María Dolores Pradera: Biografía de una Voz Legendaria

En el centenario del nacimiento de María Dolores Pradera, una de las más grandes figuras de la canción hispanoamericana, se presenta una biografía que desvela la fascinante vida y el legado de esta icónica artista. Su repertorio de más de mil canciones, muchas de ellas populares tanto en España como en Hispanoamérica, la convirtió en un símbolo cultural que trascendió fronteras. Con más de dos mil conciertos en ambos continentes, Pradera se consolidó como una figura inigualable en el panorama musical.

María Dolores Pradera, una figura icónica de la canción hispanoamericana.

Un Acceso Íntimo a su Vida

Lo que hace única a esta biografía es el acceso privilegiado que los autores tuvieron al entorno más cercano de la artista. Con la colaboración de amigos, colaboradores y familiares, especialmente de su hijo Fernando Fernán-Gómez, la obra ofrece una visión íntima y reveladora de la vida de María Dolores Pradera. Fernando, quien también fue músico y técnico de sus actuaciones durante más de tres décadas, aporta una perspectiva única y valiosa sobre la vida y obra de su madre.

Una Mujer que Desafió las Normas

Pero más allá de ser la historia de una artista, esta biografía nos presenta el retrato de una mujer que desafió las normas sociales y se mantuvo fiel a su pasión por el arte. María Dolores Pradera siempre priorizó su profesión y su amor por el escenario, incluso ante las presiones y los ultimátums de quienes intentaron limitar su libertad. Su determinación y valentía la convierten en un ejemplo de empoderamiento y resistencia para las mujeres de todas las generaciones.

Los Autores: Aguilar y Cabrero

Los autores, Aguilar y Cabrero, son reconocidos documentalista e historiador respectivamente, quienes han demostrado su destreza en obras que combinan erudición, nostalgia y memorabilia. Su enfoque meticuloso y respetuoso hacia la vida de María Dolores Pradera garantiza una narración cautivadora que captura la esencia misma de esta figura legendaria.

Inicios de su Carrera

Reputada actriz hasta la década de los sesenta y popular cantante melódica a partir de los setenta, María Dolores Pradera nació en agosto de 1924 en Madrid. Creció al lado de su madre y sus hermanos en un piso alquilado de la calle General Oráa esquina con Hermanos Bécquer, en una zona acomodada de la capital. La familia pudo asentarse allí gracias a los negocios del padre, Antonio Fernández, que emigró a América y dedicó su tiempo y energía a la industria salitrera y al floreciente negocio de fabricación de maletas y baúles que consiguió levantar en Chile.

Aunque sus negocios se torcieron bastante con el colapso financiero de 1929, que le obligó a vender su empresa transatlántica e invertir el producto en acciones mineras en León. “No tendrá tiempo para comprobar el resultado de la aventura: una infección no controlada le provoca un absceso diabético repentino y la muerte le alcanza inesperadamente antes de cumplir los 49 años”, apuntan los autores en su libro. “María Dolores tiene tan solo 11, pero no lo siente como una tragedia personal. La convivencia apenas ha existido y el padre no dejaba de resultar una persona un tanto extraña, un tanto idealizada. El fallecimiento, sin embargo, sí marcará profundamente a la familia, porque la viudedad condena a Carmen a una difícil situación anímica que se prolongará durante años y porque con él desaparecen de un plumazo los ingresos que permiten mantener un nivel de vida que debe reformularse a marchas forzadas”.

Para empezar, la dama cancionera pasó a vivir en un piso en el castizo barrio de Chamberí. También cambió su asistencia al Instituto-Escuela, un moderno centro que aplicaba los preceptos de la Institución Libre de Enseñanza, y donde por cierto probó el teatro, por su escolarización en un modesto y tradicional colegio de monjas. Durante el tiempo que duró la guerra civil, Pradera se entretuvo haciendo imitaciones de gente que escuchaba en la radio y representando funciones por la vecindad, disfrazada de trapos viejos. Hasta que en una de aquellas largas noches de bombardeos y miedo, mientras cantaba en la ducha antes de acostarse, un vecino se asomó al patio gritando: ‘¡Esa radio!’. Fue entonces cuando pensó que, si tenía voz de radio, debía cantar bien.

Sus Inicios en el Cine y el Teatro

Aunque más de uno desconocerá que, antes de cantante, Pradera fue actriz. Cuando contaba 14 años, gracias a una amistad que su progenitora tenía en los renacidos estudios Chamartín, entró de extra en los platós de cine. Esta experiencia supuso el fin de sus estudios reglados, cursados desde el final de la contienda en una academia donde no alcanzó a superar el quinto curso de Bachillerato. Alrededor de esa misma época debutó también como meritoria en el teatro, un arte que entre otras cosas le permitió ser primera actriz del Teatro Español y del María Guerrero. En la Comedia conoció a Fernando Fernán Gómez, con el que comenzaría un noviazgo al estilo de los de entonces, de pasar tardes juntos, paseando o en el cine, y darse besos en la mejilla.

Corría el verano de 1945 cuando la pareja acordó casarse y trasladarse a la casa familiar del recién estrenado esposo, en la calle General Álvarez de Castro. Tuvieron juntos dos hijos -Fernando y Helena Fernán-Gómez- y fueron felices durante un tiempo. “Contaba [Pradera] que Fernando ya apabullaba con 20 años”, apuntó el comunicador Luis Alegre, amigo de la pareja. “En las tertulias del Café Gijón, si él tomaba la palabra, el resto lo escuchaba divertido o boquiabierto, como ocurriría siempre. Siendo tan diferentes, se parecían mucho, en el inmenso talento, la gracia, la chispa y el aire surrealista de sus ocurrencias. Paco Rabal y Lola Flores siempre les bromeaban: ‘¿Vosotros sois hermanos, no?”.

Sin embargo, el amor que se profesaban se fue diluyendo poco a poco, y en 1957 decidieron dejar de vivir juntos -aunque la separación se hizo oficial años más tarde, gracias a la aprobación de la Ley del Divorcio el verano de 1981-. Como bien apuntan sus biógrafos en las páginas del ensayo, Pradera y Fernán Gómez se reencontraron, tras muchos años distanciados, con motivo de la celebración de la boda de su hijo Fernando, verdadero inspirador de María Dolores Pradera. Fernando fue custodio del archivo de su madre y músico y técnico de sus actuaciones durante más de tres décadas.

“Por increíble que pudiera parecer, no habían vuelto a cruzarse ni por casualidad desde su separación casi un cuarto de siglo atrás: sus comunicaciones han sido frecuentes -los hijos, los dineros-, pero estas han sido exclusivamente por teléfono y el azar ha querido que pese a frecuentar círculos tan similares no hayan coincidido nunca. La noticia, de tan sorprendente, salta incluso a los medios”.

El intérprete de El espíritu de la colmena observó de lejos cómo Pradera se convertía en una grande de lo suyo. Su presentación como cantante tuvo lugar en febrero de 1952, en la madrileña sala Alazán, y como este evento tuvo éxito, su nombre pasó rápidamente a convertirse en imprescindible en todo tipo de convocatorias musicales. Tanto es así que ella dejaría pronto clara su preferencia por la música frente a la interpretación.

“Fui [al mundo del teatro] para una semana y me quedé tres años”, dijo una vez. “Durante un tiempo conseguí compaginar ambas cosas. Hacía mi función y luego me iba a cantar. Y entonces vino a escucharme la gente de una discográfica. Me ofrecieron grabar, y grabé. Y mis discos salieron de España y empezaron a ofrecerme contratos. Yo pensaba que con aquello reuniría un dinerito para tener mi propia compañía (de teatro), pero ya nunca pude volver de forma continuada; solo en una ocasión, en el 85, con José Luis Alonso, para hacer Cándida, de Bernard Shaw”.

Pa Todo el Año

Gracias a su dominio de la escena y su voz apasionada, Pradera multiplicó en los años sesenta las apariciones públicas tanto en salas de fiestas como en televisión. Incluso llegó un momento en el que se vio obligada a buscar locales de mayor aforo para sus recitales. Aguilar y Cabrerizo destacan en su libro la relación de “recíproca fidelidad” que la artista mantuvo con Zafiro hasta 1999, cuando el sello fue absorbido por la multinacional RCA y se fue perdiendo “en la maraña de multinacionales que acarreó la concentración industrial del nuevo milenio”.

Y también comentan que los nuevos aires políticos que soplaban en España durante la etapa final de la dictadura franquista “van a traer la resolución de una importante fricción: la distancia de un sector juvenil que, desde la explosión del yeyé, ha empezado a ver su repertorio como algo anclado en un tiempo ya pasado”.

Con el tiempo, añaden los escritores, Pradera se sentiría orgullosa “de no haber cedido a la oleada anglosajona y de haberse mantenido fiel a un repertorio entroncado con una tradición cultural propia. La misma evolución de la música parecerá darle razón: para principios de los setenta, con el beat y el yeyé finiquitados tras todo lo sucedido en 1968, su línea se ha mostrado mucho más estable, al margen del vaivén de las modas. Su principal habilidad ha sido saber renovar el contenido de sus textos captando a la perfección el aire de los tiempos.

Los grupos y cantantes que han ido filtrando la modernidad en España no han sido de su gusto y no ha dudado en bajar al barro cuando lo ha considerado conveniente [...] La falta de contenido político en sus textos va a suponer un quebradero de cabeza continuo ante la prensa más beligerante que, lejos de aplacarse, va a ir enconándose con el paso de los años”.

Un Icono Durante la Transición

Durante el periodo de la transición, la cantante se erigió en un auténtico icono, hasta el punto de que su nombre llegó a aparecer junto a los de Sara Montiel, Lola Flores o Josephine Baker “entre las artistas imitadas en un show denominado Travestíssimo que se estrena en Madrid en el Teatro Barceló y poco después llega a Barcelona en el Español del Paralelo”. Y en los ochenta, pese a verse inmersa en una avalancha de conciertos, giras y grabaciones, sacó tiempo para dejar el tabaco, un vicio que la llevó a fumarse tres paquetes diarios. “Dejé de fumar justo a los 60 años, no porque me hiciera daño el tabaco, sino porque fumaba muy feo y mis nietos me hacían burla”, reconoció la propia artista, que en esa época se encontraba lo suficientemente cómoda con su imagen pública como para ampliar su exposición en numerosos programas televisivos, ya no solo musicales.

Aunque siempre fue poco amiga de mostrar sus emociones, en las Navidades de 1988, en plena gira de actuaciones por Colombia, Pradera ofreció unas sorprendentes declaraciones sobre sus relaciones: “En general, al hombre, sea de donde sea, le molesta el exitillo de la mujer. Se han acercado a ti porque te han visto en un escenario y todo eso les ha parecido bonito y a lo mejor se han deslumbrado. Y luego resulta que eso mismo les molestaba muchísimo. Ha sido muy complicado. Más pronto o más tarde, el ultimátum: o la tumba o yo o el escenario. Y yo me he quedado con el escenario”. Algo más tarde, le dijo a Julia Otero en un programa televisivo que ella era “una mujer a la que le gusta la soledad”. No en vano, su único escarceo conocido en aquellos años fue el que mantuvo, de forma discretísima, con Luis Calvo, antiguo director del ABC -tras su muerte, en 1991, la artista publicó en las páginas de ese diario una sentida carta de despedida-.

En realidad, la discreción fue siempre seña de identidad de una mujer que desde principios de los noventa se enfrentó a algún que otro percance de salud -como un problema en el oído que derivó en severas crisis de vértigo que la mantendrían alejada de los escenarios durante tres años- y a la pérdida de varias personas fundamentales en su trayectoria. Primero se vio participando en un homenaje póstumo a su antiguo amigo José Luis Alonso, que se quitó la vida tirándose por una ventana de su domicilio. Algunos meses más tarde murió devorado por el cáncer Santiago López, miembro del grupo de guitarristas Los Gemelos, que desde hacía tres décadas la acompañaba fielmente en sus actuaciones.

“En facetas menos severas, se hace por aquellos años habitual de las noches en casa de Joaquín Sabina, donde comparte conversación y copas con todo aquel que se pase por allí”, apuntan Cabrerizo y Aguilar. Por desgracia, los problemas de salud fueron cada vez más acuciantes desde entonces. En febrero de 2012, una neumonía la obligó a cancelar los siguientes conciertos de la gira Toda una vida, con la que llevaba un tiempo recorriendo la geografía española. Ella confiaba en acumular energía suficiente para retomar sus recitales, pero en mayo de ese mismo año se vio obligada a suspender de manera indefinida la gira. Teniendo en cuenta que ya se acercaba a los 90 años, aquel anuncio olía a retirada.

Sin embargo, sus devotos tuvieron ocasión de verla subir una vez más a un escenario. Fue en junio de 2013, fecha en la que ejerció de invitada de honor de Miguel Poveda en el concierto con el que el cantaor celebró sus bodas de plata con la música en Las Ventas. “La ovación final no es un homenaje a la cantante, ni siquiera a esa mujer que sonríe feliz”, apostillan los autores. “Se aplaude todo un legado que Poveda recoge como representante de una nueva generación y que legará a su vez a las venideras. Y ahora sí, se corre el telón. Había sido su última aparición pública”.

Según aquellos que la conocieron, Pradera nunca perdió su característico sentido del humor. De hecho, en los últimos tiempos bromeó a menudo con la cercanía de la parca. “Yo antes tenía mucho miedo a la muerte”, confesó en una de sus últimas entrevistas. “Ahora no es que no tenga miedo a la muerte, pero vamos, no me gustaría morirme, me parece una cursilada morirse y que no hay derecho”. Entonces encontraba consuelo en la gran vida que había tenido, y que le deparó mucho más de lo que ella hubiera podido imaginar, y apoyo en los amigos, sus dos hijos y, sobre todo, sus nietos.

Falleció en mayo de 2018, rodeada de los suyos, en su Madrid natal. Como bien señalan sus biógrafos, la despedida contó con unas exequias “celebradas por decisión propia en una intimidad que evite escenas como las de Fernán-Gómez, tan masivas que habían terminado dejando fuera a sus propios hijos [...] Sus restos reposan en el cementerio de la Almudena de aquel Madrid que la había visto nacer 93 años atrás. Los periodistas y presentadores de los programas de televisión no encontraban suficientes adjetivos en el diccionario para calificar a esta artista, pero los más repetidos hacían referencia a la elegancia de su voz, a su fina estampa: María Dolores Pradera fue la gran señora de la canción, "nuestra Frank Sinatra", dice Luis Alegre.

Tumba de María Dolores Pradera en el cementerio de la Almudena, Madrid.

Su larga trayectoria artística comenzó en 1943 interpretando pequeños papeles cinematográficos y en las siguientes dos décadas triunfó plenamente como primera figura del teatro, simultaneando su faceta de actriz con la de cantante en espectáculos en directo. Es una de las intérpretes españolas que alcanzó mayor fama mundial por difundir la música popular hispanoamericana, la canción española y la obra de sus más grandes autores.

Nació en Madrid y fue la tercera de cuatro hermanos. Durante su infancia vivió en España y en Chile, donde su padre, asturiano, tenía negocios. Su madre, de origen vasco-francés, enviudó en 1935. En la década de 1940 comenzó a trabajar como actriz de cine y teatro, al tiempo que evidenciaba sus dotes para el canto. Con Fernán Gómez contrajo matrimonio el 28 de agosto de 1945. Se separaron en 1957 y obtuvieron el divorcio ya en la década de 1980.

Como cantante, estuvo acompañada durante treinta años por los hermanos guitarristas Santiago y Julián López Hernández, conocidos como Los Gemelos. Ha interpretado con gran sensibilidad y éxito internacional las canciones de compositores como el mexicano José Alfredo Jiménez, la peruana Chabuca Granda, el cubano Miguel Matamoros, el uruguayo Alfredo Zitarrosa, el argentino Atahualpa Yupanqui, la chilena Violeta Parra y el poeta español Federico Garcia Lorca, además de muchos otros autores latinoamericanos.

Su voz suave y su perfecta dicción en diversos registros -baladas, boleros, coplas, rancheras, fados, etc.-, así como sus grandes dotes dramáticas sobre el escenario, han convertido sus versiones de La flor de la canela, Fina estampa, Limeña o El rosario de mi madre, clásicos de la canción, en clásicos reconocidos en todo el mundo.

Su activa participación en el mundo artístico de su país le ha permitido estrechar lazos con distintas personalidades, entre las que se cuentan Amparo Rivelles, Lola Flores, Francisco Rabal, Marifé de Triana, Rocío Jurado, Amaya Uranga, Carlos Cano, Joaquín Sabina, Luis Alegre; la colombiana Helenita Vargas, las mexicanas Chavela Vargas y Lola Beltrán y los argentinos Alberto Cortez y Mercedes Sosa, entre otros.

María Dolores Pradera: Un Legado Inolvidable

Con motivo del centenario del nacimiento de la intérprete de, entre otras muchas, canciones como La flor de la canela, su biografía nos permite calibrar y tomar dimensión de un referente de la canción que tal vez eclipsó sus numerosas y brillantes aportaciones al cine y al teatro. De hecho su presentación como cantante en directo no tiene lugar hasta el 29 de febrero de 1952, cuando ya llevaba más de una década trabajando (sobreviviendo) como actriz de cine y de doblaje.

Doblar las películas era clave para la censura del régimen: un filtro de control que a veces se contemplaba como mal menor: en La fiesta sigue, un filme generoso en coplas y canciones, ocupaba protagonismo Ana Mariscal, una actriz no dotada especialmente para el cante; y ahí es donde juega un papel fundamental la Pradera: interpretando esas canciones imposibles para la actriz principal.

Aguilar y Cabrerizo entienden desde la primera página que, de alguna manera, escribir una biografía también es escribir la biografía de una época. Seguir el hilo vital de la cantante y actriz supone seguir el hilo vital de un país. Da la impresión de que siempre supo llevar todo con elegancia y discreción: las penurias de todo tipo y la abundancia (no hay que olvidar que su eclosión como cantante coincide con el comienzo de una carrera brillante como actriz de teatro).

Supo enseguida que la vida no espera: a los 10 años estuvo dos o tres días junto a un hermano bajo unos escombros después de un bombardeo en la Guerra Civil. Algo que no contó hasta 2007, ya con más de 80 años. Mujer de fina estampa. Como se dijo de ella en el diario Pueblo: «Justa de expresión, sobria de gesto y de voz y de matizada sensibilidad».

Nombre Completo Fecha de Nacimiento Lugar de Nacimiento Fallecimiento Profesión
María Dolores Fernández Pradera 29 de agosto de 1924 Madrid, España Mayo de 2018 Cantante y Actriz

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