Probablemente nombres como Carlo Gambino, Paul Castellano o John Gotti ‒algunos de los jefes más poderosos del crimen organizado‒ pasen desapercibidos para el gran público. No ocurre así con Al Capone, a quien todos identificamos como el gánster por excelencia. Gracias al cine y a la novela, lo asociamos con el contrabando de alcohol, las ametralladoras Thompson guardadas en fundas de violines y los tiroteos desde los estribos de los coches. El propio Capone hizo un brillante manejo de las relaciones públicas para labrar su leyenda.
Inmortalizado por Hollywood, este criminal fue un producto genuino de los turbulentos años veinte, cuando la Ley Seca convirtió el contrabando de licor en una espléndida fuente de ganancias. Al Capone era responsable de decena de asesinatos, pero fue detenido por fraude fiscal. El personaje sin duda más famoso de la historia de la mafia es Al Capone (1899-1947), también conocido como Scarface.
Hijo de inmigrantes italianos, Al Capone nació en Nueva York el 17 de enero de 1899, y con tan sólo catorce años inició su carrera delictiva en el crimen organizado de la mano del gángster Johnny Torrio. El nombre de Al Capone estará asociado para siempre a la ciudad de Chicago, pero, en realidad, pasó allí solo una pequeña parte de su vida. Era neoyorquino, y por poco. Su padre era barbero y su madre costurera, pero al adolescente Alphonse le atraían empleos bastante menos convencionales, y, no contento con pertenecer a una banda de delincuentes menores de edad, llegó a estar en tres diferentes. Fue así como conoció a la persona que iba a cambiarle la vida.
Johnny Torrio le introdujo, a los dieciséis años, en su primera banda mafiosa “de verdad”, que lo situó como camarero en un burdel con nombre de universidad, el Harvard Inn. Allí aprendió muchas lecciones útiles para su vida futura. Un cliente le escuchó hacer un comentario inapropiado sobre su hermana y le rajó la cara. Fue probablemente en esta época cuando Al Capone se contagió de sífilis. También tuvo su primer encuentro serio con la policía, que lo interrogó tras el asesinato de un hombre que había tenido la audacia de ganarle algo de dinero en una partida de dados callejera.
Su otro golpe de suerte en esa época fue conocer a Mary Josephine Coughlin, otra hija de inmigrantes de Brooklyn, irlandeses en este caso. Mae y Al se casaron tres semanas después del nacimiento de su hijo Sonny, y siguieron juntos toda la vida. Johnny Torrio llevaba ya una década en la “ciudad del viento”, donde veía muchas posibilidades para su protegido. Capone se estrenó por todo lo alto en Chicago, porque, al poco de su llegada, el capo mafioso de la ciudad murió asesinado y Torrio heredó el trono. La participación de Alphonse en este crimen no está probada, pero se sospecha.
El 17 de enero de 1920, casi como dando la bienvenida a la era Capone, entró en vigor la ley seca en todo Estados Unidos. Eso quería decir que beber alcohol seguía siendo legal, pero no fabricarlo, ni venderlo ni transportarlo. Desde su base de operaciones en Cicero, a las afueras de la ciudad, Capone y su jefe planearon el asesinato de todo mafioso que les disputara el mercado, intimidaron a los testigos de sus crímenes, sobornaron a la policía e intentaron amañar algunas elecciones para asegurarse de que las autoridades les trataran bien.
El 24 de enero de 1925, la “vendetta” alcanzó a Johnny Torrio a la puerta de su misma casa. Los deudos de un jefe mafioso, a quien Capone y él habían quitado de en medio, le dispararon varias veces. Entre el susto del atentado y el de un breve paso por la cárcel, el jefe anunció que se jubilaba y que le dejaba Chicago en herencia a su lugarteniente. El consejo que Johnny Torrio le dio a Al Capone antes de marcharse fue que procurara no llamar la atención, pero, desde luego, la prudencia no iba con el carácter del heredero.
Durante su corto reinado, Capone iba a tener años en los que su negocio ilegal producía el equivalente a unos mil cuatrocientos millones de euros de hoy en día. El gánster dirigía las operaciones desde una lujosa suite en el hotel Metropol, y no tenía el menor problema en sonreír a los fotógrafos ni en hablar con los periodistas. De igual modo, supo explotar cierta imagen de ricachón bondadoso. Durante la Gran Depresión abrió un comedor social, en el que ofrecía “sopa, café y dónuts gratis” para todos los desempleados que acudieran allí. Daba tres comidas al día para más de dos mil personas, aunque, en jornadas especiales, como el Día de Acción de Gracias de 1930, más de cinco mil acudieron a cenar.
La escritora Mary Borden no dudó en definir al gánster como “un gigante que con una mano mata y con la otra da de comer”. La realidad es que ese comedor social, que no tardó en cerrar, era solo un intento de distracción. Todo Chicago pensaba que Capone estaba detrás de la matanza del Día de San Valentín de 1929, en la que varios sicarios disfrazados de policías dieron el alto a siete miembros de una banda rival y los asesinaron a sangre fría. Así, apenas unas semanas después del crimen, sus abogados presentaron un informe médico para evitarle acudir a declarar por otro asunto.
Al poco de salir bajo fianza, Capone fue detenido de nuevo junto a su guardaespaldas en Filadelfia y acusado de un delito casi irónico para un mafioso estadounidense: tenencia ilícita de armas. En un juicio rápido al día siguiente lo condenaron a un año de cárcel e ingresó en prisión. Al cumplió solo nueve meses de aquella condena gracias a su buena conducta en prisión, pero, a su salida, la ciudad de Chicago lo recibió declarándolo oficialmente “enemigo público número 1”. Más allá de esa distinción honorífica, no pasó ni un año antes de que fuera condenado de nuevo: a seis meses por su falsa pulmonía en las Bahamas.
Hacía ya dos años que el mismísimo presidente Herbert Hoover había ordenado que se persiguieran los abusos del capo de Chicago. En apenas unos meses imputaron a Al Capone seis delitos de evasión de impuestos y otro más por violar la ley seca. Cuando el juez James Wilkerson se enteró de que “alguien” había intentado usar sobornos para lograr un jurado más favorable a Capone, decidió escoger nuevos miembros. El 18 de octubre de 1931, el rey del crimen de Chicago fue declarado culpable, y un mes después, sentenciado a once años de cárcel. Capone recurrió su condena y llegó hasta la Corte Suprema, pero no consiguió nada.
Cuando agotó los trámites, abandonó la cárcel municipal de Chicago para ingresar en una prisión federal en Atlanta, pero ni siquiera allí dentro dejaba de ser un capo: a los dos años se descubrió que estaba sobornando a los guardias y que tenía en su celda una alfombra, una máquina de escribir y acceso a sus puros favoritos. La isla-prisión frente a las costas de San Francisco era, probablemente, la más dura del país. Allí, el preso 85 tuvo que desintoxicarse de la adicción a la cocaína que traía de Atlanta, y resultó ser, dicen, un ejemplo de buena conducta.
Después de pasar un año en una prisión de baja seguridad en Los Ángeles, recuperó la libertad el 16 de noviembre de 1939. Había pasado solo ocho años en prisión, pero ya no estaba en condiciones de ser el jefe de nada, mucho menos de una organización criminal. Capone sobrevivió ocho años fuera de prisión. En los últimos tiempos, su psiquiatra dijo que tenía las capacidades mentales de un niño de doce años, y su familia impidió que se le viera públicamente. En enero de 1947 enfermó de pulmonía, esta vez de verdad, y sufrió un ataque cardíaco que lo mató.
El enemigo público número uno, Scarface (cara cortada), sobrenombre por el que se conoció a Alphonse Gabriel Capone, no murió, como sería de esperar, como consecuencia de una redada que los "Intocables" de Elliot Ness le hubieran tendido. La muerte del mafioso más sanguinario de los Estados Unidos se produjo el 25 de enero de 1947 como consecuencia de una sífilis terciaria que lo obligó a recluirse en casa de sus hermanos, donde moriría en la bañera.
Según la autora Deidre Bair, contrariamente a lo que se podría pensar, Al Capone fue: "Un marido y un padre cariñoso que se consideraba un empresario". Sus descendientes vivos -la mayoría de los cuales han cambiado de apellido- piensan que Capone tenía dos caras: una para la familia y otra para los medios, lo que provoca que su figura aún siga siendo un enigma.
Su mentor influyó poderosamente en Al Capone, que pretendía convertirse en el mafioso-empresario del futuro. Torrio era el modelo de conducta a seguir para Capone, un chico avispado y muy inteligente. Capone sentía un respeto reverente por el hombre que tan bien le pagaba por recaudar el dinero y los boletos de las casas de apuestas ilegales. Gracias a su facilidad para sumar, el joven Capone se convirtió en uno de los muchachos de confianza de la organización a pesar de que desconociera aún otras muchas otras caras del negocio mafioso, como la prostitución.
Torrio evitó que el joven fuera a los prostíbulos -aunque con el tiempo esto se convertiría en una de sus debilidades-. Tras ser acuchillado en la cara por Frank Gallucio, Capone usaría polvos de talco para ocultar las cicatrices y evitaría que le tomasen fotos desde su lado izquierdo. Sus amigos y enemigos empezarían a llamarle Scarface. En 1920, Al Capone entró al servicio, como camarero y guardaespaldas, de un gánster con un retorcido sentido del humor llamado Frankie Yale, un calabrés cuyo nombre real era Francesco Ioele.
Éste regentaba un bar de mala muerte en Coney Island, en el extremo sur de Brooklyn, llamado Club Harvard. Cierta noche, el gángster Frank Gallucio se presentó en el local acompañado de dos mujeres, una de las cuales era su hermana. Para su desgracia, Capone se fijó en una de ellas, que resultó ser Lena, la hermana pequeña y ojito derecho de Gallucio. Al ver a aquella hermosa mujer pasearse por el bar, Capone se dirigió a ella y sin pensarlo dos veces le soltó un piropo. Cuando lo oyó, Gallucio montó en colera y pidio al rechoncho, pero fuerte guardaespaldas, que le pidiera perdón, a lo que Capone contestó: "Tranquilízate colega, que estoy bromeando".
Llegados a ese punto, Frank Gallucio no estaba para bromas y se lanzó contra Capone con todas sus fuerzas. Capone se denfendió, pero sus puñetazos no impactaron en su contrincante. Fue entonces cuando Gallucio se echó la mano al bolsillo y sacó una pequeña navaja con la que pretendia apuñalar en el cuello al insolente y maleducado Capone. Pero los efectos del alcohol y de la furia estaban haciendo efecto en el mafioso, y sus cuchilladas impactaron en la cara de su oponente, que cayó al suelo en un charco de sangre.
Tras recibir treinta puntos de sutura en el rostro, Capone fue obligado a pedir perdón a la hermana de Gallucio y a no buscar venganza contra éste. Las excusas que daría Capone en adelante acerca de sus cicatrices fueron diversas: como que se las hizo combatiendo durante la primera guerra mundial o que fueron causadas por un barbero inútil. A partir de entonces usaría polvos de talco para ocultarlas y evitaría que le tomasen fotos desde su lado izquierdo.
La Masacre del Día de San Valentín
El 14 de febrero de 1929, justo el día de San Valentin, Al Capone protagonizó uno de los capítulos más sangrientos de la época con el fin de hacerse con el poder del hampa en Chicago. Cinco hombres, cuatro de ellos disfrazados de policías, entraron en el garaje de la compañía SMC Cartage Co., la empresa tapadera del mafioso Bugs Moran, rival de Capone.
Obligaron a siete miembros de la banda a ponerse de frente en una pared, y los ametrallaron hasta que vaciaron los cargadores. Tiempo más tarde caerían los cabecillas de las bandas: Dean Charles O'Banion, el florista; Myles O'Donnell, Joe Aiello y el propio Bugs Moran. Capone, que en ese momento estaba en Florida, jamás pudo ser acusado del delito, además nunca se descubrió la identidad de los pistoleros que perpetraron el terrible asesinato. A pesar de que la policía no pudo demostrarlo, nadie en el hampa ni entre la opinión pública dudaba de que el cerebro tras la operación era Scarface.
Capone envió a cinco hombres, cuatro de ellos disfrazados de policías, al garaje de la compañía SMC Cartage Co., la empresa tapadera del mafioso Bugs Moran, rival de Capone. Allí ametrallaron a siete miembros de la banda. En poco tiempo, Al Capone se hizo el amo y señor de los negocios del crimen organizado, y hasta sus oídos llegaron noticias de que Joseph Giunta, alias "el Sapo Bailón", un miembro relevante de su banda, se había unido al gángster Joe Aiello para acabar con él.
Junto a Giunta estaban John Scalise y Albert Anselmi, que fueron invitados a cenar en la lujosa mansión de Capone. A la hora de los postres, el guardaespaldas personal de Capone, Frank el Escurridizo, junto a sus matones, ataron a los tres traidores a sus sillas. Capone sacó un bate de béisbol con el que empezó a golpear a los tres traidores casi hasta la muerte. Se supone que Capone terminó el trabajo rematándolos a tiros. A la mañana siguiente, los tres cuerpos fueron hallados en el Douglas Park de Chicago.
"La Verdadera Historia de Al Capone: Reinado Criminal y Caída"
Declive y Final de Scarface
Aunque todo parecía marchar sobre ruedas para el mafioso, el principio del fin del reinado de Capone sería un cambio en la legislación. La mayoría de jueces pensaban que el impago de los impuestos era lo que había hecho inmensamente ricos a los mafiosos que se dedicaban a la prostitución, al juego y a la venta ilegal de alcohol. En 1927, el Tribunal Supremo impuso un impuesto que obligaba a tributar por los ingresos que se obtenían ilícitamente. Hasta ese momento no se había encontrado resquicio legal alguno para poner a Al Capone entre rejas.
En 1928, Capone se trasladó con su familia a Miami para huir del Gobierno y de sus enemigos. En esa época, el famoso agente Eliot Ness y su equipo de "Intocables" ya estaban tras los pasos del mafioso. Pero fue un investigador del Departamento del Tesoro llamado Frank J. Wilson quien descubrió los recibos que relacionaban a Capone con ingresos derivados del juego ilegal y de la evasión de impuestos.
En 1931, Capone fue detenido y enviado a una prisión de Atlanta, pero ante la imposibilidad de controlarle por parte de las autoridades -Capone seguía supervisando sus negocios desde la prisión-, decidieron trasladarlo a Alcatraz en 1934, convirtiéndose en uno de sus "huéspedes" más famosos. Con la revocación de la Ley Seca y su confinamiento en prisión, Capone fue relegado poco a poco al olvido.
Liberado el 26 de noviembre de 1939, y tras pasar algunos años ingresado en el hospital de la prisión, Capone acabó arruinado y dependiendo económicamente de sus hermanos. Al Capone vivió muy deprisa. A los catorce años dejó el colegio tras golpear a un profesor, a los veinte se fue a Chicago, y cinco después ya era el rey del crimen en la ciudad. La gabardina, el sombrero, el puro, los ademanes italianos exagerados... La mitad de los mafiosos de la historia del cine y la literatura son malas copias de Al Capone.
Sin embargo, detrás de toda esa mitología solo hay un tipo que tuvo un enorme golpe de suerte, y cuya total falta de escrúpulos le permitió rentabilizarlo solo durante un tiempo.
En resumen, Al Capone fue una figura compleja y controvertida. Su vida estuvo marcada por la violencia y el crimen, pero también por momentos de aparente generosidad. Su legado perdura en la cultura popular, donde sigue siendo un símbolo del gánster despiadado y carismático.
Cronología de Al Capone
| Año | Acontecimiento |
|---|---|
| 1899 | Nace Alphonse Gabriel Capone en Brooklyn, Nueva York el 17 de enero. |
| 1918 | Se casa con Mary Josephine Coughlin tras el nacimiento de su hijo Albert Francis "Sonny" Capone. |
| 1920 | Se traslada a Chicago para trabajar con Johnny Torrio. Comienza la era de la Prohibición. |
| 1925 | Torrio se retira tras un atentado, Capone toma el control de la organización. |
| 1929 | Ocurre la Masacre del Día de San Valentín. |
| 1931 | Es condenado por evasión de impuestos y sentenciado a 11 años de prisión. |
| 1934 | Es trasladado a la prisión de Alcatraz. |
| 1939 | Es liberado de prisión. |
| 1947 | Muere el 25 de enero en Palm Island, Florida, a causa de complicaciones de una sífilis. |
