La historia está repleta de grandes mujeres que marcaron un antes y un después con la intención de romper con los límites impuestos. Hay deportistas que decidieron luchar por sus derechos en un momento en el que parecían tener todos los límites para poder cumplir sus sueños o cuando se oponían a la idea de que pudiesen participar en un mundo que parecía reservado para los hombres. Gertrude Ederle (Estados Unidos, 23 de octubre de 1905 - Nueva Jersey, 30 de noviembre de 2003) fue una nadadora estadounidense especializada en pruebas de estilo libre.
La historia de Gertrude está definida, sobre todo, por la superación. Se trata de una mujer neoyorquina de ascendencia alemana y la cual fue apodada como la reina de las olas. En su niñez, la joven Gertrude superó un sarampión que la debilitó hasta pensar que no podría superarlo. Sin embargo, su fuerza y voluntad acabó por provocar que siguiese adelante.
Otro obstáculo en la vida se presentó cuando sufrió un accidente en el lago antes de aprender a nadar, algo que la impulsó a forjar su carácter e instinto de superación. Pese a todo, ella tenía claro a qué quería dedicarse. Fue aquí cuando siguió entrenando hasta perfeccionar un estilo que la caracterizaba al moverse con comodidad por el agua, como si fuese parte de ella.
De este modo, cuando apenas tenía 12 años, logró ganar a mujeres mayores que ella en una competición junior. A sus 15 años batió sus primeros récords, hasta lograr mantener durante cinco años un total de 29 marcas nacionales y mundiales.
En agosto de 1926 aceptó un nuevo reto. Aquí se lanzó al mar desde el cabo de Gris Nez en Francia, momento en el que se convirtió en la primera mujer en cruzar a nado el Canal de la Mancha. De hecho, fue todo un logro teniendo en cuenta que había bandera roja debido a las fuertes corrientes y lluvia, lo que la alejó del recorrido establecido 33 kilómetros.
Con menos de 20 años, recorrió la distancia que separa Francia de Inglaterra en 14 horas y 31 minutos a crawl, superando la marca de los cinco hombres que habían conseguido cruzar a nado el Canal de la Mancha. Y si bien en el año 1961 otra mujer le logró arrebatar el récord por el tiempo, también se destaca el hecho de que esta recorrió una distancia menor.
Sus hazañas deben ser recordadas, sobre todo porque es una historia de superación constante.
Los Juegos Olímpicos de París 1924
Así, fue elegida para los Juegos Olímpicos de París de 1924, una experiencia que se refleja de forma negativa en 'La joven y el mar'. La nadadora no parecía estar a la altura de las enormes expectativas que se pusieron sobre sus hombros, y eso provocó una falta de confianza en su carrera de cara al futuro. En la vida real, ganó tres medallas olímpicas (una de oro en el relevo 4x100m estilo libre, y dos bronces en los 100m y 400m estilo libre) para el equipo de EE.UU.
Tras nadar más de 35 km desde Manhattan hasta Sandy Hook (Nueva Jersey) ese mismo año, Trudy, de 19 años, se propuso convertirse en la primera mujer en cruzar a nado el Canal de la Mancha. Apoyada por la WSA, su primer intento fue el 18 de agosto de 1925, pero nunca llegó a terminarlo.
Su entrenador, Jabez Wolffe (Christopher Eccleston en la película), un nadador retirado que había intentado cruzar el canal 22 veces sin éxito, la sacó del agua, diciendo que era por su seguridad. Según el libro de Glenn Stout, Ederle no estaba de acuerdo con la decisión de Wolffe y creía que había intentado sabotearla. En la película, el entrenador 'enferma' a Trudy con un poco de té, pero no hay pruebas de que esto ocurriera en la vida real.
Una diferencia importante entre la película y la realidad es el tiempo que transcurre entre el primer y el segundo intento de Trudy. En 'La joven y el mar', lo repite a los pocos días de fallar; en la vida real pasó un año. Había cambiado de entrenador, ahora era Bill Burgess (Stephen Graham), que fue el segundo hombre en cruzar a nado el Canal de la Mancha.
Burgess aprendió a superar todos los obstáculos de los 33 kilómetros que separan Cap Gris-Nez (Francia) de Kingsdown (Kent). Trudy se lanzó al agua el 6 de agosto de 1926 y llegó a su destino 14 horas y 34 minutos después, batiendo en dos horas el récord masculino.
El Regreso a Estados Unidos
Su hazaña le convirtió en una celebridad. A su regreso, se convocó un desfile por Manhattan y le llamaban la 'Reina de las Olas'.
El bañador
Otro de los momentos que recuerda 'La joven y el mar' es cuando Trudy empieza a tener problemas con su traje de baño porque le hace daño y su hermana le ayuda a adaptarlo para que le sea más cómodo.
“Llevaba un bañador de una sola pieza, holgado y pesado, que se llenaba de agua todo el tiempo mientras nadaba. Debía ser, eso sí, lo suficientemente “decoroso por si fallaba [en su intento de cruzar el Canal]” y la tuviesen que “sacar a rastras”, como explicaba ella misma.
El Retiro y su Legado
Lamentablemente, en el año 1933 se vio obligada a retirarse debido a la sordera que arrastraba a causa del sarampión de su niñez así como una trágica caída. Sin embargo, en el año 1939 aceptó nadar en la Feria Mundial de Nueva York el largo de la piscina, siendo aplaudida por todo el púbilico. Y de hecho, su fortaleza y pasión por este deporte la llevó a comenzar a enseñar a nadar a los niños y niñas sordos de una escuela de sordos de Nueva York.
Aunque se recicló en actriz de teatro y cine, no fue personaje público durante mucho tiempo debido a una lesión en la columna vertebral en 1933 y a sus problemas auditivos, que fueron empeorando. Como se señala en los créditos finales de la película, Trudy se convirtió en profesora de natación para niños sordos. Gertrude Ederle murió en 2003 a los 98 años en una residencia de ancianos de Nueva Jersey.
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Otras Pioneras en el Deporte Femenino
Charlotte Cooper
En 1900, cuando se celebraron los Juegos Olímpicos en París, la participación de las mujeres estaba severamente limitada, restringiéndose a unas pocas categorías, entre ellas el tenis. En este contexto, una deportista británica destacó y dejó una huella imborrable en la historia del deporte: Charlotte Cooper.
Charlotte nació el 22 de septiembre de 1870 en Ealing, Inglaterra. Desde joven mostró un talento excepcional para el tenis que la llevó a conquistar múltiples títulos en Wimbledon y también a alzarse con la medalla de oro en la categoría individual femenina en los Juegos Olímpicos de 1900.
Cooper también se llevó la medalla de oro en dobles mixtos junto a su compatriota Reginald Doherty, consolidando su lugar en la historia olímpica.
Tras su éxito en París, Charlotte Cooper continuó compitiendo al más alto nivel en el tenis. No solo ganó varios títulos adicionales en Wimbledon, sino que también se mantuvo activa en el deporte durante muchos años, contribuyendo significativamente al crecimiento y reconocimiento del tenis femenino.
Alice Milliat
Alice Milliat, una remadora francesa nacida el 5 de mayo de 1884, es una figura crucial en la historia del deporte femenino y una pionera en la lucha por la igualdad de género en los Juegos Olímpicos.
En una época donde el deporte era dominado por hombres y las mujeres eran excluidas de muchas competencias, Milliat logró fundar la Federación Femenina de Deporte (Fédération Sportive Féminine Internationale, FSFI) en 1921, con el objetivo de promover y organizar competiciones deportivas para mujeres.
Un año después, en 1922, Milliat tomó una decisión audaz al crear los Juegos Mundiales Femeninos. Este evento, organizado en París, reunió a atletas de Francia, Reino Unido, Checoslovaquia, Suiza y Estados Unidos. El éxito del evento fue incuestionable y demostró que las mujeres no solo estaban dispuestas sino también perfectamente capacitadas para competir al más alto nivel al batir varios records mundiales.
El impacto de los Juegos Mundiales Femeninos fue significativo y puso presión sobre el Comité Olímpico Internacional (COI) y su presidente, Pierre de Coubertin, quien se había opuesto firmemente a la participación de las mujeres en los Juegos Olímpicos. La determinación y los esfuerzos de Milliat fueron clave para cambiar esta perspectiva. Finalmente, en 1928, cinco pruebas femeninas de atletismo fueron admitidas en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam.
Para Milliat, no fue suficiente, ya que a los hombres se les permitía competir en 22 pruebas, pero marcó el inicio de una nueva era de inclusión y reconocimiento para las atletas femeninas en el ámbito olímpico. Aunque Alice Milliat nunca ganó una medalla olímpica como atleta, su logro en la promoción de la igualdad de género en el deporte es incuestionable.
Su trabajo culminó en su inclusión como la primera mujer en formar parte de un jurado olímpico, un reconocimiento a su enorme contribución al movimiento olímpico y a los derechos de las mujeres en el deporte.
Megan Rapinoe
Megan Rapinoe, nacida el 5 de julio de 1985 en Redding, California, es una figura icónica en el fútbol internacional y una influyente activista social. Conocida por su habilidad excepcional en el campo y su firme compromiso con la justicia social, Rapinoe ha dejado una marca indeleble tanto en el deporte como en la lucha por la igualdad.
A lo largo de su carrera, Rapinoe ha cosechado numerosos éxitos como la Copa Mundial Femenina de la FIFA en 2015 y 2019. En 2019, además, fue galardonada con el Balón de Oro Femenino y recibió el premio The Best de la FIFA a la mejor jugadora del año, no solo por su desempeño en el campo, sino también por su influencia fuera de él. En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Rapinoe y su equipo se alzaron con la medalla de oro, consolidando su estatus como una de las mejores futbolistas del mundo.
Pero Megan Rapinoe es mucho más que una atleta de élite. A lo largo de los años, ha sido una firme defensora de los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTIQ+. Rapinoe ha utilizado su plataforma para promover la igualdad y la inclusión, convirtiéndose en un modelo a seguir para muchas personas. Su legado va más allá de los títulos y trofeos, impulsando la lucha por la igualdad y los derechos humanos. Como una verdadera pionera, Rapinoe ha demostrado que el deporte puede ser una poderosa herramienta para el cambio social, y su influencia seguirá inspirando a las futuras generaciones de atletas y activistas.
Rafaela Silva
Rafaela Silva, nacida el 24 de abril de 1992 en la favela Cidade de Deus en Río de Janeiro, Brasil, es una de las judocas más destacadas del mundo y un símbolo de resiliencia y superación. Su camino hacia el oro olímpico en los Juegos de Río 2016 estuvo marcado por numerosos desafíos, incluyendo la discriminación y la violencia.
Desde temprana edad, Silva mostró un gran talento para el judo. Empezó a practicar este deporte a los siete años como una forma de mantenerse alejada de la violencia y las tentaciones que rodeaban su entorno. Su talento y determinación la llevaron a competir a nivel internacional, y rápidamente ascendió en los rankings mundiales de judo.
En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Silva se perfilaba como una de las favoritas para ganar una medalla. Sin embargo, su sueño se vio truncado cuando fue eliminada en la segunda ronda. Lo que siguió fue una ola de críticas despiadadas en las redes sociales, donde fue objeto de ataques racistas y fue llamada "mono" y “el lugar de la mona es la jaula”, entre otros insultos.
A pesar de esta adversidad, Silva encontró la fuerza para seguir adelante. La culminación de su esfuerzo y perseverancia llegó en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Compitiendo en su ciudad natal, Silva se enfrentó a algunas de las mejores judocas del mundo y, con una técnica impecable, ganó la medalla de oro en la categoría de 57 kg, convirtiéndose en la primera mujer brasileña en ganar una medalla de oro en peso ligero en judo.
Tras su victoria, Silva tuvo una poderosa respuesta para sus detractores: “Quiero mostrar a los que me criticaron en Londres, los que dijeron que soy una vergüenza para mi familia y que un mono pertenece a una jaula y no a las Olimpiadas, que ese mono que se suponía debía estar en una jaula en Londres ha salido de esa jaula y ahora es una campeona olímpica”.
Con estas palabras, Silva no solo celebró su triunfo, sino que también reivindicó su identidad y dignidad, enviando un mensaje claro contra el racismo y la discriminación.
Rafaela Silva no solo es una campeona olímpica, sino también un símbolo de la lucha contra la adversidad y la injusticia.
