El aborto es un problema de salud que puede tener graves consecuencias físicas y psicológicas para la mujer, desde problemas físicos derivados de legrados y del tratamiento mismo, hasta depresión, ansiedad o incluso suicidio. Por ese motivo queremos hablar de los efectos del aborto sobre las mujeres que lo padecen, porque para los que trabajamos en EMBY es muy importante evitar que las mujeres pasen por ahí, evitar el sufrimiento asociado a la pérdida de la gestación que tanto ha costado conseguir.
Además tenemos que saber que el aborto es mucho más frecuente de lo que se piensa. El aborto en nuestra sociedad sigue siendo visto como algo extraño, infrecuente, cuando sabemos que el 10% de las mujeres tendrán abortos a lo largo de su vida. La mayor parte de los abortos se tratan con un cierto aislamiento, con un duelo privado y rodeado de incomprensión.
Aborto: la decisión más difícil
Tipos de Aborto
No es lo mismo un aborto espontáneo que una interrupción voluntaria del embarazo.
- Aborto espontáneo o natural: Es la pérdida involuntaria del feto antes de la semana 20 de gestación. Ocurre naturalmente, la mayoría como consecuencia de problemas cromosómicos que hacen imposible el desarrollo del bebé, según MedlinePlus. Normalmente son resultado de errores casuales durante el crecimiento del embrión y están relacionados con condiciones heredadas de los padres.
- Aborto inducido o provocado: Es lo que se conoce como interrupción voluntaria del embarazo (IVE). Se realiza de forma premeditada y requiere de un equipo médico para evitar complicaciones.
En España, según datos de 2022 del Ministerio de Sanidad, en el 91% de los casos el motivo por el que se lleva a cabo la IVE es “a petición de la mujer”, muy por encima de otros como posibles malformaciones o enfermedades en el feto o riesgos para la vida de la madre. Una IVE puede llevarse a cabo a través de fármacos (píldora abortiva) o de métodos quirúrgicos, que pueden requerir anestesia o sedación, control ecográfico y cuidados concretos dependiendo de la técnica con la que se realizaron.
“A pesar de que existen indicaciones para cada procedimiento, es importante que sea el especialista quien determine el método más adecuado según las circunstancias individuales de cada embarazada”, recuerdan desde Clínica Isadora, hospital ginecológico acreditado para realizar IVEs.
Interrumpir un embarazo de forma voluntaria no tiene por qué dejar secuelas físicas. Existen narrativas que afirman que las interrupciones voluntarias del embarazo siempre conllevan consecuencias físicas negativas en la mujer. Esto no es cierto. De hecho, se trata de un procedimiento que, si se realiza de forma correcta, es sencillo y seguro. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una IVE es “una intervención sencilla que pueden practicar una amplia gama de trabajadores de la salud”. Eso sí, es imprescindible información, medicamentos de calidad y el apoyo de profesionales de la salud cualificados.
Como en cualquier procedimiento médico, existe la posibilidad de que ocurran ciertas complicaciones. En este caso, hablamos de un aborto incompleto, de sangrado abundante, de infecciones y de daños en el útero y otros órganos, pero son muy poco comunes y normalmente suceden a raíz de abortos no seguros, cuando la mujer no encuentra facilidades para interrumpir el embarazo y busca por sí sola formas para hacerlo. Desde Médicos Sin Fronteras recuerdan que “si no le es posible acceder a un aborto en condiciones médicas seguras, la mujer puede incluso arriesga la vida para interrumpir el embarazo”.
Dependiendo de las circunstancias y de la edad y el desarrollo físico en cada caso, que una menor siga adelante con un embarazo puede ser mucho más peligroso que pasar por una IVE. Cada caso puede ser diferente, pero si hablamos de niñas con un desarrollo normal y un peso mayor de 50 kilos, más o menos, el riesgo es pequeño y menor al de proseguir un embarazo, según explica a Maldita.es Vicent Carmona, ginecólogo y maldito que nos ha prestado sus superpoderes.
El motivo es que el cuerpo de una niña no está listo fisiológicamente para dar a luz a un bebé. Según la OMS, las madres de 10 a 19 años sufren mayor riesgo para su salud que las que tienen entre 20 y 24 años. En el caso de los bebés, los nacidos de madres adolescentes tienen un mayor riesgo de bajo peso al nacer, nacimiento prematuro y afecciones neonatales graves.
Además, debemos tener en cuenta el contexto en el que se dan estos embarazos. “El embarazo en la adolescencia es un fenómeno mundial con causas claramente conocidas y graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas [...] El matrimonio infantil y el abuso sexual de niñas ponen a estas últimas en mayor riesgo de embarazo, a menudo no deseado”, recuerda la OMS.
Impacto Psicológico del Aborto
Las interrupciones voluntarias del embarazo no tiene por qué dejar secuelas psicológicas. Hay casos en los que la decisión de interrumpir un embarazo, aun siendo voluntaria, se relaciona con secuelas psicológicas. Como explica a Maldita.es la psicóloga Elena Herráez, la pérdida del feto, voluntaria o no, no suele estar reconocida socialmente, “lo que implica afrontar un duelo que se vive como ‘desautorizado’”: “Esto puede suponer una sensación de aislamiento y soledad, además de la tendencia a la represión emocional”, especialmente si las opiniones sobre el aborto en el entorno son negativas.
Sin embargo, no hay evidencia de que esto suceda ni a largo plazo ni por necesidad. La culpa y el dolor no son sentimientos que se den siempre tras un aborto ni son los únicos posibles. “Hay tantas interrupciones como mujeres y circunstancias. Si generalizamos, estamos banalizando”. Esta es la premisa básica con la que se deben abordar las IVE, según indicaba a Maldita.es Isabel Silva Reus, miembro de la Junta Directiva y vocal de la Sociedad Española de Contracepción (SEC).
Los motivos que pueden llevar a una persona a decidir interrumpir voluntariamente su embarazo son diversos y dependen, entre otros, de las circunstancias personales, sociales, familiares o económicas. De ahí que el impacto emocional también varíe. Una interrupción voluntaria del embarazo puede dejar huella, pero también puede no dejarla. Además, que haya impacto psicológico no significa que este impacto vaya a ser un trauma, como recordaba a Maldita.es Ana Ramírez de Ocáriz Sorolla, sexóloga en el Centro Sexológico Emaize.
Aunque se ha llegado a hablar de un síndrome post aborto, muchos estudios cuestionan su existencia por falta de evidencias de que se produzca cuando el acceso y el tratamiento sanitario son los adecuados. Los estudios que hablan de este síndrome o tienen errores importantes en su metodología o no son concluyentes sobre la gravedad, el número de mujeres en riesgo, su estado de salud mental previo… Es decir, hacen falta más estudios sobre el tema.
De nuevo, no existe una respuesta única general: hay que tener en cuenta la motivación de la persona para tomar esta decisión. “Hay casos, por ejemplo, en los que no se planeaba un embarazo en ese momento, pero sí a medio largo plazo, cuando la persona estuviera preparada económicamente para ello. Hay otros, sin embargo, en los que se toma la decisión por miedo al rechazo o por evitar un estigma social, sobre todo cuando las creencias y los propios principios van en contra”, recuerda Herráez.
También subraya la importancia de tomar la decisión libremente. Si no es así, un embarazo no deseado va a ser vivido como un evento estresante ligado a reacciones de ansiedad y depresión y que está muy relacionado con la depresión posparto una vez se produce el nacimiento.
Estudios y Conclusiones sobre el Aborto Inducido y la Salud Mental
Las consecuencias psiquiátricas del aborto inducido siguen siendo objeto de controversia. Las reacciones de cualquier mujer al descubrir que ha concebido pueden ser muy variables. El embarazo es siempre un acontecimiento novedoso que requiere un esfuerzo adaptativo y, por tanto, supone estrés.
Existe acuerdo entre los investigadores sobre la necesidad de comparar la evolución de la salud mental (o las complicaciones psiquiátricas) con grupos apropiados, que incluyen particularmente el de mujeres con embarazo no intencionado que dan a luz y el de mujeres con aborto espontáneo.
Cualquier desenlace psiquiátrico es de origen multifactorial; el impacto de los acontecimientos depende de cómo son percibidos, de los mecanismos psicológicos de defensa puestos en juego (en gran parte inconscientes) y del estilo de afrontamiento. Ninguna investigación ha encontrado que el aborto inducido se asocie a mejor evolución de la salud mental, aunque los resultados de algunos estudios son interpretados como «neutros» o «mezclados».
Con los datos disponibles, es razonable dedicar esfuerzos a los cuidados de salud mental de las mujeres que han tenido algún aborto inducido.
Complicaciones Psiquiátricas y Factores Asociados
Una complicación psiquiátrica es una alteración que ocurre como desenlace precipitado, o al menos favorecido, por un evento previo. Puede consistir en una o más de las siguientes posibilidades: aparición de conductas perturbadoras o emociones negativas; actuaciones autodestructivas, especialmente intento de suicidio o suicidio consumado; reactivación de trastornos psiquiátricos previos; y aparición de algún nuevo trastorno psiquiátrico.
El hecho de abortar voluntariamente tiene una indudable dimensión ética, en la que se entrelazan los hechos y las valoraciones. En la percepción de los hechos entran en acción los mecanismos psicológicos de defensa. Las valoraciones van a depender del modo que la persona tiene de entender el mundo y la vida y del entorno cultural. En ese entramado de ideas y emociones, a menudo rodeada de presiones sociales, en una situación subjetiva de conflicto, la mujer puede tomar la decisión de abortar.
En su reciente estudio, Coleman et al. analizaron la asociación de tener el antecedente de aborto inducido con diferentes diagnósticos psiquiátricos, controlando el efecto potencialmente confusor de 22 variables (demográficas, problemas relacionales, experiencias traumáticas previas, etc.). Steinberg y Russo no encontraron asociación estadísticamente significativa del aborto inducido con el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de ansiedad social y el trastorno de estrés postraumático.
El estudio de seguimiento que Fergusson et al. realizaron en una cohorte neozelandesa evaluada repetidamente hasta la edad de 30 años controla todas las potenciales variables confundentes requeridas por otros expertos y distingue cuatro grupos de mujeres según el tipo de evento obstétrico (aborto inducido, pérdida del embarazo, embarazo no deseado llevado a término y embarazo a término sin rechazo) y las compara con las mujeres sin embarazo.
En el modelo concurrente, el aborto inducido y la pérdida del embarazo (aborto espontáneo) se asocian a un aumento significativo de la tasa de algún trastorno mental; en el modelo diferido, solamente el aborto inducido mantiene esa asociación. Ninguno de los dos grupos de embarazo llegado a término, el no deseado y el deseado, muestra asociación con un aumento significativo de la tasa de trastorno mental (en uno u otro modelo).
Los hallazgos de Fergusson et al. confirman estudios anteriores, en los que se comparaba el aborto inducido con el embarazo no deseado llevado a término o con mujeres que no tuvieron embarazo. Reardon et al., al encuestar a una amplia muestra americana de mujeres jóvenes encontraron que entre las que habían abortado voluntariamente se duplicaba la tasa de abuso de drogas ilegales (evaluadas tras un promedio de 4 años después), en comparación con quienes llevaron a término un embarazo no deseado.
En una muestra representativa de jóvenes noruegas, seguidas entre sus 15 y 27 años, y controlando el efecto de posibles variables de confusión, se observó que la posibilidad de presentar dependencia nicotínica, consumo de cannabis en el último año o consumo de otra droga ilegal se multiplicaba por más de 3 en quienes habían tenido algún aborto inducido, y no en quienes habían tenido algún parto (con o sin algún aborto inducido); y que esa asociación estaba presente (y con mayor intensidad) sólo en el grupo de mujeres que no mantenían actualmente la relación con el padre del feto abortado.
La importancia de la edad queda reflejada en un estudio longitudinal prospectivo de mujeres australianas hasta la edad de 21 años; con control de múltiples factores de confusión y en comparación con las nunca embarazadas, el aborto inducido se asoció significativamente a abuso o dependencia de alguna droga ilegal distinta de cannabis, abuso o dependencia de alcohol, dependencia nicotínica y algún trastorno de ansiedad. También el aborto espontáneo se asoció a algún riesgo: abuso o dependencia de alguna droga ilegal distinta de cannabis y dependencia nicotínica.
Estudios Comparativos entre Aborto Espontáneo e Inducido
El posible impacto traumático del aborto espontáneo y del aborto inducido fue evaluado con un seguimiento, hasta 5 años después del evento, de dos muestras paralelas; se analizó la presencia de intrusiones y de evitación, junto a otros posibles sentimientos y síntomas acompañantes.
Las intrusiones, así como el sentimiento de duelo y de pérdida, fueron más intensas en el grupo de aborto espontáneo a los 10 días, pero la diferencia dejó de ser significativa en la comparación de los 6 meses, 2 años y 5 años. La evitación, así como el sentimiento de alivio y de vergüenza, fue más intensa en el grupo de aborto inducido a lo largo de las cuatro evaluaciones sucesivas; y el sentimiento de culpa, en las tres últimas.
Aunque se ha descrito un «síndrome postaborto», los casos descritos tienen las características diagnósticas del trastorno de estrés postraumático y, aunque este trauma tiene la peculiaridad de ser al menos en parte autoinducido, no se ha demostrado su validez diagnóstica como entidad distinta; su uso podría compararse al del coloquial «síndrome de Vietnam».
Mortalidad y Suicidio
Según un registro de casos en Finlandia, la tasa anual de muerte por suicidio entre las mujeres en edad reproductiva era de 11,3 por 100.000; entre las que dieron a luz fue de 5,9; entre quienes tuvieron aborto espontáneo, de 18,1; y entre quienes tuvieron un aborto inducido, de 34,7.
Tratando de aclarar esta asociación por medio del registro de casos de Medicaid en California, se estudió la mortalidad asociada al aborto (inducido) de un primer embarazo en comparación de quienes, sin antecedente de aborto inducido, dieron a luz, con la precaución de controlar estadísticamente el efecto de la edad y de la historia psiquiátrica.
Complicaciones Físicas del Aborto Provocado
Existen diversas complicaciones físicas asociadas al aborto provocado, según diversas investigaciones:
- El índice de muerte materna vinculado al aborto es 2,95 veces más elevado que el de embarazos que llegan al parto en la población de mujeres de Finlandia entre los 15 y los 49 años de edad.
- Las mujeres que se habían practicado abortos tuvieron un índice de mortalidad casi doble a las controles en los siguientes 2 años, persistiendo el índice de muerte incrementado elevado durante por lo menos 8 años.
- Aparición de muertes sépticas en las usuarias de la RU-486 debido a que su mecanismo de acción favorece las infecciones por gérmenes especialmente peligrosos.
- Perforación asociada al aborto provocado hasta un 1,2% de los casos.
- Tras un aborto provocado (curetaje), el riesgo de placenta previa en el siguiente embarazo y parto prematuro, con posible aborto espontáneo, se presentó en 3 mujeres de cada 4 con historia de aborto, OR 2,9, (95% IC 1,0-8,5).
- Las mujeres con antecedente de aborto provocado tuvieron un riesgo mayor de presentar un recién nacido altamente prematuro que aquéllas sin este antecedente (3 de cada 5 mujeres con historia de aborto provocado presentaron parto gravemente prematuro; OR + 1.5, 95% CI 1.1-2.0).
Estrés Post-Aborto y Bienestar Psicológico
- Las mujeres que han sufrido un aborto provocado padecen un síndrome de estrés generalizado con un 30% más de probabilidad que las que han llevado adelante su embarazo no deseado.
- Las mujeres que habían abortado presentaban malestar psicológico hasta cinco años después de la interrupción, siendo los efectos de evitación, pesar, angustia y ansiedad mayores en el caso de abortos provocados que en los espontáneos.
- El aborto provocado por malformación fetal tiene secuelas igual de graves que la pérdida de un hijo sano, y la interrupción voluntaria del embarazo en este supuesto causa aislamiento social y depresión.
- Se han descrito graves alteraciones en las relaciones sexuales y en el deseo sexual de numerosas mujeres que abortaron voluntariamente en estudios de la Universidad de Ginebra, en Polonia y en China.
Aunque las consecuencias psiquiátricas del aborto inducido siguen siendo objeto de controversia, hay algunos puntos que parecen quedar fuera de toda duda. En primer lugar, que es difícil para muchos investigadores mantenerse neutrales en el análisis científico de los datos, aunque algunos han hecho el loable esfuerzo de tomar todas las precauciones metodológicas a su alcance.
