Eduardo Haro Tecglen fue un periodista y crítico español nacido en Pozuelo de Alarcón en 1924. Un niño de verano, del signo de cáncer. Perezoso, escéptico, enamoradizo, un poco raro. O así le gusta decir de sí mismo. También utiliza la palabra “rojo” para definirse “aunque puede parecer estúpida, arcaica, inútil y lejana”, porque ella sintetiza un concepto de libertad interna.
Su dilatada carrera profesional ha transcurrido, entre hostilidades y ayudas. Sus comienzos fueron en Informaciones, luego vendría la dirección de la Nueva España en Tánger, las revistas Sábado Gráfico y Triunfo y actualmente El País. Crítico de teatro y considerado como uno de los mejores columnistas de este país, su pensamiento expuesto con grandes dosis de distancia irónica ofrece al lector el sucesivo torrente de los acontecimientos que se pueden oír y ver.
Haro Tecglen revive un tiempo y unos nombres convocando, a modo de crónica, a quienes compartieron con él la aventura de intentar cambiar el mundo de la España más gris.
Asume el sentimiento republicano como el de una aspiración de las libertades y el de un conocimiento respetuoso del mundo y de los demás. Vio llegar la República en Chamberí y como también dice: fue acogido por su enseñanza y su estética popular y culta. “La vi perder y con ella la noción de patria”. Su afiliación es el periodismo.
La escritura breve y fragmentada también alientan el mayor recorrido de sus libros.
En esta nueva entrega de sus memorias realiza un recorrido intimista por la historia del siglo XX en España, marcada por los grandes acontecimientos políticos de la República, la Guerra Civil, la dictadura y la vuelta a la democracia. Entresacando de su anecdotario particular las claves para comprender mejor este convulsionado siglo, Tecglen se adentra también en sí mismo y relata los singulares acontecimientos que marcaron su vida: su estancia en Tánger, sus breves encuentros con Franco, la muerte de sus hijos, sus desilusiones políticas, su vida en París y su regreso a España.
A continuación, exploraremos algunos aspectos clave de su vida y obra.
Inicios y Trayectoria Profesional
Eduardo Haro Tecglen inició su carrera profesional en Informaciones, tras graduarse en la Escuela Oficial de Periodismo en 1943. Después, pasó a ocupar la corresponsalía en París de este desaparecido diario y, años más tarde, fue fundador en la revista Triunfo, publicación que posteriormente comenzó a dirigir hasta 1980. Su padre, Eduardo Haro Delage, ingresó en la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) en 1937 como subdirector del diario La Libertad y fue represaliado después de la contienda.
Con los años, la carrera de Haro Tecglen como crítico se fue asentando hasta convertirse en el gran referente del sector, sin ninguna intención por su parte de serlo.
Ejerció de crítico teatral de La Hoja Oficial del Lunes de Madrid, la publicación más longeva y representativa de la APM, que publicó el 16 de mayo de 1977: “Eduardo Haro Tecglen, una de las plumas políticas más importantes, admiradas y temidas en España, va a escribir desde hoy en la Hoja del Lunes sobre el teatro (…). Aparecerá aquí para gozo de nuestros lectores La feria de las vanidades que estrenamos hoy.
En la revista Periodistas editada por la Asociación en junio de 1992, José M. L. Alonso realizó una entrevista titulada “El hombre invisible” , en la que afirmaba posteriormente: “No da conferencias, no presenta libros ni participa en los cursos de verano de la Complutense o la Menéndez Pelayo, no aparece en tertulias de radio o televisión y tampoco se le suele ver en festejos o saraos culturales. Pero su absentismo en la arena pública era imposible.
Le concedieron al escritor tres premios de periodismo en el mes de enero de ese año: el de Derechos Humanos, el Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos y el Premio Javier Bueno de la APM, en 1991. También, y como columnista y crítico teatral de El País, por la mejor labor periodística especializada de toda una vida.
Desde que me enteré por los periódicos de la concesión del premio “Javier Bueno” estoy intentando hablar con vosotros, por teléfono, para daros las gracias y preguntaros detalles. No lo consigo y que tampoco me llaméis. Sirva esta nota por fax para expresaros mi gratitud y mi alegría por el premio. Me tenéis a vuestra disposición”.
Tecglen fue autor de más de una docena de obras, de los que se encuentran en la Biblioteca de la APM los siguientes títulos: España Primera Plana: un siglo de historia en primeras páginas de periódicos (1973), USA y URSS: las superpotencias (1981), Los mil protagonistas del siglo XX (1992), ¡Qué estafa! (1993), Cien días (1997) y Arde Madrid (1999), entre los que destaca El niño republicano (1993), sus memorias . En ellas dice de sí mismo: “He tenido amores enormes y pequeñitos, hijos perdidos, grandes penas, pocas esperanzas. Me queda la de descansar.
Negro sobre Blanco: Eduardo Haro Tecglen «Confesiones de un hijo del siglo» (1/2)
El Legado de Triunfo
De África volvió para embarcarse en la aventura del semanario 'Triunfo', verdadera referencia crítica de la España tardofranquista. Embozado detrás de pseudónimos como Pozuelo, Juan Aldebarán o Pablo Berbén, se convirtió en una de las grandes firmas de la publicación y descubrió para la literatura a un jovencísimo Vázquez Montalbán, que le hizo llegar el original de su 'Crónica sentimental de España'.
Para mi generación, Haro Tecglen siempre será el hombre de Triunfo, aquella revista que, ya dije, fue nuestra biblia en las décadas de los sesenta y setenta. A lo largo de su existencia, la revista sufrió secuestros y persecuciones. Los redactores hacían lo que podían y, dados los tiempos, trataban mucho la política internacional. También editaban Tiempo de Historia, un análisis sobre el siglo que dirigía el maestro.
Portada de la revista Triunfo
Colaboración en El País
Recién estrenada la Transición, se incorporó al diario 'El País', donde ha venido escribiendo casi hasta el día de su muerte. Primero artículos editoriales y crítica de teatro; en los últimos tiempos, una columna diaria en las páginas de Televisión, desde la que su prosa lacónica, casi funeraria, lanzaba diatribas más y más escoradas hacia la izquierda.
Además de su columna diaria en El País, también tenía una “barra libre” todo los días en el programa La ventana de la cadena SER. Pues se lleva bien, es un hábito que tengo desde niño, en mi casa se leían los periódicos, se comentaban, oía a mi padre por teléfono encargar un editorial, luego los he encargado yo y me los han encargado a mí, eso forma parte como de los hijos de los leñadores aprender a coger el hacha.
Es curioso algo que pasa con su biografía, mucha gente piensa que ha nacido en Tánger. Tal vez porque estuvo 10 años allí.
Eduardo Haro Ibars: El Hijo y su Propio Legado
Eduardo Haro Ibars fue hijo del famoso periodista Eduardo Haro Tecglen. Fallecido en 1988 con solo 40 años, iluminó desde un ángulo totalmente distinto -el que denominamos ángulo maldito de la vida, desde la más absoluta libertad ideológica, sexual y de adicción a las drogas, a menudo desde el filo del abismo- aquellos años de nuestra Transición sobre los que tanto tenemos que volver ahora para mirarlos de otra manera.
Con el mismo entusiasmo devoraba ejemplares de la colección Los Juglares (Ed. Júcar) que dirigía Mariano Antolín Rato, del que hablamos hace un tiempo por aquí, y los de Las Ediciones La Piqueta, cuyo responsable era el amigo Juan Pablo Silvestre, singulares panfletos donde nos contaban de qué va… El Rollo (Jesús Ordovás), El Rock Macarra (Diego A. Manrique), La Política (José Manuel Costa), Las Comunas (Pepe Ribas) o Las Drogas (Eduardo Haro Ibars).
Con el paso del tiempo vi su pluma en canciones de grupos como la Orquesta Mondragón o Gabinete Caligari, posiblemente el mejor grupo de la famosa movida.
Hace un par de años, Postmetrópolis Editorial publicó Cultura y memoria a la contra. Más de 300 páginas en las que leer e intentar comprender los mundos del escritor madrileño. Selección clasificada por partes. Una primera, Filiaciones, que incluye su producción para la revista Tiempo de Historia (1975-1982), en dos capítulos: De lo sublime y Creación y política. Su lectura nos acerca a mundos tan diversos como los de Drácula, Oscar Wilde, Julio Verne o Artaud.
De obligatoria lectura son Punks y punkettes, salid de vuestras alcantarillas, El desmadre como ritual, Pornografía o Bajar al metro, que nos muestran al artista en su salsa: cosmopolita, diverso, transgresor sin eludir temas: reseñando el terror por el resurgir del fascismo, algo muy presente en la actualidad, mostrando la calle y el metro como espacios de vida, convivencia, construcción.
Aránzazu Sarría Buil, además de recopilarlos, realiza un estudio preliminar que centran lectura y autor. Recopilación agrupada en pensamientos, no en fechas o calendarios, para “ayudar a comprender las preferencias temáticas del autor en su manera de acercarse al tiempo histórico”.
Hay que volver a leerle, conocerle. Valorarle como persona, como escritor, más allá de lazos familiares, innegables y sustanciales. Dinamizador y asesor cultural.
Mi hijo se educó allí o tal vez todo lo contrario. Allí estaban los beatniks, todos esos americanos. Él era amigo de William Burroughs, de Paul Bowles, de Truman Capote. Llegó a conocer a Truman Capote.
Cuando lleve a conocer a mi hijo a Burroughs, éste al verlo se llevo una decepción enorme, porque vio a un señor vestido de oscuro, con corbata, muy serio, y él se preguntaba cómo podía ser así, y yo trataba de explicarle que era necesario disfrazarse y claro, él creía que había que ir por la vida como se es.
Eduardo Haro Ibars
Tabla Resumen de la Vida de Eduardo Haro Tecglen
| Acontecimiento | Descripción |
|---|---|
| Nacimiento | Pozuelo de Alarcón, 1924 |
| Primeros Trabajos | Informaciones |
| Corresponsal en París | Informaciones (1957-1960) |
| Director | Nueva España (Tánger), El Sol de España (Málaga) |
| Revista Triunfo | Figura clave y director |
| El País | Columnista y crítico teatral |
| Fallecimiento | Madrid, 2005 |
Últimos Años y Fallecimiento
Tras su fallecimiento, el periodista recibió un gran homenaje el 21 de octubre de 2005, en una multitudinaria despedida en el Teatro Español, donde concurrieron políticos, artistas, escritores y periodistas, entre los que participaron Núria Espert, Diego Galán y Juan Luis Cebrián. Sabina decía de él que era "demasiado comunista para ser anarquista y demasiado anarquista para ser comunista" y lo cierto es que la vida de Eduardo Haro Tecglen -fallecido el 19 de octubre en Madrid a los 81 años- es el confuso espejo del siglo en que vivió. De sus contradicciones y de su desmesura.
Al anunciar al alba su fallecimiento, la página 'web' de Eduardo Haro Tecglen -la que le regaló Concha, su mujer, cuando cumplió 80 años- revelaba que había donado su cuerpo a la ciencia. Por expreso deseo suyo, no habrá velatorio.
En la solapa de 'El niño republicano' él mismo cuenta en pocas palabras todo lo que ha vivido: "He tenido amores enormes y pequeñitos, hijos perdidos, grandes penas, pocas esperanzas. Me queda la de descansar. La fecha del descanso la pondrán otros".
