La Lengua Materna: Un Tesoro de Afectos, Recuerdos e Identidad

La lengua materna es mucho más que un simple idioma; es la voz de nuestra identidad, el lazo que nos une con nuestras raíces y el puente que nos conecta con el mundo que nos rodea. Cada lengua remite a una trama de vínculos y afectos que nos unen a un lugar, unas personas, unas experiencias, que resuenan en cada sílaba y en cada palabra que pronunciamos. Es la primera guardadora de memorias, esa que escuchamos por vez primera de labios de nuestra madre: que nos liga al inicio, a ese rincón en el que surge la conciencia de existir.

La Importancia de la Diversidad Lingüística

La UNESCO cree en la importancia de la diversidad cultural y lingüística para las sociedades sostenibles. Aunque no hay una cifra exacta, según un reciente estudio del Washington Post, se calcula que son unas 7.100 las lenguas que existen en el planeta. El reconocimiento, aprecio y respeto hacia las diferentes lenguas maternas de las ciudadanas y ciudadanos es fundamental porque si no respetamos y potenciamos las lenguas maternas, estas corren el peligro de que dejen de hablarse y que incluso desaparezcan, lo cual conllevaría un grave empobrecimiento cultural y bloquearía el diálogo intercultural.

La Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos indica, en su artículo 23, que “toda comunidad lingüística tiene derecho a usar su lengua y a mantenerla y potenciarla en todas las expresiones culturales”, por lo que hemos de defender el derecho a hablar la lengua materna, a apreciarla y potenciarla.

Mi Lengua Materna y Otras Lenguas

Mi lengua materna es el castellano, pero como nací y viví hasta los cuatro años en Ceuta, donde se habla también darija -árabe dialectal marroquí-, este idioma es igualmente parte de mí, aunque habite en un lugar escondido y remoto del subconsciente: es la segunda lengua que escuché casi al poco de nacer, en esa etapa de la vida en la que aprendemos a articular las palabras.

El darija es, además, una lengua estrechamente ligada a mi historia familiar, que hablaron algunos de los que me precedieron, aunque en su caso tampoco fuese su lengua materna. Un tío-bisabuelo mío (nacido en un pueblo de Granada, pero emigrado de niño al norte de África) hizo, incluso, de esto su oficio, y trabajó de intérprete de lo que entonces llamaban «árabe vulgar»: primero en Melilla; luego, tras el establecimiento del Protectorado, en Tetuán y Larache.

Así que cuando hablo en mi limitado árabe, que apenas alcanza para construir conversaciones bastante simples, siento que de alguna manera lo único que hago es recordar sonidos y palabras, recobrar la memoria: seguir un camino que otros recorrieron ya antes; una senda que está también llena de curvas y encrucijadas. Aprender árabe implica, en realidad, aprender dos idiomas que, aunque tengan una relación estrecha, son también bastantes distintos: el árabe estándar que se emplea en la escritura, y el darija del habla oral.

También lo es el tamazight, otro idioma indeleblemente unido, aún más que el darija, al paisaje y los recuerdos de la infancia: a la salida del colegio, cuando los niños dejaban de hablar en castellano para dirigirse a sus padres en la lengua del hogar; a la atmósfera caótica y alegre del barrio del Polígono (tan semejante al de la medina de Tánger), cerca de la casa de mi abuela; a las visitas el sábado por la mañana al mercado, donde los campesinos rifeños vendían sus frutas y verduras; a la fuente del Bombillo.

Mi contacto en la escuela con el gallego fue, por el contrario, el de una lengua extranjera. Pero, con el tiempo, su aprendizaje se fue convirtiendo también en la recuperación de una memoria olvidada: la de otra habla inscrita en la memoria familiar, la lengua que hablaban mis abuelos y antes hablaron mis bisabuelos. Así, por esas corrientes misteriosas que mueven las lenguas, la palabra poética me nace antes en gallego que en castellano, a pesar de ser un idioma que aprendí ya tardíamente.

Así, para mí el alemán está indeleblemente unido a la precisión y el rigor del lenguaje académico. En Berlín, la gran ciudad en la que cada uno viene de un sitio distinto, descubrí el placer de ser extranjera: la posibilidad de ser de cualquier lugar, de ser fluida como un cuerpo de agua.

Hablar otro idioma me regaló una experiencia de libertad, una expansión: la posibilidad de atravesar la frontera que definen esos gestos y esquemas aprendidos desde niña, cruzar los límites de la identidad, olvidar el nombre propio. Así, durante los siete años que viví en Alemania, cada vez que regresaba a visitar a mi familia y amigos -en navidades y en verano- me decían que parecía alemana y que incluso mi habla -en castellano o en gallego- había adquirido la entonación y musicalidad de la lengua de allá.

Cada lengua se inscribe en nuestro cuerpo de una manera diferente, pues cada una de ellas posee una energía propia y está entretejida con una red de afectos. Todas las palabras nos son dadas, pero para hacerlas nuestras tenemos que pagar un precio: cada nueva lengua que se aprende implica un esfuerzo de salida de una misma, y al mismo tiempo nos regala la posibilidad de ensanchar los propios horizontes.

El Aprendizaje de la Lengua Materna

La lengua materna se adquiere gracias a nuestras familias, tutores o cuidadores durante nuestros primeros años de vida. Los idiomas nativos varían de persona a persona, influenciados por factores como la familia, la geografía, la cultura o simplemente la preferencia de los padres sobre qué idioma desean que sus hijos aprendan y hablen primero. Durante la primera infancia es cuando aprendemos nuestro primer idioma. En este período, nuestro cerebro se somete a un entrenamiento multifacético. Se adapta para memorizar palabras y frases comunes, así como para reconocer variaciones en la forma en que otras personas las pronuncian, preparándonos para situaciones futuras en las que las utilizaremos.

Aprender la lengua materna implica sumergirse en la riqueza de tu cultura y comunidad. La cultura abarca no solo la historia y las tradiciones, sino también los valores, las costumbres y las expresiones que moldean la forma en que las personas ven y se desenvuelven en la vida, en comparación con otras culturas. Conocer y comunicarse con personas que comparten la misma lengua materna no solo brinda la oportunidad de practicarla, sino también de establecer conexiones y sentir un sentido de pertenencia.

Al haber pasado por el proceso de aprendizaje y práctica de tu lengua materna, has sentado las bases para explorar otros idiomas en el futuro. El dominio tanto de tu lengua materna como de un segundo idioma marca el inicio de tu flexibilidad cognitiva, permitiéndote alternar entre diferentes lenguas con facilidad. Se argumenta que en muchos ámbitos laborales, se valora la competencia en la lengua materna.

Lenguas de Primera y Lenguas de Segunda

Cuando hablamos de lenguas maternas es inevitable pensar en que, desafortunadamente, aún siguen existiendo lenguas “de primera” y lenguas “de segunda”. Si en la escuela hay niñas y niños cuya lengua materna es, por ejemplo, el inglés o el francés, la lengua materna se verá apreciada, favorecida e incluso alabada públicamente con frases como “¡qué bien que eres bilingüe/trilingüe!”. Sin embargo, si nos encontramos ante una niña de procedencia marroquí, senegalesa, etc. las posibilidades de que disminuya la atención hacia su lengua -llegando incluso a obviarse- se elevan sobremanera.

Las lenguas “de primera” son sólo unas pocas y ocupan un lugar privilegiado no por méritos propios, sino debido a razones geográficas, sociales y políticas.

Algunas frases inspiradoras sobre la lengua materna:

  • «Te dice de dónde viene su gente y hacia dónde va», Rita Mae Brown
  • «Aquellos que no saben nada de lenguas extranjeras no saben nada de sí mismos», Johann Wolfgang von Goethe
  • «Si hablas a un hombre en un idioma que comprenda, eso llega a su cabeza. Si le hablas en su propia lengua, las palabras irán a su corazón.»
  • Aprender un idioma es tener una ventana más desde la que observar el mundo.
  • Saber otro idioma es como poseer una segunda alma.
  • Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente.
  • Actualmente, el destino del mundo depende, en primer lugar, de los estadistas y, en segundo lugar, de los intérpretes.
Idioma Número Estimado de Hablantes Nativos (Millones)
Inglés 379
Español 480
Mandarín 918
Hindi 341
Árabe 315

La importancia de la lengua materna en el aprendizaje | La Buena Educación

En resumen, la lengua materna es mucho más que un medio de comunicación. Es la voz de nuestra identidad, el lazo que nos une con nuestras raíces y el puente que nos conecta con el mundo que nos rodea.

Algunas expresiones idiomáticas en español:

  • Hablar por los codos.
  • Ponerse las pilas.
  • Llueve sobre mojado.
  • Estar piripi.
  • En un abrir y cerrar de ojos.
  • Echar una mano.
  • La gota que colmó el vaso.

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