Rosa Villacastín: Biografía, Transición Española y el Legado de "La Princesa Paca"

Rosa Villacastín nació en Ávila en 1947. A lo largo de su extensa carrera, ha sido testigo y narradora de importantes momentos de la historia de España, especialmente durante la Transición Española. Su trabajo abarca desde la crónica política y parlamentaria hasta la exploración de la vida social y las memorias personales.

Rosa Villacastín

Inicios y Trayectoria Profesional

Comenzó su carrera profesional como periodista especializada en crónica política y parlamentaria en el diario Pueblo, donde trabajó desde 1970 hasta 1983, fecha en la que se cerró el periódico. Durante este tiempo, cubrió debates de la Constitución, las primeras elecciones de 1977 y el 23-F, el cual vivió en el Congreso de los Diputados.

Posteriormente, trabajó en el diario Ya y en revistas como Época, Panorama, Tiempo, Interviú, El Semanal, Mujer de Hoy, Yo Dona, LOC (La Otra Crónica) de El Mundo y Diez Minutos, en la que, durante 35 años, publicó una entrevista semanal desde 1989 hasta el año anterior. En radio ha trabajado en RNE, Antena 3 Radio, Cadena SER y Punto Radio, y en televisión, en TVE, Antena 3 y Tele Cinco.

Villacastín dio el salto a TVE con el programa Pasa la vida, de María Teresa Campos, y más tarde participó en los programas de Antena 3 A toda página, Extra Rosa (que copresentó con Ana Rosa Quintana) y La vida es rosa. En 2001 también condujo el programa Grandiosas en Telecinco; y de 2013 a 2014 colaboró en Abre los ojos... Asimismo, en Cuatro trabajó en Las mañanas de Cuatro, junto con Concha García Campoy en 2006 y 2007. En 2012 volvió a TVE, con el programa +Gente; y entre los años 2015 y 2018 colaboró en Amigas y conocidas, presentado por Inés Ballester.

Es miembro de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión.

Los Años que Amamos Locamente: Una Mirada a la Transición

Ahora que se cumplen 40 años de las primeras elecciones democráticas tras el franquismo, Villacastín pone en marcha el retrovisor y nos cuenta en su nuevo libro Los años que amamos locamente. Amor, seco y destape en la Transición (Plaza y Janés) los usos y costumbres amorosas de un tiempo no tan lejano como podría parecer. A medio camino entre las memorias y la crónica de sociedad, este volumen reúne un sinfín de anécdotas jugosas y reflexiones que ayudan a comprender el momento presente.

Villacastín nos recibe amablemente en su casa y desgrana los entresijos de una vida en la que ha sido testigo de muchos de los cambios que se han vivido en este país.

Portada del libro "Los años que amamos locamente"

Según Villacastín, siempre que se habla de la Transición se pone el foco en los grandes nombres, y ella ha querido contar historias más pequeñas, como, por ejemplo, cuando su madre la echó de casa por tomar la píldora. Esas pequeñas historias dan una visión de cómo era esa época en la que las mujeres hicieron un camino muy tortuoso y difícil para conseguir sus derechos.

En su libro, el lector se va a encontrar anécdotas como la de un empresario muy importante que se hizo llevar un ataúd a su dormitorio porque era lo que más le ponía. También está aquel otro empresario que le gustaban mucho las putas, se fue con una a una casa y cuando quiso salir de la casa no tenía llave y decidió saltar la valla, con tan mala fortuna que le vio la policía y le detuvieron.

Villacastín señala que la doble moral solo podían permitírsela unos cuantos amparados por los privilegios, el dinero y la clase social. No es que la clase de abajo no hiciera lo que le daba la gana, pero con consecuencias. Esa es la gran diferencia.

Rosa recuerda el consejo de Carmen Conde: si tu llamas a una puerta y por ser mujer no se abre, pega una patada y entra, sea la puerta que sea. No hay una mujer que haya tenido que aguantar que le pongan una mano en el muslo. Pero diferencia cuando alguien por el poder, por el puesto de ocupa como está pasando en Hollywood, mete a una chica en una habitación de hotel, la viola, la obliga, y encima si dices algo le van a creer a él y no a ti.

Para Villacastín, la gran conquista de la mujer en estos años ha sido poder ser independiente económicamente porque eso le ha permitido ser independiente en todo lo demás, elegir con quien estar o tener (o no) hijos. Ella ha elegido no tener hijos, ha preferido dedicarse a su profesión y hacer su vida, pero todavía se sigue poniendo el foco en la mujer, siempre es la culpable, y no ve que los gobiernos hagan nada para erradicar esta situación.

"La Princesa Paca": Rescatando la Historia de su Abuela

Una de las historias que parecen cuentos de hadas es la de la abuela de Rosa Villacastín, Francisca Sánchez, convertida por obra y gracia de las plumas de la propia Rosa y de Manuel Francisco Reina en La princesa Paca (Plaza & Janés). Durante toda su vida, Francisca arrastró consigo un baúl repleto de recuerdos de su amor de novela con el poeta Rubén Dario. Ese archivo que finalmente donó al Estado español desinteresadamente y que no se había hecho público hasta ahora sirvió para que su nieta se quitara la espina que llevaba clavada de por vida y sacara a la luz, por fin, la casi desconocida historia de su abuela.

Portada del libro "La princesa Paca"

Rosa aún se emociona cuando habla de Paca y de sus recuerdos de infancia. «Nosotros vivíamos en un pueblecito de la sierra de Gredos y yo tenía 9 años cuando un día llegaron allí dos profesores, Carmen Conde -que luego fue la primera mujer académica de la Lengua- y su marido. Querían conocer a mi abuela y hablar con ella, pero a ella la habían robado tantas cosas que no tenía ganas. Eso, hasta que Carmen le dijo una frase definitiva: "Francisca, nosotros venimos a acompañarte, no a pedirte". Esa frase la desarmó. Entonces les dejó pasar y empezaron a conversar. Yo escuchaba una y otra vez el nombre de Rubén Darío y me preguntaba : "¿quién será ese señor?". Solo sabía de un hombre en la vida de mi abuela, que era mi abuelo..., así que cuando se marcharon pregunté a mi abuela: "Lala, ¿quién es Rubén Dario?". Y ella me respondió: "El gran amor de mi vida"».

A partir de entonces, Francisca fue contando a su nieta la fabulosa historia de su amor con el poeta. Rosa escuchó, embelesada, durante siete años, el relato fascinante de ese amor que su abuela jamás olvidó.

A la muerte de Paca, una Rosa adolescente aún recordaba cuando su abuela respondía a sus preguntas de niña respecto al amor narrado: «Lala, ¿a qué saben los besos?» «Hija, los besos no hacen niños, pero tocan las campanitas para que vengan».

Muchos besos se debieron regalar aquellos amantes, porque llegaron cuatro hijos. Rubén y Paca vivieron 16 años juntos, hasta que él se marchó a América. Ella no quería que se fuera, pero aquella época de sequía intelectual y la pobreza obligaron al poeta, que partió creyendo que volvería. Nunca lo hizo. Ese fue el final. Tan inesperado como el principio. Cuando Rubén conoció a Francisca él ya contaba 32 años. Ella era una jovencita de bellísima tez blanca y escasos centímetros -apenas uno sesenta-, que jamás se maquillaba y que no sabía leer ni escribir.

«Era una mujer muy castellana, incluso recia, pero con un humor muy fino -apunta Rosa-. Su flechazo fue tan grande que al mes estaban viviendo juntos. ¡Y eso en 1899!» La dureza de un pueblo de Castilla y la incomprensión de la situación se cebaron entonces con la pareja. No había día sin crítica. ¿Qué hacía un intelectual con una niña analfabeta? ¿Y por qué no se casaban? «No lo hacían -dice Rosa- porque él se había casado en Nicaragua, en una borrachera, a punta de pistola. Volvió a España huyendo de aquello y se enamoró de mi abuela, que a los dos meses se quedó embarazada».

Paca, al principio, desconocía que Rubén estuviera casado, pero luego acabó aceptándolo, por más que siempre intentaran que aquel matrimonio se anulara. Algo que «la garza morena», Rosario Murillo, esposa de papeles del poeta tras enviudar de su primera y añorada mujer, la poetisa de rica familia Rafaela Contreras, nunca consintió. Pero Francisca no se desanimó.

El amor era más fuerte que lo demás y la hacía avanzar en todos los terrenos, por más que no fuera una intelectual como los de su entorno. «A ella la enseñó a leer y escribir Amado Nervo -señala Rosa-. Él, como Manuel Machado y otros tantos, la quería mucho. Para todos era la mujer de Rubén Darío y fueron ellos quienes la bautizaron como "la princesa Paca". Ella departía con ellos y con sus mujeres. A Leonor, la mujer de Antonio Machado, fue mi abuela quien la enseñó París cuando ya estaba enferma de tuberculosis y también quien la acompañó en el hospital».

Paca vivió al lado de Rubén Darío y de sus maravillosos trajes a medida y sus batas de seda natural, en una austeridad sorprendente. Soportó que él bebiera -por más que ella no lo reconociera nunca- aguantó no estar casada -aunque lo ocultara en su pueblo- y sobrevivió a la muerte de tres de sus cuatro hijos. Quedó solo Güicho, hermanastro de la madre de Rosa Villacastín, al que la periodista no conoció, porque murió al poco de nacer ella: «Pero guardo contacto con sus hijos y sus nietos, a quienes "La princesa Paca"les está descubriendo la historia de su abuela».

Dos días antes de morir Rubén Dario, tras legarle los derechos sobre sus obras en su testamento, le escribió una carta de liberación: «ya puedes confesar y comulgar, le dijo» Aunque probablemente ella, sacramentos aparte, nunca se arrepintió de ese gran amor...

Publicaciones de Rosa Villacastín

  • Catálogo-archivo Rubén Darío
  • La noche de los transistores, el Rey paraliza el golpe
  • El club de las «santas»
  • ¡Socorro!, me estoy pareciendo a mi madre (junto a Carmen Rigalt)
  • Si a los 60 no te duele nada, es que estás muerta
  • Hay vida después de los cincuenta
  • Querido imbécil
  • La princesa Paca (junto a Manuel Francisco Reina)
  • Los años que amamos locamente. Amor, seco y destape en la Transición

Rosa Villacastín se siente orgullosa de su honestidad, no se arrepiente de nada y no perdona, aunque a veces olvida. De mayor, le gustaría ser una vieja loca.

"Los años que amamos locamente" con Rosa Villacastín

Publicaciones populares: