El Significado Profundo de los Refranes sobre la Infancia

Los refranes, esos dichos populares, sentenciosos y breves, encierran verdades comprobadas y reglas de conducta. A menudo, se expresan de forma poética y simbólica, transmitiendo enseñanzas valiosas de generación en generación.

Continuamos en esta segunda parte las observaciones y reflexiones que nos propusimos en el artículo anterior. Como allí recordábamos, los efectos comparativamente desventajosos que la crianza en institución posee para los humanos en formación han podido documentarse en multitud de ocasiones, desde las observaciones pioneres de Spitz (1965) en la especie humana hasta la larga serie de experiencias de los Harlow y sus discípulos con especies no humanas (1971). Sin embargo, esos hallazgos siempre han sido discutidos por partidarios de otras posturas y vías educativas, que echaban en cara al psicoanàlisis una cierta exageración de los efectos negativos de la institucionalización y una caricaturización de sus efectos, convirtiendo esa circunstancia vital, verdadero factor de riesgo para la salud mental, en una especie de determinante de graves problemas de salud mental.

Los REFRANES para niños 👍👩‍🏫 PRIMARIA

En España, la primera colección de paremias se atribuye al Marqués de Santillana, bajo el título "Refranes que dicen las viejas tras el fuego". Durante la Edad Media y el Renacimiento, numerosos escritores incorporaron refranes en sus obras, evidenciando el aprecio por la sabiduría popular.

Durante los siglos XVI y XVII aparecen bastantes compilaciones de refranes y dichos en general. Entre este tipo de obras, según Oliver, merecen especial mención las siguientes:

  • Pedro Valles Libro de refranes. Copilado por el orden del ABC.
  • Hernán Núñez Refranes o proverbios en romance.
  • Juan de Mal Lara La Philosophia Vulgar.
  • Sebastián de Horozco Recopilación de refranes y adagios y Teatro Universal de los Proverbios.
  • Gonzalo de Correas Vocabulario de refranes
  • Lorenzo Palmerino Refranes de mesa, salud y buena crianza.
  • Juan Sorapan .de Rieros: Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua (2).

La Vitalidad de los Refranes en la Actualidad

A pesar de los cambios en la sociedad, los refranes siguen vivos y evolucionando. Los medios de comunicación y la publicidad contribuyen a la creación de nuevos dichos populares. Como afirma Oliver, "Los refranes no se acaban, sino que varían sus formas igual que lo hace la lengua española en que se inscriben".

Una prueba de esta pervivencia son las paremias que insertamos seguidamente, referidas a la infancia y recopiladas en Valladolid y pueblos de nuestra provincia. La edad de los informantes oscila entre los treinta y ochenta y seis años. Señalan, entre otras, las siguientes características de los niños: su disponibilidad «el servicio del niño es poco, mas el que lo pierde es loco»; la volubilidad «Amor de niña, agua en cestilla»; el egocentrismo «Gatos y niños siempre dicen mío, mío»; la influencia de las personas que les cuidan «El niño que no ríe a las siete semanas, o es ruin o tiene ruines amas»; su agradecimiento «El perro y el niño, donde le ponen, cariño», y el aspecto positivo de la enseñanza en la infancia «Lo que se aprende con babas no se olvida con canas».

A continuación, presentamos algunos refranes recopilados en Valladolid y su provincia, que reflejan diversas facetas de la infancia:

  • "A canto de pájaro y gracia de niño, no convides a tus amigos." Porque a veces hacen lo contrario a lo que se les pide.
  • "Ara con niños, segarás cadillos." Refiere y advierte la necesidad que hay de servirse de gente hábil y experta en cualquier negocio, especialmente en la labranza, para coger buen fruto (R. A.).
  • "Al perro y al niño hay que tratarles con cariño."
  • "Al potro y al niño, con cariño."
  • "Al niño y al fraile, que les de el aire." Señala que se debe tener lo más lejos posible para que no molesten.
  • "Al niño llorón, bocabajo y bofetón."
  • "Amor de viejo y de chiquillo, agua es en canastillo." Señala lo voluble que son ambos.
  • "Amor de niña, agua en cestilla." «Ref. que denota la poca confianza que se debe tener en el amor de los niños» (R. A.).
  • "Anda, niño, anda, que Dios te lo manda."
  • "Bobito es el niño que se deja engañar."
  • "Come, niño, y te criarás; come, viejo, y vivirás." Indica la necesidad del alimento en todas las edades.
  • "Cortos son los días de la niñez, y largos en la vejez."
  • "Cuidar de algo como de la niña de sus ojos." Tener en gran estima un objeto.
  • "Cuídate bien de lo que haces, no te fíes de rapaces." Advierte de la poca constancia que tienen los niños.

Estos refranes, entre muchos otros, nos ofrecen una visión rica y compleja de la infancia, transmitiendo valores, consejos y advertencias que siguen siendo relevantes en la actualidad.

Además, estos refranes reflejan la importancia de la observación y el cuidado en la crianza de los niños. Nos recuerdan que los niños aprenden de lo que ven y oyen, y que su desarrollo está influenciado por el entorno y las personas que les rodean.

Por eso pensamos que podría ser útil reflexionar junto con los lectores sobre dos niños sometidos a esos dos medios de crianza. Son niños observados en nuestro seminario de Observación Terapéutica en la Infancia durante más de medio año. Las presentes observaciones “de campo”, realizadas según la técnica de Esther Bick de observación naturalística (Bick 1964,1968; Pérez-Sánchez 1981; Sandri 1994; Haag 2002) se acordaron por motivos formativos la una y por motivos preventivos la otra. Sólo a posteriori se nos ocurrió su interés para reflexionar en grupo sobre el tema mediante las aportaciones que las observaciones realizan.

Caso 1: Gabriel y su madre

Datos de la observación: 12,30 de la mañana, domicilio familiar. Están presentes G y la madre. Llego puntual. Sale la vecina con un nene y me explica que está esperando a su hija. Le comento que igual Aurora no está, porque no se ve el carrito. Pero cuando llamo a la puerta del piso, me abren enseguida. Han llegado, pero el pequeño se ha dormido en el cochecito y su madre le ha dejado ahí. Ella se está cambiando y me va explicando que ahora a veces le ocurre (lo de dormirse al venir de la guardería), pero que lo despierta para comer. Entramos, la madre se mete en la cocina y yo me quedo en el pasillo, observando a la madre y a G que duerme espatarrado en el cochecito. De tanto en tanto mueve el pie y la mano, pero está KO profundo. La madre le prepara la comida. Luego la pone en un plató y la mete en el microondas. El pequeño continúa durmiendo. La madre recoge la cocina y limpia los trastos. Cuando ha acabado, va a ver a G y le desata el cinturón. Le va diciendo cosas cariñosas, lo saca del cochecito, y el pequeño, como si nada. Le saca el anorak: el pequeño reposa en su hombro y continúa durmiendo. La madre le va hablando con suavidad, le saca los zapatos, le acaricia la cabeza, los cabellos… Gabriel está sudado: ella le seca con la mano e intenta despertarlo. Gabriel levanta la cabeza, aunque con los ojos bien cerrados. Mantiene la cabeza recta, pero sigue durmiendo. La madre continúa intentando despertarlo, pero el pequeño está muy dormido. Poco a poco intenta abrir los ojos, pero no reacciona. La madre le explica que ya es hora de comer y que no le puede dejar dormir, porque si no, después ni comerá ni dormirá.

Sienta al niño en la trona. Gabriel me ha visto, pero no sonríe ni expresa nada. Ya en la silla, el nene se queja y se revuelve Comienza a despertarse. Ve los tomates y los quiere agarrar. Me mira y comienza a sonreír, pero poquito, tímidamente. Estira los brazos hacia el mármol de la cocina. La madre le dice “¿Qué has visto, qué quieres?”. Pero el pequeño no alcanza y la madre llega con un plato y se lo pone en la mesita. Gabriel observa. Aurora toma el babero y se lo pone: es de mariquitas rojas y el pequeño se las mira. Parece que le gustan y las toca con la mano. La madre saca un quesito blando de la nevera, se sienta y comienza a dar de comer al niño, que abre la boca. Gabriel ya se ha despertado y está reaccionando. Me mira y ríe. Toma el vaso de agua y bebe. La madre le va dando la comida sin dejar demasiado tiempo entre las cucharadas. Cuando acaba, le dice que muy bien y Gabriel, sin más, se pone a aplaudir. La madre le enseña el quesito y le pregunta si quiere. Le dice que le gustará. Como está frío, se lo explica y se lo acerca a la mano. El pequeño ríe y habla con la madre. Ella comienza a dárselo y, sin más, se lo va comiendo. Cuando acaba, limpia al nene y lo saca de la trona. Lo acaricia y besa y le explica que “ahora tenemos que hacer la digestión. Aún no puedes ir a dormir”.

Toma al nene en brazos y van hacia el comedor. Gabriel pasa muy cerca de mí, me estira la mano, quiere tocarme o venir. Su madre le dice “Ya has visto a Núria”. El me saluda con la mano. Su madre le dice: “Dile hola” y parece que él repite. De golpe, hace el gesto de mandarme un beso con la mano. Se dirigen a la alfombra. La madre deja a G sentado y busca un juguete: los cubos para construir y para pasar piezas por las aberturas. Se los da al nene, que parece que sabe manejarlos bien. G intenta poner la tapa del cubo bastante bien. Después toma una pieza pequeña y la quiere poner dentro. La madre le enseña dónde está el agujero, y el nene lo encuentra y la pone dentro. Después lo intenta con los otros pero no le sale. Le hace gracia ver la pieza que ha colocado dentro y va hablando: está muy expresivo. Con gestos, pide ayuda a su madre y ella le dice dónde va la pieza, pero él no consigue ponerla dentro hasta que su madre no le dirige la mano. El pequeño está contento, mueve el cubo y hace ruido con las dos piezas dentro. Lo deja y estira medio cuerpo sobre las piernas de su madre, ella le acaricia y él sonríe y se incorpora. Mientras, la madre ha hecho un castillo con cubos de diferente tamaño. Gabriel los ve, se los mira, nos mira y sonríe. Va hacia allá, los toca y caen. Pero él está contento. La madre le dice si los va a buscar y sale tras uno de los cubos que da vueltas: lo mira, lo toma y vuelve hacia la alfombra. Se sitúa medio sobre su madre y ella vuelve a hacer la torre. El agarra dos cubos e imita el gesto: no se le aguantan porque lo hace en el aire, pero ha situado bien el pequeño sobre el grande. Pierde el equilibrio y cae de espaldas sobre la alfombra. Mientras está estirado, su madre le hace cosquillas y Gabriel ríe escandalosamente. G va a buscar un libro que hay en el suelo, y su madre va hacia la cocina. G la observa y la deja ir. Toma el libro y lo abre. Parece que se lo esté contando. Cierra el libro y se queja: se ha pillado el dedo con el libro. La madre lo oye y le pregunta qué le ha pasado, pero él toma el libro y va hacia la estantería. Parece que tiene intención de colocarlo con los otros. Cuando llega, se sienta y lo vuelve a mirar. Lo abre y con el dedo señala el tigre pequeño y parece que se lo cuenta. Deja el libro en el suelo y me mira. Lo tengo a un palmo, va hacia mi bota y se distrae con los cordones. Después se endereza y se pone derecho, apoyado en mi pierna. Me acerca la mano y parece que pida tocarme los pendientes. Yo intento quedarme sonriente pero sin moverme. El me ríe y se explica con monosílabos con diferentes intensidades de timbre. Cuando ve que no le respondo, baja y se distrae con mi bolso y mi abrigo: parece que sepa que son míos. Acaba junto al mueble de los juguetes y abre un cajón. Se estira con la cara en el suelo como si buscase la pose para dormir y se está así un ratito. La madre pregunta por él y Gabriel levanta la cabeza. Poco a poco se sitúa y gatea hacia la cocina. Llega y ve a su madre cortando y preparando alcachofas. El pequeño se acerca hasta sus piernas. La madre le explica que son alcachofas y las hace “cantar”, hacer ruido al abrirlas y al romperlas. Al bebé parece que le gusta, pero hace un gesto extraño. La madre repite el sonido con cada alcachofa que prepara y el pequeño, cuando ve la alcachofa, se gira… La madre dice que le preparará el biberón y comienza a hacerlo. Cuando G lo ve, se sienta en el suelo y se queja, levanta los brazos, parece que le haya entrado hambre de golpe. La madre lo acaba de preparar y se lo calienta. Lo deja en un bol con agua fría y toma en brazos a G, que hace un rato que reclama. Le explica que primero hay que ir a cambiar el pañal y limpiar el culete. Así lo hacemos. G está tranquilo y feliz. Ha hecho caca, su madre le ha cambiado y limpiado. Después le lava la cara y él va lamiendo el agua. Se queda con el pañal pero sin pantalones. Su madre, con él en brazos, va a buscar el biberón, se sienta en el sofà y con G encima, le va dando besitos en la cabeza y cariños en la barriga y piernas, le pone el biberón en los labios. Gabriel ríe. Su madre se lo saca y se lo vuelve a poner, como si le engañase. No es la primera vez y pueden jugar. Finalmente G toma el biberón con las manos y se lo pone él mismo en la boca. Luego se lo saca y su madre se lo vuelve a poner. Él lo toma y ya no lo deja. Cuando aún queda leche, se lo quita de la boca y juega con él. La madre entiende que ya tiene bastante y lo retira. G protesta, pero se conforma enseguida. La madre le dice “Ahora, a dormir”.

Caso 2: Nolasc en el centro de acogida

Datos de la observación: 11 de la mañana. En el centro de acogida. Están presentes 2 cuidadoras, Nolasc y 2 niños más. Llego al centro a la hora habitual. Subo a la sala de siempre. En la sala solo está C. La terraza está abierta y veo a Ainoa barriendo. Le pregunto si Nolasc (N) está fuera. Me responde que sí. Salgo. N está jugando con un coche. Ainoa le dice: “Mira quién te viene a ver”. N se ríe, parece que me diga “Hola”. También veo a Manel tumbado en el suelo junto a otro coche. N está de pié, empujando su coche. Después se monta en él y empieza a deslazarse hacia atrás. Está contento. Ainoa le dice que vaya hacia delante. N camina hacia delante. A va haciendo: “Pi, pi, pii…”. N hace “Rrrr…” con la llengua entre los labios, contento. Pasa por delante de donde estoy, me mira y me sonríe. Sigue andando hasta que llega a una casita de plástico. Se detiene junto a una de las ventanas que está cerrada con contraventanas. Baja del coche y se queda de pié junto a la ventana. La abre, mete la mano dentro de la casa y toca un grifo que está bajo la ventana. Saca la mano y vuelve a cerrar la ventana. La vuelve a abrir, mete la cabeza y mira dentro de la casa. Vuelve a salir y cierra la ventana. Sujetándose a la pared, se desplaza hacia otra ventana y de allí a la puerta. Abre la puerta y entra en la casa. En la entrada hay un escalón, que le hace caer. Se levanta, anda dos o tres pasos solo, sin agarrarse a nada, por dentro de la casa, hasta una mesa que está en el otro extremo, junto al grifo. Pega con las dos manos en la mesa. Toca el grifo, ahora desde dentro, y abre y cierra la ventana. Vuelve hacia la puerta y se cae. En el suelo, toca unas hojas de papel que estaban allí y se vuelve a poner de pié. Serafina me explica que ya anda solo. Le digo que ya lo he visto, pero ella insiste: que no solo unos pasitos, que ya cruza toda la terraza. N sigue dentro de la casa. Va hacia la puerta y parece que quiere abrirla hacia dentro. Como no se abre, empuja hacia fuera: quiere salir. Vuelve a caerse. Finalmente, sale gateando. Una vez está fuera, se incorpora y vuelve andando hacia la puerta. Mira, la abre, la cierra, sigue con la mano su contorno, se aparta, y se va andando hacia el coche. Vuelve a subir en él. Primero anda hacia atrás hasta, que choca con la pared. Después camina hacia delante. Va hablando, pasa junto a una pelota y la desplaza con la mano. Se acerca a la baranda de la terraza, baja del coche, oye a los niños que juegan en la terraza del piso de abajo y mira hacia allí. Después ve que Serafina ha dejado a Manel de pié junto a la ventana de la casita: se gira y va andando hacia allí. Va bastante rápido y se cae. Se vuelve a poner de pié y sigue andando. Entra en la casa y, como siempre, se cae. Se pone de pié y va hacia la ventana. Queda de pié frente a Manel. Parece que hablen entre ellos. Están contentos, balbucean. N golpea con las dos manos la mesa y después, parece que quiera subirse encima. Para ello, se ayuda trepando con los pies por la pared, pero no consigue subir. Se cae y vuelve a levantarse. Se dirige al otro lado. Ainoa le llama desde la ventana. La cierra y se esconde. N abre la ventana y la busca. Ainoa va a otra ventana. N la va siguiendo. Manel, mientras, se ha caído y está tumbado en el suelo. A dice: “¿Dónde está Manel?” N le señala con el dedo. N sale de la casa, se cae, se levanta y va hacia Ainoa, que le está llamando. N la sigue andando, solo. Van hasta el extremo de la terraza. Desde allí se ve la calle. Ainoa le señala cosas: “Mira, un coche”. N intenta subir al escalón en que se aguanta la barandilla. Ainoa ve que tiene mocos y va a limpiarle. N va andando, solo. A medio camino, se cae, pero vuelve a levantarse y sigue andando hasta la puerta de entrada a la sala, que es donde tienen los pañuelos. Ainoa le limpia, N gesticula y se enfada, pero no llora. Después va hacia la baranda, para ver a los niños de abajo. Ainoa entra en la sala y quedan en la terraza Serafina con los tres niños. Cristina hoy llora continuamente. Serafina me explica que tiene las encías muy inflamadas, y que, por ello, está prácticamente todo el tiempo tranquilizando a la pequeña. N se suelta de la baranda y se sienta junto a una pelota. Serafina le dice que se la tire. N la toma con las dos manos y la tira. La pelota sigue rodando hasta el extremo de la terraza. N no la sigue: prefiere volver al coche. Deja el coche y vuelve a la casa. Abre y cierra la puerta, después entra. Al entrar, cae, se levanta y va hacia la mesa. Toca el grifo, parece que acerca la boca al grifo. Serafina le dice “¿Hay agua, N?” N sigue jugando. Va de un lado a otro de la casa, abre y cierra la puerta. De vez en cuando se cae, y aprovecha para jugar con las hojas que hay en suelo. Se pone de pié y saca la cabeza por las ventanas. Abre la puerta, sube el escalón y ya no se cae al salir. Vuelve a entrar, cierra la puerta. La vuelve a abrir. Primero lo intenta hacia dentro, después hacia fuera. Sale, cae al salir y sale gateando. Se pone de pié. Oye llorar a Cristina, y va hacia allí. Se queda parado junto a la niña, que está en su sillita. Serafina le dice que la mesa. N empieza a mecerla. Pasa entonces detrás de la sillita y la mece con más fuerza. Serafina le dice que vigile, que tenga cuidado. N le toca el cabello a la niña. Serafina le dice que la acaricie, pero no se fía, y se lo lleva con la excusa de limpiarle los mocos. N se enfada. Se queda sentado junto al otro coche. Lo empuja, intenta subirse a él, pero no puede. Al intentarlo, vuelca el coche. Levanta el asiento y mira a ver que hay dentro. Serafina le dice: “Que, ¿lo arreglas?”. N se está enfadando. Serafina le dice que vaya a la casita. N ve que Manel vuelve a estar de pié junto a la casita y va hacia allá. Se pone de pié detrás de Manel y le toca. Parece que quiere que Manel se dé la vuelta y le mire. Serafina no se fía y le dice que vaya a cerrar la puerta. Le enseña el timbre y finalmente ...

En resumen, los refranes sobre la infancia son una ventana a la sabiduría popular, que nos invita a reflexionar sobre la importancia de la crianza, la educación y el cuidado de los niños.

Traslados Pediátricos Urgentes: Un Estudio Descriptivo

Se efectuó un total de 192 traslados, con una media de 48 traslados/año (rango: 45-52); el 58,9% correspondió a varones, con una media de edad de 2,85 ± 1,75 años; el 30,2% eran menores de 1 mes y el 17,2% tenían entre 1 y 12 meses. Diciembre fue el mes con mayor número de traslados. Las causas más frecuentes fueron quirúrgicas, seguidas de neonatales y respiratorias. El 46,3% ingresó en la unidad de cuidados intensivos (pediátrica o neonatal).

La tabla a continuación resume los hallazgos clave del estudio:

Característica Valor
Total de traslados 192
Media de traslados/año 48 (rango: 45-52)
Porcentaje de varones 58,9%
Edad media 2,85 ± 1,75 años
Porcentaje de menores de 1 mes 30,2%
Porcentaje de 1-12 meses 17,2%
Mes con más traslados Diciembre
Causas más frecuentes Quirúrgicas, neonatales, respiratorias
Porcentaje de ingresos en UCI 46,3%

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