Emilio Laguna e Hijos: Un Legado Artístico y Familiar

Emilio Lledó (Sevilla, 1927) es académico de la Lengua desde 1993. Un instituto de Numancia de la Sagra (Soria) lleva su nombre, y una biblioteca de Salteras, donde le gusta comer en La Resolana.

Emilio Laguna - Biografía

La Familia Laguna

Emilio Lledó tiene tres hijos: Alberto, Helena y Fernando. Su vida personal y profesional ha estado entrelazada con su amor por el lenguaje y las artes.

Primeros Recuerdos y Trayectoria

El primer recuerdo es de una muerte colectiva. Vi los muertos en la calle y me afectó muchísimo. Me di cuenta de que la violencia no era el camino.

Sobre todo gracias a Fernanda, mi madrina. Estaba casada con un tío de mi padre que murió muy joven antes de la guerra.

Experiencia en Alemania

Cuando acabé las dos licenciaturas, la de la carrera y la del servicio militar, quería irme de este país. Llegué a Alemania sin saber apenas alemán. Me casé y estuve siete años más.

Nuestra idea era acercarnos a Madrid, donde mi suegro era médico. Le dije a Miguel que La Laguna estaba muy lejos.

Identidad y Patriotismo

Me siento andaluz, me siento español. He vivido a orillas del río Necken y del Pisuerga, a los pies del Teide y estuve once años en la Universidad de Barcelona, donde nada más llegar me compré una gramática catalana. Mi suegro nació en Figueras. Mi patria es un enorme y hermoso conglomerado. La identidad particular no me concierne en absoluto, lo contrario que la identidad democrática. Tampoco soy españolista, otra forma de nacionalismo absolutamente vacía.

El verdadero patriotismo, no el que se utiliza de tan estúpidas maneras, es el del amor a la lengua. Y perder la lengua es perder la vida, la inteligencia y la patria.

Reflexiones sobre el Lenguaje

He intentado mejorar términos relativos a la Filososofía. Me sorprendió que la primera acepción de la palabra alma en una anterior edición del diccionario fuera sustancia espiritual e inmortal.

La Academia es notaria de la realidad, no puede cambiar nada. Hemos tenido problemas con vocablos como judiada. Se van a reeditar los seis volúmenes del diccionario de Autoridades, que hicieron sin ordenadores, a papeleta pura, aquellos académicos entre 1726 y 1739. Demostraron un verdadero patriotismo.

La Importancia de la Educación

Saber con 86 años los apellidos de don Francisco López Sancho, maestro de la República que con ocho años me enseñó a leer y a aprender con las palabras.

Estudié francés en el bachillerato y cuando lo acabé no sabía francés. Más que institutos bilingües, que son negocios de propaganda, más vale que sean monolingües y enseñen inglés.

Reconocimientos

Recibió el premio Francisco Giner de los Ríos en el mismo acto en el que Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga, el premio Victoria Kent.

Emilio Laguna Salcedo: Un Actor de Vocación

Es complicado colgar el teléfono a Emilio Laguna. Conversar con este actor vallisoletano supone abrir la enciclopedia del último siglo del teatro patrio, empaparse de las décadas doradas de la comedia cinematográfica española y comprobar de primera mano que se puede llegar a los 94 -los cumple el 13 de mayo- con la lucidez de un chaval. Es un tesoro nacional.

Emilio Laguna Salcedo vino al mundo en la calle San José de Valladolid el 13 de mayo de 1930, el día de la fiesta del Patrón de la ciudad, San Pedro Regalado. Aprendió a leer, leyendo teatro. Estudió Bachillerato en Los Maristas y acabó Derecho en la facultad de Filosofía y Letras. Pero nunca ha ejercido, porque lo que él quería desde que tuvo uso de razón era ser actor.

Su padre, Vicente Laguna, le puso como condición sine qua non para ir a Madrid a recorrer los caminos del teatro acabar la carrera de leyes. Y así lo hizo. «Me gradué, cogí la maleta y, sin conocer a nadie, me presenté en el despacho de Claudio de la Torre, entonces director del Teatro Nacional, con una cartita de recomendación de Luis Maté», rememora en su casa de Cubillas de Santa Marta. «'¿Está usted loco? Pero si es abogado. ¿Cómo se va a dedicar a esta profesión tan insegura? No se lo aconsejo'», recuerda que le dijo De la Torre. Hizo caso omiso. «Cuando me marchaba, me paré en el escenario, que estaba completamente a oscuras, y me juré a mí mismo que en ese mismo teatro me aplaudirían».

Primeros Pasos en el Teatro

La primera oportunidad en el teatro de la capital llegó en 1958, en el Nacional. «Fue un papel corto pero lucido». El director Modesto Higuera estaba ensayando 'Camino Real', de Tensesses Williams. «Me aseguró que todos los papeles estaban dados, pero no era cierto. El de mariquita nadie quería hacerlo. 'Si usted se atreve...', me dijo. Y di el personaje, teatralmente hablando», ha contado el actor vallisoletano en infinidad de ocasiones. Porque Laguna tenía tablas, pero sobre todo vocación.

«Empecé en Valladolid en el Teatro Español Universitario con Ángel Platero y haciendo teatro de cámara con Luis Maté. Además, estuve en los Coros y Danzas, con los que hice una gira por América.

Una Pasión Incontenida por Interpretar

Emilio Laguna ha tenido y tiene una pasión incontenida por interpretar, en el escenario y en la vida. Ha hecho teatro clásico de Calderón y Lope de Vega, Tirso de Molina o Goldini «para matar el gusanillo», pero también contemporáneo, comedia y vodevil. Si le preguntas por una obra concreta no puede contestar. «Es como preguntar a qué hijo quieres más», asegura. Con especial cariño recuerda los espectáculos musicales y de revista. Porque él ha sido primer actor cómico con Lola Flores, Paquita Rico, Juanita Reina y María José Cantudo.

«Se me encasilló en lo cómico, pero no me quejo. Hacer reír es más hermoso que hacer llorar. La gente va al teatro con la lágrima puesta, todos tenemos un motivo para tender la lágrima. En cambio, la carcajada hay que provocarla con texto, con gracia, con aire, con vocación, con entrega». Y así lo ha hecho durante toda su vida. «He hecho teatro desde que tengo uso de razón. Y ahí es cuando demuestras que eres artista, tú solo delante de una cortina improvisando y metiéndote al público en el bolsillo».

Incursión en el Cine

Ha participado en más de 130 películas. Su incursión en la gran pantalla llegó en 1963, con la película 'El Verdugo', un de las joya del cine español premiada con el León de Oro del Festival de Venecia, dirigida por Luis García Berlanga con Pepe Isbert como protagonista. «La echaron el otro día en la televisión. Soy un inspector de aduanas que ni siquiera habla, que hago una cruz a un féretro, pero supuso el primer paso de una carrera larga, inolvidable y bonita», sentencia.

Un Artista Multifacético

Ha sido dirigido por los mejores, en cine, teatro y televisión, pero más que actor, cómico o dramático, siempre ha sido un artista, alguien que sabe hacerlo todo, actuar, cantar y bailar. Y escribir. Desde comedia y poemas en los que vuelca su sentido de la vida, hasta su propia biografía, 'Parece que fue ayer', editada en 2017.

«Fue una herencia que cogí con mano cariñosa de mi padre, que tenía mucha afición por la escritura. He escrito muchas de las obras que he interpretado, como 'Lo mío es de nacimiento', pero también escribí mucho para Las Hurtado», recuerda. De su pluma no solo salieron muchas de las ocurrencias de las televisivas Paloma, Teresa y Fernanda Hurtado, sino que, incluso, Laguna compuso las letras de las diez canciones de '¡Viva España, vamos a ganar!', un disco que las tres hermanas grabaron en 1981 con los ojos puestos en el mundial de fútbol de 1982.

Vanidad y Aplauso del Público

Aunque es vanidoso. «Los artistas debemos creernos que lo nuestro es lo mejor, porque si no estamos convencidos de nosotros, ¿cómo vamos a convencer a los demás?», afirma. Esa soberbia bien administrada, junto con el don innato de la interpretación, le ha reportado a Emilio Laguna el aplauso del público en toda España.

«A Barcelona le gusta mucho el teatro, te escucha, te ríe y te sigue, pero soy un fan de Madrid. Son dos ciudades donde el público nunca me dijo que no», explica. «Si en el cartel aparecía yo, el teatro se llenaba. Pero el empresario no era yo, era solo un obrero... Hasta los últimos años, que tiré la caña y también fui empresario. Me fue muy bien y me dije: '¿Por qué no lo habré pensado antes?'».

Últimos Trabajos

La última obra en teatro tarde y noche fue '5 gays.com', allá por el año 2003, donde tenía un papel «extraordinario» que dejó para acudir a las órdenes de José Luis Moreno en 'La sopa boba', una serie protagonizada por Lolita, éxito de la sobremesa televisiva del verano de 2004.

Y no puede dejar de recordar su participación en las cinco temporadas del concurso televisivo 'No te rías que es peor'. Con chaleco, bigote fijo y los años ya estampados en las arrugas de la frente, Emilio Laguna se convirtió en uno de los humoristas de las sobremesas de la primera cadena de TVE. Gracias a este trabajo, entre 1990 y 1995, consiguió los ahorros suficientes para hacerse una casa en Cubillas de Santa Marta, donde reside desde la pandemia.

«Lo gordo lo pasé en Madrid, pero cuando tuve ocasión me vine a Cubillas a pasar unos días... Y han pasado cuatro años», reconoce Laguna, que llegó a la localidad vallisoletana de la mano de su gran amigo Pablo Montenegro con solo 17 años. «Me trajo una tarde y nuncaaaaa lo hicieraaaaaa», bromea Laguna. Pero su corazón no puede evitar trasladarle a otro lugar, también en la provincia de Valladolid: Sardón de Duero. «Mi madre era de allí. Sardón me quitó el hambre en la posguerra. Es un pueblo al que tengo mucho cariño, donde han tenido la gentileza de ponerme una calle a mi nombre. En Sardón aprendí a hacer teatro cuando era un mico.

Vida Personal y Amistades

No se ha casado, tampoco tiene hijos, pero siempre ha contado con el calor que desprende la lumbre de los buenos amigos. «Ahora el parkinson y las gaitas de la edad no me dejan cocinar, pero hace años había cola para comer en mi casa. Igual te hacía un cocido que una tortilla de patata, que una merluza en salsa verde. A mí comer no me gustaba mucho, lo mío era la tertulia, hablar de fulano, mengano, zutano y perengano para reírnos un poco. Siempre rodeado de íntimos, como la cantante Concha Márquez Piquer, Concha Velasco o los actores Alberto Closas, José María Rodero y Alfredo Landa».

Además de cocinillas, se reconoce supersticioso. Y se pone serio. «Como culto que soy es absurdo que sea supersticioso, pero hay una canción muy famosa, que no voy a decir, que no puedo escuchar. Emilio empezó a fumar tarde, prefería una copa al pitillo, pero llegó una época en la que se comía los cigarrillos.

Recuerdos y Reconocimientos en Valladolid

Rápido, como el tempo de su conversación, retoma el tono amable. «Antes, en las entrevistas, incluía chistes y canciones. Ya no los puedo contar porque los chistes necesitan un compás, un punto y coma, un respirar, un sitio que es...», explica. Ese arte para contar chistes y para levantar el ánimo a los compañeros de carrera que no llegaban al suficiente le valió el apodo de 'El aspirina'. Otro buen recuerdo que guarda de Valladolid.

«No puedo decir que no he sido profeta en mi tierra», dice. En el Teatro Zorrilla tiene una butaca desde la reinauguración del 2010. Una década antes, el 18 de septiembre de 2000, recibió junto a Natalia Dicenta el Premio Valladolid de Amigos del Teatro.

El discurso surtió efecto porque doce mese después, el 11 de septiembre de 2001, recogió en el Palacio Pimentel el premio de Teatro de la Provincia de Valladolid, un galardón que antes habían conseguido Aurora Bautista, Juan Antonio Quintana, Concha Velasco o Lola Herrera.

Reflexiones Finales

«Mi vida ha sido alegre y triste, como todas. He tenido muchos desengaños, muchos llantos… Pero a mis alegrías les he puesto comillas y las he encerrado entre signos de admiración para saborearlas más», resume Emilio Laguna, que conserva intacta una apabullante memoria que continuamente le traslada a tiempos mejores: «Cuando me pongo a recordar, las cosas que veo son tan hermosas, que cierro los párpados y digo basta.

Como duele esa pequeña espina que sigue clavada -aunque él le reste importancia- en el fondo de su gran corazón. «Quisieron ponerme una placa en la calle San José de Valladolid, pero yo dije que prefería que me la pusieran en la puerta del Teatro Calderón con Conchita Velasco, muy amiga mía, y Juan Antonio Quintana, un gran actor. Pero ya no tengo fuerzas físicas para insistir», reconoce. Quizá esta es la única deuda que tiene con el gran Emilio Laguna la ciudad que le vio nacer hace casi 94 años. Los cumple dentro de un mes.

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