Kirk Douglas: Un Legado Inolvidable en la Historia del Cine

Hoy recordamos a Kirk Douglas, el legendario actor de Hollywood que será inmortal gracias a películas como “Espartaco”, “Senderos de gloria” o “Cautivos del mal”. Issur Danielovitch Demsky, que era su verdadero nombre, nació el 9 de diciembre de 1916 en la ciudad de Amsterdam, en el estado de Nueva York, en el seno de una humilde familia de migrantes rusos de origen judío.

Kirk Douglas en París en 1989.

Orígenes y Primeros Años

Issur Danielovitch Demsky nació un 9 de diciembre de 1916 en Amsterdam (Nueva York). Sus padres, Herschel y Bryna, procedían de Chavusy, en la región de Maguilov, perteneciente a la actual Bielorrusia y entonces parte del Imperio Ruso. En 1908 tuvieron que dejar su país para evitar el reclutamiento forzoso de Herschel para la guerra ruso-japonesa.

Hijo de inmigrantes rusos judíos, los inicios en el país de las oportunidades no fueron fáciles. Con su familia sumida en una profunda pobreza, tuvo que trabajar como botones o participando en combates de lucha libre. Con eso podía pagarse la matrícula de la «Universidad de St. Lawrence» y ayudar mantener a su familia.

Creció en un barrio pobre pero era buen estudiante y se graduó en Letras en la Universidad de St. Lawrence en 1934.

«Nací en la pobreza más absoluta.

Al llegar a Estados Unidos creían que las calles americanas estaban construidas con adoquines de oro. «Mis padres eran pobres y analfabetos. Mi padre se hizo trapero porque a los judíos les estaba prohibido trabajar en las fábricas, y yo soy el fruto de estas circunstancias.

Cualquier americano es una mezcla de razas y culturas, y ser hijo de judíos me llena de orgullo.

Cuando era pequeño mi padre solía decirme que un buen actor es aquel que consigue hacerte olvidar que está interpretando.

Quizás no sea la mejor definición, pero por aquel entonces devoraba toda película que se me pusiera por delante, y fue una tarde de invierno con ‘Duelo de Titanes’ que descubrí a Kirk Douglas.

Desde el primer momento me sedujo la fiereza de su expresión, una mirada profunda que se te clavaba en el alma y que jamás le ha abandonado en ninguno de los papeles que ha interpretado.

Daba igual si era un western, una película de aventuras, un drama o una comedia.

Siempre se apoderaba del papel con una solvencia y una pasión desenfrenadas que he podido contemplar en muy pocos actores.

No sé si Dios creó al hombre, pero estoy convencido de que creó a Kirk Douglas y más de 103 años de cine fueron una buena prueba de ello.

Años más tarde, tras subsistir con pequeños trabajos, decidió probar suerte como actor ingresando en la «Academia Americana de Arte Dramático». Compaginaba sus estudios artísticos realizando pequeños papeles de actor en obras teatrales amateurs, en ocasiones bajo el seudónimo de George Spelvin Jr. También trabajaba como profesor de teatro en el «House Settlement de Greenwich».

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Inicios en el Teatro y Salto a la Fama

Su carrera artística se inició en el teatro de Broadway en 1941, hasta el paréntesis que le supuso la II Guerra Mundial (se alistó en la marina entre 1942 y 1943). Su carrera artística comenzó finalmente en los escenarios teatrales de Broadway en 1941, con la obra ‘Spring Again’. Desgraciadamente, y como muchos otros actores, su ascenso se vio interrumpido por la segunda guerra mundial. Hasta 1943 sirvió en la marina, alcanzando el grado de teniente, pero regresó a casa herido tras caer en combate.

A su regreso a Broadway le surgió la posibilidad de reemplazar a Richard Widmark en una obra teatral.

Ese mismo año se casaba con su primera mujer, Diana Hill, con la que tuvo dos hijos (Michael y Joel) y de la que se divorciaría en 1951. Su vida artística se reemprende, y con ella cambió su nombre artístico a Kirk Douglas.

Pero es en ese momento cuando la actriz Lauren Bacall, que había estudiado con él en la academia, lo recomienda al productor Hal Walis para que diera el salto a la gran pantalla.

En 1946 rodaba ya su primera película, ‘El extraño amor de Marta Ivers’, donde daba vida a un político alcohólico. Sólo un año más tarde rodó ‘Regreso al pasado’, dirigida por Jacques Tourneur.

Pero el éxito le llegó en 1949 con su interpretación de un luchador ambicioso y sin escrúpulos en ‘El ídolo de barro’.

Con este papel, que le valió su primera nominación al Oscar, dio a conocer su vigoroso físico, su intensa personalidad y, sobre todo, ese característico hoyuelo en la barbilla que todos conocemos.

Le costó hacerse con el papel, ya que por entonces había interpretado personajes muy diferentes: «Tuve que convencer a Kramer y Foreman de que podía interpretar a Midge Kelly.

Tenían dudas acerca de mi […] Aunque intentaban ser diplomáticos, se preguntaban si podría interpretar a un boxeador.

Finalmente me di cuenta de lo que querían, supongo que es lo que hacen las estrellas: me quité la chaqueta y la camisa, tensé el torso y flexioné mis músculos.

Ellos asintieron satisfechos al ver que no habría problema.

Probablemente sea el único actor en Hollywood que se ha tenido que desnudar para conseguir un papel».

Cuando años más tarde, en una entrevista, le preguntaron a Kirk Douglas qué le había llevado a Hollywood, él se limitó a contestar: «Bueno, siempre me asustó la idea de ir a Hollywood.

Lo que realmente me atrajo de Hollywood fue que cuando estuve allí me encontraba en la ruina.

Ya ves, nunca tuve intención alguna de convertirme en estrella de cine.

Nunca pensé que podía dar la talla.

Mi única idea era ser actor teatral, algo de lo más sencillo.

Pero entonces firmé un cheque por valor de quince dólares, el cheque volvió, vi que no tenía fondos y supe lo suficiente de economía como para entender que estaba sin blanca.

Consolidación en Hollywood

Consolidó su posición en los años 50 con películas nada desdeñables como ‘Música en el alma’ de Michael Curtiz o ‘El gran carnaval’ de Billy Wilder. Por aquel entonces Kirk Douglas ya se había labrado un nombre y estaba consolidado como actor.

El espaldarazo final le llegó en 1952 con una magnífica película de Vincente Minelli, ‘Cautivos del Mal’, que le valió su segunda nominación al Oscar. En ella interpretaba a un productor de cine sin escrúpulos que no duda en aplastar a sus allegados para conseguir los mejores resultados. Otros papeles memorables como el que interpretó en ‘Río de sangre’ le acabaron de convertir en un actor emblemático y le abrieron la puerta al emergente género del western.

La fama, sin embargo, fue algo difícil de llevar para Douglas.

-Bueno, lo que ocurre cuando te conviertes en una estrella es que, de repente, te das cuenta de que eres un gran negocio.

Ya no eres sólo un tipo que dice ‘Mira, quiero interpretar este o aquel papel’.

Si eres una estrella, eres un gran negocio.

Te conviertes en un hombre de cuyo trabajo muchos dependen para vivir.

Y creo que eso te convierte en una especie de monstruo, sin duda es lo más difícil de llevar.

No se trata de actuar.

Cuando actúas sientes que pones toda tu vida en ello, te gusta sentir que eres un actor que conoce su oficio, pero para lo que nunca estás preparado es para el éxito.

Nunca fui a una escuela que me enseñara cómo manejar ese tipo de situaciones, y eso lo convierte en algo difícil.

También tiene un precio.

-Bueno, la pérdida de tu privacidad.

O como el hecho de que, justo ahora, en tu programa, esté nervioso mientras realizas una especie de disección de mi persona.

Bien, esto es a lo que la fama me ha llevado.

En 1954 se casó con Anne Badyens, con quien tuvo dos hijos (Peter y Eric), y ese mismo año rodó ‘20.000 leguas de viaje submarino’, dejando muy claro que el cine de aventuras no se le daba nada mal. Al año siguiente se hacía con dos papeles, uno en ‘La pradera sin ley’ de King Vidor, y otro en ‘Pacto de honor’. Además, decidió adentrarse más profundamente en el mundo del cine abriendo su propia productora, Bryna Productions. En 1956, nuevamente de la mano de Vincente Minnelli, nos ofreció una de sus más grandes interpretaciones dando vida a Vincent Van Gogh en la película ‘El loco del pelo rojo’, acompañado por un soberbio Anthony Quinn.

Kirk Douglas como Vincent van Gogh en "El loco del pelo rojo" (1956).

Su trabajo mereció su tercera nominación al Oscar y el premio de la crítica de Nueva York. Como él mismo suele decir fue su papel favorito: «Por primera vez en mi carrera artística, el papel me absorbió por completo. Incluso dormí en la habitación donde él se suicidó».

El magnetismo que desprendía, su fuerza y su carácter le hacían encajar perfectamente en el cine de acción, concretamente en el western. De hecho, en 1957 rodó la magnífica ‘Duelo de titanes’, dirigida por John Sturges, donde interpretaba al famoso Doc Holiday en una revisión del duelo en O.K. Corral. Repetiría con el emblemático director dos años más tarde con ‘El último tren de Gun Hill’.

Si sus colaboraciones con Minnelli habían sido cruciales para el ascenso de Kirk, no menos importantes fueron las películas que hizo de la mano de Stanley Kubrik.

Su primer trabajo en común fue ‘Senderos de Gloria’, una película tan profundamente antimilitarista que no encontraba a nadie que se atreviera a producirla.

El proyecto estuvo en stand by hasta que en 1957 Kirk Douglas se involucró a través de su propia productora, rebajándose el sueldo a un tercio de lo acostumbrado. El actor produjo muchas de sus películas y quizás una de las que recuerdo con más cariño sea ‘Los vikingos’, un film de aventuras épico estrenado en 1958 que contó con actores de la talla de Tony Curtis o Ernest Borgnine, y en las que Kirk daba vida a un orgulloso vikingo con sed de gloria y fortuna.

Por aquellos tiempos salió a la luz que en la película, rodada en Alemania, habían trabajado algunos antiguos miembros del partido nazi.

Eso era algo de por sí relevante, dado que Kirk Douglas era judío y nunca había ocultado su mezcla de sentimientos hacia el pueblo alemán.

Pero aún así mostró una clara despreocupación por el tema cuando le preguntaron si no le interesaría saber esos detalles de antemano: «No me interesa por la sencilla razón de que eso representaría una completa investigación de cada persona que trabajara en el equipo.

Me gusta pensar que la guerra ha acabado.

Estamos en paz, trabajando juntos, de otra forma sería absurda mi presencia aquí.

Si vengo como un detective privado, dispuesto a investigar a cada persona, nunca podría llegar a hacer ninguna película».

Su segunda colaboración con Kubrik, más importante aún si cabe que la primera, fue con ‘Espartaco’ en 1960 interpretando a un esclavo rebelde y tenaz en uno de los papeles más inolvidables de su carrera.

Eran los tiempos del «macarthismo» y con esta película Douglas rompió la famosa «lista negra» de Hollywood al dar trabajo como guionista a Dalton Trumbo, perseguido por sus ideas políticas.

En el pasado Kirk había sido crítico con el comunismo.

Sin embargo, en este asunto, ya no podía transigir por más tiempo: «Probablemente sea la cosa de la que estoy más orgulloso… romper con la lista negra.

La Era McCarthy fue una auténtica vergüenza.

Quiero decir que fue una de las épocas más negras de nuestra historia.

Todo el mundo estaba asustado.

Todo el mundo era acusado de ser comunista.

Los guionistas y escritores eran acusados si eran demasiado liberales o hablaban demasiado.

Pero se supone que no es un crimen ser comunista.

Este es un país libre».

Cartel de la película "Espartaco" (1960).

Treinta años habrían de pasar para que la «American Civil Liberties Union» y el «Writers’ Guild of America» reconociera su esfuerzo y coraje. Ya en 1962 trabajó a las órdenes de David Miller en ‘Los valientes andan solos’ junto a Gena Rowlands y Walter Matthau.

Como él mismo ha reconocido siempre fue una de sus películas favoritas: «Me gustaba el personaje.

Di vida a un buen chico.

Era intrépido y tenía una maravillosa amistad con su caballo».

Entre sus producciones también destaca una película de 1964 dirigida por John Frankenheimer, ‘Siete días de mayo’.

En esta película, ambientada en las intrigas militares y políticas de Washington, Douglas tuvo la ocasión de trabajar de nuevo con su amigo Burt Lancaster (con quien en total rodó siete películas) y la divina Ava Gardner. En 1965 regresó al cine de aventuras con una vibrante película bélica dirigida por Anthony Mann, ‘Los héroes de Telemark’, un film basado en la historia del sabotaje aliado contra la fábrica alemana de agua pesada en Noruega durante la segunda guerra mundial.

Y aunque no puede considerarse una de las mejores obras de Mann, es un thriller bélico de calidad que sabe explotar el duelo interpretativo entre Kirk Douglas y Richard Harris.

No abandonaría el género, ya que al año siguiente estrenaba ‘¿Arde París?’, un apasionante relato con guión de Gore Vidal y Francis Ford Coppola.

Protagonizada por estrellas del celuloide como Orson Welles, Glenn Ford o Simone Signoret, la película retrata el levantamiento de París ante la ocupación nazi en toda su crudeza. Ya en 1967 retoma el western protagonizando junto al legendario John Wayne ‘Ataque al carro blindado’, un film rutinario pero efectivo cuyo mayor aliciente consiste en contemplar juntos a estos dos monstruos del cine.

La década de los sesenta tocaba a su fin y la estrella de Kirk Douglas comenzaba a declinar.

Pero en 1968 se estrenaba ‘Mafia’, ambientada en las relaciones personales de una familia de gangsters y clara precursora de ‘El Padrino’.

Una película nada pretenciosa pero muy entretenida que contó con unas intensas interpretaciones.

Poco después participaba en uno de los proyectos menos satisfactorios de Elia Kazan, ‘El compromiso’, un interesante drama basado en las relaciones de pareja en el que Kirk compartía cartel con Faye Dunaway y la divina Deborah Kerr.

Y bueno, llegados a este punto podemos decir con toda seguridad que el mejor trabajo del actor en esta etapa de su carrera fue ‘El día de los tramposos’, del gran Joseph L. Mankiewicz.

Un atípico western de temática carcelaria que contaba con la inestimable presencia de Henry Fonda.

La década de los setenta se caracterizó por su participación en una serie de películas mediocres, algunas incluso lamentables.

No en vano los más puristas afirman que artísticamente «murió» por esas fechas.

Pero también participó en proyectos simpáticos.

Por ejemplo, quizás los más nostálgicos recuerden ‘La luz del fin del mundo’, una coproducción de 1971 puramente de aventuras basada en una novela de Julio Verne.

El mayor atractivo de la cinta reside en la atmósfera tenebrosa que genera y en su cartel, que además de Douglas contó con un enigmático Yul Brinner y nuestro querido Fernando Rey.

De ese mismo año es ‘El gran duelo’, un curioso western que proponía un enfoque diferente en un género que por aquellos tiempos estaba agonizando, y que salva los trastos gracias al carisma de Douglas.

Debido a los constantes desacuerdos de con los directores, decidió arriesgarse y dar el salto a la dirección. Su ópera prima fue ‘Pata de palo’, rodada en 1973, un rotundo fracaso en todos los aspectos. Dos años más tarde sí que cumplió las expectativas con ‘Los justicieros del oeste’, donde interpretaba a un cowboy rudo y ambicioso, aunque no volvió a sentarse en la silla del director.

Quizás lo más bizarro que se puede encontrar a estas alturas de su carrera es ‘Holocausto 2000’, una producción italiana que toca el tema del apocalipsis y las profecías bíblicas.

No sólo es una película mala, sino que además carece de todo sentido, con lo cual únicamente puede ser disfrutada por los amantes del gore y la violencia absurda.

Quizás para redimirse nos regaló un trabajo más que correcto en ‘La furia’, dirigida por Brian De Palma en 1978 y que curiosamente seguía ahondando en el tema de lo paranormal como hiciera dos años antes con ‘Carrie’.

Un año más tarde protagonizaba la que para muchos, y entre ellos me incluyo, es la peor película de toda su carrera.

Hablamos de ‘Cactus Jack’, que contó con la colaboración de un joven Arnold Schwarzenegger y que cualquier fan querrá olvidar lo antes posible.

A partir de 1980 se redujo considerablemente el número de trabajos. Vale la pena recordar ‘Saturno 3‘, una película de terror espacial que, pese a contar con un buen guión y unas buenas interpretaciones, falló tremendamente en su puesta en escena, acabando relegada a ser un producto de serie B denostado por la crítica (Kirk fue nominado a los premios Razzie por esta película). El mismo año participaba en ‘El final de la cuenta atrás’, una incursión bastante acertada en el género de la ciencia ficción que se inspiró en supuestos hechos reale...

Premios y Reconocimientos

Entre los premios recibidos en su larga carrera están el Cecil B. Además fue reconocido con la Orden de las Artes y las Letras, concedida por el gobierno de Francia en 1979, la Medalla Presidencial de la Libertad de 1981 o la Medalla Nacional de EE.UU.

Fue nominado en tres ocasiones al Oscar como mejor actor por El ídolo de barro, Cautivos del mal y El loco del pelo rojo (1956), en la que dio vida al personaje de Vincent Van Gogh y que le consagraría como uno de los grandes.

Vida Personal y Legado

También escribió varios libros, de carácter autobiográfico.

De su primer matrimonio en 1943 con Diana Dill nacieron dos hijos: Michael, también actor, y Joel Andre. En 1989, Kirk Douglas recaló en Madrid para presentar su autobiografía “El hijo del trapero”. Allí, y según recogió el diario El País, Douglas se mostró orgulloso de sus orígenes.

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