Giorgio de Chirico: Biografía del Pintor Italiano Fundador de la Pintura Metafísica

El autor de esta obra es Giorgio de Chirico, pintor italiano nacido en Grecia, de padres italianos (1888-1978). Inquietante, polémica, transgresora, enigmática, cambiante, así era la personalidad de Giorgio de Chirico. Es reconocido por haber fundado el movimiento artístico “Scuola metafísica”.

Autorretrato de Giorgio de Chirico, 1913

Primeros Años y Formación

De origen italiano, Chirico nació accidentalmente en Grecia, donde estaba destinado su padre, un ingeniero florentino. Se mudó a Italia con seis años. Estudió Arte en Atenas y Florencia, mudándose a Alemania en 1906, donde ingresó a la Academia de Bellas Artes de Múnich. Entre 1906 y 1909 se instaló en Múnich junto a su hermano Andrea, también pintor ―conocido posteriormente como Alberto Savinio (1891-1952)―, donde asistió a la Academia de Bellas Artes.

Allí conoció el pensamiento y obras de los filósofos Nietzsche y Schopenhauer, los que, entre otros, influenciaron su estilo de pintura. Recibió entonces una gran influencia de la literatura, la filosofía y la pintura romántica alemana, especialmente de la obra del suizo Arnold Böcklin (1827-1901).

El Periodo Metafísico

Las obras que pintó entre 1909 y 1914 son las que le han dado mayor reconocimiento. Este periodo se conoce como el periodo metafísico. Al inicio de éste, pintaba pasajes urbanos inspirados en las ciudades mediterráneas y luego evolucionó hacia cuartos atiborrados de objetos, habitados a veces por maniquíes.

Piazza d'Italia con statua (1913)

Instalado en París, expuso en 1913 en el Salón de los Independientes, donde Guillaume Apollinaire denominaría su obra «pinturas metafísicas». El escritor Guillaume Apollinaire alabó el trabajo de Chirico y le ayudó a presentarlo al grupo que más tarde se dedicaría al Surrealismo.

Durante la guerra fue ingresado en un hospital psiquiátrico en Ferrara, donde conoció al artista adscrito al movimiento futurista Carlo Carrá (1881-1966), quien pronto se convertíría en el otro gran protagonista de la pintura metafísica. Ambos, Carrá y De Chirico, decidieron formular la estética de una pintura metafísica que proyectase espacios llenos de una profunda melancolía, una enorme soledad y una inquietud difícil de definir.

Por aquella época Carrá se encontraba tratándose, en una clínica, de una afección nerviosa y, cuando los médicos vieron sus obras y las de De Chirico, estuvieron de acuerdo en que ambos necesitaban tratamiento. Tras la contienda se instaló en Roma, donde participó activamente en los círculos intelectuales y artísticos.

Firmó entonces un contrato con la revista Valori Plastici, donde se publicaban numerosas referencias a su obra por escritores como André Breton. Por entonces su nombre ya contaba con el reconocimiento internacional, pese a las duras críticas que recibiría de los surrealistas, que fijaban exclusivamente su interés en su obra de 1917-18.

Sus lienzos se llenan de plazas al estilo renacentista, de columnatas griegas, de torres de alturas eternas… y la gama cromática empleada, de matices terrosos, acentúa aun más ese matiz de irrealidad. De Chirico pasará a la posteridad como un inventor de ciudades que nada tienen que ver con el bullicio, los contrastes y el ímpetu de las metrópolis futuristas. Son urbes intemporales, desconcertantes, casi silenciosas. Perpetuas y cambiantes al tiempo; urbes que esconden un profundo enigma al espectador.

Pero no todo es arquitectura en la obra de Giorgio de Chirico: como si de un escenario se tratase, el pintor va a poblar estos espacios de una multitud de objetos y personajes peculiares, de entre los que destacan los maniquís, trasunto del hombre-autómata moderno, y las sombras, inquietante símbolo del destino humano. A través de toda esta compleja escenografía teatral, de Chirico, casi sin darse cuenta, anticipa muchos de los movimientos arquitectónicos modernos.

Las atracciones turísticas adoptan formas demoniacas y los objetos desarrollan vida propia, perturbadora y enigmática. El espectador es obligado a percibir realidades oníricas y secundarias y a implicarse en su interpretación. Objetos muy diversos se agrupan en sus interiores metafísicos: fragmentos de esculturas clásicas, moldes de yeso, guantes de goma, vegetales, frutos, pasteles, aparatos científicos… Entre ellos, o tras los mismos, surgen espacios vacíos que con el tiempo se van reduciendo o limitando, como si De Chirico hubiese empezado a temer el aliento frío de la nada que previamente había invocado.

Obras Notables del Periodo Metafísico

  • El enigma de una tarde de otoño (1910)
  • La nostalgia del infinito (1912)
  • La gran torre (1913)
  • Canto de amor (1914)
  • El enigma de la fatalidad (1914)
  • La melancolía y el misterio de una calle (1914)

Le muse inquietanti (1917-18)

Las Musas Inquietantes es la obra más famosa de Giorgio de Chirico. Dos maniquíes con cabezas de huevo están sentados en medio de una plaza con un castillo al fondo, el Palacio de Este en Ferrara, la ciudad donde el pintor italiano vivía en 1918. Los maniquíes proyectan sombras largas. En el fondo se ve una fábrica. De Chirico pintó este cuadro después de haber pasado unos años en París.

La sposa fedele (1917)

Influencia y Legado

Modelo a seguir por los surrealistas, quienes han llegado a integrarlo en su grupo a finales de la década de los años veinte, de Chirico da un brusco giro a su obra artística, decantándose por un academicismo de dudosa calidad y que le ha valido más de una crítica. Posteriormente, abandonó el estilo metafísico y desarrolló obras más realistas, que tuvieron menor éxito que las primeras.

Ya en 1919 había defendido una vuelta a la tradición, introduciendo así un arte ampliamente adoptado tras la I Guerra Mundial, en la etapa del retorno al orden. En el mismo año 1919 en que escribió Nosotros, los metafísicos, publicó otro ensayo que sería decisivo en el futuro: El retorno a la artesanía, cuya penúltima frase era Pictor classicus sum.

Cuando André Breton, fundador y principal exponente del surrealismo, vio por primera vez una obra de Giorgio de Chirico, en este caso El cerebro del niño (1914), saltó del autobús hacia el escaparate y se quedó fascinado. A Tanguy le sucedió algo semejante. Max Ernst calificó su encuentro con el mundo del pintor italiano como algo decisivo para su futuro. La obra de De Chirico influiría profundamente en el Surrealismo (aunque la relación del artista con los integrantes de este movimiento, a los que llegó a tachar de "cretinos y hostiles", no sería precisamente fluida), sobre todo en el estilo de pintores tan representativos como Salvador Dalí y René Magritte, quien describió su primera visión de La canción de amor de De Chirico como "uno de los momentos más conmovedores de mi vida".

Conocido sobre todo por su pintura metafísica, un término que acuñó el poeta Apollinaire refiriéndose a lo que hay más allá de la apariencia sensible de los fenómenos, el artista ha pasado a la historia del arte como precursor de un mundo extraño, solitario e infinito.

Piazza d´Italia (Souvenir d´Italie), 1924-1925

La aventura artística del pintor padeció la incomprensión, el rechazo, la soledad y las críticas. Personalmente, he de reconocer que desconocía muchas de sus facetas. Casi todos habremos visto sus plazas de Italia, las perspectivas solitarias y los maniquíes, pero quizás nos hemos quedado en la superficie y no hemos ido más allá.

GIORGIO de CHIRICO - Profeta de la pintura.

Últimos Años y Fallecimiento

La última etapa artística de De Chirico es, curiosamente, absolutamente distinta. El artista se sumergió en el clasicismo mitológico y abandonó el arte metafísico. Molesto porque pensaba que su obra en ese momento era mucho más madura que la de juventud, De Chirico pensó engañarlos produciendo varias obras de estilo metafísico, a las que fechó antes de 1920. De paso, también las puso a la venta.

En 1945, De Chirico publicó sus memorias, y siguió trabajando sin descanso durante toda su vida, siendo extraordinariamente prolífico incluso cuando ya tenía casi 90 años. En 1974, De Chirico fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia y murió en Roma el 20 de noviembre de 1978.

La exposición reúne 143 piezas entre lienzos, dibujos, litografías y esculturas. Las Musas Inquietanteas acaba de ser expuesta en el CaixaForum de Madrid, donde se ha inaugurado El mundo de Giorgio de Chirico. Sueño o realidad. La exposición, la mayor antología del artista en España, cuenta con el apoyo de la Fundación Giorgio e Isa de Chirico. Llega a la capital española después de su paso por Barcelona.

Giorgio de Chirico fue un solitario. Aclamado como el padre del surrealismo por Breton, fue repudiado y denostado cuando el pintor italiano dejó la vanguardia para seguir su viaje en el mundo del arte por cuenta propria. Llamó a su estilo “pintura metafísica”, más allá de la realidad. “Si la pintura surrealista a menudo es angustiosa, los lienzos de de Chirico son inquietantes. Son el retrato de un espacio y un tiempo mental indeterminado”, dice a El Independiente Mariastella Margozzi, comisaria de la exposición.

Toda la obra de de Chirico se desarrolla alrededor del concepto de clásico. No sólo por la pericia en el oficio de la pintura. El artista recupera los temas y de las formas del mundo grecorromano, se remonta al Renacimiento en las arquitecturas geométricas perfectamente dibujadas y repasa los principales maestros del retrato del siglo XVIII.

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