El Mito del Instinto Maternal: Un Análisis Profundo desde la Psicología y la Ciencia

Raquel recuerda los días que siguieron al nacimiento de su primer hijo como una pesadilla de la que no podía despertar. No dormía, era incapaz de conectar con el bebé y los pezones, agrietados, le dolían en cada toma como si tuviera cristales bajo la piel. Nunca ha sido de dramatizar, pero en aquellos días de angustia insomne una idea la atormentaba. "¿Dónde está mi instinto maternal?", se repetía. ¿Acaso era ella la única mujer que no sentía esa especie de GPS interior que debía guiar sus pasos?¿Por qué se había quedado sola en casa, encomendada a algo que no tenía?

Precisamente el instinto maternal se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en objeto de investigación científica y, sobre todo, en un mayúsculo pararrayos en el que descargan evidencias, opiniones y debates de todo signo. ¿De qué se trata exactamente? ¿Lo tienen todas las mujeres? ¿Es 'un algo', 'una ayuda' que se activa durante el embarazo o una llamada biológica que empuja a las mujeres a la procreación? Es más: ¿esa intuición para el cuidado solo la tienen las madres? ¿Y en qué medida todas estas ideas acaban circunscribiendo la crianza a "un asunto de mujeres"?

La idea de lo místico en el concepto de “madre” trasmitido durante siglos, ha contribuido a que esta dimensión de la experiencia del ser humano haya sido sellada y dejado huella en la subjetividad femenina. La maternidad es una construcción cultural, y no un “hecho natural”. La maternidad ha sido utilizada por varios autores como una justificación de la identificación relacional de las mujeres.

Con el devenir de la historia el significado del instinto materno y el amor maternal, se pondrán en duda y tal vez no esté profundamente inscrito en la naturaleza femenina. No tiene sentido procrear, si la madre no concluyera su obra garantizando hasta el fin del embarazo la supervivencia del feto y la transformación del embrión en un individuo acabado.

Si la maternidad es para la mujer la fase de una gran parte de su desarrollo psicoafectivo, el maternaje, podría definirse como el conjunto de procesos psicoafectivos que se desarrollan e integran en la mujer en ocasión de su maternidad. pasado de la madre y a su futuro. El término “transparencia psíquica” alude a la necesidad de revisar y comprender los vínculos primarios de la madre, para poder vincularse afectivamente con el recién nacido.

¿Instinto Maternal o Construcción Social?

Pues bien. La periodista Chelsea Conaboy, especializada en salud y ciencia, llega al debate con un ensayo -'Cerebro materno: cómo la neurociencia está reescribiendo la historia de la crianza'- y un puñado de respuestas. No, el instinto maternal no es un destino ineludible ni hace que las mujeres oigan violines cuando crían. "No me gusta la palabra 'instinto' -explica a este diario-. Un instinto es una idea rígida, un patrón fijo de comportamiento, y la crianza no es automática, es una agitación del cerebro y una transición agotadora. Puede estar llena de asombro y amor, pero en realidad no conozco a nadie que no haya llegado a la paternidad con algún tipo de angustia psicológica".

De hecho, apunta Conaboy, el concepto de "instinto maternal" fue un invento masculino que buscaba el "control de las mujeres". Explica que fue acuñado en la teoría científica a principios del siglo XX por señores religiosos que -con el mismo afán con el que escribían delirios sobre la supuesta histeria femenina- tenían un interés declarado en hacer que las mujeres blancas acomodadas tuvieran más bebés en aras al "engrandecimiento nacional".

Sin embargo, siempre que se implanta un mito falso femenino, suele aparecer una mujer dispuesta a señalarlo. Y en este caso, el papel de aguafiestas corrió a cargo de la psicóloga pionera Leta Hollingworth, que en 1916 definió el instinto maternal como "un dispositivo barato" que sirve para que "las mujeres se vean obligadas" a tener niños por métodos parecidos a los que empujaban a los hombres a ir a la guerra: glorificando una parte de la experiencia y ensombreciendo la más dura. El hecho es que la tasa de mortalidad materna era 60 veces más alta a principios del siglo XX que a finales.

Objetivo principal: definir la maternidad como conducta maternal y no como instinto, ya que esta se desencadena ante una determinada situación en la que intervienen múltiples factores que conforman la realidad maternal de cada mujer y que condicionan su conducta.

Además, se tratarán de identificar los factores desencadenantes y motivacionales que constituyen y determinan una conducta ante el hecho de la maternidad. El concepto de instinto integrado en el contexto de maternidad no es adecuado, pues supondría aceptar la maternidad como un hecho innato, desprovisto de aprendizaje y modificación.

Metodología: revisión temática multidisciplinar de diversos autores que han fundamentado o discutido, durante los siglos XX y XXI, el concepto de instinto maternal y las conductas maternales o han presentado matizaciones acerca de las mismas.

Resultados principales: ser madre supera el hecho biológico y adquiere una connotación integral debido a sus implicaciones sociales, culturales, históricas y psicológicas. A la conducta materna se le asigna una connota-ción más amplia con respecto al denominado instinto maternal, al deberse a cuidados maternos en constante evolución.

Conclusión principal: la utilización del concepto de instinto maternal no es el más adecuado.

La etapa prenatal es decisiva, ya que puede llegar a ser muy traumática. Parece que esta experiencia intrauterina del feto, determinará en gran parte su desarrollo mental y emocional y, por lo tanto, tiene todos sus sentidos funcionando desde mucho antes del nacimiento. Además, el grado de vinculación afectiva podría estar determinado por el grado de satisfacción con la pareja, donde un ajuste afectivo de la pareja va a influir en el desarrollo biopsicosocial del bebé en su vida extrauterina.

De hecho, el papel de la mujer ha cambiado en las últimas décadas y la prioridad de hoy ya no es sólo la de ser madre. Tradicionalmente se veía la maternidad como un hecho que daba sentido a la vida de las mujeres, pero cada vez son más las que deciden no serlo.

Entonces, ¿existe realmente el instinto maternal? Si aplicamos esta definición a las mujeres, todas deberían sentir el instinto maternal y, en consecuencia, las mismas reacciones biológicas antes de ser madre. Ahora bien, ¿por qué no es así? Lo cierto es que no existen pruebas que avalen la existencia de un impulso instintivo por tener hijos en todas las mujeres.

Todavía hoy las mujeres que no desean ejercer la maternidad encuentran innumerables obstáculos. Se las califica de egoístas y se les asegura que se arrepentirán si deciden no tener descendencia. Cada ser humano ha de ser libre de elegir su camino y la maternidad es únicamente una opción personal.

La Neurociencia y el Cerebro Materno

Entonces, ¿qué hay de cierto en el instinto maternal? "Sí existen procesos hormonales, experienciales y neurobiológicos que se activan en la gestación -afirma Conaboy- pero no son cosas automáticas, innatas que tienen las mujeres desde que nacen, y solo ellas".

En este sentido, la psicóloga Patricia Fernández, autora de 'Psicología del embarazo', llega a la conversación apuntando en una dirección interesante. La neurociencia, gracias a la aportación de las neuroimágenes, sí valida la existencia del instinto materno. Sin embargo, no lo entiende como un deseo universal e irrefrenable de ser madre -cuestión en la que pesa la cultura-, sino como "una conexión, una intuición para detectar y reaccionar ante las necesidades de la criatura".

Según la especialista, los cambios, que en las mujeres se ponen en marcha durante el embarazo, activan este "instinto que se pone a nuestro servicio y al de la supervivencia de la especie". No siempre, sin embargo, esta conexión es automática ni "está afinada", ya que pueden influir el estrés, la adaptación e incluso el historial de apego de la madre.

¿Quieren dos curiosidades? La neurociencia -que también detecta diferencias en el cerebro entre las ratas vírgenes y las que se han reproducido- registra igualmente alteraciones en el cerebro de los hombres tras un primer periodo de crianza corresponsable.

El embarazo activa un conjunto de reacciones biológicas, y hace que se produzcan también cambios en el cerebro. La materia gris se vuelve más concentrada. La actividad aumenta en las regiones que controlan la empatía, ansiedad, e interacción social. De hecho, la oxitocina es una hormona que genera de forma natural el hipotálamo y es segregada por la glándula pituitaria, que está situada en la base del cerebro.

Se le conoce como la ‘hormona del amor’ porque está relacionada con el surgimiento de sentimientos positivos como el orgasmo, el amor, la felicidad y el apego entre mamá y bebé.

Como ya hemos dicho anteriormente, lo cierto es que la existencia del instinto maternal no se ha comprobado científicamente, pero sí se ha mantenido en la sociedad hasta llegar a considerarse como algo normal y necesario. Es por esto que muchas mujeres se cuestionan su papel de madre. Si una mujer no siente el instinto maternal durante su embarazo, ¿será peor madre?

En Fertilab Barcelona nos gusta mirar más allá y pensar que el instinto maternal es mucho más. Es, por ejemplo, cuidar al bebé, atenderle, alimentarse, abrazarlo, protegerlo. Es, sobre todo, querer a tu hijo. El instinto maternal tiene más relación con el cuidado del bebé y no solo con el deseo de ser madre. En general, los diferentes estudios se inclinan más por describirlo como un medio de adaptación a la nueva situación que llega a la vida. Y es que la maternidad es el día a día. Y las noches. Son las emociones que no se preparan, pero que surgen. Las emociones que no se buscan, que sencillamente, aparecen. Y es entonces, cuando se sienten. No busques el instinto maternal.

El instinto maternal no tiene que ver con fertilidad, tiene que ver con reconocer a un recién nacido como hijo y de ser capaz de proporcionarle cuidado, amparo, sostén, amor. Pero, para ello tiene que tener a su hijo enfrente.

Perspectiva Descripción
Psicología La conducta maternal se debe a cuidados en constante evolución, influenciada por factores sociales, culturales e históricos.
Neurociencia Valida la existencia de una conexión intuitiva para detectar y reaccionar ante las necesidades del bebé, activada por cambios hormonales y cerebrales durante el embarazo.
Feminismo El instinto maternal es un mito creado para controlar a las mujeres y justificar la dejación de funciones del Estado en políticas de bienestar.

El Impacto Social y Político del Mito

Este mito tiene consecuencias nefastas como considerar "defectuosas" a las mujeres que no quieren ser madres hasta permitir una dejación de funciones en las parejas y el Estado.

Sin embargo, una cosa es que se active este especie de radar intuitivo y otra muy diferente esa idea de que, gracias al instinto maternal, las mujeres vienen equipadas con cuanto requiere un bebé. "En realidad, los nuevos padres necesitan apoyo para hacer una transición saludable a esta nueva etapa vital en la que un bebé vulnerable depende de ellos", afirma Conaboy, quien añade que "ese sostén debe incluir tiempo, seguridad financiera básica y manos amigas".

Por supuesto, las madres siempre han sido importantes en el cuidado de los bebé, pero nunca suficientes. "Es una de las cosas que distinguen a los humanos de otros primates. Y aún es necesario hoy". De ahí, explica, que la falta de ayudas a la maternidad y la crianza es "un fracaso que en gran parte tiene sus raíces en la creencia de que las madres tienen adjudicado este papel de cuidadora y una capacidad biológica innata para cumplirlo".

La periodista Begoña Gómez Urzaiz, autora del ensayo 'Las abandonadoras', en el que habla de mujeres que dejaron a sus hijos, se adentra en este boscaje con algunas suspicacias. "Ante una idea como la del instinto maternal, me haría una pregunta propia de una investigación criminal: ¿Cui bono?, ¿a quién le beneficia que perpetuemos esta idea de que solo las madres están mágica y ancestralmente dotadas para el cuidado? La respuesta está bastante clara".

La periodista, además, entiende que el mito del instinto maternal tiene todo tipo de consecuencias nefastas: desde considerar "defectuosas" (porque algo les falta) a las mujeres que no quieren ser madres o a las que, siéndolo, creen que no poseen ese instinto del que tanto han oído hablar, hasta permitir una dejación de funciones. "Aplicado a gran escala, el Estado tiene una coartada perfecta para no aplicar políticas de bienestar puesto que por cada niño, se supone, ya hay una madre para ocuparse de él", coincide con Conaboy.

Más allá de eso, la maternidad también se ha convertido en terreno fértil para las guerras culturales. Conaboy, por ejemplo, recibe críticas por mantener que el instinto maternal es un mito creado como forma de control. "Se trata de una idea poderosa que desmantela ideas muy arraigadas", afirma la especialista, quien, controversias aparte, es optimista con el hecho de que la nueva ciencia esté brindando un nuevo lenguaje con el que describir la crianza y las necesidades de las familias.

Con ojo clínico para las batallas culturales de todo signo, Gómez Urzaiz también percibe que la idea del instinto materno ha pasado a ocupar un lugar central en el debate político. "Caricaturizando, se diría que el mundo se divide entre partidarios de la madre-mamífera (que no cree, por ejemplo, que las bajas de paternidad deban ser intransferibles ni que beneficien al conjunto de la sociedad) y los de la madre desapegada o independizadora".

Y aunque las "guerras maternas" a menudo solo interesan a las madres, en esos debates, añade, también se reproducen muchas batallas ideológicas actuales. "Por ejemplo, hay una fusión casi natural del feminismo trans-exclusionario con las posiciones más biologicistas y neotradicionales en torno a la maternidad. Y tiene todo el sentido: las dos posturas pasan por dar mucha importancia a la configuración biológica de las mujeres, al hecho de tener un útero".

Según la periodista, una parte de la izquierda también mantiene que "el sistema nos quiere trabajando y no criando" para defender el natalismo y calificar de egoístas a quienes postergan o no ejercen la maternidad.

¿El instinto materno nace o se hace?

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