El Niño Que No Sabía Jugar: Un Resumen Detallado

Normalmente, no se utiliza el nombre del personaje principal para dar título a una obra. Pero, cuando este posee una fuerza gravitatoria tal que el resto de la creación narrativa que le circunda solo puede orbitar alrededor de él, igual no quede más remedio. Mr Gwyn, de Baricco, es un ejemplo cinematográfico, como Forrest Gump. Estamos hablando de una novela juvenil protagonizada por un niño de… ¡seis años!

Así pues, ¿qué hace que este personaje constituya una singularidad? Elvis es, a tan temprana edad, un tipo diferente, lo cual debería llamarnos la atención en estos tiempos en que tan pobres y reiteradas versiones de pensamiento único han hecho (y aún hacen) todo lo posible por convertir a los individuos de no pocos países en rancias fotocopias temerosas de distinguirse por nada. Elvis es un niño valiente de veras, no solo por atreverse a pensar diferente, sino también por serlo conforme a sus ideas.

No se aproxima al típico producto edulcorado que, simplemente, mola, en el cole o en el insti, igual da, o que es popular en el vecindario. Maria Gripe podría haber hecho algo así con este niño, claro. Pero esa no habría sido Maria Gripe. Cualquiera que haya leído los libros de esta autora sueca sabe que, si acaso, ella siempre estará mucho más interesada en que los personajes triunfen más en la conciencia de los lectores que, llegado el caso, en la historia a la cual pertenecen.

En los talleres de escritura creativa suele proponerse la siguiente regla a los alumnos: mostrar, no explicar. Quiere decirse, que, respecto de los personajes, se ha de ver cómo son por lo que hacen y por lo que dicen, no porque nosotros como autores digamos que son de tal o de cual manera. Quizá sea una buena regla para quienes comiencen su andadura narrativa; pero pésima para creérsela (como la mayor parte de las reglas, claro).

Miren, si no, lo que Gripe dice de Elvis durante trozos de pura narración: «Elvis sabe lo que es fracasar»; «Elvis sabe que él es el origen de todas las preocupaciones de mamá». ¿Se puede estar más dentro de la cabeza del personaje? Pero no se preocupen, que funciona.

Porque les aseguro que se sentirán Elvis todo el rato: cuando vean lo que dice, cuando vean lo que hace y cuando accedan a su interioridad más secreta de la mano de la autora -porque de eso va esta novela también: de tener secretos, de desarrollar a una temprana edad la capacidad de sentir un enorme grado de intimidad con algo a lo que se atribuye un valor privado, un valor que incluso aún permanece oculto para el personaje, a la espera de ser descubierto pues-.

Vivimos tiempos de velocidad absurda, de permanente captura digital de lo instantáneo, como si no nos pudiéramos quedar a solas con nosotros mismos ni un segundo; pero, si por un casual, este original llega a nuestras manos, entonces tenemos la oportunidad de darnos cuenta de que Elvis representa una modalidad de activismo inteligente, pues también es capaz de sumirse en la paciencia y en el gozo tranquilo y contemplativo tan propio de quienes siempre supieron cultivar la suficiente paz interior como para integrarse sensorialmente con el entorno.

Elvis es un niño de campo -en realidad, un amante de la naturaleza, en un sentido protector además- y de ciudad, pues se desenvuelve en la certeza de que tiene algo que hacer allá donde se encuentre. Cuestión aparte es la gente, porque él reconoce que tiene un déficit: no sabe llevarse con los otros niños, aun cuando entre sus ideas está la convicción de que más que amigo no se puede ser en esta vida.

Se da la circunstancia de que, al término de la novela, no es tan fácil contarle a nadie lo que has leído. Cuesta hacer un simple resumen. No obstante… en un original así resulta de lo más normal. El truco es el siguiente: la pieza está llena de conflictos, pero ninguno de ellos es verdaderamente principal, ninguno de ellos impulsa la historia por sí solo -y, desde luego, no son consecuencia los unos de los otros, no en el sentido técnico-narrativo en que lo entendemos los escritores-.

Es complicado hacer una síntesis, porque lo secundario no se diferencia tanto de lo principal. Siempre se ha dicho que el motor de una novela es el conflicto, pues pone a prueba a las personalidades de los personajes, los decanta en sentidos que se alejan de la tendencia media al consenso que la mayoría solemos presentar para suavizar la convivencia.

No obstante, eso no resulta tan preciso, porque el verdadero motor de una narración es el tránsito: los personajes aparecen en una situación A y se dirigen a una situación B, la cual no tiene por que implicar cambios sustancialísimos para estos. Sucede que ni leemos novelas ni vamos al cine para que nos cuenten historias como las que la mayoría vivimos. Por eso son más numerosas aquellas en las cuales se plantean conflictos centrales de envergadura que afectan sobremanera a la vida de los personajes.

Me atrevería a decir que, como opción narrativa, simplifica la tarea a guionistas y escritores; pero no significa que sea la única posibilidad. Esta novela juvenil de Gripe supone una notable excepción en este sentido. Simplemente, el niño Elvis crece ahí, a lo largo de las páginas, y tú le acompañas, viendo en qué consisten sus relaciones con los demás, comparando las reacciones de unos personajes y de otros, y lo mismo hasta preguntándote qué hay de ti mismo en esas conductas, ya que igual te resultan familiares.

Al parecer, el teatro en que se desarrolla nuestro universo cotidiano está hecho de un continuo espacio-tiempo. Este se curva, se estira, se encoge, se retuerce… y eso depende de lo que hacen los actores principales, que son la materia (nosotros somos materia, ¡ojo!) y la energía. En este sentido, el universo se parece más a la goma que al cristal.

Un Vistazo a la Intrahistoria de Elvis

En *Elvis Karlsson* no esperen la enorme precisión en la secuencia de acontecimientos, ¡sin que nada la interrumpa!, que vimos en la Wölfel de Campos verdes, campos grises, tampoco el absoluto desenfado o el completo abarcamiento de grandes entidades o instituciones, incluso políticas o históricas -césares, viajes en el tiempo, etc.- mezcladas con fantasía como en el Rodari de Cuentos escritos a máquina. No. Es el turno de la intrahistoria, de los acontecimientos pequeños que llenan las biografías, de las narraciones que se interrumpen por reflexiones siempre que son importantes para ilustrar el crecimiento de una personalidad.

¿Cómo lo hace? Para ser algo más técnicos, diremos que este ejemplo del cual hablamos remite al manejo de una conocida figura literaria: la elipsis. Esta se puede entender o como la falta de una información narrada que el lector puede subsanar o como el salto en el tiempo hacia atrás o hacia adelante (lo que en cine se llama flash-back o flash-forward).

Básicamente, se trata de una ausencia narrativa sin pérdida de continuidad para el lector, en el sentido de que puede seguir la historia perfectamente, más allá de cuándo el todo adquiera para él un sentido definitivo. Los lectores y los espectadores están, por lo general, preparados para suspender la continuidad de la historia por haber saltado a otro lugar del tiempo. No obstante, esto requiere alguna madurez.

Gripe no se detiene ante nada, porque detrás de esa reflexión acerca del pecado que encontramos en este primer capítulo, va otra que remite al creacionismo: quién ideó a Elvis. Y esta le da la oportunidad de dar otros saltos temporales, en este caso, asociados a cada vez que la madre le da una explicación (fue idea mía, fue de papá, fue Dios…), lo cual le lleva a un episodio biográfico: cuando Elvis le devuelve la bofetada a su madre.

Y, en realidad, todo este primer capítulo está lleno de saltos. Simplifiquemos: vamos a decir que lo principal es aquello que transcurre objetivamente.

Visitas Escolares y la Conexión con los Lectores

Las visitas escolares como autor son un premio que poca gente puede experimentar. Los niños y niñas han sido ganados para la palabra gracias a la labor de maestros y maestras que saben seducir, ilusionar y embelesar a los lectores. El arte de la lectura es el arte de la seducción. Nicolás Díaz Dorta.

Hay días que el oficio de escribir toma tierra. Bajas de la nube en la que has colocado tus escritos. Cierras la carpeta de internet y vas a un colegio. Te acercas a los lectores y sueñas más que cuando escribes. La creatividad del alumnado te hace ver que es verdad lo que plasmaste con palabras. El pirata Malodor es un personaje que me ha hecho soñar en muchos colegios.

  • La visita de Ernesto me gustó mucho, nunca había visto a un escritor contarnos una de sus historias y, se me pusieron los pelos de punta.
  • Me gusta mucho como habla, porque se nota que todo lo que dice lo dice con sentimiento.
  • Se le iluminan los ojos cuando habla de sus cuentos y, sin apenas darnos cuenta nos transmite esa alegría y esos misterios de los que habla en sus libros.
  • La visita me ha parecido muy útil.
  • Ernesto Rodríguez Abad visitó el Alonso Pérez Díaz y con él trajo sus experiencias e historias.
  • La charla con Ernesto fue muy buena porque no me aburrí en ningún momento y por su forma impresionante de contestar, hablar y narrar.
  • El encuentro con Ernesto Rodríguez Abad fue pasar un rato tan agradable con alguien que con solo utilizar palabras, nos ha llegado al corazón.

Sin tan siquiera conocernos, nos ha hecho sentir tristeza, ternura, ira, dolor, desconcierto… con sus relatos. Nos ha hecho ponernos en la piel de los personajes y sentir cada una de sus emociones, cosa muy difícil de hacer. Me encantan sus historias, son emocionantes. Yo le doy un diez por su trabajo y esfuerzo.

Ernesto vino a hablarnos de «Escritos en la corteza». Este libro me enamoró. Mis relatos favoritos son «El Baobab», «El Tejo» y el «Jacarandá». Nos recomendó otro libro suyo que en breve comenzaremos a leer titulado «Jardín de brujas».

Me pareció muy interesante, ya que respondió a todas nuestras preguntas y se mostró muy abierto con nosotros. Su manera de expresarse me pareció muy sincera y cercana. A mi no me gusta leer pero cuando comencé con «Escritos en la corteza» me adentré en la lectura y cada relato me gustaba más y más.

Me gustó mucho su voz y, el cuento que nos contó me encantó. La visita de Ernesto me pareció muy buena, para que los alumnos aprendiéramos y conociéramos cosas sobre él y sus libros. Es una persona muy trabajadora y, como nos dijo, le encanta su trabajo.

La lectura de los Cuentos africanos para dormir el miedo ha dado lugar a trabajos originales y la visita el centro en el mes de diciembre dejado un recuerdo grato en mí como autor. VISITA AL COLEGIO NUESTR SEÑORA DE LA LUZ. Un escritor no es solo un texto. Es también palabra hablada, comunicación, diálogo.

Las visitas a los colegios siempre despiertan en mí sensaciones inesperadas, emociones escondidas. Los niños y las niñas beben las palabras con la sed de un caminante en el desierto. La vista consistió en un diálogo con INFANTIL de tres a cinco años, a partir de mis libros El rey que bordaba estrellas, El pirata Malodor y Quijote. La otra parte de la visita consistió en una charla-debate sobre la lectura con el alumnado de 5 y 6 de primaria.

Un escritor llamado Ernesto Rodríguez Abad, nos visitó el pasado lunes 18 de enero. En su visita a nuestro colegio, nos contó y habló, sobre la importancia de la libertad intelectual, de pensar lo que queramos cuando quisiéramos y ser respetado por ello. También nos contó, unas historias muy divertidas e interesantes. En una de ellas, actuó un compañero como soldado que nos hizo bastante reír.

El lunes 18 de enero un famoso escritor de libros infantiles vino a nuestro colegio a explicarnos la importancia que era la lectura en nuestras vidas. Nos explicó como era su vida. Nos dijo que ha viajado a México, Costa Rica, Brasil, Argentina…. Ernesto, que así se llamaba este famoso escritor, vive en Tenerife, en un pueblo del norte de la isla llamado “ Los Silos”.

Él nos contó que fue a un país en donde había un niño que decía que le gustaba mucho sus libros y explicaciones pero al despedirse de él, Ernesto le deseó una muy feliz vida. Actualmente, Ernesto nos contó que está escribiendo un cuento para que lo edite una editorial colombiana.

Más tarde, un compañero de mi clase, hizo un teatro a partir de un cuento que Ernesto fue relatando. En general, la explicación de este autor me gustó mucho porque aprendí la importancia de los libros para conocer historias y vivirlas como los personajes que en ellas aparecen.

El día 18 de enero, nos vino a visitar Ernesto Rodríguez Abad a nuestro colegio. Él es un escritor famoso en el mundo. Es de un pueblo llamado “ Los Silos” que se localiza en la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Vino a nuestro colegio para hablarnos sobre la importancia de la lectura.

En su charla nos dijo que estaba escribiendo una novela inspirada en un niño inmigrante que se fue en una barca. Seguidamente, nos contó que en uno de sus viajes se encontró con un niño que cuando se despidió de él le dijo que estaba muy contento de que hubiese ido a su centro. Ernesto le dijo que le deseaba que le fuera muy bien en su vida. De repente, el niño le dijo que a él nadie lo quería porque no sabía jugar al fútbol.

A lo larga de la charla que tuvo con nosotros, nos contó que había recibido varios premios a lo largo de su vida. También nos contó dos historia. Una era de un fantasma donde yo representaba a un capitán y otro ya era un poquito más serio de un pájaro que cantaba y contaba historias en todos los idiomas. Nos dijo que ha estado en diferentes países como Túnez, América…

En América le pasó una anécdota curiosa y fue que un niño que escribía muy bien cuando se despidió de él le dijo que él no servía para nada porque no sabía jugar al fútbol. De regreso ya en Tenerife, esta experiencia le inspiró para escribir un libro titulado “ El niño que no sabía jugar al fútbol”.

A lo largo de la charla nos dijo que él empezó a escribir cuando tenía nuestra edad pues él vivía en un pueblo de Tenerife llamado “Los Silos” donde los pescadores que allí vivían le contaban muchas historias. Por ejemplo, le contaban historias sobre peces que cuando encontraban en el fondo de mar algunas gafas se ponían dichas gafas, sobre peces que se metían dentro de una botella que no podían crecer porque no cabían dentro de ella.

Más tarde, nos contó dos cuentos. El primero trataba de una princesa que vivía con su padre, el rey, en un castillo. Ella un día entró en su habitación y vio un fantasma amarillo. Por la noche Edgar cogió un cubo de pintura azul y se lo echó al “fantasma amarillo” y se volvió verde. Un día el rey iba a la tierra natal del pájaro y este le dijo que fuera adonde vivían sus hermanos/as y les dijera que estaba bien. El rey cumplió su promesa pero cuando acabó un pájaro se cayó del árbol y murió. El rey volvió y se lo contó al pájaro y también murió. El rey cogió el pájaro y le dejó en la ventana.

A mí me gustó mucho la charla porque aprendimos escuchándolo y porque era muy simpático. Nos enseñó que leyendo se puede conseguir la libertad y que no nos avasallen ni nos engañen. Imagino un universo mejor en el que los niños y las niñas puedan aprender a soñar. Aprender es buscar. Leer es la actividad más hermosa que podemos realizar.

Cuando abrimos un libro traspasamos una puerta que nos lleva a conocer otros mundos y otros seres humanos. Siempre he creído que el lector es el más importante en el proceso de creación de un libro. Trabajos realizados en Santa Úrsula. Leyendas de fuego. En mi opinión, el proyecto fue original y divertido. Cuando Alicia leía el cuento nos hacía imaginar el momento. Tus cuentos me ayudaron a meterme en la cultura de Àfrica, en sus danzas.

Me gustó muchísimo el proyecto porque combinamos música, arte y lectura. La verdad es que me encantó este proyecto porque aprendimos mucho de África y nos divertimos preparando las danzas, leyendo, pintando. Quiero darles muchas gracias a las maestras y sobre todo a Alicia y al escritor. A mí me pareció muy divertido, ya que aprendimos jugando, cantando y bailando.

Sinopsis de "El Niño Que No Sabia Jugar Al Futbol"

Una tierna novela sobre la búsqueda de la identidad personal y el respeto a las distintas formas de ser. A Rodolfo no le gusta jugar al fútbol. Y lo cierto es que no se le da bien. Aunque todos a su alrededor se empeñen en que aprenda. Pero Rodolfo sabe hacer otras cosas, posee la magia de las palabras y es capaz de tocar el corazón de las personas. Solo tiene que encontrar su propio camino.

El protagonista de esta historia es un niño tranquilo y apacible al que le gusta ir al colegio, mirar las nubes, dibujar y jugar con las palabras hasta hacerlas rimar entre sí. Tímido y reflexivo, es un buen estudiante pero en cambio, en los recreos resulta un pésimo jugador de fútbol, al que nadie elige para su equipo.

Ser tan poco hábil en los deportes le entristece pero también siente pena al notar que nadie aprecia su labor en terrenos menos agitados que se le dan muy bien. Incluso su padre, aficionado al fútbol, se esfuerza para conseguir que su hijo intente emular a los héroes del deporte.

La obra narra los esfuerzos del niño para que su padre comprenda lo lejos que están sus intereses de las competiciones deportivas y su inicial fracaso en este aspecto. Un día llega al pueblo un contador de historias que fascina a todos sus habitantes y a quien el niño enseña los poemas que ha escrito.

Este hombre le explica la importancia de lo que hace y afirma que sus padres deben estar orgullosos de él por cómo escribe versos en lugar de avergonzarles por su desinterés hacia el fútbol. Gracias a él, el chico aprende a vivir sin miedo a fracasar, dedicado a lo que le guste, implicando a sus padres en los éxitos que logra con su auténtica vocación, sea cual sea.

La obra, bien escrita, muestra un claro propósito educativo, expresado a través de un argumento verosímil y unas situaciones cuyo carácter simbólico resulta fácil de captar por los pequeños implicados en la cuestión. La edición, muy cuidada, tiene una atractiva presentación, con páginas de color ocre donde destaca el texto, escrito en blanco.

Adelante. Divertidas e infantiles. Blanco. Logrando que los colores creen mayor contraste entre sí. Tristeza y el humor, explica muy bien cómo se siente Rodolfo. Se le da nada mal. Mandando al banquillo. Actividades. Decirlo ni a contradecir a los demás. Como se suele decir, "para gustos los colores". No se les da bien. Símbolo de respeto y amistad. De situaciones. Aprecien las historias que cuentan sobre su vida. Ello. Nuestros hijos.

Sino preguntarse "qué quiere mi hijo, qué le gusta a mi hijo".

Tabla de Libros Mencionados
Título Autor Editorial ISBN
El Niño Que No Sabia Jugar Al Futbol Ernesto Rodríguez Abad Fundación Santa María-Ediciones SM 9788467569155
Escritos en la corteza Ernesto Rodríguez Abad Desconocido Desconocido
El rey que bordaba estrellas Ernesto Rodríguez Abad Desconocido Desconocido
El pirata Malodor Ernesto Rodríguez Abad Desconocido Desconocido
Quijote Miguel de Cervantes Desconocido Desconocido

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