Miles de personas en el mundo entero están familiarizadas con los personajes a quienes Cervantes dio vida en el Quijote. Sin embargo, no pueden imaginarlos tal como eran. En todo intento de recrear la imagen de un personaje del pasado, necesitamos saber cómo iba vestido, y creo poder afirmar que el desconocimiento del traje español en la época de Cervantes alcanza hasta a los más ilustres cervantistas.
El presente artículo forma parte de un libro en preparación, ambicioso en su finalidad, en el que se pretende tomando como base la rica documentación gráfica y literaria de aquella época ofrecer la imagen real de don Quijote, de Sancho y de cuantos personajes cobran vida en aquella obra de universal fama, por cuyas páginas desfilan los más variados tipos de la sociedad española del siglo xvii.
En el capítulo que tiene por título «De lo que le avino a don Quijote con una bella cazadora», Cervantes cuenta el primer encuentro de su héroe con la duquesa, personaje que iba a desempeñar importante papel en las aventuras que después le sucedieron.
Sucedió, pues, que otro día, al poner del sol y al salir de una selva, tendió don Quijote la vista por un verde prado, y en lo último dél vio gente, y llegándose cerca, conoció que eran cazadores de altanería. Llegose más, y entre ellos vio una gallarda señora sobre un palafrén o hacanea blanquísima, adornada de guarniciones verdes y con un sillón de plata. Venía la señora asimismo vestida de verde, tan bizarra y ricamente, que la misma bizarría venía transformada en ella.
La moda femenina española a principios del siglo xvii, la que conocemos principalmente a través de los retratos y de los sepulcros, encerraba a las mujeres en vestidos con los cuales sería de todo punto imposible ir de caza montadas en un caballo. Vestidos que eran como ricos estuches de duras y lisas superficies, con una cola que arrastraba varios palmos por el suelo, y en los que era imprescindible el verdugado interior, armado con varios aros de tamaño creciente.
Tenemos noticia de otros trajes usados por las mujeres en ocasiones que exigían mayor libertad de movimientos, pero no eran los trajes que se ponían cuando querían perpetuar su imagen en un retrato. Por ello, encontrar ilustraciones de estos trajes no es tarea fácil, y más teniendo en cuenta la escasez de que adolecen nuestras artes plásticas del siglo xvii en representaciones de escenas de la vida diaria, en lo cual contrastan grandemente con las de otros países europeos.
Podemos dar por seguro que la duquesa iba vestida con el traje que recibía el nombre de vaquero. En las obras de Tirso de Molina son varios los ejemplos de damas cazadoras vestidas con vaquero.
Historia del traje en 22 minutos:la evolución de la moda masculina desde el 1800 hasta la actualidad
El vaquero había aparecido en la segunda mitad del siglo xvi. Era una prenda inspirada en trajes turcos. Antes de mediar el siglo, los caballeros españoles, atraídos por el exotismo de los trajes orientales, habían comenzado a usar prendas turcas para tomar parte en mascaradas y otros festejos.
Primero apareció el vaquero o sayo vaquero de hombre; después, el vaquero de niño y el vaquero de mujer. El vaquero de hombre se usaba especialmente en las fiestas de toros, los juegos de cañas y como librea de algunos criados.
Conocemos cómo era exactamente la hechura del vaquero gracias a los patrones que dan de esta prenda los libros de sastrería españoles del siglo xvii. En el libro Geometría y traça perteneciente al oficio de sastre, de Francisco de la Rocha Burguén, publicado en Valencia en 1618, se dan los patrones de un vaquero de raja para mujer, de un vaquero de terciopelo para niño o niña, y de otro vaquero de raja, igualmente para niño o niña. Todos ellos tienen exactamente la misma forma.
De ellos resulta un traje ajustado al talle, ceñido en la cintura, con dos pares de mangas. Unas son mangas del mismo largo que los brazos y en todo semejantes a las mangas que en ese mismo libro tienen otras muchas prendas. Las otras tomaban forma de unas mangas tubulares, a lo turco, más largas que los brazos, que quedaban colgando de los hombros.
Los delanteros de los vaqueros, tal como nos muestran estas ilustraciones y las numerosas que existen de vaqueros infantiles, se cerraban con alamares. Eran éstos otro de los elementos que se incorporaron al traje español con las modas turcas. Cuerpo y falda se decoraban con una guarnición de pasamanería.
Tal como las intrépidas heroínas de algunas comedias de Lope de Vega y de Tirso de Molina, la dama retratada en la lámina I (obra inédita de propiedad particular) lleva vaquero y espada. Por ello este retrato resulta un tanto singular. Es sabido que en el siglo xvii se daba el caso de que algunas damas se retrataban con los atributos de una santa. ¿Ha querido ésta retratarse con los atributos de alguna heroína bíblica? Años después, Pedro de Mena representó a Judit con vaquero y espada en la sillería del coro de la catedral de Málaga.
La silueta de la falda delata un verdugado interior. Lleva el gran cuello de lechuguilla de moda a principios del siglo xvii, y una rica guarnición que nos permite imaginar cómo sería la que engalanaba el rico traje de la duquesa cazadora del Quijote.
Como la Salomé del cuadro de Ambrosio Martínez, la duquesa llevaría un vaquero corto, sin verdugado debajo, y una valona en vez de cuello. (Los textos de los siglos xvi y xvii se refieren las más de las veces con sólo el nombre de cuello a lo que hoy muchos llaman erróneamente gola, nombre que entonces se reservaba para la pieza de la armadura que cubría el cuello. La valona de mujer se introdujo en España en los últimos años del siglo xvi, sin que por ello perdieran su primacía los grandes cuellos de lechuguilla, que por aquellos años eran enormes.
Sin embargo, los primeros cuellos femeninos a los que se les dio el nombre de valonas tienen sus antecedentes en Italia. De Italia habían salido en el siglo xvi todos los modelos de cuellos levantados o abiertos en abanico que dejaban la garganta al descubierto, imitados especialmente en Francia e Inglaterra.
Las valonas supusieron en el traje español del Siglo de Oro una enorme novedad, pues permitían a las mujeres, por primera vez desde hacía más de cincuenta años, descubrir la garganta, y aun más que la garganta, tal como vemos en el ejemplo de la lámina II.
Para completar el traje de la duquesa cazadora nos falta saber cómo era su tocado. Las damas cazadoras de las comedias de Lope de Vega y Tirso de Molina llevaban en la cabeza una montera o un sombrero adornado con plumas.
Creo, sin embargo, posible imaginar el tocado de la duquesa gracias a un grabado reproducido en la obra Regola militare sopra il governo e servizio particolare della cavalleria, de Ludovico Melzo, publicada en Amberes en 1611. Este grabado representa una escena de caza a la que asiste una dama con una valona en todo semejante a las que por aquellos años se estilaban en España, y un sombrero de copa alta adornado con plumas.
Para terminar, conviene recordar que el traje de la duquesa, tal como dice Cervantes, era verde. Sobre el uso del verde en los trajes de caza existen otros muchos testimonios en textos contemporáneos que recogeré en su día en el libro que preparo.
En efecto, el origen de los pantalones cortos radica en el uniforme escolar de los niños, y fue en 1930 cuando las mujeres empezaron a usar diferentes variaciones de esta pieza de ropa con fines deportivos, siendo las bermudas una de las más populares.
Al igual que sucediera con los vaqueros que pasaron de ser ropa de trabajo utilizada por mineros y otros obreros a convertirse en uno de los símbolos de la forma de vestir del individuo contemporáneo, los pantalones cortos fueron ganando adeptos gracias al auge del 'sportswear', una de las mayores aportaciones de EEUU al mundo.
Tras el fallecimiento de Levi Strauss en 1912, la influencia de los petos de Levi´s se expandió hacia una nueva audiencia: los niños.
Los pantalones cortos (de vestir, no entran en la ecuación los de los equipos de fútbol…), son una prenda muy asimilada por la moda masculina contemporánea. Ha llovido mucho desde que se les miraba con lupa cuando se llevaban una vez pasaba a la edad adulta y en la actualidad es raro el armario de hombre en el que no tienen su espacio reservado durante el verano.
En origen, esta prenda era infantil. Solo los pequeños de la casa los llevaban hasta bien entrado el siglo XX. El motivo: que con sus caídas habituales no los magullaran. Por este motivo se les ha considerado siempre como 'prenda para jóvenes'.
Fue en los años 30 cuando su target se amplió , y en ello tuvo que ver esa tendencia hacia la búsqueda del confort, todavía entonces centrada en actividades vinculadas al deporte y el ocio al aire libre.
Ya en la segunda mitad del siglo XX, después de la II Guerra Mundial, la expansión del pantalón corto fue imparable: no se podía renunciar a una prenda cómoda, fresca, informal y con un punto todavía original en aquellos tiempos.
El viaje de la moda en los últimos 70 años no ha hecho más que ayudar a prendas informales como esta a escalar posiciones en la lista de favoritas de los hombres, en cuyo el confort es una de sus máximas inamovibles.
Por lo tanto, ya nadie duda de que los pantalones cortos sean una prenda adulta. Otra cosa muy distinta es si sabemos cómo llevarlos y cuáles son los más apropiados por estilo, material, corte… y también por lo que dice el DNI.
Como decíamos en la introducción, ya no hay edad para llevar un pantalón corto 'de vestir'. Solo hay que pensar en lo cómodo y feliz que va el abuelo con sus bermudas de bolsillos (a ellos les gustan más las de tipo safari, en general). ¡A ver quién le dice que se las quite! Ni falta que hace, porque es innegable que en comodidad no tienen rival.
No te pongas unas chanclas de dedo con unos pantalones cortos y la primera camiseta que pilles del cajón. Esto no hace más que dañar la imagen del pantalón corto (y la tuya propia también…).
A lo que vamos con este ejemplo es que en muchas ocasiones no es el pantalón corto el elemento del outfit que falla, sino cómo lo llevamos. Está muy bien querer dar rienda suelta a la alegría propia del verano y subirse al carro con ropa de colores estridentes o diseños estampados graciosos, pero un pantalón corto no es un bañador, donde hay licencia para casi todo.
Si se te ha pasado por la cabeza parecerte al Barça cuando llevó (por poco tiempo) traje con bermudas de Thom Browne, piénsatelo dos veces. No porque este mal, ni mucho menos, pero sí por el contexto. No parece que sea el outfit más apropiado para la mayoría de los eventos en los que recurrimos al traje, véase una boda por ejemplo.
Nos hemos dejado conquistar por el tejido vaquero hasta tal punto que parece que no existe otra cosa en el armario masculino dedicado al ocio. Y es justo todo lo contrario: hay tejidos mucho más apropiados para las prendas veraniegas. El lino es el mejor ejemplo.
