmejorablemente como pareja y hayáis hablado previamente de todas las transformaciones que iban a producirse, en cuanto llega el bebé muchas cosas resultan ser diferentes de cómo habíais previsto. No se puede planificar cómo os va a sentar esta nueva situación.

Dos se convierten en tres - cómo cambia el bebé la relación de pareja. Tu relación de pareja entra en un plano sentimental enteramente nuevo. Tener un hijo juntos une profundamente. Aunque eso no significa que siempre tengáis que compartir una misma opinión. Pero sí es cierto que básicamente debéis seguir caminos parecidos y buscar valores similares en el día a día en familia.

La fiabilidad simplifica la cotidianidad familiar. Tu hijo necesita que satisfagas sus necesidades de forma fiable y que le proporciones cercanía, alimento y amor. Al principio eso exige que muchas veces aparques tus propias necesidades. Incluso puede ser necesario ponerse de acuerdo para hacer cosas tan simples como ducharse o ir a la compra.

Crecer juntos como familia requiere tiempo y espacio. Sé paciente contigo misma y con tu pareja. El día a día te planteará constantemente nuevos retos, tómate esos desafíos con humor y buen talante. Y, sobre todo, disfruta de forma plenamente consciente de los muchos bellos momentos de felicidad que trae consigo la vida en familia. Asombraos juntos, reíd juntos y deleitaos con hermosos recuerdos.

El Significado Profundo de "Gracias por Nacer"

En resumen, "gracias por nacer" es mucho más que una simple frase. Es un reconocimiento a la vida, al amor, al esfuerzo y al legado que cada persona trae al mundo. Es un agradecimiento por la oportunidad de compartir la existencia y de crecer juntos como individuos y como sociedad.

Cuidar como ha cuidado esta familia el nacimiento de Luna, que murió antes de nacer, significa cuidar un proceso de duelo, cuidarse. Gracias, Cheli, por tu gran generosidad.

Ayer a la madrugada nació Lunita. A las 2.45 de la mañana, el 21 de junio 2013, nació Luna Williamson, después de un parto fácil y demoledor de 5 horas, con hora y media de expulsivo. Pesó 550 grs, incluídos higromas y mantitas que lavó Gaspichus y bordamos Lucas y yo.

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