Entre el final del Franquismo y el inicio de la Transición, la canción melodramática conquistó España, y una sola región tuvo la culpa.
En 1975, la radio valenciana, como en todo el estado español, todavía tenía resabios de los viejos tiempos cuando era el centro de la vida en el hogar y la televisión solo constituía una promesa remota de bondades inimaginables en un futuro que parecía muy lejano: programas de peticiones del oyente, consultorios sentimentales, culebrones radiofónicos y alegres shows con cantantes en vivo, presentadores chirigoteros y espectadores ligeramente cohibidos pero ávidos de recibir alguno de los premios o chucherías promocionales que se sorteaban.
Pero la canción popular melodramática vive momentos de gloria en las voces de cuatro grandes vocalistas: los citados Nino Bravo y Juan Bau, Camilo Sesto y otro cantante desaparecido precozmente por culpa de la carretera, Juan Camacho.
La carretera terminó con la exitosa carrera de Luis Manuel Ferri Llopis, más conocido por su nombre artístico, Nino Bravo.
Nino había nacido en Aielo de Malferit, era de familia trabajadora y tuvo que emplearse desde muy joven. Compaginaba el trabajo con su actividad musical en distintos grupos y actuando en casales falleros y fiestas de todo tipo. Era un hombre serio y digno que sonreía poco y que, por algún extraño sortilegio, lograba no verse damnificado por la maligna moda masculina de la época a base de sobriedad y camisas oscuras.
Hizo suya Te quiero, te quiero una canción bastante conocida de Augusto Algueró con las dos palabras del título repetidas a la enésima y una parte B alegremente pop. Naturalidad, ningún manierismo, una mínima impostación, vibrato el justo y unos armónicos nunca jamás captados por el sistema auditivo humano.
Sus discos -Te quiero, te quiero, Puerta de amor, Un beso y una flor, Libre, América, América- no se han dejado de escuchar y en varios municipios, dentro y fuera de la Comunitat, hay calles dedicadas al cantante. Una placa informa de la casa donde vivía cuando se trasladó a Valencia capital y existen monumentos en su recuerdo en su pueblo natal. También en la localidad manchega de Villarrubio donde perdió la vida.
Otro gran vocalista valenciano fue Juan Camacho, o simplemente Camacho. Como Nino, levaba tiempo haciendo su aprendizaje en grupos y grupetes y llegó a ser miembro de Los Relámpagos. Apadrinado por Juan Pardo, tenía una voz tan descomunal como los otros. Su gran lanzamiento tuvo lugar con una composición, por supuesto de Pardo, titulada A ti, mujer, pero Camacho pronto descubrió que estaba más a gusto con las versiones de boleros y canciones mexicanas como Júrame o Sabor a mí.
El enorme Camilo Sesto, que ha fallecido esta madrugada, es el único cantante que ha tenido éxito internacional sin perder su marcado acento valenciano. Músico muy completo, se estuvo ganando la vida durante años en los estudios de grabación madrileños tocando varios instrumentos y haciendo coros.
Cuando la discográfica Ariola se olvidó del vicio habitual de promocionar las canciones más bobas y se atrevió con una tanda de composiciones del propio Camilo, estalló el huracán. Con nivel melodramático y complejidad musical rozando el paroxismo temperamental de los grandes maestros del Romanticismo. Algo de mí, Amor, amar o Todo por nada exigían unas dotes vocales y un dominio técnico prácticamente sobrehumano.
Menos conocido pero igualmente reivindicable fue Yaco Lara, un hombre de voz tan enorme como sus gafas y sus zapatos de plataforma. Con su maxi-abrigo de charol y su exagerado mullo ondulado, era toda una visión, una verdadera estrella en las calles de Valencia.
El Legado - Voces De Los 70 - Camilo Sesto y Nino Bravo
Luis Marín Lara es un jienense nacido en Jabalquinto y criado en Martos. Sus padres eran artistas: Félix de Trino y Pilarín de la Peña. Luis cantó en el coro y en la tuna desde pequeño. Pronto forma sus primeros grupos, de uno de los cuales -Yaco 6- proviene su nombre artístico. Separados sus padres, él se va a vivir con su madre a Valencia donde su magnífico chorro de voz le hace destacar rápidamente dentro de la salsilla de grupos y orquestas. En 1971, se hizo famoso en un concurso televisivo, La Gran Ocasión. Nunca consiguió éxito en disco, pero nunca ha dejado de cantar.
Nino Bravo no podía separarse del hogar en el que el cielo se unía con el mar, como decía en una de sus temas más famosos. Rompiendo la norma de la mayoría de artistas que se trasladaron a la capital de Madrid para desarrollar su carrera musical, optó por quedarse en su Valencia natal. Una decisión que le mantuvo cerca de los suyos, pero que le obligó a pasar media vida en la carretera. En un año, el cantante podía recorrerse cerca de 115.000 kilómetros. Siempre a borde de aquel BMW 2800 de segunda mano, el mismo coche en el que perdería la vida y en el que, sin saberlo, encendería la chispa de una melodía arrolladora que jamás se pudo escuchar y de su gran canción póstuma.
Ocurrió aquel 17 de abril de 1973 en el que Nino Bravo perdió la vida. Junto a él, en su último trayecto Valencia-Madrid, viajaban los músicos Fernando Romero y Miguel Ciaurriz, del dúo Humo, y su camarada musical Pepe Juesas. La idea era grabar algunos coros para el que iba a ser el quinto disco de estudio del valenciano. Un elepé del que ya se habían comenzado a grabar varios temas en Londres y en el que se incluían canciones como América, América o Vivir, la única canción conocida en cuya composición participó el cantante y que quiso dedicar a su esposa, Mary.
La historia la cuentan el propio Juesas y Romero en Nino Bravo, Vivir (2023), el nuevo documental producido por el programa Imprescindibles con el que se rinde tributo a uno de los artistas más importantes de la historia musical española, que se estrena coincidiendo con el 50 aniversario de su fallecimiento. En él, los dos músicos relatan aquel las horas previas al fatídico accidente de tráfico en el que Nino Bravo perdió la vida. Un viaje, entre Valencia y Madrid, muy diferente al que puede hacerse hoy día, mucho más largo y cuyo trayecto se hacía por viejas carreteras secundarias.
Habían salido muy temprano, a las 7 de la mañana ya estaban en marcha. Con Nino al volante, los cuatro dejaron pasar las horas con lo que más les apasionaba: la música. Los Beatles, Serrat… sonaban a todo volumen en el reproductor de casettes del coche. También hablaron de la producción del disco que tenían entre manos.
Poco antes del accidente, me llamó a casa y me dijo que había compuesto unas notas”, cuenta Juesas. Nino se refería a la canción Vivir, que tuvo que terminar de arreglarse en estudio, de forma póstuma. Inicialmente, la letra de aquel tema decía “Mary”, en vez de “vivir”, en referencia a su mujer, a quién quiso dedicar la canción.
Juesas define la canción como un “tremendo himno a la vida” y que se lanzara poco antes del momento de su muerte es algo que le marcó para siempre: Romero, Ciaurriz y él, sí salieron del accidente con vida. En el documental explican por qué fue tan importante sacar adelante aquel tema de forma póstuma, una canción de la que Nino solo había escrito el estribillo, pero acabaría tomando forma, tras su muerte, con los arreglos de uno de sus cómplices más cercanos, Juan Carlos Calderón.
Hecho de retales y de canciones que lograron conservarse con mucho esmero, a finales de 1973, pocos meses después de su muerte se publicó … y volumen 5 (1973), el disco póstumo de Nino Bravo. Un trabajo en el que se incluyen éxitos como América, América y Laura y Mona Lisa, versiones de los temas de Frank Sinatra y Nat King Cole. Para ese mismo disco, Nino también había estado trabajando en una idea para versionar el Himno al amor de Edith Piaf. Algo de lo que también hablaron en aquel último viaje en coche.
En Nino Bravo, vivir (2023), Pepe Juesas cuenta que el músico se puso a tararear la melodía de aquella canción. Nadie sabrá jamás que podía haber hecho con ella, porque no llegó a materializarse de ninguna manera, pero algunos de los miembros de su grupo que sí llegaron a escucharla, cuentan que su particular himno al amor era “arrollador”. Un adjetivo que persiste para recordar toda su obra. Nos queda, desde luego, su himno a la vida, Vivir.
Este domingo se han cumplido 50 años desde que Nino Bravo perdiera la vida en un accidente con tal solo 28 años. El 16 de abril de 1973, Luis Manuel Ferri Llopis viajaba a Madrid en coche desde Valencia junto a su guitarrista José Juesas Francé y los músicos Fernando Romero y Miguel Ciaurriz, del dúo Humo. El motivo de este viaje es que querían ir al estudio de grabación para editar un tema que iba a salir. Sin embargo, nunca llegaron a su destino. En un curva de la carretera, a la altura del municipio de Villarrubio, su BMW 2800 L se salió de la vía dando varias vueltas de campana. Nino Bravo fue trasladado a de manera urgente al hospital, pero no consiguió sobrevivir.
El funeral del cantante reunió a más de 10.000 personas en la ciudad de Turia. Miles de fans quisieron despedir al artista de 'Te quiero, te quiero' o 'Mi tierra'. Cincuenta años después, Nino Bravo sigue siendo uno de los artistas más escuchados. Su tema 'Un beso y una flor' tiene más de 72 millones de reproducciones en Spotify. Un legado único para un cantante que se fue demasiado pronto.
El programa Imprescindibles ha sacado un documental titulado Nino Bravo, Vivir en el que se rinde homenaje al artista valenciano. En él los propios Juesas y Romero cuentan la historia de lo que ocurrió horas antes del accidente de tráfico que terminó con la vida de Bravo. Salieron muy temprano rumbo a la capital, sobre las 7 de la mañana. Nino Bravo era el que conducía y la música no faltó en el coche. Serrat, los Beatles sonaron en el casette del vehículo. Juesas cuenta que antes del accidente le dijo que había compuesto unas líneas. Se trataba de Vivir, un tema que se arregló de forma póstuma en el estudio.
Juesas explica que Vivir es un "tremendo himno a la vida". Forma parte del último álbum del artista, editado en septiembre de 1973, tan solo unos meses después de la muerte del cantante bajo el título de ...y volumen 5. En Vivir, Nino Bravo solo había escrito el estribillo y la canción tomó toda su forma después de su muerte con los arreglos de Juan Carlos Calderón.
Letra de Vivir
Pensar en el pasado y ser feliz
Ser feliz
Hablar con uno mismo y sonreír
Sonreír
Soñar que entre los hombres hay amor
Hay amor
Es vivir, es vivir, es vivir
Llorar porque te aflige un gran dolor
Gran dolor
Luchar por conseguir una ilusión
Qué ilusión
Reír porque la dicha te alcanzó
Te alcanzó
Es vivir, es vivir, es vivir
Pensar, hablar, soñar
Llorar, luchar, reír
Sentir, amar, sufrir
Eso es vivir, vivir
Pensar, hablar, soñar
Llorar, luchar, reír
Sentir, amar, sufrir
Soñar lo que fue nuestro
Beber en las pasiones
Caminar siempre adelante
Aunque tengas que sufrir
Eso es vivir
Eso es vivir, vivir
Pensar, hablar, soñar
Llorar, luchar, reír
Sentir, amar, sufrir
Soñar lo que fue nuestro
Beber en las pasiones
Caminar siempre adelante
Aunque tengas que sufrir
Eso es vivir
