El Profeta Daniel: Historia, Origen y Profecías

San Daniel, profeta del Antiguo Testamento, es una figura clave tanto en el judaísmo como en el cristianismo. En la Biblia hebrea, su libro forma parte de los Escritos, mientras que para los cristianos es uno de los cuatro profetas mayores del Antiguo Testamento, junto con Isaías, Jeremías y Ezequiel.

Fresco de Miguel Ángel que representa al profeta Daniel. Capilla Sixtina, El Vaticano.

Origen y Juventud de Daniel

El nombre de Daniel significa “Dios es mi juez”, mostrando que Dios cuida de quienes no tienen defensor. El profeta Daniel nació y se crio en Judá, el reino donde estaban Jerusalén y el templo judío.

Pertenecía a alguna de las familias nobles del reino de Judá y tenía lazos con la familia real. Este reino surgió tras la muerte del rey Salomón, cuando el antiguo reino de Israel se dividió en dos, siendo este el del sur. La capital del mismo fue la ciudad de Jerusalén.

Se estima que Daniel debió nacer, vivir y morir entre los siglos VII y VI a. C. Sobre la fecha exacta de su nacimiento, no hay muchos datos, pero parece ser que murió a una avanzada edad, quizás rozando la centena, entre los años 536 y 530 a. C.

Tras la conquista babilonia del reino de Judá y la destrucción de Jerusalén en el año 587 a. C., el joven Daniel fue acogido en la corte del rey Nabucodonosor II. Imagino que sería en calidad de rehén, una práctica bastante habitual en el mundo antiguo. Y es que el rey babilonio, además de destruir la ciudad y el templo, deportó a muchos de los habitantes hasta Babilonia.

Junto con otros dos jóvenes judíos, Daniel fue alojado en el palacio real y educado para ser escriba en la corte de Nabucodonosor II, formándose en la cultura mesopotámica, aprendiendo su lengua y tradición literaria. El emperador buscaba sangre y preparación noble, jóvenes sin fallos ni defectos físicos, muchachos guapos, sumamente inteligentes, listos y educados en la lógica y el sentido común.

El rey Nabucodonosor los felicitó por su sabiduría y sus habilidades, y les dijo “que eran 10 veces mejores que todos los adivinos que había en todo su reino”.

Fidelidad en Babilonia

A pesar de las presiones para abandonar sus creencias, Daniel y sus tres amigos fueron leales a su Dios, (Daniel 1,3-8). Dios le dio la capacidad de interpretar sueños.

Años más tarde, el rey Belsasar, hijo de Nabucodonosor, celebró un banquete utilizando los utensilios sagrados del templo. De repente, apareció una escritura misteriosa en la pared. Daniel interpretó el mensaje que anunciaba la caída y el fin del reino de Belsasar.

El Gobierno medopersa le dio a Daniel un puesto de alto funcionario, y el rey Darío planeaba darle todavía más autoridad (Daniel 6,1-3). Otros funcionarios se pusieron tan celosos que intentaron acabar con Daniel haciendo que lo arrojaran al foso de los leones porque continuaba orando a Dios, desobedeciendo un decreto real.

Incluso en el exilio, Daniel mantuvo su fe en Dios. Su conducta y valentía son poderosos ejemplos de fe e integridad.

El Libro de Daniel y sus Profecías

A partir de aquí, el libro muestra cómo Dios da a Daniel una gran sabiduría y fortaleza, destacando tanto como intérprete de sueños de los reyes Nabucodonosor II y Baltasar, como en su papel de juez, como en el episodio de la casta Susana, falsamente acusada.

Esa no sería la última de las profecías que Daniel dejó por escrito en su libro conocido como Daniel y que pertenece a las sagradas escrituras. Entre las más destacadas, profetizó el resurgimiento de la ciudad de Jerusalén y la llegada del Ungido o mesías, que posteriormente moriría. Esta es una clara alusión a la llegada de Jesucristo y su posterior muerte a manos de los romanos.

La Profecía del Carnero y del Macho Cabrío

Una de las más conocidas profecías es la del carnero y el macho cabrío. Esta profecía me parece espectacular ya que va relacionada con uno de los personajes que más me gustan de la antigüedad. Pero no os lo voy a decir aún, ya que quiero que lo deduzcáis vosotros mismos una vez os la explique.

Según Daniel 8:

“¡Mire!, había un macho de las cabras que venía del poniente sobre la superficie de toda la tierra, y no tocaba la tierra. En lo que respecta al macho cabrío, había un cuerno conspicuo entre sus ojos. Siguió viniendo hasta el carnero que poseía los dos cuernos, […] y vino corriendo hacia él en su poderosa furia. Y […] procedió a derribar al carnero y a quebrar sus dos cuernos, y resultó que no hubo poder en el carnero para mantenerse firme delante de él. De modo que lo arrojó a la tierra y lo holló […]. El macho de las cabras, por su parte, se dio grandes ínfulas hasta el extremo; pero en cuanto se hizo poderoso, el gran cuerno fue quebrado, y procedieron a subir conspicuamente cuatro en lugar de él, hacia los cuatro vientos de los cielos”.

El mismo Daniel aclara en otro párrafo de su obra:

“El carnero que tú viste que poseía los dos cuernos, representa a los reyes de Media y Persia. Y el macho cabrío peludo, representa al rey de Grecia; y en cuanto al gran cuerno que estaba entre sus ojos, representa al primer rey”.

Busto de Alejandro Magno, siglos II-I a. C., procedente de Egipto

El carnero representaba al Imperio aqueménida, y el rey de Grecia que vendría a conquistar ese Imperio, no era otro que Alejandro III de Macedonia, el Magno. Esta profecía se escribió casi tres siglos antes de que ocurrieran los hechos.

Otras Profecías

Daniel también tuvo visiones proféticas sobre el futuro, incluida la venida del Mesías y el fin de los tiempos.

Además, aún en tiempos de Ciro II, Daniel recibió nuevas visiones. En estas se le mostraría a las divinidades protectoras de Persia, de Grecia y a los ángeles de Israel defendiendo a sus pueblos. En esa visión le anunciaban que se producirían invasiones y guerras en Israel. Y que estas las llevarían a cabo los llamados rey del norte y el rey del sur, haciendo una alusión más que clara a los que serían sucesores de Alejandro.

Sobre ese rey de Grecia, vaticinaba que su gobierno sería efímero, y que serían cuatro sucesores los que se repartirían el reino. No iba mal encaminado como ya sabéis ya que Alejandro reinó muy poco tiempo. Sus cuatro sucesores no serían de su misma sangre, sino que como serían sus generales. Es decir los Diadocos, entre los que destacaron cuatro que fueron los más poderosos, Ptolomeo, Lisímaco, Casandro y Seleuco. Así que parece que hasta en ese aspecto acertó el profeta.

También predijo la existencia de un reino que acabaría oprimiendo al pueblo de Dios, es decir a los judíos. Este reino impondría una serie de leyes que no serían del agrado de los elegidos, y por ejemplo prohibiría el culto al su dios, exigiendo que se adorara al propio soberano. Pero el destino de ese reino sería trágico y acabaría siendo destruido por el poder de Dios. Aunque hay algunas dudas sobre ese reino opresor, algunos investigadores, entre los que se hayan algunos autores confesionales, afirman que la profecía se refiere al Seleúcida dirigido por Antíoco IV. También podría referirse a Roma, ya que estos impusieron al pueblo judío, como a muchos otros, el culto a la figura del emperador.

Monedas con la efigie de Antíoco IV Epífanes, rey seleúcida del 175 al 164 a. C.

La figura de Daniel hay que entenderla en el momento histórico en el cual fue escrito su libro: durante el reinado de Antíoco Epífanes, cuando la cultura y la religión judías se encontraban amenazadas. La Biblia armoniza con los eventos de la historia humana. Nos habla de gobernantes, naciones y movimientos, mundialmente reconocidos como históricos, y nos habla con exactitud de las fechas en las cuales tomaron lugar.

Daniel en el Nuevo Testamento

En la teología contemporánea de la época de Jesús, el libro de Daniel estaba situado en el canon judío entre los Escritos. No era considerado como un profeta. Ya la teología de la época había aceptado que el libro era histórico y no profético. Para ellos todo lo relativo al contenido del libro, casi de forma general se había cumplido en la época de Antíoco IV, este acontecimiento histórico contra la Alianza hizo que se pensara que la relevancia del libro de Daniel se circunscribiera a ese periodo.

Jesús vuelve a resituar la escatología en el lugar que la Biblia en su conjunto propone. Jesús anuncia, tomando como base la Biblia que existía en su época, a través de los profetas clásicos que el cosmos se conmoverá y después aparecerá la señal del “Hijo del Hombre”. Esta expresión está tomada del cap. 7 de Daniel.

Como ya hemos comentado en la introducción, para la mentalidad teológica de la época, el templo estaba íntimamente ligado con el final de los tiempos. Por ello los discípulos (24:1), intentan que Jesús observe la majestuosidad del templo y todo lo que para ellos significaba; pero la cosmovisión ético-religiosa de Jesús, les anuncia la destrucción de los edificios santos.

Siguiendo las palabras de Jesús, Daniel era profeta y no historiador como creía la teología de su época y la escuela de lectura preterista, sino que, al contrario, la profecía de Daniel es situada en el futuro y concretamente en el momento que la “abominación” estuviera implantada. Jesús instruye a sus discípulos indicándoles el método para identificar sus palabras: “el que esté leyendo entienda”, el que está leyendo el libro de Daniel es el único que puede entender el contenido de sus palabras.

Jesús estaba haciendo alusión a todo este cuadro profético, cuando insistió en la idea de “el que esté leyendo entienda”. Desde el punto de vista de los discípulos, desmitificó todos los aspectos propios de su época sobre el libro profético escatológico de la Biblia Hebrea.

Señaló que el Altísimo tiene el control de la macro-historia expresada de forma profética, e instruye a su pueblo para que confíen en el transcurso de los acontecimientos.

Resumen del libro de Daniel: un panorama completo animado

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