La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) es un tema complejo y delicado que involucra aspectos legales, éticos, emocionales y de salud. En España, la Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo reconoce el derecho de la mujer a interrumpir la gestación dentro de ciertos plazos y supuestos. Sin embargo, la experiencia de un aborto quirúrgico puede ser muy diferente para cada mujer, y es importante conocer los testimonios y vivencias de quienes han pasado por este proceso.
El Marco Legal del Aborto en España
La Ley Orgánica 2/2010 ampara a la mujer para interrumpir su embarazo durante las primeras 14 semanas o hasta la 22ª semana si existe riesgo para la vida o salud de la mujer o graves anomalías en el feto. En este último caso, se requiere un dictamen emitido por dos médicos especialistas distintos a los que practican la intervención. La ley establece que la prestación debe realizarse en centros de la red sanitaria pública o vinculados a la misma. Si el servicio público de salud no puede facilitar la prestación a tiempo, las autoridades sanitarias deben reconocer a la mujer el derecho a acudir a cualquier centro acreditado en el territorio nacional, asumiendo directamente el abono de la prestación.
A pesar de esta ley, según datos de 2019 del INE, solo el 15% de los abortos realizados en España se llevaron a cabo en centros sanitarios públicos, mientras que el resto fueron derivados a centros privados acreditados. En algunas comunidades autónomas, como la Comunidad de Madrid, Extremadura, Castilla-La Mancha, Murcia y Aragón, no se notificaron interrupciones en centros sanitarios públicos.
Objeción de Conciencia y Acceso al Aborto
El principal motivo alegado para negar la práctica de abortos en hospitales públicos es la objeción de conciencia, un derecho reconocido en la ley 2/2010 para los profesionales sanitarios implicados en el procedimiento. Aunque la Consejería de Sanidad afirma que "la objeción de conciencia es de los profesionales", en la práctica, en la mayoría de los hospitales públicos es el servicio el que objeta en bloque. Esto genera situaciones de desamparo para las mujeres que necesitan interrumpir su embarazo por motivos médicos.
Testimonio de Natalia: Una Experiencia Desgarradora
Natalia Romero (nombre ficticio) es una de las mujeres que ha alzado la voz para denunciar la situación de desamparo que viven muchas madres que deben abortar por cuestiones médicas. En la ecografía de la semana 12, en noviembre de 2020, los médicos del Hospital Infanta Elena de Valdemoro detectaron que su bebé tenía anomalías incompatibles con la vida. Le explicaron que podía abortar de forma natural o que el bebé moriría al dar a luz. "Me quedé en shock. Me vieron varios médicos del equipo y todos me dieron el mismo diagnóstico: tenía que abortar y cuanto antes mejor", relata Natalia.
Sin embargo, al día siguiente del diagnóstico, le informaron de que el servicio de obstetricia era objetor de conciencia y que el aborto no se podía hacer en el hospital. Le dieron los papeles y un número de teléfono para gestionar la cita en una clínica concertada. Natalia tuvo que elegir una de las tres clínicas que le ofrecieron y le dieron cita para el sábado siguiente. "Me pareció bien porque era fin de semana, el lunes era fiesta, me daría tiempo a recuperarme y me incorporaría a trabajar el martes, y nadie se enteraría de nada. Pero estaba equivocada porque nadie te cuenta lo que viene después, nadie te orienta sobre el duelo que vas a vivir", lamenta Natalia.
En la puerta de la clínica, se encontró con grupos antiabortistas que intentaron acercarse a ella para darle folletos e "informarla". Tras cumplir con los trámites administrativos, fue explorada e informada del procedimiento. "El médico me explicó que todo sería sencillo y rápido, y de poco más me acuerdo porque yo no estaba muy centrada. Me bajaron a la sala previa al quirófano, donde estábamos todas juntas, las que van de forma voluntaria y las que vamos por cuestiones médicas. Mientras esperaba a dilatar, yo lloraba porque me iba a despedir de mi bebé. Y miraba alrededor, veía a las mujeres que no estaban en la misma situación y no entendía por qué tenía que compartir ese momento con ellas", recuerda Natalia.
Cuando la pastilla que provoca la dilatación del útero hizo efecto, Natalia pasó a quirófano entre fuertes dolores. "Me colocaron en el potro y entonces me ataron los pies y las manos en cruz. Me iban a dormir, me podían haber atado después. Entre el frío que sentía, el dolor insoportable, que estaba atada y que no tenía ninguna intimidad porque el quirófano estaba abierto y yo podía ver lo que pasaba al otro lado de la puerta... Le supliqué llorando a la enfermera que me durmiese porque no podía más", rememora con dolor.
Después de despertar en la sala de reanimación y pasar por momentos de gran sufrimiento físico y emocional, Natalia salió de la clínica horrorizada. "Eso sí, lo de menos era lo que había vivido porque lo peor era haber perdido a mi bebé. Aunque luego te planteas qué necesidad hay encima de vivirlo así", reflexiona Natalia.
La Falta de Apoyo Post-Aborto
Tras el aborto, Natalia se sintió sola, perdida y culpable. "Cuando volví a casa fue horrible, como si me hubieran arrancado la vida. Te sientes vacía y no tienes nada a lo que recurrir. Ahí me empecé a plantear, ¿cómo he sido capaz de hacer esto y no preguntar qué hacían después con mi bebé? Pero es que en ningún momento nadie te habla de tu bebé, nadie lo trata como a tu hija -porque era una niña-, nadie le da ese espacio. Son restos biológicos que se van con lo demás", denuncia Natalia.
Natalia no recibió apoyo psicológico en el hospital y tuvo que buscarlo por su cuenta. Finalmente, encontró consuelo y apoyo en un grupo de ayuda. "Ahí descubres que todas hemos sentido lo mismo y hemos vivido lo mismo", afirma Natalia.
Gracias a la asociación A Contracor, Natalia se unió a un grupo de mujeres para trabajar en la formación de la Plataforma Interrupción Embarazo Madrid. Desde esta plataforma, han hecho llegar una petición formal al Ministerio de Igualdad para que se contemplen sus necesidades y peticiones en la modificación de la Ley Orgánica 2/2010. Entre sus propuestas, destacan la obligatoriedad de que todos los hospitales públicos ofrezcan el derecho a la interrupción del embarazo por motivos médicos, protocolos unificados en clínicas públicas y privadas, posibilidad de despedida y generación de recuerdos, acompañamiento psicológico y circuito separado.
Experiencias Adicionales y Testimonios
Además del testimonio de Natalia, existen otros relatos que evidencian las dificultades y el sufrimiento que pueden experimentar las mujeres que se someten a un aborto quirúrgico. Algunos testimonios resaltan la falta de información, el trato vejatorio, la pérdida de pruebas determinantes, la objeción de conciencia en bloque de sanitarios y la incapacidad de algunas comunidades autónomas para garantizar el derecho de las pacientes a tratarse en sus ciudades de origen.
Por ejemplo, Diana (Valencia) relata la dolorosa experiencia de no poder despedirse de su hijo tras el legrado. Clara (nombre ficticio) cuenta cómo tuvo que viajar a Bruselas para poder interrumpir su embarazo tras la negativa del comité ético de su comunidad autónoma. Estos testimonios ponen de manifiesto la necesidad de mejorar la atención y el apoyo que se brinda a las mujeres que se enfrentan a esta difícil decisión.
¿Abortar o no abortar? Esa NO es la cuestión
El Trauma Post-Aborto: Una Realidad Compleja
El trauma post-aborto se refiere a las reacciones emocionales, psicológicas y fisiológicas que algunas mujeres pueden experimentar tras un aborto inducido. Si bien su existencia con diagnóstico médico es objeto de controversia, numerosos estudios han explorado las posibles secuelas que la práctica del aborto provocado puede ocasionar en las mujeres que lo sufren.
El choque emocional es uno de los factores que contribuyen al inicio de la depresión. Los cambios a nivel biológico, emocional y mental de una mujer embarazada son muy importantes, pues toda mujer gestante tiene un auténtico tsunami emocional. Se ha encontrado que durante el embarazo su cerebro reduce su volumen en un 7%, lo que constituye una reestructuración cerebral similar a la que se produce durante la pubertad. Experimenta también un aumento del tamaño de la glándula pineal y la sustancia gris en las áreas cerebrales relacionadas con las conductas maternales. Estos cambios se pueden comprobar en las imágenes de una resonancia magnética del cerebro de la mujer embarazada.
Estudios sobre las Secuelas del Aborto
Diversos estudios han investigado las posibles secuelas del aborto en la salud mental de las mujeres. Entre ellos, destaca el trabajo de Fergusson, que concluyó que en las mujeres que han abortado voluntariamente, el riesgo de tener problemas de salud mental aumenta en un 30% en relación con las que no lo han hecho. Otro estudio, firmado por Coleman, evaluó artículos publicados entre 1995 y 2009 y encontró que las mujeres que abortaron voluntariamente tienen un 81% más de probabilidades de padecer enfermedades mentales, un 34% más de sufrir problemas de ansiedad, un 37% más de sufrir depresión, un 110% más de caer en el alcoholismo y un 220% más de consumir marihuana.
Un equipo liderado por el mismo autor publicó otro estudio en 2017 que incluyó a 987 mujeres estadounidenses que respondieron a una encuesta psicológica después de haberse sometido a un aborto voluntario. Las respuestas obtenidas aportaron las siguientes conclusiones:
- El 23% de las encuestadas reconoció que el aborto había terminado con una vida humana.
- El 14,4% sufrieron depresión.
- El 14% sufrió culpabilidad y remordimiento.
- El 14,4% experimentó odio a sí misma.
- El 10,9% sufrió vergüenza.
- El 9% cayó en el alcoholismo y las drogas.
- El 9,3% se arrepintió.
- El 7,7% se autocastigó y cayó en la promiscuidad.
- El 7.6 % sufrió baja autoestima.
- El 7 % sufrió ansiedad y miedo.
- El 7,2% sufrió pensamientos suicidas.
Por otra parte, en el ámbito iberoamericano nos encontramos con el informe redactado por Cristián Rodríguez R. de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes titulado ‘Vivencias Post-Aborto’, donde analiza los estudios que tanto en Europa como en América se han llevado a cabo.
Vivencias Próximas y Remotas del Post-Aborto
En el período inmediatamente posterior al aborto inducido o quirúrgico, lo que marca la vivencia individual de las mujeres es la ambivalencia. Por un lado, existe una sensación de alivio ante la ansiedad y el miedo producido por la situación del embarazo no deseado, la presión del entorno social o la falta de apoyo por parte de éste. Por otra parte, no obstante, los estudios muestran que las mujeres padecen un episodio de sufrimiento agudo, con distintos significados. Normalmente, la vivencia próxima al aborto está marcada por una desorientación vital. No obstante, la constelación emocional que más se reitera en los estudios cualitativos son las sensaciones de tristeza, pena y culpabilidad. Son minoritarios los estudios en los que se ha podido entrevistar a mujeres que hayan tenido una experiencia del aborto libre de sentimientos negativos, siendo consideradas, no obstante, como situaciones puntuales, no halladas fuera de contextos europeos o norteamericanos.
Salvo excepciones, la mayoría de las mujeres entrevistadas informan que la experiencia del aborto no es un tema olvidado y cerrado, sino que sigue presente hasta el día de hoy “con lo que se tiene que vivir siempre” .Algunos autores califican esta presencia constante del aborto como pensamientos intrusivos e, incluso, verbalizaciones y sueños recurrentes con el hijo ausente. La gran mayoría de las mujeres que han abortado, según los estudios, asegura que no tenía otra alternativa, y están convencidas de que abortar era la única salida a la situación en la que vivían.
Para prácticamente todas la mujeres estudiadas, el aborto realizado constituye un secreto íntimo, un dolor profundo que no puede ser abiertamente liberado y compartido, tanto por la vergüenza como por el estigma que existiría sobre este tipo de actos, o ilegalidad en algunos países. La ambivalencia que informan las mujeres en la proximidad del aborto se convierte en un hilo conductor de su propia significación biográfica del aborto: por un lado están las “razones” que justificarían la necesidad de abortar, pero por otro lado, el episodio traumático, la pérdida, el duelo del hijo ausente, el rechazo - temporal - a la propia maternidad. Esta ambivalencia, que ha sido descrita como un conflicto cabeza-corazón (Kimport, 2012), suele permanecer como una constante en la historia vital de la mujer que aborta.
