La placenta es un órgano materno-fetal que se desarrolla durante el embarazo, ubicado en el útero. Esta estructura se encarga de suplir las necesidades básicas del feto a través de la madre: la respiración, la alimentación y la excreción. Algunos problemas pueden surgir como consecuencia de alteraciones en la placenta, siendo las complicaciones en la placenta una causa común de parto prematuro y, en no pocas ocasiones, de cesárea. La placenta previa y el desprendimiento prematuro de placenta son las complicaciones más comunes de este órgano, imprescindible para la vida intrauterina del bebé.
¿Qué es la Placenta?
La placenta es un órgano que se desarrolla en el útero durante el embarazo con el propósito de nutrir al feto. De la placenta sale el cordón umbilical que conecta a la madre con el bebé. A través del cordón umbilical, la placenta suministra al bebé nutrientes vitales y sangre rica en oxígeno. Es la encargada de eliminar los productos de desecho de la sangre del bebé, enviándolos al torrente sanguíneo de la madre.
Partes que Componen la Placenta
- Parte Materna: Es la más extensa, con tejido materno, la decidua basal con los vasos y glándulas uterinas, y tejido embriónico.
- Parte Fetal: Cuyo nombre es trofoblasto. Su evolución da lugar a la placa corial.
Madurez de la Placenta
La placenta es un órgano con un ciclo de vida muy corto, ya que dura lo mismo que el embarazo. Por tanto, la madurez de la placenta es su edad, que nada tiene que ver con la edad de la mujer. El estado de madurez se mide en cuatro grados según va evolucionando. Para ello se tienen en cuenta las calcificaciones intraplacentarias. Esto se puede ver en las ecografías.
- Placenta en grado 0: la placa corial y la placa basal se ven homogéneas.
- Placenta grado 1: Se aprecian zonas de color blanco en la ecografía.
- Placenta grado 3: tiene grandes depósitos de calcio en todos los niveles.
Según avanza el embarazo la placenta va envejeciendo, lo cual entra dentro de la normalidad. Lo que puede ser preocupante es que lo haga antes de tiempo, porque el bebé podría no recibir los nutrientes suficientes. Es entonces cuando se habla de una placenta envejecida o hipermadura.
Placenta Previa
Uno de estos casos es la placenta previa, que se produce cuando ésta crece en la parte más baja del útero y cubre toda la abertura del cuello uterino o parte de ella. La placenta previa afecta a un 0,4 o 0,5% de las embarazadas. Ocurre cuando la placenta tapona el canal del parto parcial o totalmente.
Tipos de Placenta Previa
A medida que avanza la gestación y el útero crece, la placenta se va desplazando por el útero. Durante los primeros meses de embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte más baja del útero, pero conforme avanzan las semanas de embarazo, la placenta va creciendo y situándose en la parte superior. Una vez llega el tercer trimestre de embarazo, la placenta mide unos 22 cm y pesa alrededor de 0,5 kg. En este momento de la gestación, la placenta deberá estar ya en la parte superior del útero para dejar libre el canal del parto.
Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa, en el que se pueden diferenciar los siguientes tipos:
- Placenta de inserción baja: la placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino.
- Placenta previa marginal: la placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura.
- Placenta previa parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical.
- Placenta previa total: la placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.
Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen ´dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.
Oclusiva total: en este caso, la placenta tapa totalmente el cuello del útero.
Oclusiva parcial: La placenta no obstruye totalmente el cuello.
Causas de la Placenta Previa
La causa exacta de la placenta previa es desconocida. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta. No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación. Son los siguientes:
- Malformaciones uterinas
- Embarazo gemelar o embarazo múltiple
- Haber tenido varios embarazos previamente
- Poco tiempo entre dos partos
- Haber tenido un parto previo por cesárea
- Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas
- Edad materna avanzada
- Tabaco y abuso de cocaína
La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación.
Diagnóstico de la Placenta Previa
La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no. Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande. Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.
Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema. La evolución de esta complicación dependerá de la intensidad de los sangrados y de la semana exacta de embarazo. La probabilidad de tener placenta previa en el momento del parto aumenta en función de la edad gestacional. En concreto, alrededor del 70% de las mujeres presentará placenta previa en el momento de dar a luz si el diagnóstico se hace a partir de las 30 semanas. También es más probable que persista si se trata de una placenta previa completa, en lugar de una marginal o parcial.
Síntomas y Tratamiento de la Placenta Previa
La mayoría de mujeres con placenta previa antes de la semana 20 de gestación son asintomáticas. Los síntomas de placenta previa se suelen presentar cuando ésta persiste en un estado más avanzado del embarazo, a partir de las 20 semanas. El principal síntoma es la hemorragia vaginal indolora de sangre roja brillante y de intensidad variable.
El sangrado ocurre porque el cuello uterino comienza a dilatarse y rompe los vasos sanguíneos de la placenta y del área donde está implantada. Este sangrado puede detenerse por sí solo y volver a empezar unos días después. En ocasiones, el sangrado vaginal no ocurre hasta el comienzo del trabajo de parto.
En función de la intensidad de la hemorragia vaginal y el tipo de placenta previa, la manera de proceder será la siguiente:
- Sangrado leve y placenta previa baja o marginal: el médico mandará reposo absoluto en cama, reducir actividades y descansar la pelvis, lo que implica no mantener relaciones sexuales ni usar tampones.
- Sangrado abundante y placenta previa parcial o total: es probable que la mujer sea hospitalizada para estar más vigilada y tratada con transfusiones de sangre. El aumento de sangrado puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé.
A continuación, el médico tendrá que tomar una decisión sobre el tipo de parto, que en la mayoría de casos será programado.
Si la placenta ocluye todo o casi todo el cuello uterino “habrá que realizar una cesárea por el riesgo de hemorragia”, señala la Dra. Normalmente si no ha habido episodios de sangrado abundante se programa la cesárea en cuanto el bebé alcanza el término, es decir, en la semanas 37 o 38.
Parto con Placenta Previa
La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad. En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.
En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé. En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.
Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea.
Desprendimiento Prematuro de Placenta
El desprendimiento prematuro de placenta es otra complicación grave del embarazo sucede cuando la placenta se desprende de la pared uterina antes de que nazca el bebé o incluso antes de que se inicie el parto. Es una complicación poco común pero grave del embarazo. Si la placenta se desprende de la pared interna del útero, ya sea total o parcialmente, puede provocar importantes hemorragias en la madre, a la vez que deja de cumplir total o parcialmente su importante cometido. Por lo tanto es importante que sea tratada de inmediato. Puede ocurrir en cualquier momento después de las 20 semanas de gestación.
El desprendimiento prematuro de placenta tiene peor pronóstico y es una complicación muy grave. Por algún motivo, la placenta se despega de la pared uterina antes del parto. “No se sabe con exactitud las causas del desprendimiento de la placenta cuando está normalmente insertada . Un traumatismo abdominal puede provocarlo, pero deber ser de alta intensidad, como un accidente de tráfico.
Síntomas del Desprendimiento de Placenta
Las principales señales del desprendimiento de placenta son la hemorragia vaginal y contracciones uterinas de gran intensidad. La cantidad de sangrado variará según la magnitud de placenta desprendida. Por ejemplo, si se produce un desprendimiento de placenta leve, el sangrado será ligero. En cambio, si se produce un desprendimiento de placenta elevado, el sangrado será abundante.
A continuación, se enumeran otros síntomas que se asocian al desprendimiento de la placenta en el embarazo:
- Dolor abdominal.
- Caída de la presión arterial.
- Sensibilidad uterina.
- Dolor de espalda.
- Sentir menos los movimientos del bebé.
En ocasiones, las embarazadas no sienten molestias pese a estar sufriendo un desprendimiento de la placenta. En estos casos, la separación placentaria se detecta casualmente cuando se realiza una ecografía.
Como nos dice la ginecóloga Vanesa Núñez no es posible prevenir el desprendimiento de la placenta. Lo más importante es conocer los síntomas para acudir urgentemente a las urgencias de un hospital. “Suele presentarse con dolor abdominal intenso que incluso se irradia hacia la espalda, con aumento del tono uterino (endurecimiento del abdomen incluso entre contracciones) y sangrado escaso y muchas veces oscuro. Hay un riesgo muy elevado de muerte fetal, por que el bebé se queda sin oxígeno.
Causas del Desprendimiento de Placenta
Las causas por las que se puede producir el desprendimiento de placenta no son bien conocidas, pero se suele asociar a varios factores tales como: la hipertensión materna gravídica o previa al embarazo, rotura prematura de ciertas membranas de sujeción, traumatismos externos, consumo de cocaína o la presencia de miomas uterinos.
Otros factores de riesgo para esta complicación gestacional son los siguientes:
- Desprendimiento de placenta previo.
- Infección dentro del útero.
- Edad de la mujer superior a los 40 años.
- Tabaquismo.
- Falta de oxígeno a la placenta.
Además, las anomalías en útero, los trastornos en la coagulación sanguínea y un elevado número de partos previos también incrementan el riesgo de que ocurra un desprendimiento prematuro de la placenta.
PLACENTA PREVIA en el embarazo, placenta baja ¿Qué es? ¿Cómo afecta al parto la placenta previa?
Clasificación del Desprendimiento de Placenta
El desprendimiento de la placenta puede ser total o parcial, en función de si la placenta se separa de la pared uterina en toda su base de implantación o sólo por una parte. Ante este hecho, el espacio que queda hueco es ocupado por un hematoma o acúmulo de sangre que puede quedar retenido sin generar hemorragia o salir a través del cuello uterino y dando lugar a un sangrado vaginal. Generalmente, el sangrado vaginal que se produce por el desprendimiento de la placenta suele ser de color muy oscuro.
Con todo ello, es obvio que el mayor riesgo para el feto que comporta este incidente es que con el desprendimiento placentario se interrumpa el intercambio sanguíneo con la madre, mediante el cual le llegan los nutrientes al pequeño. Por tanto, cuando el desprendimiento placenta es total se produce inevitablemente la muerte del feto.
Por el contrario, el mayor riesgo para la madre es que se produzca una gran hemorragia intrauterina que tarde en ser diagnosticada y tratada y si, además, se alteran los mecanismos de coagulación sanguínea el riego es grave.
En cuando a los tipos de desprendimientos de placenta según la severidad de los síntomas se encuentran:
- Desprendimiento de placenta de grado 0: embarazadas asintomáticas cuyo diagnóstico se produce tras el parto.
- Desprendimiento de placenta de grado 1: caracterizado por un leve sangrado, pero sin suponer peligro ni para la vida de la madre ni del bebé.
- Desprendimiento de placenta de grado 2: se produce sangrado, pero no hay choque de presión arterial. Además, la frecuencia cardíaca del feto aumenta.
- Desprendimiento de placenta de grado 3: ocurre una hemorragia de gran intensidad, además de una caída de la presión arterial intensa y termina con la muerte fetal.
Sin embargo, el desprendimiento de placenta más habitual es el de grado 1; mientras que el menos común y que solo ocurre raras veces es el de grado 3. En cualquier caso, si la embarazada siente cambios o algún sangrado, deberá comunicarlo al especialista médico de manera inmediata.
Diagnóstico y Tratamiento del Desprendimiento de Placenta
El desprendimiento prematuro de la placenta se diagnostica mediante diferentes pruebas de imagen y análisis de sangre, aunque el principal signo de esta condición es sufrir una hemorragia.
Una vez que se ha producido y diagnosticado la separación de la placenta, no se puede volver a adherir a la pared uterina. Sin embargo, existen algunas formas de tratamiento para esta complicación gestacional dependiendo de las circunstancias de cada embarazo.
Cuando el desprendimiento de la placenta ocurre hacia el final del embarazo y la fecha probable de parto está cerca, se inducirá el parto. En el caso de que sea un desprendimiento de placenta leve, se podrá llevar a cabo un parto natural. De lo contrario, el especialista realizará una cesárea.
En cambio, si el desprendimiento de la placenta no sucede hacia el final de la gestación, será necesario valorar su severidad. Si la separación placentaria es leve, la frecuencia cardíaca fetal no aumenta y el sangrado se detiene, la embarazada deberá hacer reposo. Sin embargo, si fuera necesario el nacimiento del bebé de manera prematuro, la mujer deberá tomar ciertos medicamentos para ayudar a la maduración del bebé.
Por último, cuando el sangrado es de gran intensidad y no cesa, la mujer será hospitalizada y probablemente requiera una transfusión sanguínea. No obstante, cada embarazo y cada situación es diferente, por lo que se deben seguir las recomendaciones médicas en todo momento.
