Lidiar con la agresión en niños, especialmente aquellos con Trastorno del Espectro Autista (TEA) o condiciones similares, puede ser un desafío abrumador. Sin embargo, comprender las causas subyacentes y aplicar estrategias adecuadas puede marcar una gran diferencia. Este artículo ofrece una guía completa para ayudar a los padres a abordar este problema de manera efectiva.
Comprendiendo el Comportamiento Agresivo
Muchos niños responden a la frustración a través de mordeduras, arañazos y otras formas de agresividad. Es completamente normal que aparezca alguna forma de agresividad entre los 2 y los 4 años ya que en esta edad el niño tiene muy poca tolerancia a la frustración y se enfada cuando las cosas no ocurren como desearía. Como en esta edad los niños no dominan aún el lenguaje, manifiestan su frustración pasando a la acción, ya sea llorando, gritando, con rabietas, pegando, mordiendo, etc. Este es un comportamiento que forma parte del proceso normal de crecimiento y socialización del niño.
Para abordar los problemas de agresión o enfado fuera de control, necesitas tener dos estrategias. Primero, una estrategia a corto plazo que te ayude a manejar las situaciones explosivas en el momento en que se dan. Es necesario abordar desde pequeños los problemas que implican enfado y agresiones porque a esta edad es más fácil manejar al niño.
Un niño con síndrome de Asperger necesita aprender cómo reconocer y entender el enfado en él mismo y en los demás, así como aprender a controlarlo. Lo último que queremos es que vea la agresión como una manera de manejar los problemas. No podemos permitirnos hacer la vista gorda.
El niño puede ver la agresión como una manera de expresarse o de conseguir aquello que quiere. Si no se ataja el problema, éste se puede reproducir en cualquier situación.
Estrategias Efectivas para Manejar la Agresión
1. Conectar de Maneras Reconfortantes
Generar confianza y conexión pasando media hora al día estando presente con él al 110 por ciento es un inicio esencial. Deja que decida qué hacer con ese tiempo. Solo dale todo el amor que sea posible e ignora todas las distracciones. Le encantará ser el centro de tu atención, saber que hacerlo feliz es muy importante para ti. Y, tal vez lo más importante, verá cuánto lo disfrutas, lo que sienta las bases para sus sentimientos de autovalidación.
2. Generar Seguridad y Ayudarle a Reírse de sus Preocupaciones a Través de Juegos
Todos los niños necesitan reírse a diario, y un niño que golpea REALMENTE necesita reírse de la agresión y el miedo, así que cualquier juego de agresión fingida que lo haga reír le ayudará a sanar y fortalecerá su conexión contigo. A la mayoría de los niños se les ocurren los juegos que necesitan: "¡juguemos a que soy el monstruo y te asusto!" Acepta el juego y aparenta terror. Si él no lo hace, empieza una pelea de almohadas y actúa como si te aterrara que se te acerque con la almohada. Si se ríe, sabrás que vas por el camino correcto.
También puedes iniciar un juego de animales de peluche en el que un nuevo bebé llega a la familia. Deja que él decida los infortunios que sin duda le ocurrirán al bebé, como que accidentalmente termine de alimento para los tiburones o que lo tiren a la basura.
Otra manera de ayudarle a un niño a volver a traer sus sentimientos es leer libros que inicien una discusión. Hay muchos libros acerca de la llegada de un nuevo bebé para los hermanos mayores. Solo asegúrate de que el libro muestre que los sentimientos son aceptables pero que no muestre a los hermanos realizar ningún tipo de comportamiento desagradable, ese no es el modelo que queremos que siga. Si todo sale bien, estos libros lo harán reír porque el protagonista dirá cosas que él no puede sobre cómo su nueva hermanita es molesta o huele mal.
Aunque leer libros juntos es una gran manera de hacer reír a un niño, no te sorprendas si arroja al libro al otro lado de la habitación. Si no quiere hablar al respecto es porque tocamos justo en la fibra sensible. Reconoce sus sentimientos con gentileza: "no te gustó este libro, me pregunto si a veces te sientes mal por dentro a causa de NUESTRO bebé." No hace falta analizar si siente ira o celos.
3. Cuando un Niño Golpee, Ve Primero con el Agredido
Sentirás una necesidad urgente de enseñarle al pequeño golpeador une lección, pero detente y respira. Quien te necesita en este momento es el bebé que resultó lastimado. Habla con el golpeador después; no se va a ir a ningún lado. Consolar al pequeño herido te llevará a un humor más cariñoso que es lo que necesitarás cuando lidies con el pequeño golpeador.
Lo sé: quieres castigarlo. Pero lo que realmente quieres es detener los golpes y la única manera de hacer eso es ayudándolo con sus sentimientos. Esto quiere decir que tienes que verlo desde su perspectiva, no percibirlo como el enemigo.
4. Ayudarle a Superar su Enojo para Llegar a las Lágrimas y Temores Subyacentes
Cuando golpea, aunque no se ve ninguna señal de emoción específica, puedes estar segura de que sus sentimientos están impulsando sus acciones. Después de asegurarte de que tu otro hijo esté bien, tu meta es ayudarle a tu hijo a que saque sus emociones a la luz para que pueda "enseñártelas" y dejarlas ir.
Así que acércate bien, colócate a su nivel y míralo a los ojos. Puede que solamente veas una expresión en blanco. Sigue respirando y recuérdate que es un buen chico que necesita tu ayuda para que así puedas mantenerte amable y tranquilo. Se empático. Crea un lugar seguro para que te pueda enseñar cómo se siente. Detrás de esa máscara hay un lugar solitario.
Conforme reúnes toda tu compasión e intentas verlo desde su perspectiva, su enojo romperá la barrera de adormecimiento y tal vez empiece a gritar sobre lo mucho que te odia a ti, a su hermana o su vida. Eso es bueno: el enojo disuelve el adormecimiento. Dile que está bien estar enojado, que quieres saber más al respecto. Mantén la calma, se amable y empática: "ay cielo, ¿sientes que soy malvada y nunca te entiendo? Lo siento tanto. Eso debe dolerte mucho." No necesitarás muchas palabras, solo tu corazón abierto. Tal vez tengas lágrimas en tus ojos, lo que a su vez lo incitará a llorar también. Una vez que atraviese sus temores, es probable que se retuerza y luche y grite y sude. Eventualmente estará llorando en tus brazos.
5. Apoya a la Parte de Tu Hijo Que Está Teniendo una Valiente Batalla en su Interior
Apoya a la parte de tu hijo que está teniendo una valiente batalla en su interior, la parte que es buena y honesta y que protegería a su hermanita si alguien más la amenazara.
“El bebé siempre se ríe más contigo que con cualquier otra persona. Hay muchas otras maneras de alentar los lazos entre hermanos. Jugar algo en donde ellos dos hagan equipo contra ti. Hacer un álbum con fotos de ellos dos divirtiéndose y verlo con frecuencia. Alentarlos a dibujarse mutuamente. Ayudarles a comprarse pequeños regalos el uno al otro, incluso si el bebé no entiende bien lo que está pasando.
6. Prevención
Es nuestra responsabilidad mantener a nuestros hijos seguros. Podríamos pensar que debería ser posible dejar a una bebé de nueve meses con un niño de cuatro años, pero ahora sabemos que no es posible. Desear que las cosas fueran distintas no le ayuda a ninguno de los dos niños. Simplemente no lo hagas y deja de resentirlo. No digo que te culpes a ti misma cuando alguien sale lastimado. Lo que digo es que te responsabilices de estar prevenida, como lo harías con cualquier otro riesgo.
Cuando el niño vaya con la bebé, acércate. Sonríe y dile, "aquí estoy cielo, te ayudaré a ser cariñoso." Cuando notes que se está poniendo de mal humor, siéntate con él en su rincón de calma, ayúdale a recargarse o aliéntalo a pasar un tiempo reconfortante tranquilo por su cuenta. Si la lastima, acepta tu parte de la responsabilidad por no haber estado ahí para ayudarlo con sus sentimientos y evitarlo. Esto ayudará a que sea menos defensivo, para que le sea más fácil aceptar su parte de la responsabilidad.
Esto no durará para siempre. Una vez que le ayudes con sus sentimientos, empezará a manejarlos mejor, lo que le permitirá controlar su comportamiento.
Técnicas Adicionales para el Manejo del Enojo
- Buscar el momento oportuno: Cuando la persona se encuentre calmada habla con ella sobre la ira. Intenta tranquilizarla contándoles que todos a veces nos enfadamos pero que eso está bien.
- Lista de Puedos: Cuando aprecies signos de alarma podéis recordar la “Lista de Puedos”. Si una idea te funciona, utilízala siempre que puedas. Pero si un consejo no te va bien o te hace sentir mal, simplemente, ignóralo.
- Ofrecer opciones: Ante una situación de ira, ofrece opciones. Si crees que se avecina una confrontación porque él no quiere hacer algo que se espera que haga, intenta evitarla ofreciendo otra opción mejor que insistir en una orden.
- Utilizar un temporizador o un cronómetro: Estos objetos son unas buenas herramientas para los niños con SA y pueden ser de mucha ayuda en dar la estructura y predictibilidad que necesitan.
- Hacer un juego simple: Por ejemplo, parece que se niega a recoger todos los juguetes que hay tirados en la habitación. Haz un juego simple.
El Aleteo de Manos y su Significado
El aleteo de manos es un movimiento repetitivo e involuntario en el que el niño agita las manos de forma rápida, generalmente como respuesta a una emoción intensa (de excitación, nerviosismo o cansancio). Sí, es relativamente común durante ciertas etapas del desarrollo infantil, especialmente en niños menores de tres años.
Debes prestar especial atención si el aleteo es muy frecuente o intenso, si persiste más allá de los 5-6 años sin tendencia a reducirse, o si se acompaña de otras señales como falta de contacto visual, retraso en el lenguaje o comportamientos repetitivos más complejos. Puede estar presente en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), pero no siempre indica la existencia de este diagnóstico. También puede observarse en niños con desarrollo típico o con otros trastornos neuroconductuales. Lo más importante es no regañarlo ni presionarlo.
Si sabemos cuándo y por qué nuestro hijo aletea las manos estaremos preparados para intervenir en el momento oportuno. Podemos recurrir a múltiples estrategias: pedirle que nos de un abrazo, ofrecerle juguetes moldeables o con texturas y densidades diferentes, formularle preguntas concretas para que exprese por qué no se encuentran bien… Es importante tener presente que no lo hace a propósito y cargarnos de paciencia; modificar un hábito necesita tiempo y constancia.
Abordando el Problema en Diferentes Contextos
Es crucial abordar el problema de la agresión en todos los entornos en los que el niño interactúa, incluyendo el hogar, la escuela y los centros de terapia. La coherencia y la colaboración entre padres, terapeutas y educadores son esenciales para lograr un cambio positivo.
En Casa
En casa hay que ser contundente cada vez que hace algo que no está bien; y no es necesario pegarle, es mejor aislarla en un rincón de la habitación, en una silla, sin dejarla salir hasta pasados dos o tres minutos. Pero hay que ponerse serio para que la niña comprenda claramente que no está bien lo que ha hecho. Y, por otra parte, hay que alabar las conductas positivas.
En la Escuela y en Terapia
Esta intervención también hay que hacerla en el centro donde atiendan a la niña, en sus terapias, de forma individual y en grupo. Y finalmente, hay que hacerlo en un aula de la guardería o del colegio, sobre todo trabajando con la niña en un grupo reducido.
Los profesionales que atienden al niño deben orientar sobre las pautas y estrategias para disminuir las conductas inadecuadas. Es importante reaccionar ante los comportamientos agresivos de la misma forma, sin enojarse ni ignorar el comportamiento. La constancia es clave para que los niños se sientan seguros y aprendan a predecir las consecuencias de sus acciones.
Recomendaciones Finales
- No ser indiferente a sus ataques: Ayudar al niño a exponer lo que le pasa con palabras. Si el niño no es capaz de comunicarse con las palabras, podemos hacerlo nosotros por él preguntándole por ejemplo estás enfadado, ¿verdad? o Te has enrabiado porqué no puedes jugar con aquél juguete, ¿no?. Así le haremos saber que le entendemos y le haremos entender cómo se está sintiendo. Este es un paso fundamental en la educación de las emociones.
- Normalizar el cómo se siente: Enseñarle que se puede reaccionar diferente cuando algo sale mal.
- No enfadarse o gritar: Si actuamos levantando la voz, enfadándonos y mostrando nuestra frustración, lo único que conseguiremos es que el niño entienda que la violencia es la única posibilidad. Si en ese momento nos es difícil controlarnos, lo mejor será retirarnos unos segundos, respirar hondo, calmarnos y volver con el niño para hablar más tranquilamente con él sobre lo sucedido.
- No responder a sus exigencias: No debemos someternos a sus ataques de ira y sobretodo no dar respuesta a sus exigencias, así se darán cuenta que con una conducta agresiva no conseguirán lo que se proponen.
- Enseñarle a ser paciente: Estas son solo pautas generales y quienes mejor te pueden orientar sobre como intervenir son los profesionales del centro de atención temprana que trabajan directamente con tu alumna.
Recuerda que cada niño es único y lo que funciona para uno puede no funcionar para otro. Es fundamental ser paciente, persistente y buscar el apoyo de profesionales capacitados para abordar este desafío de la mejor manera posible.
