María Moliner, cuyo nombre completo era María Juana Moliner Ruiz, nació en Paniza (Zaragoza) el 30 de marzo de 1900 y falleció en Madrid en 1981. Fue una apasionada de las letras desde pequeña y es reconocida principalmente por su monumental obra: el Diccionario de Uso del Español.
Primeros Años y Formación
María era la hija mayor de Enrique Moliner, médico, y Matilde Ruiz. Los pequeños Moliner estudiaron en la Institución Libre de Enseñanza. Los Moliner eran alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, en el caso de María, no aparece matriculada de forma oficial, aunque sí se examinó por libre de algunas asignaturas, al tiempo que era ella la que daba clase a alguno de sus condiscípulos para colaborar con la economía familiar.
Cuando María entraba en la adolescencia, su padre se marchó a Argentina y no volvió jamás. María Moliner, su madre y sus hermanos Matilde y Enrique vivieron en condiciones extremas. La joven, apasionada por el latín y espléndida lectora, empezó a dar clases, y asumió la tarea de sacar a los suyos adelante. En esa época, debió de tener alguna vinculación con Américo Castro, que suscitó el interés por la expresión lingüística y la gramática en la pequeña María.
En 1915, Matilde Ruiz y sus hijos abandonaron Madrid y regresaron a Zaragoza, en busca de una mejor calidad de vida. Cursó estudios de Bachillerato en el Instituto General y Técnico Cardenal Cisneros y finalmente en Zaragoza. Compaginó sus estudios de bachillerato y universidad con un trabajo en el Estudio de Filología de Aragón que consistía en la elaboración de un diccionario de voces aragonesas, dirigido por el académico de la RAE, Juan Moneva, gracias al cual adquirió una valiosa formación en el terreno filológico.
Sin embargo se vio obligada a matricularse en la facultad de Filosofía y Letras, de Zaragoza, en la especialidad de Historia, que era la única que se impartía en esa ciudad, por lo tanto no tuvo la oportunidad de elegir materias más acordes a sus intereses como la lingüística, la filología y la bibliografía. De nuevo cursó por libre los dos años comunes, condensados en un solo curso, lo que le permitió obtener el título en 1921, con una calificación de sobresaliente y premio extraordinario.
Trayectoria Profesional Inicial
Una vez finalizada la carrera le atrajo más la investigación que la docencia y opositó al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. En el año 1922, Moliner ingresa por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Su primer destino fue el Archivo General de Simancas, no era el que había deseado pero hasta allí se desplazó acompañada de su madre y su hermana Matilde, la pequeña de los tres hermanos.
La idea de abandonar Simancas tomaba forma, por un lado, porque no colmaba las aspiraciones profesionales de Moliner y por otro, porque su frío clima no beneficiaba la frágil salud de su madre. De modo que concursó para una plaza en el Archivo Histórico Nacional con la esperanza de poder volver a Madrid. Sin embargo, no consiguió obtener la plaza, así que tuvo que poner en marcha un plan alternativo que consistía en pedir la incorporación al Archivo Provincial de la Delegación de Hacienda en Murcia y que obtuvo por ser ella la única solicitante.
Será en esa ciudad donde conocerá al que será su marido, D. Fernando Ramón y Ferrando, catedrático de Física. Tras un periodo de noviazgo, la pareja contrajo matrimonio el 5 de agosto de 1925. En Murcia no se limitó a su trabajo como archivera y en febrero de 1924 fue nombrada ayudante en la facultad de Filosofía, cargo que significaba el ingreso del “elemento femenino por primera vez en la Universidad de Murcia”, según consta en el libro de actas de la Facultad de Letras.
Etapa en Valencia y Compromiso con la República
En 1929, el matrimonio, que ya tenía dos hijos, Enrique y Fernando, se trasladó a Valencia, él había obtenido cátedra en la universidad y ella en el Archivo de la Delegación de Hacienda. A principios de los años treinta, la familia se trasladó a Valencia. En 1933 nació su hija, Carmen. En la ciudad del Turia entablaron relación con otras parejas de intelectuales conectadas con el sector educativo que consiguieron sacar adelante el proyecto de la Escuela Cossío, centro caracterizado por su innovadora pedagogía, en el que Moliner figura como profesora a tiempo parcial de Gramática y Literatura.
Al ser una apasionada de las letras, María tenía una vocación: llevar a los lugares más recónditos el amor por la lectura. Aunque no abandonó el archivo, la posibilidad de desarrollo profesional le llegó a través de su colaboración en el Patronato de Misiones Pedagógicas, presidido por Manuel B. Cossío. Ya en 1931, siendo María miembro de la delegación valenciana del Patronato de Misiones Pedagógicas, puso en marcha el proyecto de llevar una red de bibliotecas populares a los pueblos de España.
En 1933 fue nombrada vicepresidenta de Misiones en Valencia y como tal su función consistía en extender y desarrollar la red de bibliotecas circulantes, que se concibieron como herramientas indispensables para el desarrollo social y económico. Además, en este mismo año ella, su marido y otros matrimonios amigos, colaboraron con la Escuela de Cossío, inspirada en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. De hecho, escribió unas Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas que se publicaron sin nombre de autor en 1937.
En 1934, intentando paliar la escasez de lectura individual y pública en Valencia planificó la creación de un innovador modelo de biblioteca en la Escuela Superior del Trabajo, sin embargo, de nuevo la Junta del Cuerpo Facultativo le negó su petición y además le asignó a Rafael Raga, responsable de las Bibliotecas Populares de Valencia, la dirección del proyecto que ella había ideado. Antes de su publicación, en 1936, trabajó como directora de la Biblioteca Universitaria de Valencia. En septiembre de 1936, el nuevo rector de la Universidad de Valencia, propuso a María Moliner como jefe de la Biblioteca Universitaria en comisión de servicios.
Una vez que la amenaza franquista obligó al gobierno de la República a instalarse en Valencia, la universidad acogió al Ministerio de Instrucción Pública. En 1937 Moliner fue nombrada vocal de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico y poco después, Tomás Navarro Tomás, que presidía la Sección, le ofreció la dirección de la Oficina de Adquisición de Libros y Cambio Internacional, que ya no era posible dirigir desde Madrid. La capacidad organizativa de María Moliner quedó reflejada en el proyecto del Plan de Bibliotecas del Estado, las cuales se publicarán a principios de 1939.
Ese mismo año publicó anónimamente Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas y en 1939, el proyecto que dos años antes había presentado a la Sección con el título Proyecto de bases de un Plan de Organización General de Bibliotecas del Estado, convirtiéndose en el primer plan nacional de bibliotecas moderno y racional, concebido bajo la premisa de que una organización coordinada de todas las bibliotecas públicas ha de conseguir que no exista en todo el territorio nacional lugar ni aún casa aislada en el campo que no pueda disponer de libros en cantidad proporcionada a su importancia.
Represalias y Exilio Interior
Al término de la Guerra Civil española, María y su marido sufren represalias políticas. A él le suspendieron de su empleo como catedrático y sueldo, y fue trasladado a Murcia hasta 1946, que le rehabilitaron como catedrático. Despojada de sus cargos directivos en el ámbito bibliotecario regresó al Archivo Provincial de la Delegación de Hacienda de Valencia hasta 1946, año en el que la pareja consiguió traslado, ella a la Biblioteca de la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid y él a la Universidad de Salamanca.
Por su parte, María Moliner es depurada y sufre la pérdida de 18 puestos en el escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios, aunque los recupera en 1958. La noche se cernió sobre su vida y la de su esposa Fernando Román y Ferrando, condenada a un exilio interior, a callar, a silenciar sus ideas progresistas en materia de cultura.
El Diccionario de Uso del Español
Clase de LEXICOGRAFIA 2. Diccionario ideológico de Casares y Diccionario de María Moliner
En 1946, su marido fue rehabilitado de sus cargos en Salamanca y María Moliner asumió la dirección de la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, en la que se jubiló en 1970. Será entonces cuando comience, hacia 1950, el Diccionario de uso del español que le tomó 15 años de trabajo en solitario. A principios de los cincuenta, empezó a redactar el “Diccionario de uso del español”, y poco después, cuando estaba inmersa en esa idea, su hijo Fernando le trajo de París un libro que la impactó: “Learner’s Dictionary”. Ya en los inicios de su proyecto, algunos especialistas como Rafael Lapesa y otros académicos se dieron cuenta de la magnitud de la obra.
Partiendo del Diccionario de Real Academia, la autora construye una herramienta lexicográfica cuyo fin último describe en una de sus fichas manuscritas “la escritura de los artículos está calculada para que el lector adquiera una primera idea del significado del término con los sinónimos, la precise con la definición y la confirme con los ejemplos”. Ingente labor intelectual que realizó en soledad, contando con colaboraciones en determinadas fases del proyecto y que ocupó quince años de su vida.
Su “Diccionario de uso del español” era muy superior al de la Real Academia Española: era un diccionario de definiciones, mucho más precisas y ricas; de sinónimos; de expresiones y frases hechas; de familias de palabras. Además, anticipó la ordenación de la Ll en la L, y de Ch en la C; y agregó una gramática y una sintaxis con numerosos ejemplos. El diccionario que alumbró María Moliner es fruto de su amor a las palabras y de su tesón para gestar durante quince años este proyecto, inicialmente concebido como un «pequeño diccionario» de español original y distinto al de la Academia, al que estimaba dedicar seis meses de trabajo.
Finalmente, el diccionario fue publicado en la Editorial Gredos entre 1966 y 1967. En palabras del académico Manuel Seco, “entre los diccionarios españoles «de lengua» o «usuales», el de Moliner es el intento renovador más ambicioso que se ha producido en nuestro siglo”. El libro tuvo un éxito inmediato y hoy es una obra imprescindible, de referencia. Miguel Delibes dijo: “Es una obra que justifica una vida”.
Reconocimiento y Legado
En 1972 varios académicos propusieron a María Moliner para su ingreso en la Real Academia Española pero finalmente el miembro electo fue el filólogo y lingüista Emilio Alarcos. En palabras del académico Manuel Seco, “entre los diccionarios españoles «de lengua» o «usuales», el de Moliner es el intento renovador más ambicioso que se ha producido en nuestro siglo”, motivo por el cual algunos pensaron que tamaña erudición debía ser reconocida con un sillón en la Real Academia Española de la Lengua, cuyos miembros hacía buen uso del diccionario.
Sin embargo, sus colegas varones no estaban preparados todavía para admitir a una mujer en sus reuniones, no lo estuvieron hasta 1978, cuando nombraron a Carmen Conde. El 7 de noviembre de 1972, el escritor Daniel Sueiro entrevistaba en Heraldo de Aragón a María Moliner (Paniza, 1900-Madrid, 1981). El titular era un interrogante: “¿Será María Moliner la primera mujer que entre en la Academia?”.
La habían propuesto Rafael Lapesa y Pedro Laín Entralgo. El electo, a la postre, sería Emilio Alarcos Llorach. María decía una de las frases suyas que más veces se han repetido: “Sí, mi biografía es muy escueta en cuanto a que mi único mérito es mi diccionario. Es decir, yo no tengo ninguna obra que se pueda añadir a esa para hacer una larga lista que contribuya a acreditar mi entrada en la Academia. (…) Mi obra es limpiamente el diccionario”. Este episodio fue uno de los más intensos de su existencia.
Sin embargo, el legado que nos dejó esta mujer no se ha quedado solo en ‘buenas palabras’: esas que organizó, precisó y renovó en su diccionario. Para entonces, la popularidad y el respeto que por su obra manifestaron figuras como Miguel Delibes, Francisco Umbral, Juan Marsé, Fernando Savater o García Márquez, hizo que se la considerara “académica sin sillón”.
- 1900: Nace en Paniza, Zaragoza.
- 1921: Se licencia en Historia con Premio Extraordinario.
- 1922: Ingresa en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos.
- 1925: Se casa con Fernando Ramón Ferrando.
- 1966-1967: Publica el Diccionario de Uso del Español.
- 1981: Fallece en Madrid.
Los últimos años de vida de Moliner estuvieron teñidos por la muerte de su marido y la enfermedad degenerativa que sufría. María Moliner fue una pionera en el siglo XX: pertenece al grupo de las primeras mujeres universitarias que lograron tener una profesión. Y, dejó como legado una de las obras más importantes de la lengua española.
