El embarazo es un proceso en el que la mujer experimenta un sinfín de cambios físicos. Algunos de los más relevantes son los que tienen lugar en el plano hormonal y que se traducen en cambios inmunológicos y metabólicos. Son los que hacen posible, de hecho, el crecimiento y desarrollo del feto.
Aunque la gestación siga su desarrollo normal y nos encontremos ante un embarazo saludable, es habitual que durante la gestación la futura mamá tenga episodios de diarrea. Las heces pueden ser más blandas y acuosas, pero esto no tiene por qué ser grave, a no ser que la diarrea vaya acompañada de otros síntomas más alarmantes, como por ejemplo sangre en las heces, dolor abdominal o fiebre.
La gastroenteritis es una inflamación del estómago e intestino que provoca síntomas como diarrea, náuseas, vómitos, dolor abdominal, fiebre y malestar general. Suele ser causada por infecciones víricas, bacterianas o parasitarias, aunque también puede desencadenarse por intolerancias alimentarias o el consumo de alimentos en mal estado.
Es fácil confundir la gastroenteritis con algunos de los síntomas frecuentes durante el primer mes de embarazo como pueden ser las náuseas, los vómitos o el dolor abdominal. La gastroenteritis no tiene porqué suponer una complicación grave durante este periodo de gestación.
La diarrea en el embarazo puede producirse durante los nueve meses de gestación, pero lo más habitual es que esta se produzca durante el primer y el tercer trimestre del embarazo. Pero, ¿por qué sucede?
Gastritis en el embarazo
Causas de la Diarrea en el Embarazo
Durante el embarazo se producen cambios hormonales muy significativos motivados por las hormonas gestacionales, unas sustancias que se fabrican durante el período del embarazo como la prolactina, los estrógenos o la oxitocina. Muchas de las funciones de las hormonas gestacionales aún se desconocen, pero todos los cambios hormonales que la mujer fértil sufre desde el primer día del ciclo hormonal, se producen para que el embarazo se albergue en las mejores condiciones.
Si bien gran parte del origen de la diarrea puede estar en los cambios hormonales que se producen desde el inicio del embarazo, en los últimos meses es habitual que la futura mamá experimente episodios de diarrea, ardores o vómito.
En la mayoría de ocasiones, independientemente de si hay embarazo o no, el motivo principal de la gastroenteritis es una infección vírica por parte de rotavirus, norovirus y enterovirus. Pese a ello, la gastroenteritis también podría estar causada por una infección por la bacteria Echerichia coli.
Sin embargo, las infecciones víricas y bacterianas no son la única causa de la diarrea en embarazadas. Hay mujeres que sufren gastroenteritis a lo largo de la gestación debido a:
- Cambios hormonales típicos del embarazo.
- Incremento del consumo de alimentos ricos en fibra.
- Aumento de tamaño del útero que presiona el estómago y causa problemas en la digestión y absorción de los alimentos.
- Uso de ciertos complejos vitamínicos.
Además de todo esto, si la embarazada realiza una mala digestión también puede provocarle diarrea o incluso cuando tan solo le queda un mes para el parto.
El Uso de Antibióticos y la Diarrea
Otra cuestión relevante tiene que ver con diarrea en el embarazo asociada a los antibióticos.
En el estudio realizado por Amir A. Kuperman y Omry Koren sobre las consecuencias de tomar antibióticos durante el embarazo (Antibiotic use during pregnancy: how bad is it?) se apunta a un dato muy importante. Estudios realizados en ratones gestantes a los que se les administraron antibióticos, demostró como el tratamiento les causó una alteración de la microbiota intestinal, además de cambios inmunológicos en el intestino de la descendencia.
Sin embargo, es evidente que los tratamientos antibióticos son uno de los mayores avances de la medicina moderna para hacer frente a las enfermedades infecciosas. En Europa, una de cada cinco mujeres embarazadas reciben la prescripción de al menos un antibiótico durante el embarazo, pero esta tasa se duplica en Estados Unidos.
En cualquier caso, la prescripción de antibióticos debe ser considerada muy seriamente, teniendo en cuenta cuáles son los beneficios y los inconvenientes tanto para la madre como para el feto.
Síntomas de la Gastroenteritis en el Embarazo
Las manifestaciones clínicas de una infección gastrointestinal son bastante evidentes. A continuación, se enumeran algunas de ellas:
- Vómitos.
- Diarrea.
- Náuseas.
- Dolor abdominal.
- Fiebre.
La gastroenteritis en periodo gestacional suele durar entre 24 y 72 horas. No se debe dejar que la diarrea se prolongue más en el tiempo debido al peligro de deshidratación.
Algunos de los síntomas que determinan que se trata de una gastroenteritis grave pueden ser fiebre alta, signos de deshidratación, aparición de sangre o moco en las heces y/o ausencia de mejoría en 48 horas.
En el momento en que reviste gravedad es cuando la gastroenteritis puede tener consecuencias negativas para el feto como que nazca con bajo peso o prematuridad. Dada esta situación, lo recomendable es acudir al médico para que pueda establecer la mejor opción de tratamiento frente a la gastroenteritis lo antes posible.
Tratamiento para la Diarrea en Embarazadas
El tratamiento de la gastroenteritis depende del origen de la infección (vírica, bacteriana o parasitaria), la gravedad de los síntomas y la condición general del paciente. En la mayoría de los casos, se trata de una enfermedad autolimitada que mejora por sí sola con medidas de soporte.
El principal consejo para prevenir la gastroenteritis consiste en lavarse las manos frecuentemente. Si, pese a ello, la mujer sufre gastroenteritis, lo ideal sería seguir una dieta sin alimentos sólidos durante el primer día. A partir de aquí, la mujer podría tomar manzana asada, arroz hervido o cualquier otro alimento astringente, pero en pequeñas cantidades.
Otras recomendaciones para el tratamiento de la gastroenteritis en embarazadas serían las siguientes:
- Hacer reposo relativo.
- Tomar pequeños sorbos de agua con frecuencia para evitar la deshidratación.
- No automedicarse, ya que será el médico quien indique si hace falta tratamiento.
- Llevar a cabo una dieta adecuada, evitando alimentos grasos, ácidos y lácteos.
Como hemos comentado, uno de los principales riesgos de la diarrea es la deshidratación, por lo que debes beber mucho líquido, especialmente agua y bebidas isotónicas. Lo más importante es recuperar líquidos y sales minerales que se pierden por el aparato digestivo. En el caso de estar embarazada, al ser más vulnerable a la pérdida de líquidos, hay que controlar mejor este proceso de gastroenteritis.
Si la diarrea está acompañada de vómitos, fiebre, dolor abdominal intenso o sangre en las heces, es importante que busques atención médica inmediata. “Estos síntomas pueden indicar una infección grave o un problema que necesita tratamiento”, aclara la Dra.
En caso de que los síntomas como las náuseas, la diarrea o la fiebre alta continúen durante más de dos días, lo mejor será acudir al especialista.
Recomendaciones Nutricionales
Durante el proceso de recuperación, una alimentación adecuada basada en una dieta de fácil digestión es fundamental para reponer nutrientes, evitar la deshidratación y facilitar la regeneración del sistema digestivo.
Hidratación
La hidratación es clave en el tratamiento de la gastroenteritis. La diarrea y los vómitos provocan una pérdida importante de líquidos y electrolitos, como sodio, potasio y cloro. Es esencial reponer estos nutrientes para prevenir la deshidratación, que puede agravarse rápidamente, especialmente en niños y personas mayores. Va a resultar importante beber una cantidad de líquido superior a la habitual, en torno a 2L-2,5L/d entre el propio agua que bebemos y lo que proporcionan los alimentos. Se recomienda consumir:
- Zumos naturales diluidos, evitando aquellos con alto contenido en azúcares.
- Agua potable en pequeñas cantidades y de forma frecuente.
- Soluciones de rehidratación oral disponibles en farmacias.
- Solución rehidratante casera propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS): Agua (1L) + azúcar normal (27 g) + bicarbonato sódico (2,5 g).
- Caldos suaves, como el de pollo, pescado o verduras.
- Infusiones suaves como la manzanilla.
Alimentos Recomendados
A medida que van mejorando los síntomas, resulta importante introducir gradualmente los alimentos de fácil digestión, valorando la tolerancia, controlando la sintomatología y acelerando así la recuperación. La clave está en optar por alimentos que aporten energía sin irritar ni forzar al sistema digestivo.
- Caldos suaves de pollo, pescado o verduras y gelatinas sin azúcar.
- Arroz blanco.
- Pollo o pavo hervido o a la plancha (sin piel ni grasas).
- Pescado blanco hervido o al vapor.
- Patata, zanahoria, calabaza o calabacín en puré o cocidas.
- Pan blanco tostado o galletas sin azúcar.
- Yogures naturales y el queso fresco.
- Plátano maduro.
- Manzana o pera cocida o en compota.
Alimentos Prohibidos
Resulta aún más importante identificar los que pueden irritar el sistema digestivo y/o empeorar los síntomas, es decir, aquellos de difícil digestión, estimulantes e irritantes. Los alimentos a considerar son los siguientes:
- Alimentos o bebidas que aceleran el ritmo intestinal o favorezcan la malabsorción (café, té, chocolate, especias, alcohol, refrescos).
- Legumbres, verduras y frutas, sobre todo crudas, a excepción de las recomendadas en el apartado anterior. Evitar frutas laxantes como la papaya o la ciruela y verduras que producen gases como el brócoli o la coliflor.
- Panes y cereales integrales.
- Frutos secos y semillas como la chía o la linaza.
- Comidas ricas en azúcares, bollería, fritos y condimentos picantes.
- Carnes grasas (cordero, cerdo, vísceras) y embutidos (chorizo, salchichón, etc.).
- Pescado azul (sardina, salmón, atún, etc.) y en conserva.
- Leche entera, derivados lácteos grasos (cuajada, nata, etc.) o quesos grasos.
- Grasas como mantequilla, manteca, tocino, aceitunas y aguacate. Se debe priorizar el aceite de oliva virgen extra en pequeñas cantidades.
Ejemplo de Dieta Blanda
La dieta blanda se caracteriza por incorporar alimentos astringentes y sin residuo, ya que ayudan a ralentizar el tránsito intestinal, reduciendo tanto el volumen como la frecuencia de las deposiciones. Estos alimentos son los mencionados anteriormente: el arroz, los pescados blancos y las carnes de pollo y pavo. Los alimentos deben ser cocinados a la plancha, hervidos, al papillote o al vapor, evitando frituras o salsas y es preferible consumirlos a una temperatura intermedia, ni muy fríos ni muy calientes. Asimismo, es recomendable no automedicarse y recurrir a los medicamentos antidiarreicos, a excepción de que el médico así lo recomiende.
A continuación se muestra un ejemplo de menú para una dieta blanda:
| Comida | Ejemplo |
|---|---|
| Desayuno | Pan blanco tostado con aceite de oliva |
| Almuerzo | Filetes de pavo a la plancha |
| Comida | Puré de patata merluza al vapor Caldo de pollo o pescado y zanahoria Arroz blanco |
| Merienda | Yogur natural Plátano maduro Compota de pera |
| Cena | Puré de zanahoria Tortilla francesa Pechuga de pollo a la plancha con zanahoria cocida Puré de calabaza o calabacín y patata Lenguado a la plancha |
Durante la recuperación de la gastroenteritis, es fundamental mantener una buena hidratación, seguir una dieta blanda basada en alimentos astringentes y de fácil digestión y evitar aquellos alimentos más irritantes. Come en pequeñas cantidades y frecuentes para facilitar la digestión y, poco a poco, reintroduce otros alimentos a medida que desaparezcan los síntomas. Es preferible esperar más días sin introducir alimentos en caso de que no mejore la sintomatología, que querer adelantarnos a nuestra recuperación.
Si los síntomas persisten o no sabes cómo adaptar tu alimentación, es recomendable acudir a un profesional de la salud.
