Efectos Emocionales de la Menopausia y la No Maternidad

La menopausia es una etapa de la vida por la que tarde o temprano han de pasar todas las mujeres. Se produce en el momento en el que la menstruación deja de aparecer de forma regular, suponiendo el fin de la vida fértil de la mujer. Aunque no todas las mujeres viven la llegada de la menopausia a la misma edad, ya que la aparición de esta fase depende de múltiples factores, lo cierto es que la menopausia trae consigo una serie de cambios sobre el organismo y la mente de las mujeres, algo que en ocasiones puede traducirse como una problemática física y emocional.

Cuando pensamos en la menopausia, lo primero que suele venirnos a la mente son los sofocos, los cambios de humor o el aumento de peso. Y sí, esos son algunos de los efectos de la menopausia más comunes. La menopausia no es solo el final del ciclo menstrual: es una transformación integral, guiada por fluctuaciones hormonales que afectan desde tu piel hasta tu estado de ánimo, tu digestión o incluso cómo percibes tu entorno.

En este artículo, exploraremos los efectos emocionales de la menopausia, incluyendo la ansiedad, la depresión y los cambios de humor, así como la influencia de la no maternidad en la salud mental de las mujeres que transitan por esta etapa.

¿Qué es la Menopausia?

La menopausia es la interrupción definitiva de las menstruaciones, resultante de la pérdida de la actividad folicular del ovario. La perimenopausia incluye el periodo inmediatamente antes de la menopausia (cuando las características endocrinológicas y biológicas de la menopausia comienzan a manifestarse) y el primer año después de la menopausia. La posmenopausia se define como el periodo a partir de la fecha de la última menstruación, sin importar si la menopausia fue inducida o espontánea.

La perimenopausia y la posmenopausia comprenden un periodo natural en la mujer, que se caracteriza por una disminución gradual de la función ovárica; los síntomas vasomotores manifestados por bochornos y sudoración nocturna pueden ser pasajeros e inocuos, desagradables y en algunos casos hasta discapacitantes.

El Stages of Reproductive Aging Workshop (STRAW) es considerado el estándar de oro para estratificar la edad reproductiva de la mujer. Los niveles séricos de hormona foliculoestimulante (FSH) son criterios que apoyan la estratificación de la etapa reproductiva debido a los cambios que experimentan durante el envejecimiento reproductivo. Durante la vida fértil se encuentran normales (si la persona no cuenta con alguna patología que los altere), comienzan a elevarse durante la transición a la menopausia, y se estabilizan aproximadamente 3 años después de haber ocurrido la menopausia.

En México, las mujeres entre 45 a 59 años de edad, que pueden estar consideradas en etapa de transición a la menopausia, representan casi el 13.45% del total de la población femenina. La menopausia en la mujer mexicana se presenta en un rango promedio de edad de 47.3 a 49 años.

Según la Norma Oficial Mexicana, el incremento de la esperanza de vida en las mujeres mexicanas y la reducción de la mortalidad perinatal condicionaron que un mayor número alcancen la edad promedio de la menopausia y pasen una parte significativa de su vida en la posmenopausia. En el año 2000 se estimó que la esperanza de vida al nacimiento de las mujeres era de 77.6 años. Para el inicio del año 2000, la esperanza de vida para la población femenina de 40 años de edad era cercana a los 80 años, por lo cual son de gran importancia los cuidados y la atención a la salud mental y física en esta etapa de la vida.

Impacto Emocional de la Menopausia

Se ha observado que la perimenopausia es una etapa en que la mujer presenta más síntomas psicológicos, incluyendo alteraciones del estado del ánimo e irritabilidad, y que en este período de la vida se incrementa el riesgo de sufrir algunos trastornos psiquiátricos, como depresión mayor. Otros trastornos que debemos considerar en esta etapa de la vida son los trastornos de ansiedad.

Un 20 % de mujeres con menopausia puede presentar problemas de ansiedad o depresión. Y el porcentaje es más alto justo en el momento previo en el que la mujer deja definitivamente de menstruar. Porque además de los sofocos, la pérdida de densidad ósea o de masa muscular (o junto con ello) el cambio de etapa puede tener consecuencias también en la salud mental de las mujeres.

Este malestar anímico, que en un porcentaje de casos acaba en depresión, tiene también un componente cultural importante, reflexiona Gemma Parramon, jefa de la sección del departamento de psiquiatría del hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Parramon defiende que si culturalmente se trata la menopausia como una etapa positiva, esto acaba repercutiendo favorablemente en la salud mental de las mujeres que transitan por este periodo.

En nuestra cultura aún se ve la menopausia como el final de una época fructífera. Durante muchos años la única función de la mujer ha sido prácticamente la sexual reproductiva y llegar a la menopausia es como el final. En otras culturas que no ven un final, sino un principio de un periodo de madurez, de conocimiento o de experiencia, la incidencia de depresión es inferior.

Las que tienen antecedentes de haber sufrido un trastorno depresivo. Para ellas la menopausia es un periodo de riesgo de recaída.

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La Ansiedad Durante la Menopausia

La ansiedad es una anticipación de un daño o desgracia futura que se acompaña de un sentimiento desagradable y/o síntomas somáticos de tensión. Es un estado emocional normal ante determinadas situaciones y constituye una respuesta habitual a diferentes situaciones cotidianas estresantes. Así, podemos decir que la ansiedad podría llegar a ser deseable para sobrellevar las exigencias del día a día.

Se considera que la ansiedad es patológica por su presentación irracional, ya sea por un estímulo ausente, por una intensidad excesiva con relación al estímulo o si la duración es prolongada y recurre sin motivo, interfiriendo con la capacidad de análisis y ocasionando grave disfuncionalidad en el paciente.

Los trastornos de ansiedad son enfermedades psiquiátricas frecuentes e incapacitantes que se caracterizan por la presencia de preocupación, miedo o temor excesivo, tensión o activación que provoca un malestar notable o un deterioro clínicamente significativo de la actividad del individuo.

Según la Guía de Manejo Clínico para Ginecobstetras (Clinical Management Guidelines for Obstetrician-Gynecologists [ACOG]), en Estados Unidos los trastornos de ansiedad tienen una prevalencia del 18.1% en adultos mayores de 18 años. El TP, el TAG, el estrés postraumático, las agorafobias y las fobias específicas son 2 veces más frecuentemente diagnosticadas en mujeres que en hombres.

Relación entre la Menopausia y la Ansiedad

Las mujeres tienen más riesgo que los hombres de padecer un trastorno de ansiedad, y la prevalencia de la mayoría de los trastornos de ansiedad en el caso de las mujeres duplica a la de los hombres.

En la actualidad se desconoce si el riesgo de sufrir ansiedad como síntoma o algún trastorno de ansiedad específico se incrementa durante la perimenopausia.

En un estudio llevado a cabo por Bromberger et al. se observó que durante la perimenopausia temprana se observaba incremento en la irritabilidad y nerviosismo. En un estudio de cohorte con una muestra de 2,956 mujeres llevado a cabo por la misma autora durante 10 años se observó que mujeres que presentaban síntomas leves de ansiedad antes de la menopausia incrementaron sus niveles de ansiedad durante la transición a la menopausia, y mujeres que presentaban síntomas elevados de ansiedad antes de la menopausia se mantuvieron constantes durante la transición a la menopausia.

Lo encontrado en el estudio nos hace pensar que las mujeres que presentan poca ansiedad basal antes de la menopausia tienen mayor riesgo de aumentar sus niveles de ansiedad durante la transición a la menopausia o en la posmenopausia, y en mujeres que tienen altos niveles de ansiedad antes de la menopausia, el riesgo de desarrollar ansiedad durante la transición de la misma permanece alto.

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

El TAG se caracteriza por un patrón de ansiedad y preocupación excesiva acerca de ciertos acontecimientos o actividades, con una duración de 6 meses o más. La ansiedad no es proporcionada respecto a la situación. El paciente con un TAG presenta 3 o más de los siguientes síntomas: tensión muscular, inquietud, fatiga, dificultad de concentración, irritabilidad y trastornos del sueño. La ansiedad que presentan estos pacientes a menudo se centra sobre la salud, la seguridad y las responsabilidades en el trabajo.

Aunque no se conozcan con exactitud las cifras de las mujeres con TAG en México en la actualidad, se cree que en algunas etapas de la vida reproductiva de la mujer su frecuencia se puede incrementar, debido a que se ha observado un empeoramiento premenstrual de los síntomas de este trastorno. En la Encuesta Nacional Epidemiológica Psiquiátrica en México de 2003 se encontró que el 0.7% de los hombres y el 1.6% de las mujeres han presentado alguna vez en su vida TAG.

La serotonina, el ácido γ-aminobutírico (GABA) y la norepinefrina juegan un papel importante en la ansiedad. La serotonina se encuentra libremente en el cerebro, y se halla particularmente en los núcleos medios y dorsal del rafe (áreas ligadas a la ansiedad). El GABA es el principal neurotransmisor inhibidor en el cerebro.

Cambios Hormonales y su Impacto

Durante la transición a la menopausia comienza una pérdida acelerada de folículos ováricos, llegando a un total de aproximado de 25,000 alrededor de los 37 a 38 años. Esta disminución de folículos se relaciona con el incremento de los niveles séricos de FSH y con la disminución de la inhibina.

Alrededor de los 35 años, la FSH comienza a elevarse en la fase folicular temprana antes de cualquier alteración del ciclo menstrual y de las variaciones detectables en las concentraciones de estradiol. Después de los 40 años, la fase folicular del ciclo se acorta, los niveles de estradiol, de inhibina y de foliculoestatina disminuyen, y los de la FSH continúan elevados. Posteriormente los niveles de la hormona luteinizante (LH) también aumentan, en menor proporción que la anterior.

Con el incremento de la edad no solo se produce una disminución del número de folículos, sino también de la calidad de estos, como se evidencia por la alta incidencia de anormalidades cromosómicas en el ovario de la mujer mayor. Es más frecuente la ovulación prematura y la fase lútea insuficiente con disminución de la producción de progesterona, lo que produce un exceso de estrógenos en relación con la hormona anterior.

El hipoestrogenismo resultante de la falla ovárica determina reducción de la biodisponibilidad de los neurotransmisores y disminuye considerablemente los niveles de adrenalina, acetilcolina, histamina, glutamato, aspartato, glicina, β-alanina y taurina, entre otros. El descenso estrogénico produce cambios neuroendocrinos en distintas áreas del cerebro, ocasionando a nivel hipotalámico sintomatología vasomotora, trastornos en las conductas alimentarias y alteración de la presión arterial y a nivel del sistema límbico, trastornos psicológicos como depresión, ansiedad e irritabilidad.

Como se menciona en este mismo apartado, a medida que decrece el número de folículos contenidos en los ovarios disminuye la respuesta a la FSH secretada por la pituitaria. Esto lleva a un aumento en los niveles de FSH como consecuencia de un intento de la glándula pituitaria por estimular los folículos resistentes. Los niveles de estradiol permanecen relativamente estables o tienden a aumentar con la edad, hasta el inicio de la perimenopausia, y permanecen así hasta la perimenopausia tardía, al parecer como consecuencia de los niveles elevados de FSH.

Finalmente, los folículos ováricos dejan de responder a la FSH y la LH, el estradiol desciende a menos de 20 pg/ml, la progesterona es indetectable y hay cese de la menstruación.

La No Maternidad y la Menopausia

Es importante considerar cómo la no maternidad puede influir en la experiencia emocional de la menopausia. Para algunas mujeres, la menopausia puede traer consigo sentimientos de pérdida o arrepentimiento si no han tenido hijos. La presión social y cultural para tener hijos puede intensificar estos sentimientos, especialmente cuando se combina con los cambios hormonales y emocionales de la menopausia.

Sin embargo, es fundamental reconocer que la no maternidad es una elección válida y que muchas mujeres encuentran satisfacción y plenitud en otras áreas de sus vidas. La menopausia puede ser una oportunidad para reevaluar prioridades, explorar nuevos intereses y enfocarse en el autocuidado y el crecimiento personal.

Estrategias para Afrontar los Efectos Emocionales de la Menopausia

Afortunadamente, existen muchas estrategias que pueden ayudar a las mujeres a afrontar los efectos emocionales de la menopausia y a mejorar su calidad de vida. Algunas de ellas incluyen:

  • Llevar un estilo de vida saludable: Actividad física, una buena alimentación, tener actividades que le gusten…
  • Buscar apoyo: Es importante cambiar la visión que tenemos de la menopausia.
  • Terapia hormonal sustitutiva (THS): Tratamientos médicos.
  • Complementos alimentarios o nutracéuticos: como el ginkgo biloba, la fosfatidilserina o vitaminas del grupo B.
  • Dormir bien.
  • Estimulación mental.
  • Alimentación equilibrada.
  • Mindfulness y relajación.

Además, es crucial cambiar la visión que tenemos de la menopausia. Es muy importante como llamamos a las cosas. Si le damos a este periodo adjetivos positivos de madurez, de conocimiento y de seguridad nos sentiremos mejor.

Conclusión

La menopausia es una etapa natural en la vida de la mujer que puede traer consigo una serie de cambios emocionales y físicos. Sin embargo, con el conocimiento adecuado, el apoyo necesario y un enfoque positivo, las mujeres pueden afrontar esta transición de manera exitosa y disfrutar de una vida plena y satisfactoria.

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