El Nacimiento de la Virgen María: Historia y Significado

El 8 de septiembre, la Iglesia celebra la fiesta de la Natividad de la Virgen María, un día de alegría y esperanza para los cristianos. Nueve meses después de celebrar la solemnidad de la Inmaculada Concepción, conmemoramos su nacimiento. Para muchos, es un momento de devoción a María como Niña, el «cumpleaños de la Virgen María», aunque la mayoría lo celebra en noviembre, en la fiesta de la Presentación de María.

Es una fiesta entrañable para el pueblo cristiano, una invitación a la alegría, porque con el nacimiento de María Santísima, Dios daba al mundo la garantía de que la salvación era ya inminente. Los hombres y mujeres de buena voluntad verían realizadas sus expectativas de que algo muy grande estaba por llegar, la esperanza del pueblo de Israel podía contemplar a aquella niña en la que se concentraban las promesas divinas. Con su nacimiento llega al mundo la aurora de la salvación. En el Oficio de Laudes, la antífona del Benedictus lo resume bellamente: “Tu nacimiento, santa Madre de Dios, ha anunciado la alegría al mundo entero, pues de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios: él ha sido quien, destruyendo la maldición, nos ha aportado la bendición y, aniquilando la muerte, nos ha otorgado la vida eterna”.

Icono ortodoxo serbio de la Natividad de la Virgen María.

Orígenes e Historia de la Celebración

La Natividad de la Virgen es una de las fiestas marianas más antiguas. Se cree que su origen está ligado a la fiesta de la dedicación, en el siglo IV, de una antigua basílica mariana de Jerusalén, sobre cuyas ruinas fue construida en el siglo XII la actual iglesia de Santa Ana. La tradición dice que en este lugar estuvo la casa de los padres de María, Joaquín y Ana, donde nació la Virgen. La fiesta comenzó a celebrarse en Roma en el siglo VIII, con el Papa Sergio I. En el Concilio de Reims (630) se prescribe como día festivo. A partir del siglo XI-XII se halla generalmente establecida.

El primer testimonio de que los cristianos celebren esta fiesta litúrgica es un himno bizantino de Román el Meloda (año 560). En Occidente se introdujo en el siglo VII aunque en Milán en el siglo XI aún no se celebraba. Además de la noticia del Liber Pontificalis referente a la procesión ordenada por Sergio I, tenemos el testimonio de los sacramentarios romanos a partir del Gelasiano antiguo.

Iglesia de Santa Ana, Jerusalén. Tradicionalmente considerada el lugar de nacimiento de la Virgen María.

Es la tercera fiesta de la «natividad» en el calendario romano, que conmemora la Natividad de Jesús, el Hijo de Dios (25 de diciembre, Navidad); la de San Juan Bautista (24 de junio) y la de la Santísima Virgen María, el 8 de septiembre.

Los Padres de María: Joaquín y Ana

Un escrito apócrifo del siglo II, conocido con el nombre de Protoevangelio de Santiago, nos ha transmitido los nombres de sus padres -Joaquín y Ana-, que la Iglesia inscribió en el calendario litúrgico. Un escrito apócrifo del siglo II conocido con el nombre de Protoevangelio de Santiago, nos ha transmitido los nombres de sus padres, Joaquín y Ana, que celebramos el 26 de julio.

«El nacimiento de su Madre Santísima no se trata directamente [en la Biblia], pero la tradición venerable y respetable nombra a San Joaquín y santa Ana, como los progenitores de la que sería la criatura más excepcional nunca nacida de matrimonio santo.

Pedro Sáez cita con detalle un texto que se atribuye a San Máximo el Confesor (c. 580 - 662), un autor bizantino prolífico y culto de tradición neoplatónica, que murió desterrado en Georgia, pocos meses después de que le arrancaran la lengua y le cortaran la mano derecha para impedirle escribir. Esta obra recoge tradiciones de textos apócrifos (el mismo Máximo lo declara) pero dándole credibilidad porque asegura que santos bizantinos previos apoyaban estas enseñanzas. Parte de los datos que ofrece proceden del Protoevangelio de Santiago que hemos comentado.

«Había alguien que se distinguía en su conducta según la ley, y que era el padre de la Santísima Madre de Dios, famoso por su misericordia. Se llamaba Joaquín; era de la casa de David, el rey y profeta; su mujer se llamaba Ana. Permaneció sin hijos hasta la vejez, porque su esposa era estéril. «Joaquín y Ana, en efecto, eran dignos de honor y de veneración, tanto en palabras como en obras; eran conocidos como pertenecientes a la estirpe de Judá y David, a la descendencia de reyes. Cuando se unieron las casas de Judá y de Leví, la rama real y la sacerdotal quedaron mezcladas. Así está escrito tanto respecto a Joaquín como respecto a José, con quien se desposó la Virgen santa. De este último se afirma directamente que era de la casa y tribu de David (cfr. «También la bienaventurada Ana era una rama elegida de la misma casa. Esto significaba de antemano que el rey que nacería de su hija iba a ser sumo sacerdote, en cuanto Dios y en cuanto hombre. Sin embargo, la falta de hijos causaba un gran dolor a los venerables y estimados padres de la Virgen, a causa de la ley de Moisés y también por las burlas que recibían de algunos hombres necios.

«Entonces la bienaventurada Ana, como aquella otra Ana madre de Samuel (cfr. 1 Sam 1, 11), fue al templo y suplicó al Creador del universo que le concediera un fruto de sus entrañas, para consagrárselo, a cambio de haberlo recibido como don. «El Rey benigno, el Autor generoso de todos los dones, escuchó la oración del justo y envió un anuncio a los dos cónyuges. Primero mandó un mensaje a Joaquín mientras se hallaba rezando en el templo. Le hizo oír una voz del cielo que le decía: “Tendrás una hija que será gloria, no sólo para ti, sino para el mundo entero”. Este mismo anuncio le fue hecho a la bienaventurada Ana; ella no cesaba de rezar a Dios con ardientes lágrimas. También a ella le fue enviado el mensaje de parte de Dios, en el jardín donde ofrecía sacrificios con peticiones y plegarias al Señor.

«Después del mensaje tuvo lugar el embarazo; y de la estéril Ana nació María, iluminadora de todos: así, en efecto, se traduce el nombre de María: “iluminadora”. Entonces los venerables padres de la feliz y santa niña quedaron colmados de una gran alegría.

El Lugar del Nacimiento

Diversas tradiciones sitúan el lugar del nacimiento de María en Galilea o, con mayor probabilidad, en la ciudad santa de Jerusalén, donde se han encontrado las ruinas de una basílica bizantina del siglo V, edificada sobre la llamada casa de Santa Ana, muy cerca de la Piscina Probática. Con razón la liturgia pone en labios de María unas frases del Antiguo Testamento: me establecí en Sión.

Piscina Probática en Jerusalén, cerca de la cual se encuentra la Iglesia de Santa Ana.

Significado Teológico

La liturgia de hoy confiesa y anuncia que el nacimiento de María irradia luz, alegría, esperanza, salvación sobre todas las Iglesias que hay en el mundo. El nacimiento de María fue anuncio de que la salvación estaba cerca. Con ella se cumplían lo que de antiguo había sido anunciado por los profetas.

«San Bernardo [en el siglo XII], cuando escribía de la gloria y de los grandes privilegios de la Madre de Dios, afirma, admirado, que de María nunca se dirá bastante de su santidad y grandeza. Pero con profundo realismo bíblico y teológico rechaza como impropias de su santo nacimiento que hubiese sido engendrada por lo que él llama ósculo de la paz y no por la santa cópula conyugal de sus padres. «Su cuerpo fue perfecto. Su plenitud de gracia desde el mismo momento de su Concepción. No tuvo ninguna imperfección voluntaria desde su nacimiento.

María en la Actualidad

En nuestra Archidiócesis, podemos decir que septiembre es tiempo de la Virgen María. Las numerosas celebraciones marianas en este mes ponen a la familia diocesana en modo de homenaje permanente a la Madre del Redentor. En Sevilla capital, la Virgen de la Hiniesta, la Virgen de Consolación, la Virgen de Guadalupe, la Virgen de la Luz, la Divina Pastora (antigua de Santa Marina) y la Divina Pastora de Triana. En toda Extremadura se celebra hoy la fiesta popular de Santa María de Guadalupe. En nuestra diócesis especialmente la parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe de Plasencia y los pueblos de Gargaligas, Guadalperales, Villar de Rena. En la zona de Béjar con la advocación de Ntra. Sra. La Iglesia celebra el mes de septiembre como el mes de la Virgen María.

Como dato curioso: el 8 de septiembre también será una fecha señalada para la Iglesia española, sobretodo sevillana, pues fue en este día en el año 1703 cuando el fraile capuchino Fray Isidoro de Sevilla dio a conocer una advocación e iconografía de María: la Divina Pastora.

El texto de hoy nos habla del nacimiento de Jesús, pero de trasfondo nos habla de José y María. Personas confiadas en Dios que aceptan, con sorpresa, este hecho único en la historia: recibir en el seno de su familia el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Hoy la Iglesia, como una gran familia, se congrega para celebrar, festejar y agasajar a María.

La historia de la madre de Jesús - Desde su nacimiento hasta su gloria eterna

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