Gonzalo Fernández de Córdova y el Enigma del Crimen de Los Galindos

El crimen de Los Galindos, una orgía sangrienta que se saldó con cinco personas muertas, sigue siendo un auténtico enigma sin autor conocido casi medio siglo después. Manuel Zapata, Juanita Martín, Ramón Parrilla, José González y Asunción Peralta fueron los protagonistas de uno de los sucesos más oscuros de la crónica negra de España, por la que jamás nadie fue detenido ni, mucho menos, juzgado o condenado. Oficialmente, es un asesinato sin resolver.

Una gran polvareda se levanta por el camino de grava, lleno de socavones, que lleva al cortijo de Los Galindos mientras el coche avanza hacia el caserío que se alza, blanco inmaculado, en mitad de los campos de trigo. La escena se parece mucho a la que se vivió en esta finca del remoto pueblo de Paradas, en Sevilla, hace casi 45 años. De hecho, el paisaje apenas ha cambiado en este tiempo. El 22 de julio de 1975 también llegó un coche por el camino de acceso a la finca levantando polvo a su paso. Un tractor bajó del cerro que domina la hacienda y todo parecía tranquilo. Pero ese día, poco después de que aquel vehículo alcanzase el caserío, empezó una matanza que se saldó con cinco personas muertas, el encargado de Los Galindos, su mujer, otros dos trabajadores y la esposa de uno de ellos, todos asesinados con una violencia extrema, a golpes con una barra de hierro y de los disparos, y culatazos, de una escopeta medio rota.

Vista de Paradas, Sevilla, lugar donde se encuentra el cortijo de Los Galindos.

El coche que ahora sortea los desniveles lo conduce uno de los cinco hijos de Gonzalo Fernández de Córdova y Topete, marqués de Valparaíso y Grañina, comandante retirado del ejército franquista y terrateniente.

Juan Mateo Fernández de Córdova, el mediano de los cinco hijos del marqués y de Mercedes Delgado, su esposa y auténtica propietaria de este cortijo y de toda la fortuna familiar, estuvo en Los Galindos a los pocos días del crimen y quedó marcado para siempre por lo que vio. Ahora regresa con Crónica, tras contar en un libro que él mismo ha escrito la que, dice, es «toda la verdad» y en el que señala directamente a su padre, el marqués, y al militar que ejercía por aquel entonces como administrador, Antonio Gutiérrez. No fueron ellos los autores materiales de los brutales asesinatos, pero sí estuvieron presentes en, al menos, dos de las muertes junto al asesino, al que encubrieron durante toda su vida.

El hijo del marqués incrimina en El crimen de los Galindos. Toda la verdad (Editorial Almuzara) no sólo a su padre y a «don Antonio», que era como se conocía al administrador, sino también a su propia madre, la marquesa de la Grañina, que habría encubierto a su marido y borrado pruebas clave, además de callar hasta su muerte todo lo que sabía.

Mientras deja el todoterreno justo a la entrada de la finca asegura que decidió escribir el libro y desvelar los secretos que su familia ha guardado casi medio siglo con dos objetivos. El primero, reivindicar la memoria y la inocencia de las cinco víctimas de aquel salvaje asesinato, personas a las que conocía bien e, incluso, en el caso de Juana, consideraba casi de la familia. El segundo propósito es remover las conciencias de quienes de verdad saben lo que hubo detrás de aquel crimen, incitarles a que hablen y pueda, así, encajar todas las piezas del puzzle y cerrar, de una vez por todas, un episodio que marcó a su familia pero especialmente a las de los asesinados, algunos de los cuales fueron señalados como sospechosos, y a todo el pueblo de Paradas, epicentro durante todas estas décadas del morbo que siempre ha suscitado el crimen de Los Galindos y que alcanzó su culmen con la película Los invitados, de Víctor Barrera, basada en el libro homónimo de Alfonso Grosso.

Juan Mateo admite que durante años se ha «comido el coco» con lo que sucedió en la finca familiar, que nunca terminó de creerse las sucesivas teorías que trataron de explicar el crimen, algunas de ellas urdidas por el propio marqués. Siempre sospechó, pero no fue hasta la muerte de su padre cuando tuvo la certeza, afirma, de su participación.

Cuenta en el libro, y ahora a viva voz, cómo la marquesa le soltó que parecía mentira que hubiese «gente tan malvada y que se vayan de rositas». Se refería a su marido y, acto seguido, le confesó que ella misma había encontrado y borrado una prueba que habría llevado al marqués a la cárcel, un gran rastro de sangre que su padre y don Antonio habrían dejado por descuido en la casa principal de Los Galindos y que probaba que los dos habían escondido allí el cuerpo del primero de los asesinados, el capataz Manuel Zapata.

Pero ¿por qué un marqués, que lo tenía todo, se vio envuelto en un suceso tan espeluznante? Ahí es donde su hijo despliega una teoría hasta ahora inédita, un móvil desconocido y al que Juan Mateo Fernández de Córdova apunta sin titubear.

El encargado de la finca, Zapata, estaba al tanto de lo que ocurría y el día en el que fue asesinado se disponía a tirar de la manta y descubrir los tejemanejes del marqués. Enterado éste de sus intenciones, decidió que había que actuar rápido para tratar de callarlo. En principio, «sólo le querían dar un susto» y sobornarle, pero aquello se le fue de las manos a la tercera persona que, junto al marqués y al administrador, aquel 22 de julio de 1975 fue a ver al encargado de Los Galindos.

En el libro, el hijo del marqués le llama Curro, un «animal», describe muy gráficamente, al que habrían enviado desde Utrera para ayudar a silenciar a Zapata y que en lugar de eso acabó con su vida y luego con la de su mujer. A partir de ahí, lo que siguió fue una auténtica matanza en la que sucumbió todo aquel que podía resultar un testigo incómodo y peligroso.

Su padre, asegura, fue extorsionado después del crimen y durante toda su vida por aquéllos que se beneficiaron de los asesinatos y del fraude millonario sobre el que hicieron fortuna.

El marqués, cuenta su hijo, se vio obligado a renunciar a 11 millones de pesetas de las de entonces -calcula que ahora sería un millón largo de euros- que la familia tenía en la caja de ahorros y a abandonar a su familia y su vida en Sevilla para desaparecer en Jerez de la Frontera.

Los nombres de los responsables no aparecen en el libro, aunque el aristócrata dice que los conoce pero que no los desvela porque le faltan las pruebas definitivas, las mismas que aspira a recibir tras publicarlo. «No me voy a parar, no voy a parar», advierte, hasta desentrañar todo el misterio y con ese objetivo ha organizado el próximo 6 de febrero en Utrera un encuentro más dirigido a posibles informantes que a lectores.

Que el crimen de Los Galindos siga siendo eso, un misterio, casi 50 años después se explica más que por la pericia del asesino o los asesinos, por el desastre que fue la investigación inicial de la Guardia Civil. «No fue un crimen perfecto, fue una chapuza», sentencia Juan Mateo, que describe cómo en cuestión de horas tras descubrirse los primeros cuerpos el cortijo se convirtió en una «feria» a la que acudió medio pueblo de Paradas.

Zapico no le da demasiada credibilidad a la versión que cuenta Juan Mateo Fernández de Córdova, pero sí coincide en algo con él. «Siempre sospechamos que el marqués lo sabía todo», cuenta a Crónica en la Peña Sevillista de Marchena, a la que acude cada día junto a su mujer a desayunar.

«Tieso, huesudo, con su bigote militar y muy autoritario, llevaba siempre unas botas altas». Así recuerda el agente judicial jubilado al marqués de la Grañina, al que vio el mismo día de los hechos en Los Galindos y que antes que colaborar con las autoridades enmarañó el caso con teorías a cual más disparatada.

Ni un solo día de aquellos que Zapico fue a la finca con el juez -el primero fue el sustituto del juez de paz y luego vinieron otros cuantos- vio titubear al marqués.

Gonzalo Fernández de Córdoba y Morales

Además de su implicación en el caso de Los Galindos, es importante destacar la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba y Morales, Catedrático de Derecho Internacional en las Universidades de Salamanca, Valladolid y Granada. IV Marqués de Ruchena. Fue el lider del Partido Conservador independiente de Loja durante la Restauración, conocido como los “gonzalistas”.

  • Nació el 27 de octubre de 1881 en Loja, Granada.
  • Sus padres fueron Gonzalo Fernández de Córdoba y López de Vinuesa, rentista, natural de Loja y Elisa Morales Uceda, natural de Manila.
  • Contrajo matrimonio con María del Rosario Moreno Agrela.
  • Murió el 20 de abril de 1955, a los 73 años, en Madrid, tras una rápida enfermedad.

62. El crimen de los Galindos (Andalucía, 1975) - Parte 2

Loja, Granada - Lugar de nacimiento de Gonzalo Fernández de Córdoba y Morales.

Acabó sus estudios de secundaria en el Instituto de Granada, el 8 de mayo de 1898, obteniendo la calificación de Aprobado. Ese mismo año comenzó los estudios de Derecho en la Universidad de Granada. Terminó sus estudios de licenciatura el 16 de junio de 1903, obteniendo el título el 10 de mayo de 1904 con la calificación de Sobresaliente con premio extraordinario.

Realizó los estudios de doctorado en la Universidad Central. Su memoria doctoral se tituló: “Investigación de un criterio que sirva para determinar la ley que compete a las relaciones jurídicas”. La memoria mereció la calificación de Sobresaliente, el 14 de diciembre de 1904.

Ingresó por oposición en la cátedra de Derecho Internacional Público y Privado de la Universidad de Salamanca el 16 de marzo de 1907. Tomó posesión de la misma el 26 de marzo siguiente. El título de catedrático le fue expedido el 29 de julio de 1907.

Diputado en las Cortes Generales por el distrito de Loja en 1918, 1919, 1920 y en 1923. previamente se había presentado a las elecciones en 1913 como líder del Partido independiente conservador, escindido del Partido Conservador, y conocido como Partido “Gonzista”. Aunque fue elegido, su elección fue anulada por el gobierno y se dieron por vencedores a los candidatos del Partido Conservador tradicional.

Recibió la Medalla de plata conmemorativa de la jura de S. M. D. En 1951 se le otorgó la Orden de Alfonso X el Sabio, como premio a los servicios universitarios prestados durante 44 años.

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