Tener muchos hijos es una elección que va más allá de los estereotipos sociales. Desde una perspectiva psicológica, es importante entender que esta decisión puede afectar tanto a la mujer como a su entorno familiar. Cuando una pareja se inclina por la decisión de ser padres, han de tenerlo muy claro y más cuando optan por tener familia numerosa.
Se trata de una decisión en conjunto, en la que forman un bloque sólido de decisiones de crianza. Es común enfrentar críticas y burlas por tener muchos hijos, lo que puede generar inseguridad y dudas. Es fundamental recordar que cada familia es única y tiene sus propias necesidades y deseos. Si te encuentras en esta situación, es importante centrarte en tus valores y metas como madre.
Busca un entorno de apoyo que respete tus decisiones y no te dejes influenciar por los prejuicios de otros. Hacer una revisión psicológica a nivel personal, es recomendable antes de someterse a la crianza, con el objetivo de corregir carencias emocionales. Se trata de una decisión muy importante, que supone un hito vital para la persona.
Antes de tomar la decisión de tener muchos hijos, es esencial hacerse preguntas introspectivas. Reflexiona sobre tus expectativas, motivaciones y recursos emocionales. ¿Estás preparada para dedicar tiempo y energía a cada uno de tus hijos? ¿Cómo te imaginas tu futuro familiar y laboral? ¿Cuentas con el apoyo de tu pareja y familiares cercanos?
Cuando una pareja decide tener más de tres hijos, puede ser sinónimo de estrés o deterioro de la relación de pareja. Tener muchos hijos implica una logística y organización especial. Prioriza el autocuidado y el equilibrio emocional para poder atender a las necesidades de cada miembro de la familia. Establece rutinas que faciliten la convivencia y comunica claramente tus expectativas.
Fomenta la colaboración y la participación de todos en las tareas del hogar. No olvidar tener momentos de intimidad y de calidad en pareja, y con cada uno de los hijos.
Seamos honestos: ¿Quién decide cuántos hijos quiere tener una mujer? En los tiempos que corren, la sociedad marca mucho los tiempos de crianza, ya que antes de comenzar con la misma, la mujer se quiere asegurar una buena posición en la misma. Además, juega en cuenta el factor económico, que frena a muchas mujeres. Como podemos ver, son varios los factores que la mujer tiene en cuenta antes de someterse a la crianza.
La decisión de ser padres es muy importante, independientemente del número de hijos que se tengan. Se puede ser una familia grande y ser muy feliz, o al revés. Todo dependerá de la calidad de afecto que se ofrezca a cada integrante de la familia.
Mantener una comunicación abierta con tus hijos es esencial para entender sus necesidades y preocupaciones. Crea un ambiente de confianza y escucha activamente sus pensamientos y sentimientos. Fomenta la empatía y la expresión emocional en la familia.
Tener muchos hijos es una elección que implica un profundo autoconocimiento y compromiso emocional. Desde una perspectiva psicológica, es fundamental tomar decisiones conscientes, basadas en tus valores y metas personales. Si enfrentas críticas o dudas, recuerda que cada familia es única y merece respeto.
Sustentar la crianza en el respeto, la responsabilidad y el autocuidado, entre otros valores, tiene implicaciones que van mucho más allá del día a día.
👉 Tus hijos pelean mucho 😡 | Descubre cómo el Feng Shui en el centro de tu casa devuelve la armonía”
La Importancia de Estar Presentes
Si queremos ser capaces de conectar de una forma real y profunda con nuestros hijos, una de las cosas que es necesario cultivar es la presencia. Estar presente significa que estás en el momento actual, aquí y ahora, con todos tus sentidos, prestando toda tu atención a la persona que tienes enfrente. Y hoy en día prestar atención es muy complicado.
Tenemos miles de distracciones que secuestran nuestra atención a cada instante, y no hablo sólo de cosas externas, como las notificaciones al móvil, conversaciones paralelas o el multitasking (multitarea), sino que también a nivel interno, nuestros pensamientos surgen constantemente y no somos capaces de pararlos.
Cuando regalas tu atención, tu presencia, estás regalando tu bien más preciado. Por tanto cuando no lo haces, estás negándolo. Cuando no estás aquí y ahora con tu hijo, se siente abandonado, se siente poco importante, no cree que sea una prioridad para ti, y eso marca mucho a nivel personal y relacional, en el corto y en el largo plazo.
El alejamiento de las figuras de referencia, padres y madres, durante la adolescencia es un proceso natural y evolutivo. Sin embargo, aún siguen necesitando que estemos presentes en su vida, pero de otro modo, soltando el control y permitiendo una vida más autónoma e independiente. Esto a los padres nos suele costar mucho y yo digo que tenemos que transitar ese duelo, aprender a sobrellevar todas las emociones que sentimos cuando parece que existe una ruptura en la relación.
Y digo parece, porque en la medida que hayamos sido un buen ejemplo y nuestros hijos adolescentes nos admiren, la crianza de los adolescentes es mucho más efectiva. Lo que quiero decir con esto es que si hemos sentado las bases desde la infancia, hemos estado presentes, hemos sido coherentes y hemos cultivado la confianza en ambas direcciones o si les hemos dado herramientas para afrontar situaciones, estaremos en el buen camino.
En las asesorías me preguntan en ocasiones: “¿Y qué pasa si lo anterior no lo hemos hecho? Ahora queremos cambiar, pero estamos en la adolescencia y está todo perdido”. Yo les respondo que para nada. Las personas somos muy resilientes y nuestros chavales necesitan sentirse importantes, sentirse queridos, sentir que forman parte de algo, sentirse capaces y en la adolescencia también podemos trabajar para volver a conectar y recuperar la relación. Requiere un poco más de esfuerzo porque quizás nuestro adolescente ya no nos cree y no confía en nosotros. Tenemos que trabajar para recuperar esa confianza, reparar el vínculo y admitir que nos equivocamos y que queremos trabajar para tener una buena relación.
Criar y educar es un trabajo complejo, puesto que hay muchos factores que influyen. En la primera infancia, cuando son bebés, hay mucho agotamiento físico, y a medida que se van haciendo más grandes se le suma el agotamiento emocional y mental. Y no sólo es la crianza la que agota, sino todo lo que tenemos en esta sociedad: la velocidad, la hiperproductividad, la multitarea, querer llegar a todo, las exigencias de esta era de la perfección visible.
Por eso es importante que las familias tengan momentos de autocuidado real. Primero para poder recuperar su tranquilidad y en segundo lugar para ser un buen ejemplo para nuestros hijos cuando van creciendo. Cuidarse para poder cuidar está bien, pero cuidarse para hacerles entender que cuidarse está bien, sienta precedente ante nuestros hijos. Si papá y mamá se permiten parar, cuidarse y escuchar sus necesidades, los hijos verán ese comportamiento como natural y se permitirán salir de esa ‘rueda de hámster’ que nos devora a diario.
Esta es una magnífica pregunta porque volcamos en nuestros hijos nuestras esperanzas, tenemos grandes expectativas para ellos y en muchas ocasiones, queremos vivir la vida nuevamente a través de ellos. Cuando yo hablo de modelar el comportamiento, los padres me dicen que, efectivamente, eso es lo que quieren, modelarlos a su imagen y semejanza. Sin embargo, les explico que modelar es servir de modelo, por tanto el trabajo no es con los niños, el trabajo comienza con los adultos, siendo el mejor ejemplo.
Para no volcar en ellos todos nuestros deseos, primero debemos haber trabajado en nuestro desarrollo personal. Sanar las heridas que tenemos de nuestra propia infancia, separarnos de ese lazo hiperprotector que tenemos con los hijos, querer evitarles sufrimientos, decirles a todo que sí, comprarles todo lo que piden, etc. En segundo lugar, entender que son seres independientes, pertenecen a nuestra familia, pero no son nuestra propiedad. Nuestra responsabilidad es darles normas, enseñarles herramientas para afrontar retos, darles amor incondicional, permitirles ser, modelar y modular comportamientos, pero no traspasar nuestros miedos, pretensiones o exigencias. Y eso comienza, como ya he dicho, haciendo primero un proceso de desarrollo personal.
Yo lo veo constantemente en las asesorías de crianza que realizo con las familias; al principio, el trabajo es puramente asesoría porque quieren que el niño haga o no haga algo, se comporte de esta o de otra forma. Al asesorarles, terminan entendiendo que el foco no está en los niños o adolescentes, sino que está en nosotros. Por eso, después las madres o padres deciden comenzar un proceso de crecimiento personal conmigo, bien para sanar heridas, confrontar creencias o reajustar comportamientos que son dañinos para ellas y sus hijos y los resultados a nivel personal y familiar son asombrosos.
En la vida no se puede generalizar y habría que ver qué hace concretamente, para considerar que no es una buena influencia, puesto que no todos los comportamientos son igual de dañinos. En primer lugar, yo medito sobre qué le sucede a ese padre o a esa madre para que actúe así, es decir, quizás no sabe hacerlo mejor, tal vez está repitiendo patrones de su propia infancia, o a lo mejor es que tiene unas determinadas creencias sobre la educación que está poniendo en práctica.
Cuando los padres no están alineados en sus posturas para educar y a veces incluso hasta no son la mejor influencia, procuraría establecer acuerdos entre los adultos para que afecten lo menos posible a los niños o adolescentes, porque ellos sufren mucho. Existen muchos casos de separaciones o divorcios poco amistosos en los que los hijos son la moneda de cambio y chantaje para herir al otro.
Necesitamos ser un referente para nuestros hijos en todo momento y en todos los aspectos, puesto que, como ya he comentado, somos el espejo donde se miran para decidir si esto que hago está bien o está mal. Dependiendo de lo que nosotros hagamos en los distintos ámbitos, las probabilidades de que ellos normalicen y conviertan en creencia que eso que yo hago es lo que hay que hacer, es mucho más alta.
Un ejemplo es que si yo tomo fruta y verduras, hablo con cariño, no utilizo el móvil en la mesa o me lavo los dientes después de comer, es más probable que lo hagan, ya que creerán que eso está bien porque sus figuras de referencia lo hacen. Si nunca hago deporte, si grito a mi pareja o si como alimentos procesados constantemente, es probable que crean que eso está bien. Sobre todo cuando son más pequeños y su valores y creencias prácticamente son los nuestros.
En la adolescencia empiezan a cuestionar todo eso que han vivido en casa, esos valores que les hemos transmitido. Y surge el conflicto porque han podido comprobar que fuera del ámbito familiar las cosas se hacen de otra forma y se preguntan: ¿la forma en que lo hacemos en casa es la correcta o no? Los padres nos lo tomamos como algo personal, cuando en realidad están buscando su propia identidad y es bueno que tengan ese pensamiento crítico, que se atrevan a poner en duda lo que se les dice, aunque a nosotros nos duela o nos enfade.
Cuando van creciendo, hay que ir soltando el control y dando mayor espacio; cuanto más nos admiren nuestros hijos, mayor será la autoridad (que no es igual que autoritarismo), que tengamos sobre ellos y más podremos influir en sus vidas.
Tener influencia no implica convencer. Cuando una mujer se queda embarazada se abre la veda para que a partir de ese momento cualquier persona, incluso perfectos desconocidos, se permita expresarle todo tipo de opiniones no solicitadas.
El Impacto de los Hijos en la Relación de Pareja
Los niños vienen con pan debajo del brazo, reza el dicho, pero lo cierto es que también traen muchos retos para la pareja. Pero, ¿es esto algo inevitable? Según Mónica Felipe-Larralde, asesora y autora del libro De pareja a trío (OB Stare), “es bastante habitual, mucho más de lo que la gente piensa, que el nacimiento de un hijo sea un punto de inflexión en la relación de pareja. Lo que ocurre cuando nace un hijo es que se pasa de ser una pareja (dos personas con una comunicación en un doble sentido) a ser un trío, o cuarteto o quinteto. Ese equilibrio construido entre dos personas se rompe.
Respecto a la idea de que priorizar a la pareja por encima de los hijos podría ser clave, Monica Felipe-Larralde no cree que se pueda dar una respuesta afirmativa o negativa: “Como en casi todo en la vida, no creo en los absolutos. El blanco y el negro están bien para la gama de colores, pero no como medida del ser humano. Deberíamos primero saber qué edad tiene esa criatura que tenemos el deber (espero que también el placer) de acompañar. Si se trata de un bebé, está claro que sus necesidades son prioritarias (contacto físico, presencia, atención, amor, cariño, alimentación…) y se deberían priorizar desde mi punto de vista sobre las demás.
Y continúa: “Yo no creo que se deba de priorizar la pareja por encima de los hijos, y sí creo que es buena idea que la pareja siga conectada emocionalmente, que encuentren aunque sea cinco minutos al día para mirarse a los ojos y ver en el otro u otra a la persona de la que se enamoraron. Todos hemos oído alguna vez eso de que “a padres felices, niños felices”. “En general”, afirma Felipe, “cuanta menos rigidez haya en la pareja sobre lo que tiene que pasar, mejor para ellos. Una de las cosas que crean mayor malestar es la comparación entre lo que existe y lo que me han dicho que tiene que existir, o las expectativas que yo me he creado conforme a esto. La vida, conforme el bebé crece, va cambiando y una familia sana es aquella en la que las personas implicadas se permiten modificar sus roles en función de las nuevas necesidades.
Mientras lo hacemos, mientras nos recolocamos, la autora de De pareja a trío aconseja, ante todo, relajación: “Sé que es más fácil decirlo que hacerlo.
Felipe-Larralde también recomienda perfeccionar nuestras habilidades comunicativas, pues nunca van a ser tan importantes como ahora: “Decir lo que se necesita en cada momento implica previamente que sabemos qué es lo que necesitamos. Devolverle la pelota a nuestra pareja con reproches permanentes sin objetivo definido no es una buena idea. Averiguar qué está pasando dentro de mi, qué necesito en este momento, y aprender a expresarlo sin que el otro se sienta herido es fundamental. Y enfatiza que “no es lo mismo decir «estoy triste, necesito un abrazo», que reprocharle a tu pareja que no te quiere. La clave es evitar reproches; decir a la pareja qué necesitamos pero sin herirla.
Añade que la crisis de pareja que sucede tras el nacimiento de un hijo es un tema tabú: “Nadie habla de ello y todo el mundo parece disimular. Ves a las parejas pasear con los carritos sin dirigirse la palabra y disimulando el calvario que atraviesan en casa porque, claro, el nacimiento de un hijo debería llenar de felicidad la pareja y… ¡vaya! A nosotros no nos está pasando esto. ¿Qué estamos haciendo mal?
Otro tabú que acompaña a estos momentos parece ser el de la sexualidad después de tener un hijo: “En mis años de acompañar maternidades he visto de todo: mujeres que perdían todo deseo sexual y mujeres que se sentían más sensuales y abiertas al placer que antes. Es poco probable que la llegada de un hijo no altere la dinámica sexual previa. Así que pase lo que pase, lo mejor es hablar, comunicarse sin herir al otro y tomarse esta etapa con filosofía.
Consejos Prácticos para la Organización Familiar
¿Cuántas veces has pensado en lo cortos que se hacen los días? Siempre hay miles de cosas que hacer, pero debemos organizarnos en función de nuestras prioridades. El trabajo, las tareas domésticas y demás obligaciones a veces nos consumen mucho tiempo y no nos damos cuenta que ese tiempo es importante que lo pasemos con nuestros pequeños.
Haz que tus hijos, aunque sean muy pequeños, participen en las tareas del hogar: ordenar, recoger, limpiar, cocinar, poner la mesa etc. La limpieza una vez en semana. Aprovecha cuando tu pareja y tú estéis en casa, el fin de semana por ejemplo. Una buena limpieza a fondo semanal será suficiente. Organiza cenas rápidas y sanas ¡en el horno! Haz la compra on-line. Muchos supermercados, incluso tiendas y pequeños comercios, sirven a domicilio. Aprovecha esta ventaja. Si tienes trabajo que hacer, siempre puede esperar a que tu pequeño se acueste.
Si hace buen tiempo mejor jugar en la calle que en casa. Siempre que puedas dúchate o báñate con tus hijos. Si practicas algún deporte, ¡hazlo con tus hijos! Por ejemplo, si te gusta nadar bien podéis hacerlo juntos, en lugar de dejar que ellos hagan su clase y luego ir tu por separado. Anímate y ve con ellos. Intentad cenar juntos. Los niños cenan muy temprano, es cierto, pero de este modo haréis la cena para todos, y podréis sentaros juntos a la mesa.
Tabla: Impacto del Nacimiento de un Hijo en la Satisfacción de Pareja
| Resultado del Estudio | Porcentaje |
|---|---|
| Parejas que mantienen su nivel de satisfacción | 33% |
| Parejas que experimentan un bajón en la satisfacción | 67% |
