Nadia Comaneci, nacida en Rumanía el 12 de noviembre de 1961, es una figura icónica en el mundo de la gimnasia. Ella fue la primera gimnasta que obtuvo un 10, un puntaje perfecto, en una competencia olímpica.
Nadia Comaneci en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.
Infancia y Primeros Pasos en la Gimnasia
Nacida en Onesti, a 250 kilómetros al nordeste de Bucarest, Nadia comenzó a hacer gimnasia a los seis años en la asociación deportiva Flacara. Dos años después se fundó el primer liceo de gimnasia de Rumanía, convertido en el Centro Nacional de Gimnasia.
Apadrinada en sus primeros pasos por la pareja de preparadores Duncan y Munteanu, será el siniestro -pero efectivo cuantitativamente hablando- tándem formado por Béla and Márta Károlyi quien acompañe a la trayectoria gloriosa de la gimnasta.
El Ascenso a la Gloria y el Primer 10
En Montreal, en 1976, Comaneci hizo historia al convertirse en la primera gimnasta en recibir la puntuación máxima. Nunca antes los jueces habían considerado que un ejercicio fuera perfecto, sin error alguno. Los marcadores no estaban preparados para plasmar esa perfección. Su primer 10, en las barras asimétricas, quedó reflejado como un 1.0, una cifra que quedó para la mítica de la gimnasia y que la propia Comaneci lleva aún hoy xerigrafiada sobre una camiseta.
La exgimnasta es la dueña de la primera marca perfecta (10) en una competición olímpica de gimnasia artística en los Juegos Olímpicos de Monteral en 1976. Con su estilo preciso, elegante e impecable, a la temprana edad de 15 años dejó atónito a todo el mundo con sus capacidades sobre la barra de equilibrio y las barras asimétricas, lo que solamente sirvió como pistoletazo de salida para convertirse en una de las gimnastas más destacadas que ha acumulado un patrimonio ejemplar por sus éxitos dentro y detrás del juego.
Nombrada como Personalidad Deportiva del Año de la BBC en el Extranjero en 1976, cuya foto apareció de portada en la revista Time, Comaneci ganó otras seis calificaciones de 10 a lo largo de su carrera.
Nadia Comaneci en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980.
Sacrificios y Dificultades
Pero para llegar al 10, Nadia había tenido que someterse a enormes sacrificios. Bela Karoli fue el primero que pensó que niñas de 12, 14 o 16 años podían llegar a lo más alto, en un deporte en el que hasta entonces triunfaban mujeres que superaban los 20. Sobre esas adolescentes, el técnico ejerció un dominio absoluto: de lo que hacían, de lo que comían, de lo que decían, de lo que estudiaban. "Bela era tan duro que Nadia me dijo un día que sentía su presencia a un kilómetro de distancia", comentó en una ocasión otra gimnasta, Cristina Vladu.
Las gimnastas del equipo rumano tenían que entrenar aunque estuvieran enfermas o lesionadas. Eran privadas de comida y bebida para evitar que aumentaran de peso.
Especialmente preocupantes resultaban las recurrentes noticias respecto a la inestabilidad deportiva y anímica que rodea a la campeona, que durante fechas posteriores a su éxito intercala desplantes y altibajos en su estado de forma, con las represalias derivadas de tales insubordinaciones. Castigos que en ocasiones se desarrollaban de manera indirecta, como hacerle competir a sabiendas de su imperfecta preparación en busca de socavar su imagen, mientras que en otras tomaban formas concretas de lo más abyectas, obligándole a guardar ayuno absoluto durante varios días.
Por aquel entonces Nadia tiene 16 años y, al igual que su cuerpo evoluciona y tiene algunos problemas de adaptación a su nueva morfología, su percepción de la realidad, todavía machacada por el maltrato de los entrenadores y la cada vez mas ostensible reclusión en la que se encuentra, deriva en capítulos dramáticos.
Fue en el campeonato mundial de Forth Worth, en 1979, al que llega con una lesión en los dedos, y que pese a ella, y vista la mala clasificación de su equipo, no duda en subirse a una barra de equilibrios en la que sólo puede apoyar una mano y tres dedos de la otra. Inconvenientes que no evitan la realización de un ejercicio extraordinario y que realzó la nota grupal.
Pese a la importancia que suponían los Juegos Olímpicos disputados en Moscú en 1980 para la gimnasta, ya que significaba su última aparición en una competición de élite, no lo eran menos para su país, que pretendía reivindicarse y asaltar la imbatibilidad de los rusos.
Este hecho, y las dificultades crecientes para salir de su país, hicieron a Nadia sentirse "prisionera" en su propia casa.
Huida del Régimen y Nueva Vida en Estados Unidos
La noche del 27 al 28 de noviembre de 1989 la mejor gimnasta de la historia cruzó a pie de manera ilegal la frontera oeste de Rumanía y, tras un periplo por Hungría y Austria, se instaló primero en Canadá y luego en Estados Unidos.
Otro exgimnasta, Bart Conner, la acogió en su centro de entrenamiento en Oklahoma. Su amistad se convirtió en amor con el paso de los años y ambos se casaron en 1996 y en Bucarest, con el país liberado del yugo de la dictadura y convertido en una democracia.
Tras su gira mundial de ‘Nadia 1981’, estuvo bajo supervisión constante de las autoridades y le fue prohibido viajar a países occidentales debido a la deserción de su entrenador al huir a Estados Unidos. Se retiró de la barras en el mismo 1981, estudió Educación Física en la Universidad de Rumanía y planeó seguir los mismos pasos que su míster. En 1989 unas semanas antes de la Revolución de Rumanía, cruzó la frontera hasta Hungría para escapar del comunismo y llegar a EE.UU, para vivir del deporte con libertad de decisión y expresión. No volvió a su país de nacimiento hasta su boda con el exgimnasta Bart Connor en 1996, cuya recepción tuvo lugar en el antiguo palacio presidencial de Bucarest.
En ese contexto la aparición de su amigo Constantin Panait, otro exiliado que insistía en las maravillas sobre su nuevo status de libertad en Estados Unidos, significó una luz de esperanza.
Tras pagar 5.000 dólares por la aventura que le dio la libertad, Nadia cruzó el Atlántico, se casó, obtuvo la nacionalidad estadounidense y fijó su primera residencia en Montreal, su santuario, la ciudad que años atrás, en 1976, descubrió al mayor mito de la gimnasia, a su chica 10.
Labor Solidaria y Legado
La deportista sacó pronto a relucir su vena solidaria. La apertura del hospital para atender a niños sin recursos o la donación de 100.000 dólares para ayudar al equipo rumano de gimnasia que preparaba los Juegos Olímpicos de Atlanta fueron las primera muestras conocidas de una labor que se extiende hasta hoy. "Cuando fui campeona olímpica en Montreal desconocía la palabra 'patrocinador'. Ahora que sé que existe, ¿por qué no yo?", se preguntó. Sus trabajos solidarios "no son una responsabilidad", sino "una obligación de devolver algo a la sociedad, que corresponde, a todos los atletas que hayan conseguido algo importante en su carrera".
Junto a su marido dirige un centro de gimnasia muy exitoso en Estados Unidos y desde 1998 son dueños de la compañía de producción que produce los principales eventos de gimnasia emitidos en los canales deportivos del país, como ESPN y Fox Sports, y en ocasiones del mundo.
Es considerada la ganadora más joven y única persona que ha recibido dos veces, en 1984 y 2004, la Orden Olímpica, el máximo galardón otorgado por el Comité Olímpico Internacional. También ha sido incluida en el Salón de la Fama de la Gimnasia Internacional, además de ser Embajadora Deportiva de Rumania, Presidenta de Honor de la Federación Rumana de Gimnasia, Presidenta de Honor del Comité Olímpico Rumano y miembro de la Fundación de la Federación Internacional de Gimnasia.
En sus nuevas facetas de entrenadora, comentarista y escritora (Cartas a una joven gimnasta, 2004), refleja su influencia en sus constantes éxitos por su gran labor dentro del deporte, donde su dedicación y compromiso no tiene fin.
Actualmente, Nadia Comaneci llega a los 60 como ciudadana estadounidense -si bien mantiene la doble nacionalidad-, entregada a la causa de la promoción del deporte entre mujeres y discapacitados y con una biografía aún llena de misterios, que oculta tras una sonrisa permanente y bajo un aspecto de mujer sana y fuerte.
Nadia Comaneci en los Premios Laureus 2024.
La conocida como «la diosa de Montreal», Nadia Comaneci (1961, Rumanía), aterrizó en la capital como miembro de la Academia de los premios Laureus. Considerada como una de las mejores gimnastas del mundo, y con un patrimonio estimado en 10 millones de dólares, formó parte del jurado de la 25ª edición de los conocidos como los Oscars del deporte, celebrados en Madrid.
Gracias a sus logros como gimnasta y sus nuevos ámbitos empresariales dentro del deporte, Comaneci registra una trayectoria impecable dentro de este mundo, que se traduce en un patrimonio de 10 millones de dólares.