El Impacto de las Caricias en el Desarrollo Fetal: Perspectivas Científicas

Estamos acostumbrados a escuchar la inmensa lista de efectos positivos de la lactancia materna, sin embargo, tal vez el motivo más importante para recomendarla o apoyarla sea que favorece el vínculo. Es algo tan sencillo como decir que permite que el bebé crezca sintiéndose muy querido y feliz, lo que a la larga hará que sea una criatura con una buena autoestima y confianza en sí misma. Desde luego que esto también se puede conseguir sin lactancia materna, pero lo cierto es que ésta lo facilita muchísimo.

El vínculo es la relación de apego entre la madre y el bebé. Es la base, la relación que le da a la criatura la seguridad y confianza que necesita para luego poder explorar el mundo que le rodea. Para tener una afinidad fuerte con la madre, los bebés nacen aprendidos: instintivamente buscan estar pegado a ellas. El vínculo entre madre e hija/a en condiciones ideales es una relación amorosa plena. El vínculo se va fortaleciendo a lo largo de los primeros meses y años de vida.

El bebé despliega todas sus conductas destinadas a tener cerca a su madre: succiona, acaricia el otro pecho, la sigue con la mirada, le sonríe, la llama o llora y se desespera si ésta desaparece de su entorno. Todo son conductas de apego, respondidas con la atención materna. No sólo favorece el vínculo: es el vehículo perfecto, el lugar ideal, el espacio de encuentro. Porque dar de mamar es un abrazo madre-bebé casi continuo.

Los bebés amamantados permanecen mucho tiempo en brazos de sus madres, pegados a su pecho, oyendo su corazón, escuchando su voz, sintiendo su olor continuamente… El bebé se siente amado, sabe que su madre está ahí cerquita, y que responde a sus necesidades. Así se construye la seguridad en uno mismo, sintiendo ese amor de los demás, y la autoestima, porque a través del cariño que la madre muestra por el cuerpo de su bebé (mediante caricias, abrazos, incluso cantos), éste también aprende a amar su propio cuerpo.

La lactancia materna es, además, gratuita, preciosa, ecológica y portátil. Las madres pueden amamantar en cualquier lugar y a cualquier hora: el alimento siempre está en su punto, da igual que la madre acabe de bañarse en el mar o esté viajando en un avión. Cada vez que se ofrece el pecho a un bebé se le está dando mucho más que leche, se le da un abrazo, un consuelo, una caricia.

Conforme van creciendo, la relación va adquiriendo nuevas y sorprendentes formas: los niños de dos años que siguen tomando el pecho juegan con él, acercan los juguetes al pecho, hablan con cariño de “las tetis” de su madre… Y a veces también lo piden cuando notan que es su madre la que necesita parar un rato y recibir un abrazo.

El vínculo madre-feto juega un papel importante en la atención del embarazo, impactando los resultados del nacimiento. La relación amorosa madre-feto contribuye a la protección que brinda la madre al feto, reflejada en la conducta de atención, amor, afecto, comportamiento de caricias, comunicación, respuesta a los movimientos fetales, realización de controles prenatales de rutina y asistencia a clases para mujeres embarazadas.

El fuerte vínculo entre la madre y el feto afecta las prácticas de salud durante el embarazo lo que repercute en el bienestar de éste. El vínculo materno-fetal deficiente afecta el estado de ánimo fetal, el crecimiento fetal y empeora los resultados del embarazo, los bebés pueden nacer prematuramente o con bajo peso al nacer, sufrimiento fetal y muerte fetal.

El vínculo de Apego comienza durante el embarazo. Claves para reforzarlo

Desarrollo Sensorial del Feto

En la quinta semana el feto ya desarrolla un repertorio sorprendentemente complejo de actos reflejos. En la octava semana no sólo mueve fácilmente la cabeza, los brazos y el tronco, sino que además con estos movimientos ya ha labrado un primitivo lenguaje corporal: expresa sus gustos y aversiones con sacudidas y patadas bien colocadas. Lo que le desagrada especialmente es que le manipulen.

Esta preocupación por la comodidad tal vez explique el motivo por el cual algunos recién nacidos son tan activos por la noche. En el útero, la noche era el momento más ajetreado del día para el bebe. Una vez acostada, su madre estaba lejos de sentirse relajada y sosegada. El dominio de las expresiones faciales se retrasa un poco más que el de los movimientos generales del cuerpo. Al cuarto mes el niño intrauterino es capaz de fruncir el ceño, bizquear y hacer muecas.

De cuatro a ocho semanas después es tan sensible al tacto como un niño de un año. Si se le cosquillea accidentalmente el pericráneo durante un examen médico mueve la cabeza deprisa. Quizás lo más sorprendente de esta criatura sean sus gustos selectivos. Basta añadir sacarina a su dieta normalmente suave de líquido amniótico para que su tasa de ingestión se duplique. Investigaciones recientes también demuestran que a partir de la semana veinticuatro, el niño intrauterino en todo momento oye.

Además tiene muchas cosas que oír: el abdomen y útero de la embarazada es muy ruidoso. Los retumbos estomacales de su madre son los sonidos más potentes que oye, La voz de ella, la de su padre y otros sonidos ocasionales son más amortiguados, pero igualmente resultan audibles. Sin embargo, el sonido que domina su mundo es el rítmico tac del latido cardíaco de la madre. Por razones obvias la visión del niño intrauterino se desarrolla con más lentitud: aunque no está totalmente a oscuras, el útero no es el lugar ideal para practicar la visión. Esto no significa que el feto no vea.

El hecho de que el niño intrauterino tenga habilidades demostradas para reaccionar ante su entorno a través de los sentidos, muestra que esta posesión de los requisitos básicos del aprendizaje. Se ha sugerido que el comienzo de la conciencia podría estar entre las semanas veintiocho y treinta y dos. En ese momento se formarían los circuitos neurales del cerebro y estarían tan desarrollados como en un recién nacido.

Este dato es fundamental por que los mensajes son retransmitidos a través del cerebro y de éste a diversas partes del cuerpo. Aproximadamente en la misma época la corteza cerebral madura lo suficiente como para sustentar la conciencia. Pocas semanas después, las ondas cerebrales se vuelven definidas, lo que permite distinguir con facilidad entre los estados de sueño y de vigilia del niño. Ahora está mentalmente activo incluso mientras duerme.

A partir de la semana treinta y dos, las pruebas sobre ondas cerebrales comienzan a registrar periodos de sueño REM, que en adultos significa la presencia de estados oníricos, aunque todavía es imposible decir si para el feto significan lo mismo. El impacto directo, inmediato y más verificable de la influencia de las hormonas maternas se da en el cuerpo del bebe y no en su mente.

Sin embargo, en el curso del proceso, estas sustancias lo empujan hacía una conciencia primitiva de si mismo y de la faceta puramente emocional de los sentimientos. En diversos estudios se vio que surgía una distinción sutil entre las tensiones. En síntesis, aunque las tensiones externas que afronta una mujer tienen importancia, lo más esencial es lo que siente la madre hacía su hijo no nacido. El útero es el primer mundo del niño.

El modo en el que lo experimenta, como amistoso u hostil, crea predisposiciones de la personalidad y el carácter. Esta comprensión explica el origen del comportamiento postparto sorprendentemente logrado del recién nacido. El niño no nacido se convierte en partícipe activo del vínculo intrauterino. La madre marca el ritmo, proporciona las indicaciones y moldea las respuestas de su hijo, pero sólo si éste decide que sus planteamientos tienen sentido para él.

En resumen, el vínculo intrauterino no se produce automáticamente: para que funcione, es preciso amor hacía el niño y compresión de los propios sentimientos. El niño intrauterino es un ser sorprendentemente flexible que, si es necesario, hasta puede lograr que una ligera emoción materna se extienda un largo trecho. Pero no puede establecer el vínculo por su cuenta.

Esto no significa que las mujeres de contacto tardío serán malas madres. Los sentimientos maternos de la mujer son demasiado complejos y personales para reducirlos por completo a reacciones biológicas. Los millares de momentos íntimos que a lo largo de la vida unen a la madre y al hijo son también importantes.

¿Qué Hacer si No Sientes los Movimientos del Bebé?

¿Estás embarazada y no has sentido los movimientos del bebé durante horas? En primer lugar, tranquilidad, no debes alarmarte. Vamos a ver qué pasa cuando el bebé no se mueve en el vientre. No existen unas directrices concretas con respecto a ello, pues es algo que puede variar mucho de una futura mamá a otra. La actividad del bebé en el útero se describe en cuatro estados, del menos al más activo. Es posible que el bebé permanezca quieto un máximo de dos horas cuando se encuentra en un estado de sueño pasivo. Es normal que la futura mamá se muestre inquieta cuando el bebé está rato sin moverse.

Como norma general, el bebé se mueve cuando la mamá está relajada. Por eso, muy probablemente, habrás notado que los movimientos fetales aumentan por la noche. Veamos algunos trucos para lograr que el bebe se mueva en el vientre:

  1. Tomar azúcar o alimentos dulces: Es recomendable que comas algo que te haga aumentar tus niveles de glucosa. Los alimentos ricos en azúcar como, por ejemplo, la fruta o el chocolate, son los más adecuados para este fin. ¡Atención! No sigas este consejo si sufres diabetes gestacional, por motivos obvios.
  2. Tumbarse hacia el lado izquierdo y ponerle música: También es recomendable que te sientes o te tumbes sobre el lado izquierdo intentando relajarte. A continuación, comienza a estimular a tu bebé mediante el masaje, la música etc. Durante la hora siguiente, tu bebé empezará a moverse con normalidad.
  3. Masajear la barriguita: A través del tacto puedes conseguir que tu bebé se mueva en la barriga, pues notará tus caricias y es posible, aunque no siempre ocurre así, que al notarte responda con movimientos.
  4. Escuchar la voz de papá: Este truco es un clásico. Más a menudo de lo que parece se consigue notar los movimientos fetales a través de la voz del padre, pues por algún motivo al bebé le gusta y responde a ella moviéndose.
  5. Activarse con algo de gimnasia: Subir las pulsaciones ligeramente a través de saltos, carrera ligera o sentadillas suaves, puede hacer que el bebé reaccione al movimiento y responda a él haciendo lo mismo.
  6. Practicar meditación: La conexión cuerpo-mente es increíble y si acudes a clases de meditación puedes experimentar cambios en este sentido, pues es posible que te enseñen a activar ciertos chakras que de algún modo propicien el movimiento del feto en la barriga.
  7. El truco de la linterna: Puede parecer algo extraño, pero en algunos casos funciona. Consiste en colocar una linterna encendida en la barriga y moverla por el vientre.

¿Sabías que los bebés pueden hacer más de cuarenta movimientos dentro del vientre de la mamá? Nadar, estirar sus piernecitas, dar golpes, pataditas, empujones... Muchas de estas acciones son respuestas del bebé a ruidos externos o movimientos que hace la mamá. También pueden ser la respuesta a algunos alimentos que la mamá toma, como el azúcar.

Lo habitual, durante el embarazo, especialmente a partir de la semana 28 de gestación, es notar que el bebé se mueve varias veces al día. Pero, ante todo, no te asustes, es muy normal que haya temporadas o días en los que los movimientos sean muy frecuentes y otros en los que no sientas demasiados movimientos.

Debes saber que durante el embarazo el bebé siente lo mismo que la mamá, y con la misma intensidad. Eso significa que si lloras, tu bebé experimenta este estado emocional como si fuera suyo. Así pues, cuando la mamá llora, el feto lo nota y puede responder a ello de distintas maneras. Por ejemplo, puede reaccionar moviéndose más de lo habitual.

El bebé dentro del útero de la mamá nota el estado mental de ella, y ello influye en su desarrollo. Algunos estudios recientes, como un trabajo científico en el que participaron Elysia P. Davis y Laura M. Glynn de la Universidad de California-Irvine (Estados Unidos), afirma que incluso el bebé es capaz de sentir el estado psicológico de su mamá.

Estudio sobre la interacción de gemelos en el útero

Un reciente estudio realizado por científicos italianos pone de manifiesto cómo los fetos pueden llegar a establecer su primera “relación social” ya desde el vientre materno. Mediante el análisis de varias parejas de gemelos se concluyó que, a partir de la semana 18 de gestación, el 30% del tiempo del feto lo dedican a intentar alcanzar y acariciar a su gemelo.

Los investigadores de Padova corroboraron como a partir de la semana 14 de gestación se inician gestos y contactos entre los gemelos. De hecho incluso se llegó a observar esta interacción a partir de la semana 11 pero es cierto que en este período existe la posibilidad de que sea fruto del azar o la falta de espacio.

La investigación se realizó con 5 embarazos gemelares de cinco madres y el seguimiento se realiza con equipo ultrasonográfico 4D que permite un estudio exhaustivo de la anatomía y bienestar fetal a lo largo de todo el embarazo. Se realizaron 2 sesiones en la decimocuarta y decimoctava semana de embarazo, realizando en cada una de ellas una grabación de 20 minutos que se digitalizaron para estudiar con mayor detalle el movimiento de las manos.

En las semanas más tempranas la interacción entre los fetos es escasa, entre otras razones, debido a su mayor distanciamiento. Conforme avanza el embarazo el grado de interacción aumenta, evidentemente por la proximidad espacial que se ve incrementada, pero también de forma intencionada. No se trata de gestos fortuitos sino que existe un deseo de interacción con el otro que, además, se va perfeccionando.

Los expertos han definido 3 grandes grupos de movimiento a través de este estudio. El primero de ellos es un movimiento de los bebés hacia la pared uterina. El segundo sería el que realiza el bebé para tocar su propio cuerpo y por último, movimientos que pretenden alcanzar a su gemelo, estos últimos suelen dirigirse a los ojos y a la boca. A partir de la semana 15 va aumentando la frecuencia de contacto entre ellos, llegando a ser muy intenso en la semana 18 de modo que el 30% de su tiempo lo invierten en intentar alcanzar y acariciar a su hermano.

Semana de Gestación Interacción entre Gemelos
Semana 11 Posible interacción fortuita
Semana 14 Inicio de gestos y contactos
Semana 18 30% del tiempo dedicado a caricias

A medida que madura el sistema neuronal crece de forma natural el interés por la comunicación. El ser humano está naturalmente programado para ser un ser social.

Otros factores que influyen en el desarrollo del feto

Uno de los descubrimientos de más calado de la neurociencia del desarrollo ha sido que la superabundancia de las hormonas del estrés puede influir en el género del cerebro. Estamos empezando a comprender que, aunque los cerebros masculino y femenino son distintos, cada individuo posee el circuito inicial para ambos comportamientos, tanto el masculino como el femenino.

Las hormonas del desarrollo actúan en concierto con los genes durante periodos muy delicados de la gestación intrauterina y vuelven a hacerlo durante la pubertad para exteriorizar comportamientos sexuales típicos que varían en grado de un individuo a otro. El gradiente de la sexualidad permite la existencia de muchos tipos intermedios dentro del rango.

En su trabajo “Affective Neuroscience”, el neurocientífico Jaak Panksepp argumenta la existencia no solo de dos sexos sino de cuatro, basándose en el flujo de hormonas esteroides a través del cerebro fetal. El andrógeno resulta ser solamente el desencadenante de una cascada de acontecimientos dentro del proceso de formación en el que intervienen dos esteroides derivados: el estrógeno y la dihidrotestosterona (DHT).

Aunque el estrógeno es popularmente conocido como la hormona femenina, en el útero es masculinizante. Solo cuando la testosterona se convierte en estrógeno puede el cerebro fetal recibir la señal final para adquirir una estructura masculina. Del mismo modo, la testosterona debe convertirse en DHT para que el cuerpo del feto pueda completar su viaje hacia la feminidad. Pero comencemos por el principio: todos los embriones parten de una forma femenina, pero la aplicación de hormonas esteroides en momentos críticos de la gestación introduce cambios en el desarrollo de manera que, en los embriones con un cromosoma Y, el cuerpo y el cerebro se vuelven masculinos.

Si por alguna razón, el cerebro masculino en desarrollo no recibe un baño de testosterona durante el periodo sensible, si la enzima que convierte la testosterona en estrógeno es escasa o nula, el proceso puede torcerse. Del mismo modo, cuando un cerebro femenino queda expuesto a demasiado estrógeno durante el periodo crítico, adquirirá cualidades masculinas. Eso explica el hallazgo de que la masculinización femenina es más común entre las chicas cuyas madres recibieron el estrógeno sintético dietilestilbestrol (DES), administrado para prevenir abortos durante el segundo trimestre del embarazo en los años 40 y 50. También puede pasar lo contrario.

Pero experimentos recientes con ratas sugieren que aún existe otro factor desestabilizante más: el estrés materno. En una camada de ratas normales, no estresadas, alrededor del 80% de los machos se convierte en sementales en la pubertad, mientras que el 20% restante se vuelve asexual y exhibe pocas muestras de actividad sexual, ni masculina ni femenina.

Sin embargo, cuando las ratas preñadas son sometidas a estrés, las estadísticas cambian drásticamente. Sólo el 20% de las crías macho de madres estresadas se convierte en semental en la pubertad. Cerca del 60% es bisexual (muestra comportamiento masculino con hembras receptivas y comportamiento femenino con machos en celo) o bien exclusivamente homosexual, exhibiendo lordosis, la postura específica de receptividad de las hembras, cuando eran montadas por un macho excitado sexualmente. Los científicos dicen que estos hallazgos cobran sentido a la luz de otros experimentos que demuestran que las hormonas del estrés actúan en contra de la masculinización del cerebro fetal en la rata.

La cadena de acontecimientos se pone en marcha cuando las beta-endorfinas segregadas en exceso por las madres estresadas causan una liberación prematura de testosterona fetal. “En condiciones de estrés materno, la cascada crítica de acontecimientos se altera de forma que el pico de secreción de testosterona tiene lugar varios días antes de lo debido sin que los tejidos cerebrales estén aún preparados para recibir la orden de organizarse.

Los investigadores han encontrado un pequeño pero significativo impacto en la descendencia femenina. Las crías de rata hembra de madres estresadas son menos maternales que las del grupo de control de madres no estresadas. Esto es especialmente interesante porque en los machos ocurre lo contrario. ¿Podemos extender los resultados obtenidos con ratas a las personas?

Se requieren más estudios para precisar el papel exacto que juega el estrés en la identidad de género de los humanos, pero la evidencia da mucho que pensar. Aunque el género se determina genéticamente, el circuito sexual del cerebro, así como la orientación sexual, surgen de la conjunción de la genética y el medio ambiente en el útero.

En general, nuestros gustos sexuales dicen mucho sobre nosotros. Un ego fuerte y una autoestima altas, por ejemplo, están casi invariablemente asociados a preferencias sexuales saludables, mientras que un ego herido o frágil y el rechazo hacia uno mismo tienen como resultado probable inclinaciones sexuales dominantes y a veces peligrosas.

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