El Niño de Somosierra: Una Desaparición que Desconcierta a Europa

El 24 de junio de 1986, un trágico suceso en el puerto de Somosierra, Madrid, marcó el inicio de uno de los misterios más inquietantes de Europa. Un niño murciano, Juan Pedro Martínez Gómez, se convirtió en el protagonista de una desaparición que, según la Oficina Europea de Policía (Europol), es la más desconcertante y extraña ocurrida en el continente en las últimas tres décadas.

Todo comenzó con un camión volcado que provocó un caos circulatorio. En su interior, se encontraron dos ocupantes muertos. La madre del camionero informó que un hijo de este también viajaba en el vehículo. Tras inspeccionar la cabina, los agentes no encontraron rastro del niño.

Un camión descendía velozmente, los neumáticos chirriaban y la carga se tambaleaba amenazadoramente. En una curva derrapó, volcando aparatosamente. El ambiente se inundó de una nube de polvo, frenadas, voces y gritos. Figuras borrosas aparecían por todas partes. La atmósfera empezaba a hacerse irrespirable.

Tras recibir la noticia de que eran tres personas las que viajaban en el camión los bomberos abrieron con cortafríos la cabina en busca del chaval. No encontraron nada del chico. De inmediato se emprendió una intensa y exhaustiva búsqueda con ayuda de la Cruz Roja y el vecindario. Más de diez mil personas participaron en las labores de rastreo por toda la zona. Se inspeccionó la sierra en un radio de 30 kilómetros a base de helicópteros y perros adiestrados. Pero no se encontró ni una sola pista, marca o huella.

Las víctimas fueron identificadas como Andrés Martínez Navarro, chofer y propietario del Volvo F-12, y su esposa, Carmen Gómez Legaz. El camionero, originario de Los Cánovas, Murcia, decidió llevar a su hijo Juan Pedro, de 10 años, a Bilbao como premio por sus buenas notas y porque aquel día era su santo.

El mesón El Maño fue el último lugar donde vieron a los tres juntos mientras desayunaban. El resto de lo que se sabe son los datos recogidos en el tacógrafo. El vehículo llegó a realizar, subiendo el puerto, hasta doce paradas. Algunas de diez o quince segundos, lo que no servía para cubrir ninguna necesidad fisiológica y menos mecánica. Una vez alcanzada la cima se lanzó cuesta abajo a 140 kilómetros a la hora.

Tras inspeccionar durante horas el habitáculo de la cabina, lo único que se encontró del chaval fue la goma de una zapatilla deportiva.

Puerto de Somosierra, lugar del accidente.

Las Primeras Indagaciones y Teorías

Empezaron a barajarse toda clase de teorías en torno a tan desconcertante suceso. Al tiempo fue adquiriendo fuerza la de que había por medio alguna red de tráfico de drogas. La familia intentó atajar el rumor: "Andrés no estaba implicado voluntariamente en dicho negocio". Apuntaban algunos a que podía haber sido presionado y posteriormente retuvieran al niño para garantizarse que efectuara el delictivo traslado.

Aunque en sus siguientes palabras caía en una clara contradicción: "Tenía muchas deudas. La abuela materna del niño, María Legaz, recelaba al respecto: "Unos dicen una cosa, otros dicen otra… Yo qué sé si llevaría en el camión… No lo sé.

El portavoz de la familia, Juan García Legaz, era categórico en sus manifestaciones: "Cerca del lugar del siniestro había un control policial. Tenía claro lo que estaba pasando. "Una red delictiva muy importante, que había detrás de todo esto, nos estuvo acosando telefónicamente para que no prosiguiéramos con nuestras indagaciones. Sabían que mientras no soltaran a su presa no había testigo alguno que pudiera denunciarles. Y una queja contra la Policía y la Guardia Civil. "No se investigó entonces debidamente. Una regla de oro en estos casos es que, conforme transcurre el tiempo, menores son las posibilidades de resolverlo.

La Droga en la Cisterna

En el año transcurrido desde el accidente el sumario experimentó diversos avatares. Cambió la titular, María Riera, y fue su sustituta María Dolores Ruiz Ramos quien ordenó buscar en la cisterna del camión restos de heroína. La Guardia Civil descubrió la droga oculta en un bulto, enrollado en una manta, todo ello envuelto en una lona blanca y finalmente protegido por un plástico gualdo.

El propietario de la cuba, Antonio Medonio, se mostraba convencido de la inocencia del camionero. «Pudieron quitarle al crío con amenazas para obligarle a hacer algo que no quería. Quizá lo forzaron a transportar la carga secuestrando al niño hasta que la mercancía llegara a Bilbao».

La Furgoneta Nissan Vannete Blanca

Los conductores que aquella trágica mañana circulaban por dicha carretera declararon que habían observado una furgoneta Nissan Vannete blanca que precedía a toda velocidad al camión. Un par de pastores, que presenciaron el accidente, atestiguaron que de inmediato dicha furgoneta se detuvo. Al volante iba un hombre con bigote y melena, acompañado de una rubia, ambos de altura considerable y aspecto nórdico. Se acercaron a la humeante cabina. El conductor manifestó que su mujer era enfermera.

Más de 3.000 furgonetas Nissan Vanette blancas se investigaron sin resultados. Además, nadie se había quedado con la matrícula. De todos modos, para algunos la hipótesis de que se llevaran al pequeño en esa furgoneta les resulta la más probable. Incluso que se lo llevaran fuera de España.

🚨El MISTERIOSO CASO del NIÑO de SOMOSIERRA NUEVAS HIPÓTESIS tras DESAPARICIÓN EXTREMA tras 40 años

La Búsqueda Incansable

Los abuelos y tíos de Juan Pedro iniciaron una masiva campaña de búsqueda. Tras gastarse un par de millones de pesetas en una gran labor de rastreo tuvieron que solicitar ayuda para proseguir por toda la geografía nacional. Colocaron 85.000 carteles en calles y especialmente en fachadas de centros escolares, ayuntamientos, oficinas de correos, etc. A la par recorrieron miles de kilómetros, atentos siempre a cualquier noticia o indicio; escudriñaron las cunetas desde el lugar del siniestro hasta Burgos.

Demasiadas han sido las llamadas desde entonces intentando facilitar datos sobre el paradero del niño. Aparentemente reales unas, fantasiosas otras… Era como si los ojos y el cabello de un intenso negro del chavea murciano aparecieran y desaparecieran por toda nuestra geografía.

Cartel de búsqueda de Juan Pedro Martínez Gómez.

¿Disuelto en Ácido?

Hubo algún experto que se dirigió al semanario El Caso explicando que el cuerpo descompuesto del niño quedó sepultado bajo el amasijo de tierra provocado por el camión al volcar la cuba. Los perros no habrían detectado restos debido a la asfixiante contaminación del ambiente. Nos desplazamos hasta el kilómetro 95 de la Nacional I, en la linde de Madrid y Segovia, con una excavadora que, ante la presencia de la Guardia Civil, perforó el suelo en busca de algún resto orgánico.

Para corroborar su experta opinión encargó que trajeran un trozo de carne animal y la sumergieron en ácido. Los huesos empezaron a verse afectados al cabo de cinco días.

El Paso del Tiempo y la Búsqueda Continua

Una pequeña puerta a la esperanza se abrió en 2015 cuando el sistema saltó al detectar coincidencias genéticas del ADN de la abuela con unos restos humanos hallados en Guadalajara. Los investigadores y la familia no desistieron. El juzgado respondió que no había lugar después del tiempo transcurrido y reprochaba a los investigadores de la Guardia Civil que no justificaran suficientemente el interés de los familiares del niño en esa pesquisa.

Tal vez sólo los valles que rodean el puerto de Somosierra lo sepan, pero su silencio es imperturbable. Juan Pedro, el niño de Somosierra, era un niño feliz. Sacaba buenas notas, disfrutaba de su familia, adoraba a su abuela y no tenía claro aún que quería ser de mayor, "al menos no nos lo contó", sonríe Juan.

¿Qué fue de Juan Pedro?, es la pregunta que se hacen muchos. Muchos creen que puede estar vivo. Ojalá. No hay cese: "ya no buscamos a un niño.

Una regla de oro en estos casos es que, conforme transcurre el tiempo, menores son las posibilidades de resolverlo. ¿Qué fue de Juan Pedro?, es la pregunta que se hacen muchos. Tal vez sólo los valles que rodean el puerto de Somosierra lo sepan, pero su silencio es imperturbable.

Juan Pedro Martínez Gómez.

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