La alimentación del bebé con leche materna como único o casi único alimento durante los primeros cuatro a seis meses de vida, seguido por el amamantamiento por varios meses más mientras se van introduciendo otros alimentos, está considerada como el modo ideal de alimentar al bebé (WHO, 1995:8). Además de proporcionarle alimento para un crecimiento sano y un desarrollo adecuado, esta práctica tiene una influencia biológica y emocional única sobre la salud de la madre y del niño.
Los nutrientes presentes en la leche de una madre sana y bien alimentada satisfacen todas las necesidades nutricionales del lactante si éste consume cantidades suficientes. Además, la leche materna está disponible para el niño, tiene la temperatura adecuada y no requiere ninguna preparación ni equipo especial. La composición de la leche humana es bastante constante y casi no varía por los diferentes tipos de dieta de la madre.
Amamantar exclusivamente con leche materna significa que, si el bebé se amamanta de manera adecuada, no necesita nada más, ni agua ni zumos ni otros fluidos, incluso en las regiones cálidas, tanto húmedas como áridas del trópico. Después del amamantamiento exclusivo durante los primeros seis meses de vida, comienza el período de ablactación (o destete), que consiste en introducir poco a poco alimentos sólidos y líquidos aparte de la leche materna y la transición hacia una dieta sólida sin amamantamiento.
Un valor adicional de la lactancia es su efecto anticonceptivo, que ayuda a espaciar los nacimientos de manera natural. Las madres que dan de mamar de forma continuada tardan más en volver a menstruar y por lo tanto es menos probable que tengan un embarazo temprano sucesivo. Mayores intervalos entre los partos favorecen la salud y el estado nutricional del lactante y de la madre, al darle mayores posibilidades a reponer sus reservas nutricionales antes del siguiente embarazo, reducir su carga de tareas y aumentar el tiempo que le puede dedicar a su hijo.
Pese al avance de los métodos artificiales de anticoncepción, la lactancia sigue siendo la única protección con la que cuentan muchas mujeres en países en desarrollo contra otro embarazo poco oportuno, sea por falta de acceso a dichos métodos, por falta de aceptación cultural de los mismos o por ambas causas. En la actualidad, en muchos países en desarrollo, la lactancia contribuye a aumentar el intervalo entre nacimientos más que la combinación de todos los métodos anticonceptivos artificiales juntos (Latham, 1997:71).
Alternativas a la Lactancia Materna
La alternativa más habitual a la lactancia materna es la alimentación con biberón (también llamada lactancia artificial). Por lo general, se usan los preparados comerciales enriquecidos o leche maternizada, pero de forma frecuente se recurre también a la leche de vaca y a otros sustitutos. La leche maternizada es mejor que la leche fresca de vaca o la leche entera en polvo para el lactante.
Ciertamente, en los países en desarrollo los riesgos de la lactancia artificial son mayores que en los países industrializados. La alimentación con biberón aumenta el riesgo de infecciones originadas por la contaminación por organismos patógenos en la leche de vaca, en la leche maternizada en polvo y en el agua usada para su preparación, así como en los biberones, las tetinas y los demás objetos utilizados en la alimentación del bebé.
Por otra parte, el amamantamiento es más económico que la alimentación con biberón, ya que evita el coste de los preparados infantiles o de la leche de vaca, y de los biberones y del combustible necesario para su esterilización. El problema de la lactancia artificial es predominantemente urbano. La mayoría de las mujeres de los hogares de bajos ingresos en las ciudades trabajan fuera de casa, en empleos que están fuera de toda regulación laboral, lo que les dificulta aún más un cuidado adecuado de los hijos.
Lactancia Materna y el VIH
Pese a todos sus beneficios, la lactancia materna es una vía por la que una madre infectada con el VIH (ver SIDA), puede transmitir el virus a su hijo lactante. Al aproximadamente 20% de posibilidades de infección vertical (de madre a hijo) durante la fase final del embarazo y el parto, se suma un 14% de posibilidad de que el niño quede infectado a través de la leche materna (UNICEF, 1998:30).
Al respecto, una comisión consultora de la OMS y de UNICEF ha tomado una postura clara: “Donde las enfermedades infecciosas y la malnutrición son las principales causas de mortalidad infantil y las tasas de ésta es alta, la lactancia materna debe ser el consejo habitual a las mujeres embarazadas, incluyendo a las que están infectadas por el VIH. Por lo tanto, es primordial que se preste apoyo a las mujeres que se encuentran en esta situación.
La madre debería tener acceso voluntario y confidencial a pruebas de detección del VIH y a ser aconsejada por un médico, una enfermera o un/a trabajador/a de salud formado/a para tal fin sobre los beneficios de la lactancia materna, sobre el riesgo de transmisión del VIH a través de la lactancia materna y sobre los riesgos y las posibles ventajas asociados con otros métodos de alimentación del lactante. Es importante que la mujer esté facultada para tomar decisiones plenamente informadas sobre la alimentación del lactante, y que reciban el apoyo adecuado para llevarlas a término.
Cuando puede asegurarse el acceso ininterrumpido de los niños nacidos de mujeres seropositivas a sucedáneos de la leche materna nutricionalmente adecuados que están preparados y administrados de una forma segura, estos niños corren menos riesgo de contraer enfermedades y morir si no se les da de mamar.
Las medidas necesarias para reducir la transmisión del virus a través de leche materna deberían ser parte integral de una estrategia integrada destinada a reducir la transmisión vertical, ya que esta vía de transmisión, a través de la leche materna, es sólo una pequeña parte del problema.
Estrategias para Proteger, Fomentar y Apoyar la Lactancia Materna
Proteger, fomentar y apoyar el amamantamiento es la estrategia del conjunto OMS/UNICEF para actuar a favor de la lactancia, tanto a nivel comunitario como a nivel de los países (UNICEF, 1998:47). Estos tres niveles de actuación tienen como objetivo empoderar a las mujeres y asistir a las madres y los niños respecto a sus derechos a amamantar.
- Proteger la lactancia materna a través de políticas, programas y actividades que protejan a las mujeres que ya están amamantando y combatan las fuerzas que les sugieren no hacerlo. En tal sentido, el Código Internacional de Comercialización de los Sucedáneos de la Leche Materna, adoptado por la Asamblea Mundial de la Salud en 1981, creó una serie de limitaciones a la promoción y a la comercialización de estos productos y sugirió que los gobiernos deberían tomar acciones para poner en práctica sus principios y objetivos. Las normas, que entre otras sugieren que los establecimientos de salud no pueden participar en la promoción de los sucedáneos de la leche materna y que las mujeres embarazadas o las madres primerizas no deben recibir muestras gratuitas, han tardado mucho en ser incorporadas a las legislaciones nacionales de los diferentes países.
- Apoyar el amamantamiento a través de actividades, tanto formales como informales, que pueden ayudar a las mujeres a aumentar su confianza en sus capacidades de amamantar. Esto es importante tanto para la mujer que desea amamantar pero está ansiosa o tiene dudas al respecto, como para aquellas que afrontan condiciones que desfavorecen el amamantamiento. Esto incluye realizar acciones y crear leyes laborales que le permitan a la madre que amamanta trabajar fuera de la casa y al mismo tiempo poder seguir amamantando a su hijo. Fomentar la actitud positiva de los trabajadores de la salud hacia la lactancia materna para que eviten que la madre que tiene problemas para amamantar acuda directamente a los sucedáneos de la leche materna.
- Fomentar el amamantamiento a través de actividades que están diseñadas principalmente para alentar a grupos de mujeres a amamantar a sus hijos. Esto incluye la motivación y la reeducación de las madres que, por lo contrario, podrían preferir no amamantar a sus hijos. La promoción debe hacer hincapié no sólo en los beneficios para la salud, sino también en los beneficios económicos y las ventajas anticonceptivas.
Recorrido Histórico de la Lactancia Materna
La lactancia materna es una práctica tan antigua como la humanidad, somos mamíferos y como tales nos comportamos. Amamantar a las crías es un hecho biológico: en el caso de los humanos, a los bebés. Esta actividad biológica tiene mil matices que desde el punto de vista antropológico desvelan lo que simboliza para diferentes culturas y cómo se caracteriza esta práctica a lo largo de la evolución de la civilización humana. Es por eso que se expondrá cómo ha sido la lactancia materna a lo largo de la historia a través de un breve recorrido histórico.
En la cultura espartana clásica, había leyes que obligaban a todas las mujeres a amamantar a sus bebés, independientemente de su clase social. En muchas culturas pertenecer a una clase social u otra ha hecho que las madres hayan amamantado o no a sus hijos. A finales del siglo XIX aC, en el código babilónico de las culturas paleosemíticas de la antigua Mesopotamia (Eshnunna, Hammurabi) se hace referencia al sistema existente de nodrizas que ofrecían el servicio de amamantamiento. Así mismo, también hay referencias en la Biblia judeocristiana y en el Nuevo Testamento.
En la Grecia clásica, las nodrizas eran muy comunes, y en un texto de Platón (427-347 aC) eran preferidas a las propias madres para amamantar a los bebés. La mayoría de mujeres nobles del Imperio Romano también utilizaban los servicios de las nodrizas para amamantar a sus hijos. Sorano de Éfeso (98-130 aC), en Gynecia, tratado de referencia de la ginecología y la obstetricia durante más de 1.500 años, describió las condiciones de elección de una buena nodriza, su dieta, el régimen de vida y las formas de amamantar.
En el siglo VII se pueden encontrar referencias al sistema de amas de cría en el Corán, y en España en las partidas de Alfonso X el Sabio (1221-1284) encontramos una compilación de cómo tienen que ser las nodrizas reales. En la Francia de los siglos XIII al XIX, las mujeres de clase media y alta no amamantaban a sus hijos, usaban las nodrizas, leches de diferentes animales y preparados de cereales. Ambroise Paré (1509-1590), un cirujano francés que actuó como cirujano militar y que, en obstetricia, introdujo la versión podálica (técnica de ayuda al parto), está considerado el reformador y el verdadero impulsor de la cirugía. En una de sus obras hay un capítulo titulado “Sobre los pechos de la nodriza”.
Durante el Renacimiento europeo se extendió mucho, sobre todo en Francia y en Italia, lo que conocemos como lactancia mercenaria, el sistema de alimentación de los bebés con leche humana a través de nodrizas. Era habitual que mujeres de pocos recursos económicos amamantaran a más de un bebé a la vez (entre los cuales a menudo también estaba su hijo). Así mismo, las clases menos favorecidas económicamente se beneficiaban, dando el pecho, del efecto anticonceptivo de la lactancia materna, y mantenían su fertilidad a un hijo cada dos años; de esta forma conseguían el control natal. Como contrapartida, entre las clases acomodadas la fertilidad subió hasta valores de 15 a 20 hijos, descendencia que debido a la elevada mortalidad de la época no sobrevivía.
En Francia, lo que durante el siglo XVI era una práctica exclusiva de la aristocracia se extendió durante el siglo XVII a la burguesía y durante el siglo XVIII a las clases populares. En general todas las mujeres dependían de los servicios de las nodrizas: las que tenían pocos recursos económicos, para poder trabajar; y las de la aristocracia, para no desatender sus obligaciones sociales. En 1780, de 21.000 niños nacidos en París, 1.801 eran amamantados por su madre, 19.000 por una nodriza en el domicilio familiar y 199 en casa de la nodriza (generalmente en el campo).
En Francia, el tema del oficio de las nodrizas adquirió tal importancia que se establecieron regulaciones oficiales sobre la lactancia mercenaria. Se desarrollaron disposiciones para proteger a los bebés amamantados por nodrizas y a la vez para garantizar la remuneración de las nodrizas. En 1769 se creó en París el Bureau des Nourrices (la Oficina de Nodrizas), dependiente del gobierno, que entre los años 1770 y 1776 reclutó 15.000 amas de cría, y se constituyó en una industria emergente que persistió hasta finales del siglo XIX.
En Inglaterra en 1700 menos del 50 % de los niños eran amamantados por sus madres. Durante los siglos XVI y XVII, los Países Bajos no participaron de esta práctica tan extendida en el resto de Europa. Allí predominaba una moral familiar y defensora de lo más natural, promovida por los poderes públicos, que defendía a la buena madre como la madre que amamantaba a sus propios hijos. Esta podría ser una de las razones por las cuales en los Países Bajos encontramos menos nodrizas durante estos siglos y a la vez menos mortalidad infantil que en los países vecinos.
Durante el siglo XVIII, en los periódicos españoles los anuncios de nodrizas eran más de la cuarta parte de los anuncios de ofertas de trabajo. Durante el siglo XIX, en Rusia, exceptuando la nobleza -que siguió las costumbres de Francia-, la mayoría de niños fueron amamantados por su madre. También en Norteamérica, desde el siglo XVII, la mayoría de mujeres amamantaban a sus hijos y no era frecuente utilizar los servicios que ofrecía una nodriza. En Alemania, en cambio, durante el siglo XIX, era generalizada la utilización de la ama de cría y era extraño que una madre se encargara de la alimentación de sus hijos.
A partir del 1890, el desarrollo de varias mejoras en la fabricación y conservación de los sucedáneos de la leche materna fue desplazando el papel de las nodrizas. Los descubrimientos de Louis Pasteur (1822-1895) contribuyeron a la desaparición de la lactancia mercenaria a partir de 1900.
Durante la utilización de los servicios de la lactancia mercenaria, la mortalidad infantil (muertes de menos de un año por 1.000 nacidos vivos) se incrementó considerablemente. Era de 109 en los niños amamantados por sus madres, de 170 en los niños amamantados por nodriza en casa del niño, de 381 cuando la nodriza los amamantaba en su domicilio y de 500 a 910 cuando eran alimentados por nodrizas en casas de beneficencia. Viendo estas cifras tan elevadas de mortalidad infantil, se creó un sistema minucioso sobre lactancia materna mercenaria.
Es en el siglo XX cuando aparece un nuevo movimiento de apoyo a la lactancia materna, motivado, principalmente, por las elevadas tasas de morbilidad y mortalidad del momento. Destaca en 1979 una reunión entre la OMS y Unicef en la que se aborda el tema de las prácticas de alimentación infantil y se acuerda la necesidad de elaborar un código que regule la comercialización de sucedáneos de la leche materna.
Durante el siglo XIX y principios del XX los textos de puericultura señalan el riesgo de infecciones graves en los niños alimentados con biberones. Hace pocos años que se han identificado las causas de estas infecciones: manipulación, biberones y dilución de la leche. Las creencias y los mitos sobre el calostro se remontan a las primeras referencias que constan de la civilización. La mayoría de pueblos primitivos dejaban pasar días antes de poner al niño en el pecho, con horarios detallados y rituales. Ofrecían también líquidos a los bebés en forma de infusiones.
Hay referencias antropológicas diferentes sobre las posturas para dar el pecho, la mayoría de culturas colocan al bebé en el regazo. Algunos pueblos asiáticos para hacerlo se inclinan sobre el bebé que yace, las madres encuentran apoyo en una barra que se sitúa sobre la cuna. Dentro de la cultura africana es fácil encontrar mujeres que llevan a sus hijos en la espalda y los ponen en el pecho con frecuencia.
Beneficios de la Lactancia Materna para el Bebé y la Madre
La lactancia materna se considera la alimentación ideal del lactante1. Además, la evidencia científica ha demostrado que los niños no amamantados tienen más enfermedades, más graves y más largas, no sólo durante la época de la lactancia, sino muchos años después. Así, la lactancia materna de más de tres meses de duración puede disminuir hasta un 77% el riesgo de otitis media, un 75% el riesgo de infecciones respiratorias de vías bajas, un 40% el riesgo de asma y un 42% el riesgo de dermatitis atópica. Una lactancia materna de más de seis meses de duración puede disminuir también el riesgo de padecer leucemia en un 20% y en un 36% el riesgo de muerte súbita.
Amamantar ayuda a la madre a mejorar su salud presente y futura, reduciendo las hemorragias postparto, proporcionando anticoncepción durante los seis primeros meses (siempre y cuando el bebé tenga menos de seis meses, la lactancia sea exclusiva, existan las tomas nocturnas y no haya regresado el período menstrual de la madre), mejorando la remineralización ósea postparto, disminuyendo el riesgo de cáncer de mama, ovario y de diabetes tipo 2, entre otros beneficios Además, promueve un frecuente y estrecho contacto físico con el lactante y la creación del vínculo afectivo, lo que resulta óptimo para su desarrollo y hace que la madre experimente un gran sentimiento de satisfacción y autoestima.
Sin embargo, las tasas de inicio y duración de la lactancia materna caen bruscamente en todo el mundo a partir de 1920 como resultado de, entre otros factores, la introducción de fórmulas para alimentación infantil derivadas de leche de vaca evaporada.
A nivel internacional, a partir de la Declaración de Innocenti en 1991, la OMS y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) lanzaron la estrategia denominada «Iniciativa Hospital Amigo de los Niños» (IHAN) con el fin de ayudar a los hospitales, Servicios de Salud y en particular a las salas de maternidad, a adoptar prácticas de protección, promoción y apoyo a la lactancia materna desde el nacimiento.
Conscientes de la importancia de la lactancia materna, la mayoría de las mujeres manifiestan querer amamantar a sus hijos. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de las propias madres, grupos de apoyo, profesionales, gobiernos e instituciones internacionales, las tasas de lactancia están lejos de lo deseable.
La situación de la lactancia materna en España es difícil de describir con certeza, dada la ausencia de datos recogidos de forma periódica. Se define la etapa del lactante como el periodo comprendido desde los 28 días a los 2 años de vida. Es una época de grandes cambios físicos y de hitos en su desarrollo.
Las habilidades como dar el primer paso, sonreír, saludar o decir sus primeras palabras son indicadores o hitos que nos permiten ver el desarrollo cognitivo de los niños. El bebé es un ser activo, dotado de unas capacidades innatas muy poderosas para conseguir la atención a sus necesidades. En la maduración y desarrollo cerebral del niño pequeño influye tanto la genética como la interacción con el mundo que lo envuelve y que le da lo que va necesitando tanto física como psicológicamente para su crecimiento personal. Durante los primeros 18 meses de vida pasa de ser un recién nacido inmóvil, a un niño capaz de caminar y explorar el entorno.
Un motivo frecuente de consulta es el pie plano que presentan los niños al caminar, lo cual es fisiológico en esa época de la vida. A los 3-4 meses el lactante comienza a prestar atención a sus manos, a los 4 meses es capaz de alcanzar juguetes, a los 6 meses puede pasar objetos de una mano a otra haciendo prensión con toda la mano y a los 10 meses ya lo hace mediante la pinza digital (pulgar-dedo índice/medio).
El recién nacido se queda quieto al oír voces, se tranquiliza con la voz de su madre y se alarma con los ruidos fuertes. El ojo del recién nacido tiene una correcta anatomía, pero su capacidad funcional es inmadura. Necesita recibir estímulos para que su sistema visual madure adecuadamente. El recién nacido es capaz de distinguir entre la luz y la oscuridad. Al mes es capaz de fijar la mirada y seguir un objeto en un ángulo de 90º, y a las 6 semanas debe ser capaz de establecer contacto visual con la madre y reaccionar a expresiones faciales. La percepción de los colores se inicia hacia los 2-3 meses.
El lactante tiene un gran interés social y comunicativo con otros seres humanos. Se comunica de forma precoz a través de expresiones faciales y sonidos básicos (gorgoritos a los 3-4 meses: “aa, aa”). A los 7-8 meses pronuncia bisílabos como papá y mamá de forma inespecífica. A los 12-13 meses hace uso adecuado de papá y mamá y entiende el no. Es importante saber que existe una gran variación en la adquisición del lenguaje. La sonrisa social (voluntaria) a las 6 semanas es un hito muy importante y muy constante. Durante los siguientes meses, el lactante muestra cada vez mayor respuesta social. Por eso, en esta etapa es muy importante el inicio de los “juegos” (cantando, mostrando cuentos, conversando…). A los 8 meses muestra ansiedad y disgusto cuando se separa de la madre y a los 10 meses dice adiós con la mano. A los 18-24 meses disfruta con el juego simbólico y emplea juguetes pequeños, muñecas, cucharilla… como si fuera su equivalente real.
Una vez conseguida la movilidad, el niño comienza a explorar el entorno y requiere atención y supervisión constante.
| Beneficio | Madre | Bebé |
|---|---|---|
| Salud | Reduce hemorragias postparto, mejora remineralización ósea, disminuye riesgo de cáncer y diabetes tipo 2 | Menor riesgo de otitis, infecciones respiratorias, asma, dermatitis atópica, leucemia y muerte súbita |
| Bienestar | Promueve la autoestima | Óptimo para su desarrollo |
| Contacto | Estrecho contacto físico con el lactante y la creación del vínculo afectivo | Estreчный контакт с матерью |
