Miguel de Molina: Biografía de un Ícono de la Copla Nacido en Málaga

El filme rinde homenaje al legendario artista español Miguel de Molina. ‘Cartas a Miguel de Molina’ reconstruye la vida y el legado del mítico cantante de copla Miguel de Molina, quien nació en Málaga en 1908 y se convirtió en uno de los artistas más reconocidos de su tiempo.

Miguel de Molina en 1942

El documental emplea un enfoque epistolar, utilizando cartas que Miguel de Molina recibió a lo largo de su vida, junto con testimonios de artistas y expertos, y la recreación de su propia voz para narrar su historia. Director y productor andaluz, Paco Millán reside en Nueva York desde 2016 y cuenta con una extensa trayectoria en el documental musical y biográfico.

Juan Cabral nos recordaba la importancia de que existan este tipo de proyectos que recuperan nuestro pasado ya que “los muertos son los que realmente nos devuelven a lo que es nuestro pasado histórico y cultural del que beben nuestros artistas actuales”. Con este documental, decía Cabral, pretenden “dar luz al legado que dejó”. Una herencia “única en el género”, “perfeccionista” y con una “gran sensibilidad”.

Orígenes y Primeros Años

Miguel Frías Molina decide con tan solo trece años ser artista. Nace en el seno de una familia humilde del barrio de Capuchinos de Málaga, bajo la monarquía de Alfonso XIII y en una Andalucía gobernada por la pobreza, el hambre, el clero, los terratenientes y la ignorancia. Con esa edad el joven de gitano perfil abandona la miseria del hogar familiar y trata de esconder los turbios recuerdos que acompañaron sus primeros años en un internado de los Salesianos donde su madre le escolariza con una beca para pobres.

Recala en Algeciras, y «apoyaó en el quicio de mancebía» de «Pepa la limpia», un burdel más reluciente que los chorros del oro en donde consigue trabajo de limpiador, espera tiempos mejores mientras mira «encenderse la noche de mayo». Después un deambular por distintos tablaos saraos, zambras, y fiestas privadas, cantando y bailando, irán puliendo al artista.

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Ascenso a la Fama en Madrid

Llega a Madrid en 1930. «Yo quiero ser diferente», dice, y lo es. Debuta con la llegada de la República en el Teatro Romea. Se convierte en Miguel de Molina, un transgresor de la escena que es capaz de salir al escenario con el torso desnudo decorado con monedas de oro pegadas al pecho, o a lomos de un borriquito. Comparte tarima con las figuras artísticas más sobresalientes de la época y es aclamado como rey indiscutible de la copla. («Pasaban los hombres y yo sonreía»).

Las camisas de lunares y volantes de manga ancha, las chaquetas floreadas, los chalecos de torero a los que incorporaba crespones de mantón y los ceñidos pantalones que diseñaba y cosía el mismo para su puesta en escena con una máquina Singer que le acompaña hasta el final de sus días, hacen de Miguel de Molina una figura singular, con un estilo único y provocador que cobra por actuación cinco mil pesetas. Alguien dijo que la voz de Miguel de Molina parecía venir de serie con las radios Marconi.

Guerra Civil y Comienzo del Declive

Cuando el golpe de estado de 1936, se dedica a recorrer los frentes, la retaguardia y los hospitales con una pequeña compañía de varieté cantando y bailando para levantar el ánimo de los soldados republicanos. Francisco Ayala dejó escrito que «hizo más estragos en el ejército de la República que los cañones de Franco». También se le ve en los «fines de fiesta», un invento de la CNT, que se daban en los cines después de las películas y que servían de trabajo a los artistas de variedades en un tiempo en que solo había lugar para las balas.

Con el fin de la Guerra comienza su calvario y declive. La copla, género que se forja en el ambiente de libertad de la Segunda República, pasa a denominarse casi por decreto ley «canción española» y la gran mayoría de los artistas de este género se fusionan con el régimen franquista que además, no admite en el Nuevo Estado en construcción ni vencidos ni homosexuales.

Tal vez a Miguel de Molina le podrían haber perdonado ser «rojo» incluso olvidar aquella declaración suya de: «Yo solo pido trabajo para todos, libertad y respeto mutuo y eso, solo nos lo garantiza la República» pero lo que jamás le podrían perdonar era su homosexualidad, que como la de tantos fue perseguida durante el franquismo por los «macarras de la moral».

Persecución y Exilio

El caché de las cinco mil pesetas republicanas se reduce a las quinientas de la nueva España y Miguel de Molina que no quiere entonar la obligada melodía franquista, se ve abocado a retomar sus orígenes de miseria malviviendo encima de los escenarios y entre copla y copla trata de digerir el amargo sabor del desprecio y las amenazas de los empresarios. Y aparecen los contratos abusivos cuyas solapadas clausulas exigen que por su pasado republicano y su condición sexual debe bajar la cabeza.

Como si de un crimen político se tratara, los recaudadores de cuerpos abatidos en las madrugadas le acechan primero para explotarle a cambio de seguridad. Una seguridad que no estaban tampoco dispuestos a ofrecerle. Un día de noviembre de 1939, al concluir su actuación en el Teatro Pavón de Madrid, tres desconocidos que se identifican como policías aparecen en su camerino y le obligan a seguirles.

Le introducen en un vehículo y en los altos de la Castellana le hacen salir y le propinan una brutal paliza. «¡Esto por marica y por rojo! Vamos a terminar con todos los maricones y los comunistas. ¡Uno por uno!». Por «marica y por rojo» le rapan el pelo, le obligan a beber aceite de ricino mezclado con vaselina líquida, le rompen los dientes y le desfiguraron la cara. Un alto precio para alguien que solo quería seguir sobreviviendo de su arte. («Ná te debo, ná te pido»).

Llegó a identificar más tarde a dos de los agresores. Sus nombres: José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde (Director General de Seguridad y torturador que llegó a ser Alcalde de Madrid, además de ganadero de toros bravos), y el falangista Sancho Dávila, que sería a principios de los años cincuenta presidente de la Federación Española de Fútbol. Ambos murieron protegidos por la más absoluta impunidad.

Días después, en una actuación en el Teatro Cómico, es abucheado por un grupo de falangistas que le gritan «marica, marica … ». Miguel de Molina hace parar la orquesta y responde: «Marica no: Maricón, que suena a bóveda».

La vida en la España de los vencedores se torna insoportable. Se le prohíbe trabajar y se le confina en Cáceres y Buñol. «Cinco meses de destierro sin sentido alguno y, en lugar de abrirse alguna puerta hacia la libertad, me han comentado que el gobernador de Valencia ha pedido informes a la Guardia Civil, para saber ¡qué comportamiento sigo en Buñol! Como si fuera un criminal en libertad condicional».

Solo le queda una salida: el exilio y esa letanía convertida en deseo : “me voy de tu vera olvídame ya”. Pero el franquismo no le olvida …«… y, en un barquito, Miguel de Molina se embarca caminito de ultramar… ».

Miguel de Molina se exilió a Argentina

Éxito y Desafíos en América

En 1942 llega a Buenos Aires con dos pesetas de plata en el bolsillo que tira al agua al entrar en el puerto. Retoma su carrera artística y sorprende con todo su talento. Uno de tantos que conserva íntegras sus ansias de venganza, su odio y su fanatismo. Tal vez la sensatez de Miguel, es la que siempre le hace reaccionar ante tantas miserias y tantas grandezas, pues en esa dualidad transcurre su vida. Todo lo ganó y todo lo perdió, para volver a ganarlo y volverlo a perder.

Un año después se traslada a México. Junto con él viaja la desdicha como una pasajera más. En este país sufre el acoso de Jorge Negrete y Mario Moreno «Cantinflas», dos homófobos que hacen lo posible por desprestigiarle, emitiendo incluso comunicados a la prensa para que sea repudiado. Para ambos, Miguel de Molina es «un traidor que mancha la gloriosa tradición de nuestra raza».

El control de los teatros mexicanos lo ejerce un sindicato que preside Negrete, quien no cesa de boicotear cada actuación de Miguel. Dicen que una llamada de Eva Perón y la invitación a un festival benéfico pone fin a la cadena de desdichas. También dicen que es el propio Miguel el que escribe a Evita pidiendo árnica. Sea como sea, regresa a Argentina, le llueven los contratos y vuelve a ser aquella primera figura de los años treinta.

Organiza el mismo hasta el último detalle de sus espectáculos. Cuentan que colocaba una alfombra roja desde la puerta del teatro hasta su camerino y en cada butaca dejaba un ramillete de flores para que después se lo lanzase el público.

Regreso a España y Reconocimiento Tardío

En 1957, tras la muerte de su madre, la inestabilidad política de Argentina le anima a viajar a España, pero en su país sigue siendo un proscrito. Habían desaparecido todos sus discos del mercado y cualquier referencia a su persona. En 1960, cuando contaba 52 años, decide retirarse. Se refugia en su casa porteña a pelear en solitario con sus recuerdos. Le habían robado los mejores años de su vida, le habían obligado a salir de su tierra.

Durante casi treinta años permanece silencioso y escribe su autobiografía: Botín de Guerra. Apenas se acuerdan de él. Varios años después de la muerte del dictador se procura su regreso a España, se le concede la Medalla de la Villa de Madrid, se le ofrece una casa en Málaga, pero ya es demasiado tarde. En 1992 al chavalillo que había dejado Málaga con trece años y un hatillo al hombro, se le otorga la Orden de Isabel la Católica, pero ya es demasiado tarde.

La entrega de la medalla se hace en la embajada española en Argentina. Es su última aparición pública ataviado con un traje de terciopelo negro, una camisa roja con botones de zafiro, un moño y un sombrero de ala ancha. No regresaría jamás. «Gracias a la democracia, a Su Majestad y al pueblo se barrió el fantasma de Caín… Pero yo sentía que esa reparación, que quería simbolizarse en la medallita, me llegaba demasiado tarde. De 1940 a 1992 España tardó cincuenta y dos años en darse cuenta de que habían tronchado la vida de un hombre que hubiera querido crecer artísticamente y desarrollarse en la tierra donde nació, sin ser ingrato con la Argentina que me cobijó».

Fallecimiento y Legado

Tres meses después fallece en su casa de Buenos Aires. Un silencioso infarto pone fin a su vida. («Subiste al caballo/te fuiste de mí,/y nunca otra noche/más bella de Mayo han vuelto a vivir»). Tenía 84 años. Fue enterrado en el panteón de la Asociación Argentina de Actores del cementerio de la Chacarita en el nicho nº 397.

En el año 2007 se le nombra Hijo Predilecto de Málaga a título póstumo. El 10 de abril de 1908 nacía en Málaga Miguel de Molina, hoy y ahora aclamado como uno de los reyes de la copla. Un siglo después de esa señalada fecha se recuerda a tan emblemático artista, dueño de una vida plagada de situaciones novelescas.

Homenajes póstumos a Miguel de Molina

Una de las primeras actividades que servirán para recordarlo será 'Miguel de Molina. La copla quebrada', un montaje teatralizado que se estrenará el próximo 22 de febrero en el Teatro Cervantes de Málaga. Rosario Ruiz Rodgers dirige una obra escrita por el dramaturgo bilbaíno Borja Ortiz de Gondra y que integra diferentes pasajes sobre la vida de Miguel de Molina.

El texto dramatizado acerca al espectador al hombre que se escondía detrás del artista, el ser humano que luchó con todas sus fuerzas por derribar barreras sociales y artísticas en la España opresiva que le tocó vivir. Una frase resume el espíritu de este periplo biográfico: "Yo sólo fui un señor que nació pobre en Málaga, trabajó toda su vida y le gustaron los hombres.

El contexto del que se sirve el autor para recorrer el frondoso discurrir de De Molina se plantea por medio de una entrevista periodística. Un redactor acude a Buenos Aires, donde el malagueño tuvo que exiliarse los últimos treinta años, con motivo de la entrega de la medalla de Isabel la Católica en nombre del Rey de España. El encuentro servirá para sacar a la luz diferentes pasajes de la vida de un artista único y de leyenda que se codeó con gente de la talla de Federico García Lorca, Manolete, Cantinflas, Pastora Imperio o Evita.

Al mismo tiempo, sacará a relucir su voz con la puesta en escena de algunas de las canciones que le lanzaron al estrellato. 'Ojos verdes', 'La bien pagá', 'La tarara', 'La sevillana del espartero', 'Te quiero', 'Te lo juro yo' y 'Agüita del poder' componen el repertorio de un espectáculo que cuenta con la coordinación musical de Pablo Eiselle y la coreografía de Mónica Martínez.

Ángel Ruiz y Miguel Palenzuela se reparten la caracterización joven y adulta, respectivamente, de Miguel de Molina. Completan el reparto Zorion Eguileor, Carlos Urrutia, Rebeca Medina y Carlos Cañas. 'Miguel de Molina. La copla quebrada' es una producción de cien minutos de duración compartida por la Fundación Miguel de Molina y Emilia Yagüe Producciones. El estreno nacional se producirá en dos noches consecutivas (22 y 23 de febrero), en el principal teatro de la ciudad que vio nacer al artista. El montaje se lanzará posteriormente a recorrer el país en una larga gira.

Las programación se desarrollará entre el 8 de abril y el 9 de mayo y se centrará en la exposición “Embrujo. Los Mundos de Miguel de Molina” que se instalará en la Sala Pintores 10.

La Diputación Provincial de Cáceres, a través del Servicio de Memoria Histórica y Democrática, organiza una nueva entrega del Ciclo “Tiempo Negro” con el que se busca dar a conocer de dónde venimos para construir una sociedad más justa, tolerante y democrática. Este año, este Ciclo girará en torno al personaje de Miguel de Molina y tendrá como actividad central la exposición “Embrujo.

El presidente ha manifestado su deseo de que “esta exposición y este ciclo sean también un aldabonazo en las conciencias de tanta gente joven para que asuman que lo importante es vivir en democracia y libertad, en el respeto de que cada uno piense como le de la gana, pero que ese pensamiento tuyo no pueda suponer que en un momento determinado pueda asesinarte: por besar a un hombre o una mujer, por rezar a otro dios, por ser comunista o por ser marica. Es terrible.

Pero como explica su sobrino-nieto, reducir el personaje de Miguel de Molina solo a su faceta de cantante y bailarín supone no entender bien el calado intelectual de este artista, fiel y digno representante de la Generación del 27. Por ello, la exposición “Embrujo. Los mundos de Miguel de Molina”, insiste, viene a saldar una deuda pendiente con Miguel de Molina. “Embrujo. Los mundos de Miguel de Molina” es un ambicioso proyecto de investigación que va a arrancar en Cáceres y continuará itinerando por otros puntos del país a lo largo del año.

El paso desafortunado del artista por la capital de la provincia lo dejó plasmado él mismo en una serie de diarios que permiten palpar el clima de terror que vivía Miguel de Molina, pero, también, conocer cómo era su día a día durante el mes que pasó confinado en el Hotel Álvarez (hoy Hotel Alfonso IX): “Una vida entre costura, Molina habla de mi eterno mata horas; entre lecturas, leía muchísimo; de escritura con su abundante correspondencia, los diarios, paseos por Cáceres, una ciudad con la que se quedó maravillado.

En la misma época participó en el rodaje de El suspiro del moro bajo las órdenes de Antonio Graciani; concluyó la filmación, en los estudios barceloneses Orphea, días después del estallido de la Guerra Civil. Desde 1937 y hasta el término del conflicto, tanto Miguel de Molina como Amalia de Isaura, sirvieron en numerosas actuaciones al Socorro Rojo. Durante 1940 siguió actuando por los teatros valencianos y de la capital, pese a estar boicoteado, lo que ocasionó que fuera recluido en Cáceres durante una larga temporada en 1940 y parte de 1941.

Por esa época entró en contacto con José López Rubio y Claudio de la Torre, llegando a rodar cinco largometrajes, de los que no se conserva material alguno, a excepción de la cartelería, siendo estos Luna de Sangre y Chuflillas, ambos de 1940, y Pregones del Embrujo, Pepe Conde y Manolo Reyes, en 1941.

En 1942 recibió una oferta de trabajo de Lola Membrives en Buenos Aires. Fue así como el 23 de Octubre de 1942, Miguel de Molina ponía rumbo a Buenos Aires, debutando en el Teatro Cómico de la ciudad el 14 de Noviembre del mismo año. En junio de 1943 fue obligado a abandonar el país por lo que en 1944 se instala en Barcelona donde permanecerá dedicado al comercio de antigüedades. En 1945 se dirigió a Portugal y más tarde a México, donde colaboraría con Vicente Miranda en el Patio Andaluz. Regresó a Buenos Aires en 1946.

Prácticamente al mismo tiempo en que se iniciaba el régimen de Perón, Miguel de Molina comenzó una carrera imparable durante los próximos años, en los que no abandonaría sus piezas clave como La bien pagá y Ojos verdes a la vez que ampliaba su repertorio, como Don Triquitraque. Destaca la frecuencia con que incluye Suspiros de España en sus actuaciones, en las que diseña la escenografía, dirige la escena, coreografía los bailes y se permite realizar sus propios arreglos en los números musicales.

Mantuvo una activa relación con el régimen de Perón, muy especialmente con la Fundación Eva Perón, para la cual actuó al menos cuatro ocasiones en 1949. El año 1952, bajo la dirección de Román Viñoly Barreto, protagonizó Esta es mi vida. En l955 viajó a Chile donde ofreció una serie de actuaciones en el Teatro Pacífico con su Compañía de Arte Folklórico Español. En 1956 volvería al cine, esta vez bajo la dirección de Enrique Carreras, en Luces de Candilejas, una película en color rodada en Uruguay.

Tras una serie de breves actuaciones en 1959 en el Teatro la Comedia, se retiró de los escenarios en 1960. En 1992 fue condecorado con la Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

Miguel Frías de Molina Fecha de Acuerdo del Nombramiento: 6 de marzo de 2007 Fecha de Entrega: 15 de marzo de 2007 Lugar de Entrega: Diputación de MálagaMiguel Frías de Molina, nació en Málaga el 10 de abril de 1908, artísticamente conocido como Miguel de Molina fue un cantante de copla.

Criado entre mujeres y en colegios religiosos, a los 20 años se dedicaba a llevar grupos de turistas a tablaos flamencos y, ya en 1931 decidió dedicarse al arte. A pesar de su triunfo en Madrid, es en Valencia donde cosecha sus mayores éxitos, popularizando canciones como El día que nací yo, Triniá, La bien pagá y Ojos verdes.

Molina fue uno de los maestros del género de la copla, poseía una personalidad única como intérprete masculino. Fue acusado de haber ayudado al ejército republicano y ser homosexual, por lo que fue torturado y obligado al exilio.

Nombre Miguel Frías de Molina
Nacimiento 10 de abril de 1908, Málaga, España
Fallecimiento 4 de marzo de 1993, Buenos Aires, Argentina
Profesión Cantante de copla
Reconocimientos Hijo Predilecto de Málaga (póstumo), Cruz de la Orden de Isabel la Católica

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