¿En qué año hubo mayor natalidad mundial? Análisis y tendencias demográficas

El crecimiento de la población mundial es producto de la tasa de natalidad y la tasa de mortalidad. La población mundial se agiganta incesantemente: en 2021, alcanzó un conjunto poblacional de 7.837.000.000 habitantes con una tasa de crecimiento del 0,9%.

La población mundial se ha más que triplicado desde mediados del siglo XX, pasando de aproximadamente 2.500 millones de personas en 1950 a los 8.200 millones registrados en la actualidad. Sin embargo, la historia demuestra que el crecimiento demográfico no siempre ha mantenido este ritmo vertiginoso.

Inicialmente, hay que partir de la base de que el crecimiento de la población mundial es el producto de la tasa de natalidad y la tasa de mortalidad.

Simultáneamente, amplias esferas de la población cuentan con un mejor racionamiento de alimentos, lo que asimismo afianza el futuro de las nuevas generaciones y, por lo tanto, nos lleva a una ampliación de la tasa de natalidad. Con lo cual, el crecimiento de la población ha pasado del 0,3% al 0,8%.

Únicamente en los siguientes tres siglos, la urbe creció de 0,5 a más de 3.000 millones de individuos.

Sin embargo, en las postrimerías del siglo XVIII con la incidencia de la Revolución Industrial (1760-1840), marcó el preámbulo de un aumento extraordinario en su dimensión.

En 2011, la población mundial alcanzó el hito de los siete mil millones de personas. Apenas 11 años después, la ONU estimó que el 15 de noviembre de 2022 se alcanzaría el umbral de los ocho mil millones.

El crecimiento poblacional depende en gran medida de las tendencias en las tasas de fertilidad. La esperanza de vida, que sufrió un retroceso en 2020 y 2021 debido a la pandemia de COVID-19, ha vuelto a niveles previos desde 2022.

Aunque la migración internacional tiene un impacto menor en el cambio poblacional global comparado con los factores anteriores, puede ser significativa en ciertas regiones.

Por ejemplo, en países receptores de inmigrantes económicos o afectados por flujos de refugiados, la migración juega un papel importante.

La ONU prevé que la población mundial siga creciendo durante los próximos 50 o 60 años, alcanzando un máximo de aproximadamente 10.300 millones de personas a mediados de la década de 2080. Esto representaría un incremento desde los 8.200 millones registrados en 2024.

En 63 países y regiones, que albergan al 28% de la población mundial, el número de habitantes ya ha alcanzado su máximo, según datos de la ONU.

La tasa de fertilidad mundial ha experimentado una marcada disminución en las últimas décadas, pasando de 3,3 nacimientos por mujer en 1990 a 2,3 en 2024. Además, más de la mitad de los países y regiones del mundo tienen actualmente tasas de fertilidad inferiores a 2,1 nacimientos por mujer.

La esperanza de vida mundial ha mostrado un crecimiento sostenido a lo largo de las últimas décadas. En 1995 era de 64,9 años, mientras que en 2024 alcanzó los 73,3 años. Se prevé que esta cifra aumente a 77,4 años en 2054.

Según las estimaciones de la ONU, la población india seguirá creciendo durante varias décadas, alcanzando más de 1.500 millones de personas para el año 2100. En contraste, China ya alcanzó su punto máximo poblacional y ha experimentado un descenso desde el año 2022.

El movimiento de personas entre países será un factor clave para el crecimiento poblacional en 62 naciones de aquí al año 2100, según las proyecciones de la ONU. Entre estos países se encuentran Australia, Canadá y Estados Unidos.

La ONU prevé que, hacia finales de la década de 2070, el número de personas mayores de 65 años superará al de menores de 18 años. Este cambio demográfico será impulsado por el aumento continuo de la esperanza de vida y la reducción de las tasas de mortalidad observada desde la década de 2010.

El crecimiento de la población mundial tiene aspectos positivos para el desarrollo de la sociedad, pero también tiene efectos negativos sobre el planeta, ejerciendo presión sobre recursos como alimentos, agua y energía, además de aumentar los niveles de contaminación y la deforestación. Un factor clave en este proceso son los gases de efecto invernadero, que se acumulan en la atmósfera, atrapando el calor y amplificando el efecto invernadero. Esto contribuye al aumento de la temperatura media global.

Crecimiento de la población mundial desde 10.000 a.C. hasta 2020 d.C.

Como resultado, los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes, incluyendo olas de calor, huracanes e inundaciones.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la seguridad alimentaria se define como la situación en la que todas las personas tienen acceso físico, social y económico constante a alimentos seguros, nutritivos y suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales. La explosión demográfica ejerce presión sobre los pilares fundamentales de la seguridad alimentaria: disponibilidad, estabilidad, acceso y consumo.

Esto se traduce en desafíos significativos para garantizar que todas las personas puedan acceder a alimentos adecuados. Un informe publicado en julio de 2024 por cinco agencias de la ONU reveló que 733 millones de personas sufrieron hambre en 2023.

La pérdida de biodiversidad se refiere a la disminución o desaparición de la variedad de seres vivos que habitan el planeta, desde microorganismos hasta ecosistemas completos. Este fenómeno se ve agravado por el crecimiento poblacional, que incrementa la actividad humana y expande la presencia de elementos artificiales en detrimento de los entornos naturales, un proceso característico de la era del antropoceno.

Según el Informe Planeta Vivo 2024 del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), las poblaciones mundiales de vida silvestre han experimentado una disminución promedio del 73% entre 1970 y 2020, en solo 50 años.

Según las Naciones Unidas, el crecimiento demográfico, junto con la urbanización y la industrialización, está impulsando un aumento significativo en la demanda de recursos naturales. Las proyecciones de la ONU indican que el consumo mundial de estos recursos crecerá un 60% entre 2020 y 2060.

Este escenario plantea un riesgo inminente de crisis de recursos, que podría intensificarse en las próximas décadas si no se adoptan medidas urgentes.

Las proyecciones de Eurostat para España anticipan que este indicador seguirá disminuyendo hasta 2027 para después aumentar ligeramente, permaneciendo siempre por encima del valor de 1976.

El bajo nivel de fecundidad, inferior a la mayoría de los países de nuestro entorno, sigue siendo la principal característica de la demografía española.

Densidad de población mundial en 2015

En 1976, cuando las mujeres tenían 2.76 hijos en promedio, solo el 30% de las que se encontraban en plena edad de trabajar y procrear (25-44 años) estaba en el mercado de trabajo. Hoy, más del 84% de las mujeres de esas edades ejerce un empleo remunerado o lo está buscando.

Actualmente la pareja de dos trabajadores es ya mayoritaria en España, como en la gran mayoría de países de la Unión Europea, y conciliar el cuidado de los hijos con su presencia en el mercado de trabajo, no puede seguir siendo una responsabilidad privada asumida por las mujeres.

Renunciar a tener hijos es una estrategia razonable ante esta situación.

La caída de la fecundidad aparece como la manifestación de un cambio de modelo reproductivo del que se han cobrado los beneficios que reporta el notable incremento de la población activa, pero no se ha afrontado el coste que supone sustituir el trabajo invisible de las mujeres en el hogar por un sistema que alivie a las familias de la carga del cuidado de los hijos, al que las mujeres se dedicaban antes a tiempo completo.

El cuestionamiento del papel del Estado y la escasez de recursos se han acentuado con la llamada crisis, a la vez que los recortes salariales hacen cada vez más necesario el trabajo remunerado de la mujer en las familias.

Las mujeres se encuentran ahora en una situación que refuerza la vulnerabilidad que de largo han sufrido. La fase actual, más allá de la crisis financiera que la ha hecho posible, es un intento logrado de rebajar el nivel de vida de los trabajadores, de manera que el beneficio de la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado no vaya a las familias sino a las empresas. De ahí la persistencia los muy bajos niveles de fecundidad.

Se comprueba, en este caso también, que el capitalismo actual rechaza asumir los costes de la reproducción y la sostenibilidad a largo plazo. Ocurre con la natalidad lo que ocurre con los recursos no renovables y con la preservación del medio ambiente. El sistema económico se comporta como depredador al que no preocupa la continuidad.

Baja tasa de natalidad y envejecimiento mundial: ¿Cómo afectaran al mundo?

En 2020, el crecimiento natural negativo no fue compensado por la inmigración, de modo que la población española disminuyó, cosa que ya había sucedido en los años 2014 a 2016. Las nuevas cifras provisionales para 2021, recién publicadas [*], dan un aumento del 0,13%, gracias a un saldo migratorio positivo que contrarresta el decrecimiento natural.

El aumento de la tasa de empleo ha permitido, a lo sumo, una cierta recuperación de nacimientos retrasados anteriormente, con el consiguiente aumento de la edad media al nacimiento de los hijos, sin que la fecundidad de los jóvenes haya despegado. Es una consecuencia más de un crecimiento del empleo que encubre una mayor precariedad laboral y un estancamiento o, incluso, disminución de los salarios reales, especialmente de los jóvenes, que también siguen afectados por el paro.

Hay quienes vaticinan los auspicios más pésimos, pero también, los que rompen con esa desconfianza y prevén un presente más alentador.

En el 2006, hubo 4,3 millones de nacimientos, el mayor número, según un trabajo de la agencia Associated Press (AP), desde 1961, justo cuando el baby boom que se produjo tras la segunda guerra mundial empezaba a declinar.

Los datos disponibles del 2007 abundan en la tendencia al alza, ya que entre enero y abril hubo 1.376.000 nacimientos frente a 1.348.000 del mismo periodo del 2006.

Esto convierte a EEUU en el país del primer mundo con una tasa de fertilidad más alta (2,1 niños por mujer), contradiciendo la tendencia en los países desarrollados de disminución de la natalidad.

A finales del año pasado, un estudio de la Oficina del Censo afirmaba que los apellidos García y Rodríguez son el octavo y el noveno, respectivamente, más frecuentes en EEUU, mientras que Martínez está a punto de superar a Wilson como el décimo más común.

No es de extrañar si se considera que los bebés hispanos constituyeron el 25% de los nacimientos del 2006. A ello contribuyó tanto la presencia de los latinos establecidos legalmente en el país como la de las inmigrantes sin papeles que dan a luz en EEUU conscientes de que, por ley, su bebé será ciudadano estadounidense por el mero hecho de haber nacido en el país. El índice de fertilidad de la comunidad hispana alcanza los 3,1 niños por mujer.

El crecimiento de la natalidad también se dio entre los negros (2,1 de tasa de fertilidad) y los blancos no hispanos (1,9), así como en otras comunidades.

La misma tendencia se ve en las diferentes franjas de edad, incluso, y esto no son buenas noticias, entre adolescentes, cuya tasa de natalidad aumentó en el 2006 por primera vez en los últimos 15 años.

Este último dato coincide con ocho años de política desde la Casa Blanca de promoción de la abstinencia sexual, y no de los anticonceptivos, para combatir embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.

En los países europeos, la red social del estado de bienestar da a priori más oportunidades para compaginar familia y trabajo que en EEUU, donde este equilibrio se deja por completo en manos de las familias y del sector privado, con el gasto que ello supone. Y aun así, la natalidad crece más en el gigante norteamericano.

Así, ayer se hizo público un informe del Guttmacher Institute en el que se afirma que en el 2005 los abortos descendieron hasta 1,2 millones, comparados con los 1,6 millones de la década de los 90. En España, la tendencia es la contraria. Según el Ministerio de Sanidad, entre 1996 y el 2006 se duplicaron las cifras de interrupción de embarazos.

Por ejemplo, los índices de natalidad de la próspera Nueva Inglaterra son muy semejantes a los de Europa, mientras que en el Midwest y el sur --la América profunda, por decirlo con trazo grueso-- presenta unos números más altos. Es allí donde la sociedad es más conservadora y la religión --evangelistas, baptistas, mormones-- tiene mayor presencia y peso en la vida cotidiana.

Ahora que los nacidos durante el baby boom se jubilan y amenazan con llevar la seguridad social a la bancarrota, la cifra de dos nacimientos por mujer es considerada la ideal para que el sistema no se colapse.

Un estudio publicado en 2020 en la prestigiosa revista 'The Lancet' contradijo directamente las previsiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el crecimiento de la población mundial.

En aquel momento, la ONU estimaba que para el año 2100 habría 11.200 millones de personas en el planeta. Cuatro años después, la ONU ha revisado sus proyecciones, alineándose parcialmente con las estimaciones de The Lancet. En su informe Perspectivas de la población mundial 2024, publicado en julio de ese año, la ONU predijo que la población mundial alcanzará su máximo a mediados de la década de 2080.

Según estas nuevas proyecciones, se espera un crecimiento de la población mundial de los 8.200 millones registrados en 2024 hasta unos 10.300 millones para mediados de la década de 2080, seguido de un ligero descenso a 10.200 millones en 2100.

Por un lado, la Revolución Neolítica, que tuvo lugar entre el 10.000 y el 8.000 a. C., marcó un cambio decisivo en la historia de la humanidad. Durante este periodo, los seres humanos comenzaron a dominar la agricultura y la domesticación de animales, lo que permitió la sedentarización de las comunidades y liberó mano de obra para actividades como la artesanía.

Por otro lado, la Revolución Industrial (1760-1840) desencadenó una explosión demográfica sin precedentes. Durante el siglo XIX, innovaciones como la fabricación de acero, la producción en masa, las cadenas de montaje y las redes eléctricas transformaron las economías y las sociedades. Como resultado, la población mundial se duplicó en ese siglo y, en el siglo XX, llegó a triplicarse, alcanzando los 6.000 millones de personas en el año 2000.

India se convirtió en 2023 en el país más poblado del mundo, superando a China.

En 63 países y regiones, que albergan al 28% de la población mundial, el número de habitantes ya ha alcanzado su máximo, según datos de la ONU.

Entre estos países se encuentran Australia, Canadá y Estados Unidos.

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