El Terapeuta No Nace, Se Hace: Habilidades y Formación

Dentro de los recursos de rehabilitación psicosocial, es frecuente encontrar que una de las dificultades que presentan las personas es la relativa a la interacción social, algo que, en ocasiones, las conduce al aislamiento y a la soledad. A su vez, una de las intervenciones que se muestra más necesaria y ha demostrado más efectividad en los diferentes meta-análisis efectuados hasta la fecha, es el entrenamiento en habilidades sociales.

Entrenamiento en Habilidades Sociales

Aunque hay diversas metodologías y fórmulas para trabajar las habilidades sociales, generalmente se llevan a cabo a nivel grupal, y se abordan aspectos relacionados con la asertividad, el inicio y mantenimiento de conversaciones, la gestión de situaciones sociales que pueden catalogarse como complicadas o potencialmente conflictivas, la reducción de la ansiedad social por medio de la exposición, la mejora del autoconcepto, etc.

Todas estas técnicas están destinadas a que la persona que participe en el programa adquiera habilidades, las ponga en práctica y, por medio de la experiencia, pueda percibirse cada vez más competente y capaz en este área tan relevante para el ser humano. Esto, a su vez, puede propiciar una reducción del aislamiento y ayudar a la persona a construir una red de apoyo.

Es muy habitual que dentro de los programas que se ofrecen desde los dispositivos de rehabilitación psicosocial, se propongan diversas intervenciones y actividades que tengan por objetivo el entrenamiento en habilidades sociales y la subsiguiente generalización de estas competencias al entorno de la persona.

Si bien, también es relativamente frecuente que, tras el riguroso trabajo, los profesionales hagan valoraciones del tipo «la verdad es que esta persona, por lo que hemos visto en los programas, cuenta con las habilidades necesarias para relacionarse con sus compañeros o las personas de su entorno, pero luego no lo hace, no generaliza, y sigue sin relacionarse con nadie e igual de aislado».

En esta situación tan frecuente pueden encontrarse infinidad de variables que influyen o median para que el resultado sea este. Por ejemplo, el autoconcepto, el estigma internalizado, la ansiedad social, la falta de oportunidades reales o la sintomatología propia del trastorno, entre muchas otras, pueden tener que ver. Pero hay otra variable que conviene no perder de vista en estos casos, y no es otra que la denominada «cognición social».

La Cognición Social: Una Brújula en las Interacciones Sociales

Por hacer una definición sencilla y accesible de este complejo constructo, podríamos decir que la «cognición social» es esa brújula que nos guía en las situaciones sociales y que, de estar afectada o alterada, en muchas ocasiones lleva a la persona a perderse durante las mismas.

Aparte de la importancia de emplear un estilo de comunicación asertivo y conocer fórmulas para iniciar conversaciones o gestionar situaciones comprometedoras o complicadas, en las interacciones sociales también hay otros muchos componentes que, quizás, no sean tan evidentes, pero que influyen de forma importante.

Por ejemplo, la capacidad para reconocer y gestionar nuestras propias emociones o intuir de una forma más o menos certera que puede estar sintiendo a este nivel la persona que hay enfrente, constructo al que se denomina «procesamiento emocional», también es un aspecto clave en las situaciones sociales. Pero junto a este, también hay otros como, por ejemplo, la «teoría de la mente», que es la capacidad de intuir lo que la otra persona puede estar pensando en una determinada situación, la «percepción/conocimiento social» que tiene que ver con el conocimiento que tenemos sobre lo que es adecuado y habitual en una situación social, o el denominado «estilo atribucional», que es la capacidad para hacer una adecuada valoración de los eventos positivos o negativos que ocurren en nuestra vida.

Imaginemos, por tanto, una persona que conoce y maneja de forma más o menos adecuada todas aquellas estrategias comunicacionales que, en teoría, le habrían de permitir desenvolverse en las situaciones sociales, pero que, sin embargo, tiene dificultades para identificar y gestionar las emociones propias, intuir lo que los otros pueden estar pensando o sintiendo, saber que es lo adecuado o habitual en una determinada situación social, o tiende a atribuir de forma incorrecta los eventos que le suceden.

En este caso, encontramos a una persona bien entrenada para la interacción social, pero perdida durante las mismas, lo que quizás suponga que siga evitándolas y aislándose. Los estudios demuestran de una forma clara e inequívoca, que un importante porcentaje de personas con trastornos del espectro de la psicosis, trastorno bipolar y trastornos de personalidad, entre otros, presentan problemas en cognición social y en sus componentes.

No obstante, a día de hoy existen diferentes pruebas traducidas y validadas en población española que sirven para valorar estos constructos, así como, programas específicos destinados a que las personas con dificultades a este respecto, puedan trabajar y mejorar estas capacidades tan importantes para el correcto funcionamiento social.

Cómo Mejorar las Habilidades Sociales en el Síndrome de Asperger | Estrategias y Terapias

Terapia Avatar

La terapia Avatar surge de la mano del psiquiatra Julian Leff, inspirada en el trabajo de Dirk Corstens. Todo empieza con una entrevista en profundidad para entender cómo es esa voz que la persona escucha, su aspecto, su timbre o los comentarios que suele hacer. Todos estos detalles serán de ayuda para entender qué lugar ocupa en la vida de la persona, ¿de quién viene realmente esta voz?

Con esta información, se creará una figura 2D que represente fielmente el ente que la persona escucha. El terapeuta será quien maneje este avatar. Para ello, utilizará un software que permite distorsionar su voz en tiempo real para que encaje con la voz que suele escuchar el paciente. El reto del profesional será fusionarse con el avatar, hablar y reaccionar como lo haría realmente la voz, y así, darle vida.

Eficacia de la Terapia Avatar

Los primeros indicios sobre la eficacia de la terapia Avatar llegaron hace más de una década de la mano de sus creadores. El equipo de Julian Leff realizó el primer estudio piloto demostrando que sí: era posible crear un espacio terapéutico donde las personas pueden dialogar con una versión digital de sus voces. Más tarde, compararon esta terapia con una terapia de apoyo demostrando que la terapia Avatar podía conseguir una reducción en la intensidad de esas voces tras tres meses de tratamiento.

Con la llegada de nuevas evidencias, la terapia Avatar empieza a consolidarse como una herramienta eficaz en el tratamiento de las voces, dejando atrás el terreno experimental.

La terapia Avatar abrió un camino innovador, pero ¿qué viene después? La respuesta apunta hacia entornos más inmersivos y adaptados a situaciones sociales más complejas. Recordemos que, en la versión original de esta terapia, la persona interactúa con una figura en 2D a través de una pantalla de ordenador. Inspirados en este modelo, distintos grupos de investigación están tratando de ir un paso más allá, la pregunta que se han hecho es la siguiente: ¿Cómo sería vivir esa interacción con las voces dentro de un entorno virtual en 3D?

Factores Comunes en Psicoterapia

A finales del siglo pasado se había acumulado evidencia suficiente para la identificación científica de los componentes comunes del género terapia psicológica y asignarles un peso relativo medido y verificado. El resultado subraya que el éxito de la terapia depende no del terapeuta sino del cliente. Con ello, se consolidó el fundamento de una psicoterapia moderna que, aún respetando las diversas escuelas y técnicas, ahora se guía más por hechos contrastados que por supuestos teóricos, por muy convincentes que éstos suenen.

La identificación y el perfeccionamiento de habilidades, procesos y actitudes que hacen que funcione la psicoterapia, independientemente de la clase de terapia o del modelo terapéutico, ha sido un trabajo arduo y prolongado en el tiempo y que no ha terminado. En este artículo se refleja a grandes rasgos la historia de este esfuerzo compartido y se recopila parte de las recomendaciones o, mejor dicho, las bases necesarias para lo que actualmente puede considerarse una actitud competente del psicoterapeuta.

La American Psychological Association (APA) publicó en 1999 el libro The heart and soul of change: What works in therapy (Corazón y alma del cambio: Lo que funciona en terapia), de los prestigiosos autores Mark Hubble, Barry Duncan & Scott Miller, siendo una compilación de datos y referencias que es fuente obligada para el estudio de la eficacia terapéutica en todos sus aspectos y cuyas conclusiones han sido apoyadas por posteriores publicaciones de primer orden.

En 2012, la APA publicó la Resolución sobre el Reconocimiento de la Eficacia de la Psicoterapia la cual refleja el estado actual de lo que se sabe, con una lista de las investigaciones de la última década.

Saul Rozenzweig, "padre" de la identificación de los factores comunes, decía, ya en 1936, que "La eficacia de las diferentes aproximaciones terapéuticas tiene más relación con sus elementos comunes que con sus bases teóricas".

Los Cuatro Grandes Factores Terapéuticos

Michael Lambert elabora sobre el trabajo de Frank y propone, sobre la base de lo que indican los estudios empíricos, que los cuatro factores terapéuticos principales para la mejora de los clientes se identifican como: factores extraterapéuticos, factores comunes, expectación o placebo, y técnicas.

Veremos estos factores y su peso relativo en el resultado (varianza) con más detalle:

  1. Los factores del cliente o factores extraterapéuticos - 40% de la varianza: Son aquellos aspectos del cliente o circunstancias de la vida del cliente que ayudan en la recuperación, independientemente de su participación formal (o estructurada) en la terapia.
  2. Factores de la relación con el terapeuta - 30% de la varianza: Coinciden con los que son los "factores comunes" de siempre. Representan un amplio abanico de variables mediados por la relación que se encuentran en terapias de todas las escuelas.
  3. Placebo, esperanza y expectación - 15% de la varianza: Lambert encontró que, en parte, la influencia de estos factores deriva del conocimiento que tiene el cliente de que se está tratando, y de una valoración (subconsciente) de la credibilidad de la terapia y sus técnicas.
  4. Factores de modelo o técnica - 15% de la varianza: Según Lambert, este grupo tiene un peso relativamente modesto en el resultado de la terapia.
Factor Terapéutico Porcentaje de Varianza
Factores del Cliente 40%
Relación con el Terapeuta 30%
Placebo, Esperanza y Expectación 15%
Modelo o Técnica 15%

La identificación de lo que sirve en terapia requiere realismo y humildad. Verse confrontado con las elocuentes conclusiones de tantos estudios y tener que reconocer que son los factores del cliente y no las artes del terapeuta los que determinan la eficacia de la terapia, requiere realismo y humildad.

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