La historia de "Ha nacido una estrella" es un relato universalmente conocido sobre el ascenso a la fama y la decadencia, un tema recurrente en la industria del entretenimiento. La trama central gira en torno a una joven aspirante a estrella que encuentra el amor y el apoyo de un artista consagrado cuya carrera está en declive.
Más que para ninguna otra película de Wellman creo que es innecesario contar el argumento, universalmente conocido, pero lo esbozo: Esther Blodgett, una chica de Kansas que sueña con ser actriz, marcha a Hollywood donde se topa con la cruda realidad de una industria saturada de aspirantes sin aparente mérito, como ella. Mientras se busca la vida trabajando de camarera conoce a Norman Maine, un galán ya maduro cuya carrera va cuesta abajo debido al alcohol, vicio que ya ha empezado a mermar sus facultades y que le mete en constantes jaleos que afean su imagen y la de quienes le contratan.
El origen de la historia: La versión de 1937
La versión original de 1937, dirigida por William A. Wellman, es considerada un clásico del cine. Originalmente se llamó Once happened in Hollywood. Y con ese título en el manuscrito original salió Wellman de la Metro junto a Carson y con el asesoramiento de su antiguo agente, Myron Selznick, se presentó en la productora de su hermano David, Selznick International, para presentarles la idea. La idea a David no le gustó, y fue según cuenta la leyenda una llamada del mismo Wellman a Irene, la mujer del productor, cuando él sabía que no estaría en casa su marido, la que sirvió para encandilarla.
En esos meses de paro forzoso tuvo el buen tino de pedir a los estudios que pusieran a su servicio a Robert Carson, un joven guionista también desocupado en quien vio una chispa de ingenio que el tiempo se encargaría de volver inolvidables fogonazos en forma de grandes películas, las dos primeras Ha nacido una estrella y La reina de Nueva York, a las que irán dedicadas esta y la próxima entrada de nuestro especial. En esos meses de obligada inactividad escribieron varias historias, una de ellas esta de la que hablamos, sobre la estrella que prende en el firmamento de la fama aprovechando la llama que se agosta del galán olvidado. Por cierto que por ella recibieron ambos un Óscar, el único que Wellman ganaría a lo largo de su carrera.
Ciñéndonos solo a esta primera versión de A Star is Born (nombre definitivo que propuso un colaborador de Selznick, que opinaba que las películas con Hollywood en el título ya repelían al personal) y obviando las otras tres que posteriormente se han hecho de la historia y de las que algo diremos luego creo, y esto ya es personal, que sería un error considerar que esta trama es poco más que un Pigmalión melodramático, o un romance pigmaliónico o como se quiera decir. Posiblemente habrá quien lea esto y tenga un vago recuerdo de la película que consiste en un dramón en un tecnicolor aún apagado en el que se narra una historia de amor truncada por la tragedia entre dos personajes cuya relación se gesta de forma precipitada y fantasiosa, un poco igual que termina. Sin embargo animo al lector a que revise la película o, ¡qué suerte!, a que la descubra por primera vez con otras expectativas, y lo que encontrará será una especie de documental dramatizado sobre la misma industria del cine.
Y no me refiero, que también, a que veamos lo duro que es entrar en ella, lo artificial y desapasionado que es todo lo que queda detrás de la lente, los choques de egos, lo poco que se cotiza el pasado, etc. Estoy hablando de algo más sutil que, sin embargo, Wellman nos pone ante los ojos directamente y sin ambages aunque lo disfrace de gag o de escena de transición o de extra sin frase. Ese algo es el reverso no sé si oscuro, desde luego poco luminoso, de una industria que, paradójicamente, es capaz de alimentarse, obtener beneficio e incluso limpiar de alguna forma su conciencia con la mostración de su propia inmundicia moral. Los planos de comienzo y fin, que se corresponden con las primera y última página del mismo guion, a mí me encantan porque, además de constituir un sencillo truco barato y resultón para darle fuste a la película, pueden retorcerse e interpretarse de muchas formas, como otros momentos de la película, que se asienta sobre una peculiar dialéctica entre vida real y vida ficcionada.
En efecto, Gaynor es una actriz que incluso en 1937 ya debía resultar algo trasnochada al público. Por mucho que adoremos sus papeles en Amanecer o El Séptimo Cielo o aquellos romances con Charles Farrell es imposible no calificar su actuación de primitiva. Es un modo de estar en la pantalla que proviene del mudo. Gaynor es a las aspirantes a actriz lo que su personaje en Amanecer era a las novias ingenuas. Se la percibe claramente como un ideal impostado, pero en Ha nacido una estrella esa artificialidad que le da su forma de actuar y su fragilidad física contrasta con la dura realidad que enfrenta: los vaivenes de la fama, el inmisericorde funcionamiento de la industria y la irremediable disolución física y espiritual de Maine, que no es capaz de sobrevivir a su anterior fama.
Por lo demás, como es sabido el personaje de Norman Maine está directamente basado en John Bowers, una popular estrella de los años 20 que se casó con una actriz en alza, Marguerite de la Motte, justo cuando él empezó a declinar hasta que la llegada del sonido terminó por sepultar su carrera. Aparentemente se suicidó el 17 de noviembre de 1936. Alquiló una pequeña lancha y días después apareció su cuerpo en la orilla del mar. El hijo de Wellman, que da estos datos en su libro, comenta: Wellman chose to have Norman maine swim out to sea instead of sailing. Sin embargo el rodaje de la película fue del 31 de octubre al 28 de diciembre de ese mismo año. Dejo para la reflexión de cada lector la plausibilidad de que el adentramiento final de Maine en el mar pueda o no estar basado en unos hechos ocurridos en mitad de la producción. En el cine de hoy parece imposible tal capacidad de adaptación, pero entonces todo era distinto…
Además de John Bowers, el personaje de Maine se inspira en John Gilbert y John Barrymore, también echados a perder por el alcohol. De hecho hay una escena especialmente dura -y brillante por su tratamiento casi cómico- en la que Niles, el productor-protector, visita a Maine en un sanatorio de rehabilitación, que fue prácticamente dictada por George Cukor, director luego de la versión de 1954, quien vivió todo aquello en una visita a John Barrymore. Esta es otra escena, como la de la centralita, innecesaria y sin embargo inolvidable.
Pero es que, además, Wellman hizo contratar a varios hasbeen, -inmisericorde neologismo que trajo el cine al inglés-, como extras de relleno o secundarios de una frase. Para nosotros son invisibles, pero el público de entonces podía reconocerlos y sorprenderse de su presencia. Como curiosidad, entre ellos se encuentra la primera esposa de Wellman, Helene Chadwick. En los años 20, se casó con Helene por un tiempo breve y miserable. Wellman tuvo que sufrir la vergüenza de llevarle la correspondencia durante unos meses cuando fue rebajado a recadero por su inutilidad para la actuación, pues fue como intérprete como entró en el negocio. Es difícil saber si la contratación como figurante de Chadwick, quien por cierto moriría poco después en un accidente casero, fue un favor de Wellman para proporcionarle unos dólares o una dulce venganza por aquellos tiempos de humillación.
Wellman y David O. Selznick ya se conocían y tenían una buena amistad que conservarán después de su colaboración en estos años. De hecho es llamativo leer las palabras elogiosas y respetuosas sin medida que el uno siempre tiene para el otro, vistas las disímiles personalidades de ambos y de qué forma tan distinta afrontaban su trabajo. Sin embargo, el director conocía muy bien los tejemanejes del obsesivo Selznick con sus famosos, numerosísimos, temibles memo que obligaban a cambiar todo sobre la marcha y, sobre todo, su costumbre de contratar a escritores para que fueran aportando ideas en cualquier momento del rodaje. Por lo pronto, y aprovechándose de que el contrato lo gestionó su propio hermano Marion, consiguieron una cláusula según la cual David O. Selznick no podría visitar el set más de seis veces durante el rodaje. A pesar de ello fue irremediable la catarata de diálogos, anotaciones, ideas y ocurrencias tanto suyas como de sus guionistas a sueldo. Pásmense con alguno de los jornaleros de la palabra que cita Wellman que cada mañana pretendían enmendarle la plana: Roland Brown, Dorothy Parker, Alan Campbell, Ben Hecht, y por supuesto el mismo David O. Selznick.
Aquí hay cierta controversia, pues el productor declaró posteriormente que aunque la idea general fue cosa de Wellman y Carson poco de ella quedó en la película final, mientras que Wellman cuenta que supieron torear a productor y dialoguistas de forma que apenas les tocaron el argumento.
Análisis de las versiones posteriores
Aunque este apunte quiere centrarse en la primigenia versión de 1937, es conveniente mencionar las otras tres lecturas que sobre esta misma historia se han estrenado desde entonces. No es un caso extremadamente raro tal cantidad de remakes, pero sí es muy llamativo que se hayan extendido tanto en el tiempo, pues 80 años separan la de Wellman de la de Bradley Cooper. En mi opinión sin embargo, quizá lo justo sería considerar que más que cuatro versiones, hay 2+2. Y es que la de 1954 sí es lo mismo de 1937 contado de forma distinta, con un enfoque evidentemente musical (es un musical) y aire de gran producción. Tan grande que como es sabido se recortó el montaje final y en el hoy circulante se mantienen algunas escenas eliminadas con fotos de rodaje sobre el sonido de este celuloide hoy perdido. Fue una producción problemática y excesiva cuyo resultado, a pesar de todo, es una maravilla cinematográfica que no se puede argumentar que sea inferior a la original, aunque yo prefiera esta última.
Las versiones de 1976 y la de 2018 son a mi entender dos películas distintas a estas aunque parecidas entre sí. Tengo que reconocer que estas dos versiones últimas me gustan poco, la de Streisand me aburre algo, su música me parece muy anodina (¡y estamos en los 70!) y me parece larguísima. La de Cooper y Lady Gaga dejo dicho solo que me parece una bazofia, una película muy mediocre de la que no quiero decir nada más para no emponzoñar esta entrada. Mi querida Hildy la glosó en su día con una temperancia y perspectiva que ya quisiera yo para mí. Aquí pueden leerla a ella y aquí otro post suyo anterior hablando de las tres primeras versiones.
Cuando uno lee sobre la versión original de 1937 enseguida se topa, como es habitual en cualquier filme producido por Selznick, con el debate sobre su influencia en el resultado final. Es complicado saber con seguridad más que lo que hemos dicho arriba. La trama es cosa de Wellman y Carlson, enriquecido por el anecdotario conocido del mismo director -y mucha gente de la industria, podemos inferir- y también son suyas las principales decisiones de casting. No hay nada en la dirección de ninguna escena que no se le pueda haber ocurrido a Wellman, conocido su oficio y sus logros precedentes, pero sí es cierto que hay una atmósfera elegante, un buen gusto visual y escénico que invita a alegrarnos de que fuera Selznick quien puso el pecunio. Esta historia necesita de un toque elegante y glamuroso que Wellman no siempre tiene tiempo para disponer en sus filmes personales, más esquemáticos y estilizados.
HA NACIDO UNA ESTRELLA ✔️ Comparativa entre versiones
En "Ha nacido una estrella", Bradley Cooper y Lady Gaga representan la apasionada historia de Jack y Ally, dos almas artísticas que unen sus destinos tanto en el escenario como en la vida. En esta nueva versión de la historia de amor, Cooper, nominado cuatro veces al Oscar ("El Francotirador", "La gran estafa americana (American Hustle)", "El lado bueno de las cosas"), debuta como director, y también la protagoniza junto a Gaga en su primer papel protagonista en una gran producción. Cooper encarna al veterano músico Jackson Maine, que descubre a Ally y se enamora de ella, una artista que lucha por salir adelante.
Jackson Maine (Bradley Cooper) es un músico veterano cuya carrera se encuentra en las últimas. Maine descubre a una talentosa cantante llamada Ally (Lady Gaga), una joven aspirante a estrella que sueña con triunfar en el apasionante mundo del espectáculo. Será entonces cuando Jackson decida ayudar a la joven a impulsar su carrera y lanzarla al estrellato, convirtiéndose en su mentor. Entre los dos nacerá una apasionada relación amorosa que se verá enturbiada por el carácter autodestructivo de Maine.
Nueva versión del clásico Ha nacido una estrella (1937), de William A. Wellman que supone el debut en la dirección del actor Bradley Cooper (Joy, El francotirador), que también interpreta el papel masculino protagonista. La cantante Lady Gaga (American Horror Story, El tour de los Muppets) da vida a la joven aspirante a estrella. Ha nacido una estrella se inicia con un rockero famoso que toma alcohol y barbitúricos antes de salir al escenario y con una camarera, futura estrella del pop, que sube la cuesta de un callejón oscuro de Los Angeles.
Es más, son dos secuencias que confirman el buen hacer de Bradley Cooper tras las cámaras, que, en su debut como director, se convierte en uno de esos artesanos con fuste del viejo Hollywood. En Ha nacido una estrella, Cooper consigue actualizar con éxito la historia que David O. Selznick y William A. Una estrella se eleva; el otro se estrella y se quema. Es una historia tan antigua como el tiempo, aplastada y fatigada por la repetición constante. Entonces, ¿por qué demonios Bradley Cooper eligió hacer su debut como director con el tercer remake de A Star Is Born? ¿Qué podría aportarle al papel del autodestructivo cabeza de cartel que vive a la sombra de la protegida que ama? ¿Y por qué tuvo a Lady Gaga, que se arriesgó en su primer ...
La trama se centra en el mundo del espectáculo musical, por eso los protagonistas deben cantar. Al respecto, Bradley Cooper ha afirmado que, antes de los ensayos, pensaba que era fácil. “Es tan complicado cantar… No tenía ni idea. “Siempre he sabido que quería dirigir, pero también sabía que necesitaba tener una perspectiva propia. Saber por qué lo estaba haciendo, de lo contrario no había ninguna razón para hacerlo. Siempre quise contar una historia de amor, porque es algo con lo que todo el mundo puede identificarse: el amor, su pérdida, el subidón que provoca. Es lo que te hace sentir más vivo…”.
En la dirección de Cooper se nota mucho cuidado en la puesta en escena, y cariño por lo que se está contando y por cómo se está contando. La misma escena en la que se forma el título del film es un ejemplo de esto. Cierto es que la historia, más que menos, es por todos conocida… y que ya antes han existido varias versiones y miles de imitaciones. Sin embargo, esto no puede ser obstáculo para alabar la buena labor de Cooper sabiendo colocar siempre la cámara en el mejor sitio y consiguiendo muy buenas escenas con planos secuencia, planos de detalle, generales, cámara en mano,…
Otro aspecto técnico que destaca muchísimo, y que quizás sea lo mejor de la película, es su sonido. Resulta alucinante como el film es capaz de meternos por completo en los conciertos como si estuviéramos en el mismísimo escenario junto a los artistas. Es una gozada escuchar a Jackson Maine tocar su guitarra eléctrica siendo jaleado por todo el público. En este sentido, acierto pleno de Bradley Cooper al decidir grabar las canciones en directo y en lugares tan icónicos como el Teatro Griego de Los Ángeles o El Forum, además de los escenarios de los festivales de música de Coachella y Stagecoach. El sonido de ‘Ha nacido una estrella’ es un puro caviar.
Estamos ante la típica historia de una joven con gran talento que vive en el anonimato hasta que alguien la descubre y la lanza a la fama. Así pues, en pantalla vemos como Jackson Maine conoce a Ally y cae rendido ante ella a todos los niveles. Lo que viene luego es un romance contado con sensibilidad y cero chabacanería. Por supuesto, también se ahondará en los entresijos del mundo del espectáculo. Este es el caso de esos managers que transforman tu imagen hasta que ya no te conoces a cambio de fama y éxito. Como extra, se incorporan también algunos guiños en forma de frases al pasado de la propia Lady Gaga.
Respecto a la banda sonora hay que decir que en la película sonarán muchísimas canciones originales escritas para la misma. Varias de estas canciones fueron compuestas por Lady Gaga y también algunas llevan la firma de Bradley Cooper. Ni que decir tiene que Lady Gaga interpreta muchísimas de ellas de todos los estilos dejando patente su excelente categoría. Ahora bien, el propio Bradley Cooper también se atreve a interpretar varias de ellas. Para ello tomó clases de guitarra, piano y voz durante cinco días a la semana en un periodo de seis meses. El resultado es fantástico, tan es así que mi canción favorita de la película es “Black Eyes” interpretada con mucha fuerza y carisma por el actor. Además, el tema “Shallow” con Lady Gaga y Bradley Cooper ganó el Oscar a la mejor canción original en la gala del 2019.
Interpretativamente Bradley Cooper brilla mucho. Su personaje es todo un regalo que el actor se ha hecho a sí mismo. Cooper luce carismático subido al escenario guitarra en mano y haciéndose dueño de la gente. Por otro lado, fuera de las luces nos entrega una muy buena actuación como una estrella en el ocaso de su carrera. Un hombre de pasado difícil y problemas de salud. Un tipo que te cae bien y que ves que necesita “algo” a lo que agarrarse ahí fuera para no sucumbir al alcohol y las drogas. Ese “algo” es Ally… y cuando la ve cambiar (o él cree que cambia) todo se le viene abajo.
Y no menos regalo es el papel de Ally que el propio Bradley Cooper le ha escrito a Lady Gaga. La megaestrella de la canción hace en el film lo que mejor sabe hacer: cantar canciones por un tubo y de todos los estilos, incluso canta dos a capela. Así pues, bien se puede decir que Lady Gaga hace de Lady Gaga. Ahora bien, no de la Lady Gaga “monstruita” sino de la Lady Gaga real. Esa que Bradley Cooper quiso que saliera en su película sin maquillaje de ningún tipo. Dejando al margen las canciones, la artista se desenvuelve bien en la cinta, especialmente al principio cuando hace de chica humilde y también en los momentos de puro drama.
Del resto del elenco el que más destaca es Sam Elliott marcando la diferencia y elevando con su presencia todas y cada una de las escenas en las que sale, especialmente junto a Bradley Cooper. Aquí interpreta a Bobby, el hermano mayor y “representante” Jackson Maine. Bobby se ocupó de él desde la más temprana adolescencia y dejó que Jackson se llevara toda la gloria pasando él a la oscuridad.
¡Ah! Finalizo esta crítica de Ha nacido una estrella, una película producida con cariño y gusto por volver a contarnos una vieja historia con estrellas de hoy en día. Cómo musical que es recomiendo verla en versión original para disfrutarla al máximo.
Sinopsis
Jackson Maine es una estrella consagrada de la música que una noche conoce y se enamora de Ally, una joven artista que lucha por salir adelante en el mundo del espectáculo. Justo cuando Ally está a punto de abandonar su sueño de convertirse en cantante, Jack decide ayudarla en su carrera hacia la fama. Pero el camino será más duro de lo que imagina.
| Año | Director | Protagonistas | Características |
|---|---|---|---|
| 1937 | William A. Wellman | Janet Gaynor, Fredric March | Versión original, centrada en el drama. |
| 1954 | George Cukor | Judy Garland, James Mason | Musical, gran producción. |
| 1976 | Frank Pierson | Barbra Streisand, Kris Kristofferson | Enfoque en la música rock. |
| 2018 | Bradley Cooper | Bradley Cooper, Lady Gaga | Musical, actualización de la historia. |
