Antonio Bienvenida: Biografía de un Torero Clásico

Esta obra nace para reivindicar una forma de entender la tauromaquia: el clasicismo que, en opinión del autor, es mucho más importante que la tradición. También es un homenaje al talento de un torero, Antonio Bienvenida, que encandiló con su arte a millones de aficionados a lo largo de treinta y un años de carrera en todo tipo de plazas.

Monumento a Antonio Bienvenida.

En este libro, los aspectos personales de Antonio Bienvenida son tratados con especial relevancia, en el convencimiento de que su perfil humano, su comportamiento con familiares y amigos, su ética y solidaridad con la profesión y, cuando fue necesario, contra la parte peor de la profesión, nos explica como entendía el toreo.

Inicios y Consagración

Antonio Mejías Jiménez nació en Caracas, donde de manera circunstancial residía su familia debido a compromisos profesionales de su padre, el 25 de junio de 1922. Fue el séptimo de los diestros que llevaron el apodo Bienvenida. Poco después su familia se trasladó a Sevilla, de donde era su madre y donde fue bautizado. Más tarde, se establecieron en Madrid.

Lidió su primer becerro a los cinco años y empezó a actuar como becerrista en 1936, presentándose en la plaza de Madrid al término de la Guerra Civil, el 3 de agosto de 1939, para estoquear novillos de Terrones junto a Joselito de la Cal y Rafael Ortega “Gallito”.

En 1941 tuvo una destacada sucesión de actuaciones en la plaza de Sevilla, saliendo triunfador en cuatro de las cinco tardes que actuó. Ese mismo año, el 18 de septiembre, en Las Ventas, su faena con el novillo “Naranjito”, de Antonio Pérez, quedaría para siempre recordada como “la de los tres pases cambiados”.

Tomó la alternativa en Madrid el 9 de abril de 1942, de manos de su hermano Pepe, con toros de Miura. Sufrió el 26 de julio de ese mismo año, en la plaza de Barcelona, una gravísima cornada al instrumentar su célebre pase cambiado, teniendo que estar alejado de su actividad durante dos meses.

El 18 de julio de 1944 dio la alternativa en Las Ventas a Carlos Arruza, en la corrida que puso fin al llamado “boicot del miedo” a los toreros mexicanos en España.

A partir de 1952 denunció el fraude del afeitado de los toros, hecho que le granjeó tantos amigos como enemigos. Entre 1953 y 1957 tuvo cinco temporadas triunfales, con grandes actuaciones como la que firmó en la Monumental madrileña el 3 de julio de 1955, toreando gratis a beneficio de sus compañeros toreros necesitados y estoqueando, como único espada, seis toros de Francisco Galache. Aunque para muchos, su mejor tarde fue la del 18 de mayo de 1959, también en Las Ventas, junto a Pepe Luis Vázquez y Julio Aparicio, con quienes compartió salida a hombros.

Antonio brindó su toro a Conchita Cintrón, la primera mujer torera, que definió a Bienvenida como “esencia de señorío en gestos de torero”.

José Ortega y Antonio Bienvenida.

El Arte de Torear y su Filosofía

Sin duda, por la mente del torero desfilan momentos de aquel toreo suyo tan puro, tan de verdad. Y el dolor que le ha causado, muchas veces, colocarse tan cerca de las astas. Se acuerda de un 18 de mayo de 1958 con la Monumental de las Ventas llena hasta la bandera: más de treinta mil aficionados. Un toro le cornea y la sangre sale a borbotones. Está a punto de morir. Tanto, que ha de plantearse seriamente el seguir con el oficio y el arte de una dinastía torera o cambiar de profesión.

Cuando recobra la salud, reaparece en la misma plaza, el 16 de mayo de 1959. Lleva un traje de luces idéntico al de la vez anterior. Brinda el toro, desde el centro, a todos cuantos le miran, en silencio absoluto, desde las gradas nuevamente abarrotadas. Y se lanza con más fuerza que nunca, con el mejor valor. Entre la arena y el cielo de Madrid, liga, esa tarde, la más formidable faena de su vida.

Este faenar entre lo divino y lo humano tal vez fuera lo que dio contenido a una conversación de Antonio Bienvenida, un día que regresaba de Valencia, junto a un conocido crítico de toros. Este tenía miedo al vuelo en avión, y Antonio bromeaba con ello. De pronto, se puso serio y dijo:

«La muerte es lo más hermoso de la vida del hombre. A mí me acompaña constantemente. Me es familiar. La llevo dentro de mí como tú, como todos, pero yo la siento más cerca, a veces se palpa cuando se está delante del toro.

-¿Y no te aterra?

-No. Por dos razones muy poderosas: porque estoy acostumbrado a vencerla siempre, y porque tengo una gran fe en Dios, en que esto no se acaba... en que no puede acabarseaquí... »

En otra ocasión, comentaba:

«El último toro que pienso lidiar -si Dios quiere lo mejor posible- es el de la muerte, a la que estoy acostumbrado a tratar. Quisiera darle una lidia alegre y... templada. Despacio, lo más despacio que pueda, hasta que pueda llegar a poderla besar; a poderla besar con alegría. Por eso la fe es importantísima»

Dinastía Bienvenida 🐂 Antonio Bienvenida, El Papa Negro y el resto de la familia

Retiro y Trágico Final

Tras una larga y brillante carrera, el 16 de octubre de 1966 se despidió en Las Ventas, en un festejo en el que, con reses de distintas ganaderías, actuó como único espada y en el que todo, absolutamente todo, le salió bien.

En 1971 decidió volver a los ruedos, reapareciendo en Madrid el 18 de mayo para confirmar la alternativa del mexicano Curro Rivera, dando un curso de buen torear. Se mantuvo en activo hasta 1974, habiendo intervenido en 775 corridas y 54 novilladas; 113 novillos y 1.628 toros estoqueados.

Salió 11 veces a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas, recibió la Oreja de Oro de la Asociación de la Prensa, fue miembro de la Orden Civil de Beneficencia y le fue impuesta la Cruz de Beneficencia por la labor altruista que desarrolló mientras presidió el Montepío de Toreros.

Antonio morirá en una «tienta», de una cornada por la espalda que le da uno de los astados, en un momento de descuido. Es el año 1975 y sólo hace unos meses que se ha retirado definitivamente de las plazas. Ese mismo año ha fallecido el Fundador del Opus Dei. Tal vez no olvidó el torero, en sus momentos de agonía, el consejo afectuoso y sincero que recibía siempre, después de cada encuentro con Monseñor Escrivá de Balaguer: «que me cuidara mucho y que hiciera todo con mucho temple»

Una vaca de la ganadería de Amelia Pérez Tabernero le volteó de mala manera la tarde del 4 de octubre de 1975. Pocos días después, el diestro fallecía en la residencia sanitaria La Paz, como consecuencia de la gravísima lesión cervical que le ocasionó aquella voltereta.

Casi justo un año más tarde, el sábado 4 de octubre, y tras asistir con parte de la familia a la misa organizada por la hermandad de San Roque de la localidad madrileña de Colmenar de Oreja -a la que le unían estrechos vínculos desde que los hermanos Bienvenida, con su progenitor al frente, aceptaron torear unos festivales para sufragar la reconstrucción de la ermita del santo, arrasada en la Guerra Civil- acompañó a su sobrino Miguel, hijo de Ángel Luis, a la finca Puerta Verde, que tenía en El Campillo, en el término municipal de El Escorial, la ganadera Amelia Pérez Tabernero.

Había lidiado una vaquilla registrada como “Conocida” -negra, seria, de unos 300 kilos de peso, según contaba Marcelino Barbero, mayoral de la ganadería; hija de un toro al que, por bravo, se le perdonó la vida en Segovia en el año 1967, y que se llamaba “Navajito”. También esta vaquilla era familia del toro más bravo en la Feria de San Isidro de 1973, lidiado por José Fuentes- y que, tras haber sido toreada por el veterano diestro -y con la que Miguel y Álvaro, otro sobrino del maestro, apuraron los últimos muletazos- fue devuelta al campo. Cuando se dio puerta a la siguiente vaca, “Conocida” irrumpió inesperadamente en el ruedo, volteando a Antonio, que se encontraba de espaldas a ella. Cayó apoyando su peso sobre el cuello y se destrozó las vértebras.

Trasladado a la casa de la finca, se le abrigó con capotes de brega mientras se esperaba una ambulancia que lo llevase a un centro médico. Finalmente fue ingresado en el hospital madrileño de La Paz, donde le diagnosticaron lesiones irreversibles en la quinta y sexta vértebras.

El torero había quedado sumido en un coma profundo que solo se resolvería con su fallecimiento al atardecer del día 7 de octubre. Contaba 53 años de edad.

Comitiva fúnebre de Antonio Bienvenida.

En olor de multitud, como en las tardes de triunfo, fue llevado a hombros por la Plaza de las Ventas. Dijeron los comentaristas que se había cerrado un capítulo importante. Lo que ignoraban era que, montera en mano, el espíritu de Antonio brindaba su mejor lance al Dios que ha pintado el color de los alberos.

Legado

Los grandes toreros siempre han inspirado grandes obras. Filiberto Mira escribió un libro imprescindible si quieres conocer la historia de Antonio Bienvenida. En cada página desprende la grandeza de la dinastía y el aroma a torero de una vida ejemplar dentro y fuera del toro.

La inolvidable colección La Tauromaquia de Espasa-Calpe también dedicó un libro a la dinastía Bienvenida. Un repaso pormenorizado por la historia de todos los toreros de la saga que transmite compromiso, verdad y honradez por la profesión. De Manuel Mejías Luján, Bienvenida I, a Manolo, Antonio, Pepe, Juan, Angel Luis, o el pobre de Rafaelito.

Antonio Bienvenida es mucho más pero este es nuestro guiño hacia una figura inolvidable.

Tabla Resumen de su Carrera

Evento Fecha Lugar Detalles
Alternativa 9 de abril de 1942 Madrid De manos de su hermano Pepe, toros de Miura
Cornada grave 26 de julio de 1942 Barcelona Sufrió una grave cornada al instrumentar su célebre pase cambiado
Despedida 16 de octubre de 1966 Las Ventas Actuó como único espada con reses de distintas ganaderías
Reaparición 18 de mayo de 1971 Madrid Confirmó la alternativa del mexicano Curro Rivera
Fallecimiento 7 de octubre de 1975 Madrid A consecuencia de una lesión cervical sufrida en una tienta

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