Embarazo a los 36 Años: Riesgos y Cuidados para Primerizas

Hoy en día, es muy habitual que una mujer llegue a los 30 años sin haber tenido hijos. Este hecho puede deberse a que la mujer no desea la maternidad, o a que ha tomado la decisión de retrasar el momento de quedarse embarazada. La decisión de ser mamá más adelante puede estar más o menos forzada por sus circunstancias personales.

En los países occidentales, el porcentaje de mujeres que gestan por encima de los 35 años es cada día mayor. España destaca por ser el país en Europa con más bebés nacidos de madres por encima de los 40 años y cada vez es más común encontrar mujeres que posponen la maternidad.

Si estás pensando en ser madre y sobrepasas la treintena, te desvelamos todos los pros y contras de la maternidad tardía. Una mujer que piense en prepararse para el embarazo a los 35 años no debería estar especialmente preocupada. Lo más importante es que la embarazada tenga un buen estado de salud.

Según el Informe Europeo de Salud Perinatal, somos el país europeo en el que la maternidad más se ha retrasado en los últimos 5 años; nada menos que el 37,3% de las mujeres españolas tienen su primer bebé después de los 35 años, lo que en lenguaje técnico se conoce como embarazo geriátrico.

El fenómeno se percibe aún más después de los 40 y 1 de cada cuatro niños nacen a través de una cesárea, cifra que aumenta hasta casi el 38% si el parto tiene lugar en un hospital privado. ¿Es un fenómeno preocupante? ¿Qué riesgo añadidos corren las madres maduras? ¿La recuperación estética del parto es más lenta? Sigue leyendo para despejar estas y otras dudas.

¿Qué es la Edad Materna Avanzada (EMA)?

Aunque a priori nos parezca que aún es joven, en general, se considera como edad materna avanzada a partir de los 35-38 años.

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Es un término en desuso, aunque parece que en los medios ha vuelto a salir a la luz debido al embarazo de Megan Markle con 37 años. El término que los expertos preferimos utilizar en estos casos es “edad materna avanzada”, que suena menos senil.

No en vano, se recomienda acudir a una consulta de infertilidad si no se ha conseguido el embarazo tras 1 año de relaciones sexuales sin protección, o tras 6 meses si la mujer es mayor de 35 años.

¿Cuándo empieza a reducirse la fertilidad en la mujer?

La fertilidad femenina está estrechamente relacionada con la edad, de tal manera que empieza a encontrarse un declive en las capacidades reproductivas de la mujer a partir de los 35 años aproximadamente. Por tanto, podríamos decir que hay un punto de inflexión a mediados de la treintena en la fertilidad femenina.

Sí, es cierto. Las mujeres nacemos con un número determinado de ovocitos (futuros óvulos fecundables). A parir de los 35, tanto la cantidad como la calidad de los mismos disminuye de forma drástica, afectando seriamente a la fertilidad. Esto varía mucho entre las mujeres, ya que algunas pierden la capacidad reproductiva incluso antes de los 35 y otras continúan siendo fértiles hasta los 50.

La recomendación de buscar el embarazo antes de los 35 años es debida a varios factores médicos y biológicos. Después de los 35 años, esta disminución se acelera, afectando la calidad y la cantidad de los óvulos.

Ventajas de ser madre a partir de los 30 años

Parece evidente que, si se ha retrasado la maternidad hasta los 30 años para tener cierta estabilidad económica y sentimental, la situación será más propicia para afrontar la llegada de un bebé. En muchas ocasiones, ser madre a los 30 también permite a estas mujeres tener una dedicación que antes no hubieran podido ofrecer a su descendencia.

Por otro lado, la madurez y la experiencia que ha adquirido una persona mayor de 30 años serán de gran ayuda para la educación del futuro hijo. Además, si se ha esperado durante cierto tiempo a que llegara el momento oportuno para quedarse embarazada, las ganas y la ilusión con las que se vivirá la gestación serán insuperables. Esta planificación también evitará que la mujer sienta que ha tenido que dejar cosas de lado por cumplir su sueño de ser madre.

Inconvenientes de quedarse embarazada a los 30

El primer inconveniente que puede encontrarse una mujer que desea quedarse embarazada a partir de los 30 años es la propia dificultad para obtener el embarazo. La reserva ovárica de una mujer, es decir, el número de óvulos que contienen sus ovarios, va disminuyendo hasta agotarse por completo en la menopausia.

Sin embargo, no solo se ve reducida la cantidad de óvulos, sino que también disminuye la calidad de los mismos. Esto está estrechamente relacionado con la tasa de aneuploidías (alteraciones del número de cromosomas), lo que va a dar lugar a una mayor probabilidad de aborto espontáneo o de tener bebés con síndrome de Down, por ejemplo.

Por tanto, la edad materna constituye un factor importante a la hora de evaluar el riesgo de aneuploidía fetal. No obstante, hoy día también existen cribados prenatales no invasivos que pueden descartar ciertas anomalías cromosómicas frecuentes del feto con una muestra sanguínea de la madre.

Además, a partir de los 35 años la probabilidad de sufrir un aborto espontáneo aumenta considerablemente. De casi un 40% frente al 15% de una mujer de 20 años.

También aumenta el riesgo de abortos, de desarrollar diabetes gestacional, hipertensión arterial, o que sea necesaria una cesárea, porque la contractilidad del útero está alterada o el proceso de dilatación es más lento.

El riesgo de anomalías cromosómicas aumenta desde un 0,9% a los 35 hasta un 7,8% a los 43 años de edad, siendo por ello aconsejable realizar una amniocentesis a las mujeres que tengan un embarazo a partir de los 35 años. Si la mujer la rechaza por considerarla agresiva (puede producir aborto en menos del 1%), con la información que proporcionan la ecografía y los análisis en sangre (triple prueba) se puede hacer un diagnóstico prenatal de anomalías cromosómicas con una fiabilidad de entre el 85 y el 90%.

Pese a ello, también existen otros riesgos relacionados con el embarazo a partir de los 30:

  • Restricción del crecimiento fetal.
  • Diabetes gestacional.
  • Preeclampsia.
  • Parto pretérmino.
  • Riesgo de cesárea.
  • Embarazo ectópico.

Todos estos factores deben tenerse en cuenta a la hora de tomar la decisión de cuándo afrontar una maternidad.

Embarazo a partir de los 30 por TRA

En cuanto a las técnicas de reproducción asistida (TRA), el éxito de estos tratamientos también se ve influido por la edad.

La tasa de embarazo y de nacido vivo tras TRA disminuyen progresivamente por encima de los 35 años de la mujer. Además, la baja respuesta a los tratamientos de estimulación ovárica es más común en mujeres mayores de 35 años. Esto supone un aumento en la tasa de cancelación por baja respuesta con la edad.

Sin embargo, la reproducción asistida ofrece ciertas técnicas que pueden paliar, en cierta medida, los efectos de la edad avanzada sobre la fertilidad femenina. Estas técnicas son el test genético preimplantacional y la donación de ovocitos o embriones.

Además, aquellas mujeres que tengan claro que no desean ser madres por el momento, pero sí en un futuro, pueden preservar su fertilidad.

Test genético preimplantacional

El test genético preimplantacional o PGT es una técnica que consiste en realizar un estudio genético de los embriones antes de ser transferidos al útero. De esta manera, solo serán transferidos a la madre los embriones que han obtenido un resultado favorable en el estudio genético.

Generalmente, el PGT está indicado en mujeres mayores de 35-38 años, pero también en caso de ser portadores de alguna enfermedad genética hereditaria, tras varios ciclos de FIV sin éxito, casos de abortos de repetición, etc.

Donación de ovocitos o embriones

La donación de ovocitos permite quedarse embarazadas a mujeres de edad avanzada que ya no pueden utilizar sus óvulos propios para las técnicas de reproducción asistida, bien porque no responden correctamente a los tratamientos de estimulación ovárica o porque su reserva ovárica está prácticamente agotada.

En España, las donantes de óvulos son menores de 35 años, por lo que se asume que sus óvulos son de gran calidad.

Además, también es posible la donación de embriones sobrantes de otras parejas que se han sometido a un tratamiento de FIV y ya han culminado su deseo reproductivo.

Pese a ello, uno de los principales inconvenientes de estas opciones reproductivas es la necesidad de tener que renunciar a la carga genética, un aspecto al que muchos pacientes no se encuentran preparados para dar el paso.

Preservación de la fertilidad

La preservación de la fertilidad es una técnica que permite conservar los óvulos en frío, sin alterar su calidad, por un proceso denominado vitrificación. Esto es una buena alternativa para aquellas mujeres que desean ser madres, pero todavía no están preparadas por motivos personales, económicos y/o sociales.

Para ello, la mujer se somete a un tratamiento de estimulación ovárica que permitirá obtener un mayor número de ovocitos mediante punción ovárica. Seguidamente, los ovocitos se vitrificarán y se almacenarán en frío hasta que la mujer decida quedarse embarazada, en este caso, por técnicas de fecundación in vitro (FIV).

Cuidados y recomendaciones

Un riesgo aumentado de estas patologías no significa que siempre ocurran. La mayoría son embarazos normales y sin complicaciones, pero es importante conocer los riesgos. Como en cualquier embarazo, es fundamental cuidarse, hacer ejercicio físico acorde a la edad gestacional, evitar ganancia de peso por encima de lo recomendado, dieta variada, hidratación adecuada y evitar hábitos tóxicos como el alcohol y el tabaco. Por eso, es importante, en estos casos, un buen consejo preconcepcional y seguimiento del embarazo, y en caso de que sea necesario, el ginecólogo/a indicará medidas especiales para este tipo de pacientes, en función de las características específicas de cada una.

La tensión arterial normal va a ayudar a mantener tu cuerpo sano. Las subidas de tensión vienen determinadas sobre todo por tres factores: la dieta, el estrés y el estilo de vida. Si mantienes un peso adecuado, haces deporte y comes sano (una dieta rica en verdura, fruta, cereales integrales y proteínas magras, con poco consumo de sodio) es más fácil mantener niveles de tensión normales.

Complementos vitamínicos como el ácido fólico ayudan a prevenir defectos en el feto, y otros complementos como el hierro, el yodo y la colina son substancias que ayudan a mejorar su bienestar y salud. También es importante que conozcas tus ciclos.

Si tienes más de 35 años y llevas unos seis meses intentando concebir sin resultado, no dudes en buscar ayuda profesional.

En cualquier caso, la edad de la mujer no es una contraindicación para el embarazo. El embarazo a edad avanzada se asocia con un mayor riesgo de desarrollar padecimientos propios de esta condición.

Es importante saber que muchas de las complicaciones se previenen con un correcto control prenatal y cumpliendo rigurosamente las indicaciones médicas.

La probabilidad de embarazo a los 35 años es del 58%. Por otra parte, la calidad del esperma de la pareja también influye en dicha probabilidad. Los espermatozoides van perdiendo movilidad y calidad con los años, aunque esta no cae abruptamente hasta los 60.

Las pautas han cambiado en los últimos años y, con los avances de la obstetricia y una evaluación de riesgos personalizada, podríamos decir que no hay una respuesta única para todas las embarazadas a partir de los 35 años. El límite de 35 años se puso entonces por ser la edad a partir de la cual la fertilidad de la mujer va disminuyendo notablemente y el riesgo de complicaciones durante en el embarazo era mayor.

Para diagnosticar posibles alteraciones en los cromosomas en edad reproductivamente avanzada, se recomendaba realizar una amniocentesis a la mujer que tenía hijos por encima de esta edad.

Pruebas prenatales

Con respecto a los riesgos genéticos hay manera de conocerlos por un asesoramiento genético y mediante varias opciones de estudios. Algunos se realizan sin que existan riesgos de complicar el embarazo, llamados no invasivos (diagnósticos prenatales sin riesgo) como la ecografía, los marcadores bioquímicos o el triple test; otros, cuya realización se asocia a un riesgo potencial de pérdida del embarazo, se llaman estudios invasivos (diagnósticos prenatales con riesgo) y son la amniocentesis y la biopsia coriónica y la cordocentesis.

Tabla de riesgos y recomendaciones

Riesgo Recomendación
Disminución de la fertilidad Considerar técnicas de reproducción asistida si es necesario.
Aborto espontáneo Seguimiento prenatal riguroso.
Anomalías cromosómicas Asesoramiento genético y pruebas prenatales.
Diabetes gestacional Control de la dieta y seguimiento médico.
Hipertensión arterial Control de la dieta, ejercicio y seguimiento médico.
Parto por cesárea Evaluación médica individualizada.

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